Clionauta: Blog de Historia

Noticias sobre la disciplina (Anaclet Pons)

Archivos de la categoría ‘General’

Fotografías inéditas de Hitler

Publicado por Anaclet Pons en Junio 24, 2009

La revista Life publica una completa serie de imágenes de Adolph Hitler, que corresponden al período 1936-1945. La exclusiva se divide en cuatro entregas: Hitler’s Humble Beginnings, Adolph Hitler Among the Crowds, Adolph Hitler: Up CloseAdolph Hitler’s Private World.

Worshipping Hitler

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Ir al grano…

Publicado por Anaclet Pons en Julio 9, 2008

Muchos han sido los blogs que en las últimas semanas han hecho referencia a la hazaña de Alan Charles Kors. Este incansable luchador por la libertad académica imparte docencia sobre historia del pensamiento europeo en la University of Pennsylvania. Pues bien, siguiendo el proverbio de lo que si breve y bueno…, nos deleita con un compendio de la historia de la civilización en poco más de un minuto o, lo que es lo mismo, con un escueto centenar de la palabras repartidas en diez rasgos centrales. Toda una proeza!

Ahora, por si alguien se ha perdido, la transcripción:

• First, tribes: tough life.
• The defaults beyond the intimate tribe were violence, aversion to difference, and slavery. Superstition: everywhere.
• Culture overcomes them partially.
• Rainfall agriculture, which allows loners.
• Irrigation agriculture, which favors community.
• Division of labor plus exchange in trade bring mutual cooperation, even outside the tribe.
• The impulse is always there, though: “Kill or enslave the outsider.”
• Gradual science from Athens’ compact with reason.
• Division of labor, trade, the mastery of knowledge, plus time brought surplus, sometimes a peaceful extended order and, rules diversely evolved and, the cooperation of strangers – always warring against the fierce defaults of tribalism, violence, and ignorance.
• No one who teaches you knows what will happen.

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Historia intelectual de 2008

Publicado por Anaclet Pons en Julio 3, 2008

Dirán ustedes que no ha terminado, pero así son las cosas. The Atlantic lo certifica en tierras americanas y yo se lo participo ahora que la canícula se enseñorea de nuestra existencia:

1 The Surge
de James Fallows

2 Renting
de by Clive Crook

3 Post-Partisanship
de Jonathan Rauch

4 Mass-Market Atheism
de Ross Douthat

5 We Tortured
de Andrew Sullivan

6 MySpace Politics
de Joshua Green

7 The Return of Regulation
de Clive Crook

8 Personal Genomics
de Charles C. Mann

9 Not Bombing Iran
de Jonathan Rauch

10 Carbon Consciousness
de Megan McArdle

11 The End of 9/11
de James Fallows

11.5 It’s Lonely at the Top
de Hanna Rosin

Lists: Ideas Whose Time Has Come

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La historia transnacional: Ian Tyrrell

Publicado por Anaclet Pons en Junio 20, 2008

Poco nos llega de lo que hacen nuestros colegas en las antípodas. Así que, para los curiosos impenitentes, les voy a recomenendar el blog de Ian Tyrrell, profesor de historia en la University of New South Wales, de Sydney, donde imparte docencia sobre historia americana, historia ambiental e historiografía. Además, ha sido hasta hace un par de años presidente de la Australian and New Zealand American Studies Association y acaba de volver de una estancia en la parisina École des Hautes Études en Sciences Sociales. Pero, sobre todo, es un pionero de la llamada transnational history. ¿Que qué es eso? Pues el propio Tyrrell nos lo explica en una entrada de su blog, resumiendo uno de los textos que presentó en París.

El término, nos dice, es relativamente nuevo. De hecho, se puso de moda en los noventa asociado a los estudios sobre la historia americana. La historia transnacional, según la definían David Thelen, Thomas Bender y otros, se refiere al movimiento de la gente, las ideas, las tecnologías y las instituciones a través de las fronteras nacionales y se aplica al período posterior a la aparición del estado-nación (desde la independencia americana), aunque su origen se podría situar en el tratado de Westfalia de 1648.

Ahora bien, para aclarar el asunto y evitar algunos malentendidos, Tyrrell nos propone un poco de genealogía.

En 1992, el Journal of American History dedicó una edición especial a la “internacionalización” de la historia americana. El editor, Thelen, organizó además un seminario en 1998 sobre esas miradas transnacionales en el Institute for Social History de Amsterdam y al año siguiente publicó los resultados en otro número especial titulado “Beyond the Nation”. Mientras tanto, la Organization of American Historians había iniciado, junto con Thomas Bender y la New York University, otro proyecto para internacionalizar la historia americana. Se organizaron unas conferencias La Pietra, en Florencia, de las que surgió el volumen Rethinking American History in A Global Age (2002), Este libro se convirtió en la introducción estándar a esta nueva práctica. De todos modos, bien pronto se dejó atrás su estrecha vinculación a la historia americana, abarcando muchos otros aspectos, sobre todo en lo referente al estudios de los comportamientos migratorios y las diásporas étnicas, como la china.

Aun no siendo lo mismo, la nueva historia transnacional fue relacionada con la globalización, la historia mundial y la historia comparada. La globalización se rechaza generalmente debido a sus lazos con la teoría de la modernización, su focalización en la actividad unidireccional, en la homogeneización del mundo, etc. Pero se reconoce que la perspectiva global debe ser parte de la historia transnacional. La historia transnacional es algo más amplio, que abarca la historia global porque los E.E.U.U. desde sus inicios, estaban globalmente conectados, con unoscomerciantes que visitaban todas las áreas importantes del mundo y con unos misioneros que aspiraban a la conversión global del mundo al cristianismo y con otros viajeros que les siguieron al poco . Las relaciones transculturales o interculturales eran términos posibles, en competencia, pero quienes participaron en las conferencias de La Pietra los consideraban demasiado genéricos y vagos. El concepto de historia transnacional permitió aquellos estudiosos reconocer la importancia de la nación al tiempo que contextualizaban su crecimiento. Además, quienes abogaban por lo transnacional distinguían generalmente su trabajo del de la historia comparada. Sin embargo, una y otra vez, tuvieron que reconocer que la historia comparada podía complementar las miradas transnacionales, aunque éstas no fueran exactamente la misma cosa, sobre todo porque al comparar la historia de dos o más paísesse tendía a tratar las fronteras nacionales como algo dado. En cambio, según la nueva visión, uno debe ser consciente que qué lo que constituye los espacios, las instituciones y las tradiciones nacionales han cambiado con el tiempo. La historia transnacional intenta contextualizar esos desarrollos nacionales, explicando la nación en términos de sus influencias internacionales.

Fue entre 1989-1991 cuando la idea de historia transnacional empezó a convertirse en un programa de investigación específico. Aunque se asociara a un artículo que escribí en la American Historical Review (1991), la idea había sido sugerida en 1989 por Akira Iriye defendiendo un examen no sólo del nacionalismo sino del “internacionalismo” y sugiriendo el estudio de una explícita “historia cultural transnacional” que complementara los desarrollos meramente nacionales.

Las causas del nuevo movimiento eran a la vez intelectuales y políticas. Ante todo, el deseo de sintetizar la fragmentación académica sufrida por historia social, especialmente en el área de la historia diplomática, que había quedado marginada de la historia social, perdiendo el contacto con esa práctica. Las nuevas aproximaciones en historia internacional insistieron en la perspectiva cultural de la investigación diplomática. Al mismo tiempo, los historiadores sociales, particularmente los que trabajaban en los movimientos reformistas y en la historia de mujeres, se movían más allá del marco de la referencia nacional para estudiar el papel de las organizaciones no gubernamentales y los movimientos reformistas individuales y su influencia en las acciones del estado-nación. Hubo otra influencia política e intelectual más genérica: el impacto de la vambiante situación histórica mundial. El derrumbe de la Unión Soviética y la emergencia de la nueva globalización llevaron a los historiadores a preguntarse por la eficacia de los estados-nación como marco para el análisis.

Aunque el proyecto de investigación era relativamente nuevo, el término “transnacional” ya había sido utilizado en el discurso histórico y sociológico. Fue utilizado en ciencia política, por ejemplo, para describir las actividades de las corporaciones multinacionales y los sindicatos internacionales en los años 70. Robert Keohane y Joseph Nye editaron un ejemplo temprano e interesante de este género, Transnational Relations and World Politics (pero este trabajo se centraba en las instituciones formales del Estado, sin incorporar la nueva historia social, y carecía de perspectivas históricas que mostraran la trayectoria de los movimientos transnacionales, con la excepción del interesante trabajo de Alexander Field). Cierto uso provenía del campo del derecho, donde el juez y académico americano Philip Jessup utilizaba el término y desarrollaba el campo de la “ley transnacional” en los años 50 en respuesta al crecimiento de nuevas instituciones supranacionales, sobre todo las agencias de la ONU. Los orígenes del propio término “transnacional” se pueden rastrear por lo menos hasta 1916 en un ensayo seminal aparecido en los Estados Unidos y escrito por el intelectual radical Randolph Bourne, titulado “Transnational América”. Sin embargo, los historiadores han tratado el término de manera diferente , puesto que el uso de Bourne era una invitación al multiculturalismo americano y en cierto modo una invocación al exceptionalism americano. Los historiadores han producido una más amplia tradición de escritura histórica transnacional, la cual puede ser identificada con el movimiento transnacional actual o con la propuesta intelectual de Randolph Bourne.

En un sentido lato, buena parte de lo que entendemos por la escuela de Annales también propuso una suerte de historia transnacional,  aunque no en términos estrictos, porque se impulsaba  una historia cultural y regional antes que  nacional en una era en la que todavía prevalecía la regla dinástica. A la reunión de Oslo del Congreso Internacional de Ciencias Históricas de 1928, la alocución de Bloch   se ocupó aparentemente de historia comparada, pero también hizo alusión al transnacionalismo moderno, demostración cómo las apxomimaciones transnacionales y comparadas podían combinarse. Era más probable que la historia comparada  ofreciera explicaciones fructíferas, señaló  Bloch, cuando invocó “un estudio paralelo de las sociedades que son  vecinas y contemporáneas, que ejercen una influencia mutua constante, expuestas en su desarrollo  a la acción de las mismas causas profundas aunque sea porque están cercanas y son contemporáneas, y que deben  su existencia en parte al menos a un origen común”.  Donde existen tales condiciones, se pueden distinguir diferencias sustanciales  dentro de patrones comunes y las hipótesis se presentan más para  explicar las diferencias observadas que en los casos en lo que lo primero son las desemejanzas radicales. El trabajo que Bloch y  Febvre emprendieron en   Annales inició formas de historia transcultural y de historia regional muy influidas por la geografía. El ejemplo más famoso fue el de Fernand Braudel, cuyo Mediterráneo (1949) se ocupaba de las  influencias geográficas, económicas y demográficas. Dentro de este marco, las influencias políticas, especialmente el papel de los gobernantes europeos, eran lla parte efímera.

Aunque los historiadores americanos se acercaron  a Annales en los años 60 y comenzaron a pensar en términos de  historia transnacional en los 70  -como se ve en el trabajo de Laurence Veysey, e incluso  el término efue usado por David Pinkney (apoyando la historia europea) y  Carl Degler (críticamente)–.  es verdad que   los historiadores americanos fueron reacios a la hora de conectar   con el trabajo de otras disciplinas que desarrollaron ideas sobre el análisis transnacional. Y eso ha continuado, con el desarrollo delas  perspectivas transnacionales en historia mundial, en sociología y en campos tales como la historia china,  todavía arrinconada por parte de los historiadores americanos y no comparada con  el ejemplo americano. Una diferencia con el trabajo hecho en otros campos  en esas décadas anteriores fue que la  semilla cayó sobre tierra pedregosa. Hoy en día, el campo de la historia transnacional (y  los actuales desarrollos  en sociología y antropología) tiene una clara perspectiva de   transformación académica   porque se conjuga bien  con los cambios percibidos en la economía mundial y en el orden social asociados a la globalización.

……

Transnacional es un término muy amplio, pero  abarca  menos que el monstruo destructor determinista y unidireccional de la globalización, o que las generalidades  terminologicas de lo  “transfronterizo”,  que podría referirse a  fronteras internas del estado-nación, como los municipios.  El propósito de la etiqueta transnacional es de hecho más concreto: centrarse en la relación entre la nación y los factores que la trascienden.

Se dice a menudo que la nación implica soberanía e identidad. Por tanto, la dimensión transnacional es menos importante o no lo es  en absoluto. Con todo, es una idea completamente desencaminada mesurar estas relaciones como algo a ser sopesado. Enfrentar los factores  externos  con los  internos en la historia americana es una fórmula errónea, especialmente para el siglo XIX,  cuando el estado era relativamente débil y el comercio, el  capital  y el trabajo fluían libremente. Incluso cuando el estado-nación llegó a ser vital, eso  mismo se produjo transnacionalmente. Es decir, el contexto global de la seguridad, de la competencia económica  y del cambio demográfico significa que los límites de la nación tuvieron que ser construidos. No existieron aisladamente.    Las identidades nacionales se han definido contra otras identidades, incluyendo fenómenos transnacionales que afectan a la nación mientras se construye. Esta fabricación transnacional de la nación a través de una variedad de fronteras, desde  los controles de inmigración a la cuarentena por razones sanitarias o  los proyectos de memoria  nacional,  ha tenido un peso decisivo sólo en épocas muy   recientes  -en el caso americano, como tantos  otros, sobre todo entre 1880 y 1940. La historia transnacional  denaturaliza   la nación, de modo que  es un tema aplicable a otras historiografías, aunque  la americana   haya encabezado  este programa de investigación.

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Historia de Europa: Alemania y Polonia reescriben su pasado

Publicado por Anaclet Pons en Junio 17, 2008

Leo en la red que están ya disponibles los dos primeros volúmenes del manual escolar de historia franco-alemana y que el tercero aparecerá en 2009. Pero la auténtica novedad es que los alemanes han hecho lo mismo con Polonia, aunque la cosa está aún en mantillas. El proyecto ha surgido por iniciativa del vicecanciller y ministro alemán de Asuntos Exteriores Franz-Walter Steinmeier, del SPD. El primer volumen englobará el período comprendido entre la Edad Media y el siglo XVIII, y se presentará en 2011.

De momento, ya lo ven, se ha evitado entrar en polémicas, dejando la Segunda Guerra Mundial para más adelante. Pero es un primer paso, a pesar de las reticencias (ya lo dijo el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radoslaw Sikorski: “Acepto la iniciativa del ministro alemán para desarrollar conjuntamente un manual de historia polaco-alemana porque estamos de acuerdo en que en Alemania se necesita conocer más en profundidad la historia polaca”).


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“La historia, arma de desposesión”

Publicado por Anaclet Pons en Mayo 23, 2008

Podemos decir que todos los lugares están saturados de historia, pero que los hay en los que ésta rezuma sin compasión. Entre estos últimos está, sin duda, Palestina. Tomemos un caso concreto, el de Silwan, un barrio de Jerusalén donde los arqueólogos israelíes han empezado a excavar, con la amenaza de que tal actividad suponga la expulsión de sus habitantes palestinos. Para hacerle frente, los ciudadanos del lugar han emprendido una campaña de movilización a la que se han sumado prestigiosos académicos, además de acudir a los tribunales, que paralizaron momentáneamente las obras. En cuanto al manifiesto de apoyo, han firmado destacados estudiosos, como Thomas W. Laqueur, Marshall Sahlins o Natalie Zemon Davis, pero la recogida de firmas está aún abierta.

Los interesados pueden leer la noticia en counterpunch o en Rebelión, donde se dice, entre otras cosas:

Hace cuatro décadas Israel ocupó Jerusalén Este durante la Guerra de los Seis Días y desde entonces los arqueólogos israelíes no han cesado de intentar (infructuosamente) obtener pruebas de la presencia del rey David en ese área. Ocasionalmente han llegado incluso a abstenerse da documentar la arraigada presencia musulmana, que constituye el legado cultural de los habitantes palestinos. Y, en cualquier caso, el hecho de que ni una sola estructura musulmana haya sido preservada en todo el parque nacional que se ha creado en Silwan delata claramente esta estrategia de arrasamiento. Al concentrarse casi exclusivamente en desenterrar los restos del reino de Judea, ignorando los ulteriores 3.000 años de historia, los arqueólogos israelíes han violado varias de las reglas éticas establecidas por el Congreso Arqueológico Mundial. Entre ellas se encuentran el reconocimiento del “legado cultural indígena, incluyendo sitios, lugares, objetos, artefactos, restos humanos”, así como el estableciendo de “colaboraciones y relaciones equitativas” entre arqueólogos y poblaciones indígenas cuya herencia cultural aquellos investigan.

In 1998 la organización Elad recibió un espaldarazo decisivo cuando la Autoridad Israelí de Protección de la Naturaleza y Parques Nacionales y el Ayuntamiento de Jerusalén contrataron los servicios de la organización de colonos como subcontratista encargado de gestionar “La Ciudad de David”, el parque nacional situado en Silwan. Posteriormente Elad, que recibió fondos gubernamentales y un permiso para realizar excavaciones arqueológicas en el área, subcontrató esos trabajos a una agencia estatal, la Autoridad Israelí de Antigüedades.

Revestida de la autoridad que le confieren diversos brazos del gobierno israelí, la organización Elad aceleró sus esfuerzos para judaizar Jerusalén Este. El grupo cabildeó con éxito para que el ayuntamiento decretara el derribo de 88 hogares palestinos con la intención de construir un parque arqueológico en el vecindario, un plan que ha sido momentáneamente suspendido debido a la presión internacional.

Más recientemente la Autoridad Israelí de Antigüedades comenzó a excavar bajo los hogares de algunos vecinos de Silwan sin informales previamente. Temiendo que las excavaciones acabaran destruyendo los cimientos de sus viviendas los vecinos apelaron a la Corte Suprema Israelí. La misma noche en la que dieron registro de entrada a su apelación la policía israelí asaltó sus viviendas y arrestó a cinco personas“.

De todos modos, la cosa ya viene de lejos, con reiteradas denuncias de que Elad estaría intentanto judaizar Jerusalén Este con la compra de inmuebles y con las mencionadas excavaciones

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Piratería libresca (sector apocalíptico)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 16, 2008

El Times londinense publicó un artículo el 31 de marzo con el alarmante título de “La pitatería de libros en internet hará que los autores dejen de escribir”. A mi me parece que en algunos casos sería un alivio, por supuesto, pero hay quien se toma la cosa en serio.

Al parecer, esa piratería tendrá efectos catastróficos  a menos que se busquen  métodos  para compensar a los autores por  la merma de ventas. Claro que este triste pronóstico procede en realidad de la Sociedad de Autores, que representa a más de 8.500 escritores profesionales en el Reino Unido y que cree que los estragos causados a la industria musical  está empezando a llegar al comercio del libro.  Internet estaría inundado de copias digitales gratuitas y no autorizadas de capítulos  de libros y en algunos casos de volúmenes completos.  Las víctimas más prominentes de la piratería del libro incluirían bombres como los de  Jamie Oliver y J.K. Rowling,  pero los escritores más vulnerables serían los poetas poco conocidos, los autores de narraciones breves y los escritores de  libros de cocina. 

Según recoge el Times, resultaría que algunos de los nombres más importantes de Internet se están convirtiendo en editores digitales, y no necesariamente  con la ayuda de la industria del libro. Google se enmaraña en conflictos legales con  autores y  editores a propósito de  sus planes de ofrecer  copias electrónicas libres  del mayor número posible de libros.   Amazon  ha descubierto que la función de “busca dentro/search inside”,  que permite que los lectores ojeen unas cuantas  páginas seleccionadas de los libros, ha incrementado sus ventas.

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En ese sentido, el periódico recoge las declaraciones de la escritora norteamericana Tracy Chevalier (La Joven de la Perla), para quien el método  tradicional  por el que los autores obtienen sus ingresos (adelantos y derechos de autor) está desapareciendo: “It is a dam that’s cracking”, dice. “We are trying to plug the holes with legislation and litigation but we need to think radically. We have to evolve and create a very different pay system, possibly by making the content available free to all and finding a way to get paid separately. It’s hitting hardest the writers who write books that you dip in and out of: poetry, cookbooks, travel guides, short stories – books where you don’t have to read the whole thing. Although people still buy [books by] Nigella and Jamie Oliver and Delia it is because of their celebrity. Cookbook authors are really struggling. I do it myself – if I want a recipe I go online and get it for free.  For a while it will be great for readers because they will pay less and less but in the long run it’s going to ruin the information. People will stop writing. There’s a lot of ‘wait and see what the technology brings’ but the trouble is if you wait and see too long then it’s gone. That’s what happened to the music industry.”

Como ya he indicado, esta posición me parece apocalíptica, pero no excluyamos su caracter instrumental. Canon por aquí, canon por allá. Quizá se nos está preparando el terreno para que, a no mucho tardar, tengamos que abonar un impuesto a cuenta del lucro cesante de los escritores hipotéticamente pirateados.

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El redactor del Times, muy acertadamente, aprovecha la ocasión para recordar el caso de Daniel Defoe, uno de cuyos poemas satíricos (“El verdadero inglés”) se convirtió en 1701 en un bestseller, tras haber conseguido distribuir (o vender) 80.000 copias no autorizadas. No se hizo  rico, dice el periódico, pero se  hizo famoso. Es más, en el prefacio de una edición posterior, fechada en 1703 con motivo de la edición de A True Collection of the Writings of the Author of the True-Born Englishman corrected by himself, Defoe se refirió con gratitud a los “piratas” que habían  vendido su obra, lo cual pasa por ser la primera referencia conocida al pitareo  de la propiedad intelectual. Así termina su An Explanatory Preface de 1703:

“As to answers, banters, true English Billingsgate, I expect them till nobody will buy, and then the shop will be shut. Had I wrote it for the gain of the press, I should have been concerned at its being printed again and again by pirates, as they call them, and paragraph-men; but would they but do it justice and print it true according to the copy, they are welcome to sell it for a penny if they please. The pence indeed is the end of their works. I’ll engage, if nobody will buy, nobody will write. And not a patriot-poet of them all now will, in defence of his native country—which I have abused, they say—print an answer to it, and give it about for God’s sake”.

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Ocurrencias revisionistas (elecciones italianas)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 13, 2008

Marcello Dell’Utri, prominente senador italiano, linea forzista, hace unas interesantes manifestaciones a Kalus Davi, en Klaus Condicio :

“I libri di storia, ancora oggi condizionati dalla retorica della Resistenza, saranno revisionati, se dovessimo vincere le elezioni. Questo è un tema del quale ci occuperemo con particolare attenzione”.

El ministro del ramo le ha contestado con firmeza:

“La Resistenza non è un’invenzione dei libri di storia: è il sacrificio con il quale ieri tanti uomini e donne hanno dato vita ai valori repubblicani, ed è quel sacrificio che consente oggi agli italiani, e anche a Dell’Utri, di vivere in un Paese libero”.

Dell’Utri pasa por ser hombre de cultura, pero es que el sello forzista marca mucho. Claro que las habas se cuecen también en muchos otros lugares.

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Cambios en la revisión académica

Publicado por Anaclet Pons en Abril 10, 2008

Quizá haya que remontarse a finales del siglo XVII, con la creación de la Royal Society, para rastrear la genealogía del método académico.  La fijación de la autoría, la difusión del conocimiento, la evaluación por pares, etc., proceden de aquellos tiempos remotos y se han mantenido más o menos incólumes hasta la actualidad. La era digital, no obstante, está modificando algunas costumbres arraigadas.

Tomemos el ejemplo de Noah Wardrip-Fruin,  profesor de comunicación de la University of California (San Diego).  Este docente, con ánimo de experimentar sobre algunas de estas cosas, ha estado subiendo semana tras semana (10 en total) parte de su próximo libro en un blog creado al efecto, permitiendo que cualquier persona pudiera criticarlo. No es la primera vez que un  autor académico hace uso de este tipo de revisiones paritarias abiertas ni tampoco es nueva la discusión sobre este asunto, pero sí es uno de las adelantados en utilizar un blog académico.  Por esa razón, if:book, el blog del  Institute for the Future of the Book, señalaba a finales de enero:  

“Un nuevo  y emocionante experimento comienza hoy (…). Atañe a una comunidad, a un manuscrito  y a un proceso abierto de revisión paritaria – y, de forma significativa, con la bendición de una de las principales editoriales universitarias”.

Se refería, por supuesto, a Noah Wardrip-Fruin,  al blog Grand Text Auto  en el que  se aloja y a su futuro libro Expressive Processing: Digital Fictions, Computer Games, and Software Studies, para lo cual el autor ha contado con la complicidad de su editora: MIT. Además, se ha utilizado una plantilla especial desarrollada precisamente por el Institute for the Future of the Book para WordPress, la denominada CommentPress:  una herramienta cuya particularidad consiste en permitir que los lectores comenten párrafo a párrafo en los márgenes del texto en cuestión. Una aplicación, pues, que en este caso ha dado buenos frutos y que ha sido bien recibida por al público académico.

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La cosa está ya en la parte final, pues el último capítulo ya ha aparecido, y ha permitido al equipo de trabajo que se ha involucrado llevar a buen término los objetivos propuestos: ver cómo funcionaría la revisión utilizando un blog, comparar los resultados de las dos formas de revisión  y (lo más importante) recopilar respuestas  de la comunidad para  mejorar el volumen. La UCSD, que es donde trabaja Wardrip-Fruin, así lo ha comunicado, recogiendo parte de sus impresiones: 

“when I write traditional reviews for journal articles and books, I tend to focus on the high level argument, and the shape of that argument, and whether the authors are making their case. Unless something is glaringly wrong, you just don’t take the time in one of those three-page reviews to say, by the way, they get this example subtly wrong. So one of the advantages of blog-based peer review is that people really engage with each section of the manuscript”.

En fin, añade:

“I hope I won’t be the last person to do this. I’m hoping we’ll see more experiments of this sort once we release the software for other people to use. When that happens, we’ll hopefully be able to write up some recommendations for when this kind of peer review can be a powerful addition to traditional peer review, and what sort of audiences we think should pursue it and how”.

A ver si alguien se anima…

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Stefan Collini analiza a E.H. Carr

Publicado por Anaclet Pons en Abril 7, 2008

Stefan Collini pasa por ser un crítico feroz de los Cultural Studies (véase su  “Grievance Studies: How not to do Cultural Criticism”, en su recopilación de artículos periodísticos English Pasts. Essays in History and Culture, Oxford, Oxford University Press, 1999,   págs. 252-268). Es bien conocido por ello, además de por sus trabajos de historia intelectual, y por  la larga polémica que sobre el particular mantuvo hace años con otro crítico, Francis Mulhern (Culture/Metaculture, Routledge, 2000) en la New Left Review.

Sirva lo anterior como breve preámbulo para dar cuenta de que Collini acaba de publicar Common Reading: Critics, historians, publics (OUP), que incluye una amplia reflexión sobre el historiador  E. H. Carr.

El volumen ha sido bien recibido y, por ejemplo, fue seleccionado como libro de la semana por The Times Higher Education, donde se recogía una frase que Terry Eagleton le dedicó a propósito de su volumen Absent Minds y que resulta significativa para comprender su posición: “Collini has the air of the genial but apolitical don, with little sense of the power and oppression that underlie social relations; for him, society is just a delightfully diverse set of positions and opinions, with nothing as vulgar as a dominant power in view”. Digo esto porque entrte los historiadores que aparecen en Common reading, y no muy bien parados, están E.P. Thompson y Perry Anderson.

Pero decíamos que analiza a Carr y como prueba de ello está el largo artículo que ha aparecido en The Times Literary Supplement como avance y difusión de ese Common reading: “E. H. Carr: historian of the future. An intellectual, a realist and an optimist, Carr respected power over all illusions of liberal morality”. Así empieza:

“La carrera de E.H. Carr (1892-1982) proporciona una singular, y a menudo desconcertante,  ilustración de las tensiones y paradojas que supone  ser uno de los principales intelectuales de la Gran Bretaña del siglo XX.   Mediante ese pequeño libro titulado  ¿Qué es la historia?  probablemente hizo tanto como cualquier otra  figura para dar forma a una serie de reflexiones  sobre la naturaleza del conocimiento histórico en la segunda mitad del siglo, especialmente entre estudiantes de instituto y  universitarios, y más si tenemos en cuenta que  no se había  formado como historiador ni fue nombrado nunca como profesor de la materia. Fue el principal fundador británico  de lo que acabaría convertiéndose en  escuela dominante, la “realista”,  en el estudio de las relaciones internacionales. Además, en la última parte de su larga y productiva vida  desacreditó la disciplina y marcó  distancias respecto a ella. Durante la guerra fría,  mantuvo un aislamiento intelectual y político,  defendiendo los logros de la revolución rusa y de la Unión Soviética, aunque en buena medida se antuvo indiferente a la teoría marxista.

Hay paradojas comparables si hablamos de la manera en la que Carr desempeñó sus variados papeles. Algunos de sus textos más notables  tomaron  la forma de artículos de fondo para la reconocible voz  de la opinión establecida de mediados de  siglo, The Times, del cual fue Assistant Editor entre 1941 y 1946; con todo, sus contribuciones fueron denunciadas regularmente por  políticos y  administradores en el poder, que las vieron como peligroso subversivo de la política nacional. En los años 60 y  70 lo proclamaron como una especie de  líder perdido de la izquierda intelectual, aunque desdeñaba el “análisis abstracto de los textos marxistas” que  caracterizaba a su parecer a la New Left Review de aquella época, prefiriendo publicar sus propias opiniones en el mucho más convencional Times Literary Supplement.

Carr era un escritor enérgico,  con  talento y  gusto para la polémica, aunque mucha de su escritura más influyente se publicó de forma  anónima (de todos modos, su profesión de escritor era a menudo conocida o ampliamente sospechada). Había también cierta calidad paradójica en muchas de sus opiniones características y de sus sensibilidades intelectuales. Defendió de forma vigorosa el progreso, contra todas las formas de conservadurismo y de nostalgia, aunque no fue de ninguna manera un liberal. (…)”

En fin, aquí lo dejo, porque tampoco es que haya nada realmente nuevo. Al menos nada fundamental que no estuviera en el volumen de Jonathan Haslam The Vices of Integrity The Vices of Integrity: E H Carr 1892-1982 (Verso, 2000) o en el editado por Michael Cox,  E.H. Carr: a critical appraisal (Palgrave, 2000).

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