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Los problemas de Grecia y su historia

Publicado por Anaclet Pons en abril 27, 2012

Quien desee bucear el las raíces históricas de las desgracias padecidas por el pueblo griego está de enhorabuena. Como ha hemos dicho en este blog, el portal La vie des idées ha tenido la feliz ocurrencia de entrevistar al historiador Anastassios Anastassiadis, y por partida doble. La primera parte, que ya hemos ofrecido, trata sobre la creación del Estado griego en el siglo XIX; la segunda, igualmente interesante, cabalga sobre ese Ochocientos para centrarse en la actualidad:

Redistribución sin imposición

La vie des idées: El Gobierno griego parece tener muchas dificultades para aumentar los impuestos. ¿Tiene orígenes históricos este fenómeno?

Anastassios Anastassiadis: Como he mencionado anteriormente, el Estado griego es en realidad una antigua provincia del Imperio Otomano que se independiza. Tanto su sistema tributario como su régimen de tenencia de la tierra siguen la lógica otomana. En el ámbito jurídico, la ley islámica se imbrica con el derecho consuetudinario, pero también, para los cristianos, con el derecho  eclesiástico y, por tanto, bizantino. A su llegada, los bávaros inician la modernización de la tenencia de la tierra (abolición de las manos muertas,  redistribución de tierras, creación de un catastro) y de la esfera económica (introducción del Código de comercio napoleónico). Sus esfuerzos se detuvieron en seco con la quiebra de 1843. Así sucedió en particular con el catastro (que se acaba sólo en los últimos años, como parte del impulso de la Unión Europea de relanzar su realización) con la caja eclesiástica que se suponía iba a financiar la formación del clero, con la enseñanza primaria o con el Código Civil, que no fue promulgado hasta el siglo XX. Por otra parte, los esfuerzos de modernización y de centralización fiscal de los bávaros encontró una considerable resistencia en las comunidades locales. De resultas, toda una serie de prácticas otomanas perviven a lo largo del siglo XIX.

En concreto, en lo que respecta a los impuestos, debemos tener en cuenta que la estructura de la economía griega está marcada por el peso de la agricultura. la otra gran actividad importante reside en el comercio. Ahora bien, como demuestra el historiador Georges Dertilis, el compromiso político institucional griego del siglo XIX juega fiscalmente en favor de estos dos grupos. El establecimiento de un sistema parlamentario democrático se volvió pronto en beneficio de los agricultores, con una redistribución de las tierras que se hizo en su favor y el alivio de su presión fiscal. A diferencia de otras muchas trayectorias de estatización, en Grecia la pequeña propiedad agrícola sale bien parada y no es absorbida por la gran propiedad como en otros países europeos. Por tanto, Grecia es uno de los pocos Estados donde no hay un éxodo rural masivo que produzca una mano de obra abundante y a disposición de la incipiente industrialización, ni grandes revueltas de campesinos desposeídos y reducidos a la pobreza. Al mismo tiempo, el alivio fiscal para los agricultores no fue compensado por mayores cargas a profesionales liberales y financieros, que son el otro gran grupo con fuerte influencia, casi desproporcionada (todavía) en la representación política. Basta con mirar lo difícil que ha sido para los gobiernos de los dos últimos años liberalizar el acceso a las profesiones de abogado, ingeniero o arquitecto, mientras han aprobado recortes colosales de las pensiones!

Incluso después de la introducción del impuesto sobre la renta en 1910, el Estado griego siguió prefiriendo los impuestos indirectos para encontrar nuevos recursos. Esto se debe en gran parte a la dificultad de hacer que el impuesto sobre la renta sea realmente efectivo, una situación que tiene sus raíces en la estructura de la economía griega: profesiones pletóricas (el número de abogados, ingenieros, médicos, dentistas, pero también de fontaneros o propietarios de taxis por habitante en Grecia es excepcional), dominio de la pequeña propiedad agrícola y la pequeña empresa familiar con un bajo grado de mano de obra asalariada (o con empleados no declarados, a menudo inmigrantes, como en el turismo), importancia del pequeño comercio. Controlar el ingreso de estas profesiones es algo aleatorio y complejo todavía hoy. En 2010, unos 4,4 millones de empleados y jubilados griegos han declarado un promedio de 17.000 euros de ingresos anuales, mientras que los 379.000 miembros de profesionales declararon unos ingresos medios de 11.500 euros (el umbral del impuesto está fijado en 12.000 euros anuales), mientras la palma es para el millón de agricultores (1.500 euros de ingresos anuales como promedio)! No es de extrañar, por tanto, que el Estado griego, bajo el peso de la crisis, recurra a la vieja receta de la cuota de licencia anual para aumentar los ingresos. El peso de la economía informal (incluidos los servicios) reduce los ingresos fiscales, que pesan más sobre los empleados y jubilados, es decir, sobre aquellos cuyos ingresos dependen en última instancia del Estado, del sector parapúblico o de sectores que trabajan con el Estado (bancos, grandes empresas privadas).

De hecho, desde el principio, especialmente en el período de entreguerras, ha sido el consumidor el que ha soportado el peso de la carga tributaria. Las clases urbanas son las primeras en verse afectadas, pues no pueden confiar ni en unos ingresos suficientes ni en el autoconsumo. Cada vez que necesitaba dinero para financiar una medida de estatización, el Estado griego introducía un nuevo impuesto indirecto (una tasa sobre determinadas transacciones para construir juzgados, un impuesto sobre la cera para pagar los salarios y pensiones de los sacerdotes, un recargo sobre los billetes de barco para las pensiones de los marineros, etc.). En lugar de enfrentarse a la dificultad de recaudar los impuestos sobre la renta y las cotizaciones sociales, se acumulan tasas que pesan finalmente sobre el consumo. La introducción del IVA en 1987, que no fue acompañada de una reducción significativa de otros impuestos, fue en este sentido  un momento antológico.

El aligeramiento de la carga de los impuestos indirectos es uno de los temas principales de las reformas actuales, especialmente cuando los ingresos de los empleados y jubilados (sobre quienes inciden en mayor medida) han sido sometidos a recortes drásticos desde hace dos años. Uno podría pensar que, como resultado de la caída de los salarios y la disminución esperada del consumo, los precios se reducirían a pesar del aumento impositivo (en cualquier caso, esa era la apuesta de la troika). Esto no ha sucedido, lo que demuestra la capacidad de las profesiones cerradas a la competencia para evitar la bajada de precios, y la naturaleza altamente oligopólica del mercado griego. Los ingresos del Estado no han aumentado, los hogares han reaccionado a la caída de sus ingresos y el mantenimiento de precios con una reducción en sus compras, mientras que las profesiones industriales y comerciales han respondido a la caída de sus ventas con una acrecentada “resistencia”  a la transferencia del impuesto. Los ingresos por impuestos directos e indirectos han caído, sumiendo al país en una espiral de depresión observable desde hace dos años.

La situación actual requiere claramente el cuestionamiento del pacto fiscal, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX, que ha favorecido las actividades industriales, comerciales y liberales, por una parte, y a los agricultores, por otra, protegiendo los ingresos de los primeros (y no controlándolos) e subgravando la tierra de los segundos. Hay que desplazar la carga fiscal de los empleados a las diversas profesiones, mejorando la recaudación de impuestos, reduciendo los impuestos sobre el consumo, aumentando la fiscalidad de propiedad de la tierra y los ingresos por cuenta propia, y eliminando las lagunas fiscales que se han desarrollado con la transformación socio-económica de Grecia.

La vie des idées: ¿Cómo se ha producido, a pesar de todo, la redistribución de la riqueza en Grecia?

Anastassios Anastassiadis: Como he escrito en otra parte, el siglo XIX es el del desarrollo de la práctica del evergetismo, que permitió una cierta redistribución de la riqueza. De hecho, eran prácticas de caridad de tipo premoderno, que formaban parte de un nuevo marco económico: la integración de la economía rural en la economía mundial a partir de las oportunidades ofrecidas por la liberalización  comercial del Mediterráneo Oriental. Estas permitían exorcizar la mezcla de miedo y envidia que la riqueza repentina de los comerciantes, y la visualización de esta nueva desigualdad social, podía provocar en estas comunidades. La Iglesia Ortodoxa facilitó este cambio redefiniendo su concepción de la relación entre el pecado y la vida eterna a través del proceso de sucesiones y testamentos. En particular, se introdujo el concepto de donación a la comunidad, que se llevó a cabo no sólo mediante donaciones a los monasterios, como redención de los pecados, sino también en favor de la familia, como operación de tipo “memorial”. Será ya toda la comunidad la que recuerde el nombre del benefactor hasta la llegada del Apocalipsis, y no sólo su familia.

Luego, a partir de mediados del siglo XIX, este mecanismo del poder se transforma para adaptarse a un discurso “nacional” englobador, donde las diversas prácticas de beneficencia, agrupadas bajo el término de  evergetismo, se convierten en una prueba más de la continuidad histórica de la nación griega desde la antigüedad (el evergetismo era, de hecho, una práctica característica de las ciudades griegas de las épocas clásica y helenística, ampliamente estudiado por los helenistas desde finales del siglo XIX hasta el famoso libro de Paul Veyne Le Pain et le Cirque, publicado en 1976). También se convirtió en un mecanismo de dominación significativamente influenciado por las prácticas y las nuevas realidades sociales venidas de Occidente, acomodándose de paso a conceptos y problemas como la caridad, la cuestión social, las clases peligrosas … Como repiten con orgullo varios políticos, periodistas e intelectuales, quienes trataron de conjurar un espectro que se acercaba a toda velocidad, la cuestión social no existía en Grecia, la presencia de los benefactores nacionales hacía innecesaria toda lucha de clases.

Obviamente, esto dista mucho de ser real, y el Estado tuvo que considerar otras soluciones. El estado del bienestar y el desarrollo del empleo público durante el siglo XX fueron los medios para garantizar la redistribución y asegurar la legitimidad del Estado. Desde 1930 hasta la década de 2000, el Estado griego se ha convertido en un auténtico estado de bienestar mediante la implementación de toda la gama de políticas distributivas y redistributivas propias de cualquier Estado moderno (salud, educación, pensiones, previsión). Algunas de estas políticas reflejan a veces el aspecto paternalista de ese Estado típico de las sociedades rurales, que no conocían el principio del seguro mutualista. El sistema griego, sin embargo, sufrió tres graves deficiencias: una financiación proveniente sobre todo de los impuestos indirectos sobre el consumo; un establecimiento a trompicones que permitió a algunos grupos de profesionales recibir un mejor tratamiento en función de su poder de negociación; por último, el uso del empleo público y de los beneficios otorgados según “criterios sociales” como una forma de practicar una política de seguridad social a bajo coste (por ejemplo, designando a determinadas personas para los empleos públicos por razones sociales, o permitiendo que los estudiantes que no han logrado entrar en una selectiva facultad ateniense, sino a su equivalente provincial, poder matricularse de todos modos en Atenas aduciendo una “reunificación familiar”). Esto ha sido un hándicap para la función pública, y está claro que este modelo ya no puede continuar. Tendrá que ser reemplazarlo: si la única lógica propuesta por la Unión Europea es deconstruir el Estado, es de esperar que tenga consecuencias dramáticas (el desempleo de los menores de 25 años ya está al 50%, la tasa de suicidios aumentó en un 40% en dos años, el crimen es rampante)  y que haya una fuerte protesta social cuya magnitud no se puede predecir.

La vie des idées: El papel de la Iglesia ortodoxa en la sociedad griega, y con las dificultades actuales, ¿es tan grande como se dice?

Anastassios Anastassiadis: He trabajado mucho sobre la Iglesia y creo que este es el topos favorito de los periodistas, tanto griegos como extranjeros, y de los políticos faltos de ideas. Esto les permite proveerse de un discurso progresista a bajo coste. La Iglesia Ortodoxa es importante, es un hecho. Los políticos saben que esta es una institución que puede proporcionar una vía para llegar a los votantes, al igual que los medios de comunicación o las asociaciones profesionales de abogados o médicos.

¿La Iglesia Ortodoxa ha hecho una considerable fortuna? Probablemente. ¿Podemos estimarla? En realidad no, porque no tenemos ningún registro de la propiedad en materia de tenencia de la tierra o acceso a sus bienes muebles. Se trata, además, de una institución altamente descentralizada (habría que ir a todas las diócesis para tener una idea cabal). Algunas áreas importantes son en realidad bienes de instituciones eclesiásticas con un estatuto casi extraterritorial. Este es, por ejemplo, el caso de las posesiones de los monasterios del Monte Athos, que dependen del Patriarcado de Constantinopla, o las del Patriarcado de Jerusalén. A menudo son también esas instituciones las que están involucradas en escándalos, y las de la Iglesia de Grecia propiamente hablando. Sin embargo, desde este punto de vista, el Estado griego tiene poco margen de maniobra. Las instituciones eclesiásticas ortodoxas, pero extranjeras, suponen un asunto de relaciones internacionales que el Estado griego no se puede tomar a la ligera en nombre de una secularización supuestamente progresista. Sólo recuerde que cuando el fiscal de la República acusó a un superior de un gran monasterio del Monte Athos involucrado en un escándalo inmobiliario, fue el propio Vladimir Putin el que intervino en su favor!

Con respecto a la propiedad inmobiliaria de la Iglesia de Grecia, está ahora, después de varias oleadas de nacionalizaciones que se produjeron en la década de 1830 y luego en los años 1914-1929, muy por debajo de lo que pudiera pensarse. Por otra parte, muy a menudo es objeto de demandas legales por su explotación, en particular con los municipios. Viendo mi trabajo sobre las nacionalizaciones precedentes, desconfío cuando oigo hablar de la necesidad de que la Iglesia contribuya, especialmente cuando se trata de políticos locales. La mayoría de las veces, este discurso esconde una disputa sobre las tierras o el deseo de apropiárselas. Muchos municipios desearían meter mano en la propiedad de la iglesia, como ocurrió durante todo el siglo XIX, cuando eran directamente responsables de las iglesias. Teniendo en cuenta lo que sabemos sobre aquella época y el estado actual de los municipios, es una posibilidad que debe evitarse.

Las leyes de 1929-1932 sobre la Iglesia habrían debido regular todas las cuestiones sobre la propiedad y la financiación de las instituciones eclesiásticas y de su personal. La Iglesia finalmente iba a gestionar su propiedad y su personal de manera independiente, una eventualidad que había aterrorizado a los políticos desde la independencia, porque temían su influencia, cuando la legitimidad del Estado no estaba del todo asegurada. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial puso a la iglesia en una difícil situación financiera. De repente, el Estado se comprometió a pagar los sueldos de los clérigos ortodoxos a cambio de algunas nacionalizaciones adicionales y del pago del 25% los ingresos eclesiásticos anuales (porcentaje aumentó al 35% en 1968 con la dictadura, y que luego se ha reducido gradualmente desde 2004). En realidad, estas rentas eclesiásticas fueron sistemáticamente infravaloradas, como cualquier otro ingreso no salarial en Grecia. Pero su rentabilidad es de todas formas restringida y está lejos de las fantásticas sumas imaginadas: en 2003, año del mejor registro, esta contribución solo le reportó al estado griego 10 millones de euros. Incluso teniendo en cuenta que la base que se utilizó para calcular esta contribución estaba muy infravalorada, no es suficiente para fantasear.

Dicho esto, la Iglesia griega sufre los mismos problemas que el Estado griego en términos de institucionalización insuficiente, falta de personal realmente “productivo” y gestión eficaz de sus recursos. La crisis también será el momento de la verdad. Debe revisar su modelo de funcionamiento, porque en la situación de desastre social que se anuncia para Grecia, las expectativas y necesidades de la población serán enormes. Por otra parte, un aumento de la fiscalidad inmobiliaria tendrá un impacto automático sobre su fortuna. Sin embargo, no hemos de reproducir un discurso que trata de alejar nuestra mirada de los problemas reales de la economía griega: la estructura de esta economía y su débil (o artificial) generación de ingresos fiscales, así como su integración paradójica en la esfera económica europeos desde hace treinta años.

Una crisis económica  y democrática

La vie des idées:¿Cuáles fueron las consecuencias económicas y sociales de la adhesión de Grecia a la Comunidad Europea en 1981? ¿Anunciaban la crisis actual?

Anastassios Anastassiadis: Vamos a primeros pilares sobre los que Grecia fue reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial: la construcción como motor de la economía, la emigración como una válvula de seguridad contra el éxodo rural y como una fuente de divisas ; desarrollo de la infraestructura y las empresas públicas para su gestión, el desarrollo de la industria griega protegidos por aranceles, los subsidios directos o indirectos y el carácter oligopolístico del mercado griego, el apoyo en todos los sentidos a los campeones tradicionales como el turismo comercial, marina o más tarde. Mientras tanto, en el contexto de la Guerra Civil posterior, se tomó el modelo occidental capitalista, la promoción, destacando una cultura de consumo masivo. Sin embargo, los griegos se quedaron muy “frugal”, hasta la década de 1980 (es probable que pueda ver los últimos vestigios de una sociedad profundamente marcada por la población rural – a principios de la década de 1980, el 25% de la población todavía trabajaba en el el sector agrícola).

La entrada de Grecia en la CEE en 1981, ha tenido muchas consecuencias. La industria, previamente protegidos, se desplomó bajo los golpes combinados de la eliminación de las barreras proteccionistas y de importación de productos europeos manufacturados en los países con mayor productividad y la práctica de precios más competitivos. La desindustrialización experimentado una segunda ola de la final del bloque soviético y la integración gradual de los antiguos países de Europa del Este en la Unión Europea. La agricultura, por su parte, se ha enfrentado a la llegada de productos de la competencia. Griegos los gobiernos socialistas de la década de 1980 respondió mediante una política no muy diferente de la del primer gobierno Mauroy en Francia (la nacionalización de las industrias interesadas, las prácticas inflacionarias, terciario), añadiendo el uso de los fondos estructurales para construir la infraestructura para la el desarrollo del empleo público, aunque no siempre tengan un plan en términos de adecuación a las necesidades socio-económicas y los recursos disponibles – no es una universidad en Grecia por 250 000 habitantes, mientras que la media europea es uno a uno millones de personas -, mientras que el uso de la PAC para aumentar los ingresos agrícolas, sin el cambio a la producción o aumento de la productividad.

Poco a poco, el papel del gobierno en la economía se ha vuelto más y más sin que se ha vuelto más eficiente. El déficit presupuestario griego y la deuda se disparó en la década de 1980. En primer lugar, la devaluación de la dracma y la inflación se han suavizado el golpe, pero al mismo tiempo, que ganó el caso de “frugalidad” griego, que acabo de mencionar. ¿Por qué ahorrar, cuando la inflación es alta? Durante la segunda mitad de la década de 1990, el control de las finanzas públicas sólo fue de corta duración, y fue arrastrado rápidamente por la euforia de los proyectos gigantescos en la víspera de los Juegos Olímpicos de 2004. Por otra parte, con la entrada en el euro, la economía griega se ha beneficiado de un amplio acceso a crédito barato. En veinte años cortos, el consumo ha sustituido a la frugalidad, el desarrollo de una fuerte dependencia del crédito. Los griegos tomados de sus bancos, que prestaron los bancos alemanes y franceses, para comprar los productos … Alemán y francés.

Los diversos sectores (la construcción de la salud), cuya actividad se mantiene estrechamente ligada a la acción del Estado se aprovechó de este boom artificial. Los agricultores se han convertido en rentistas o contratistas locales, sin la necesidad de entrenar o hacer grandes inversiones. La llegada, después de la caída del Muro de Berlín, una mano de obra inmigrante abundante y barata hace que la situación aún más euforia para algunos. Esto fue especialmente cierto en las islas, donde el desarrollo del turismo ha creado nuevos grupos de la economía de rentistas de (café) golpeó “¿Por qué trabajar la tierra o dedicarse a actividades productivas cuando se puede construcción de “habitaciones para alquilar” y asegurarse el cobro de tres meses a un turista renta gracias cautivos no impuestas, o gravadas a la ligera, a los inmigrantes con salarios bajos no declarado?

La ausencia de un sistema impositivo efectivo ha dado lugar a estos sectores, un menor nivel de inversión, la innovación y la mejora de la productividad, y la canalización de los beneficios a la no productiva (al menos para Grecia). De hecho, es un problema estructural de la economía, de cualquier rasgo cultural. Del mismo modo, hay que enterrar este falso debate sobre el número de horas de griego y mediterráneo en general, algunos dicen que el trabajo y algunos otros autoclaves que trabajan más que cualquier otro ( OCDE confirma también que los griegos trabajaban 2.100 horas al año en 2008, frente a 1450 para los alemanes). La cuestión no reside en el número de horas de trabajo, pero la productividad: es evidente a partir de este punto de vista, para un número de razones, entre otras discutidos aquí, la productividad griega es muy baja. Esto no impide que muchas personas suelen tener dos trabajos, un trabajo formal en la mañana, lo que les garantiza la seguridad social, el empleo informal y por la noche, lo que les da un ingreso adicional.

La vie des idées: ¿Podemos decir que la crisis de la deuda griega, antes de que el resultado de una debilidad histórica del Estado griego es principalmente el producto de la desigualdad social y una crisis de la democracia?

Anastassios Anastassiadis: La crisis del estado griego es hoy una triple crisis que se despliega en tres escalas temporales y espaciales. Esto se debe principalmente a una crisis europea y mundial, vinculadas al funcionamiento de la economía mundial, sus desequilibrios y la forma en la unión económica y monetaria europea ofrece la mediación (muy) imperfecto de los estados y zonas más penalizado o marginados por la división internacional del trabajo. La crisis financiera ha hecho que los estados más frágiles vulnerables a los embates de la investigación financiera es más garantías para sus inversiones, o mejor las ganancias a corto plazo. A nivel europeo, la ausencia de una verdadera armonización fiscal y las herramientas para la regulación económica y un mínimo de solidaridad entre las regiones es en gran parte responsable, no la crisis griega, pero empeora los últimos dos años. Como escribió Paul Krugman, Grecia no está más en deuda o quiebra como California, pero se beneficia tanto el apoyo de la política monetaria de la De la Reserva Federal y la política fiscal del estado federal, y no se ahogó en nombre de la devolución de aquellos que han especulado acerca de que en gran medida en los últimos años. Por último, las políticas redistributivas que los californianos de beneficios son pagados por el presupuesto federal, mientras que en Europa cada Estado asume por sí solo.

Nivel cíclico, somos testigos de la crisis del modelo de producción y de consumo griegos últimos años treinta. Grecia tendrá que practicar una retirada drástica como préstamos a tasas bajas, lo que se está acostumbrado, sobre todo desde la entrada en el euro. Ella volverá a presupuestos equilibrados, sin poder ahora recurrir a la deuda barata y los subsidios europeos para impulsar un control de estado que se parece a una carrera precipitada sin un plan, excepto la satisfacción de las comunidades locales. Es evidente que el aparato del Estado experimentarán recortes. Esperemos que dejaremos a las generaciones futuras la posibilidad de escapar. Para ello, el cuestionamiento, tan pronto como sea posible, los compromisos sociales y políticos que llevaron a la griega en los últimos quince años, es esencial. El Estado griego debe reanudar su trayectoria de control del Estado mediante el establecimiento de un nuevo récord de pista a la vez modesto y realista.

Por último, esta crisis es sobre todo la crisis de la clase política griega, especialmente los partidos políticos que surgieron después de la dictadura, según ha explicado el politólogo Yannis Voulgaris. Dentro de las dos más grandes de estos partidos, el PASOK de centro-derecha y centro-izquierda de la Nueva Democracia, tienen grupos coexistido siempre e ideológica muy diversa política unida, bajo una misma bandera por la única ambición de ganar una competencia electoral que no deja lugar a alianzas electorales y por lo tanto a los partidos más pequeños. Ambas partes, por otra parte, siempre luchó por el mismo electorado, especialmente la clase media y la pequeña burguesía. Esto no es problemático en sí mismo, sino que se convierte así que cuando no hay burocracia o institución puede actuar como una medida de salvaguardia.

Sin embargo, no hace falta decir que después de la votación el 12 de febrero, el panorama político griego es más que nunca cerca de una reorganización. Cada uno de los dos grandes partidos se ha eliminado de su lista de veinte diputados que se negaron a votar las nuevas medidas de austeridad. La crisis es muy grave, especialmente por el PASOK viviendo sus últimas horas en su forma original, la de una formidable máquina electoral (más de veinte años en el cargo durante los últimos treinta años). En menos de tres años de gobierno, que perdió más de treinta miembros de la 160, y muchos predicen un desastre electoral en las elecciones que tendrán lugar en abril. La impopularidad de las medidas adoptadas en los últimos años no explica por sí sola la implosión. El gobierno del Sr. Papandreou fue trabajado por profundas contradicciones internas entre la necesidad de cumplir con los requisitos europeos y el deseo de no pagar el precio de las elecciones, que le llevó a centrarse en las estrategias de “bluff” y política de comercialización en lugar de tratar con los problemas reales estructurales de la economía. La presión de los grupos de interés más activos, que también constituían su base electoral, no sirvió de nada.

El partido de centro-derecha también se debilita. Perdió treinta diputados desde las elecciones, hay dos años y medio, cuando no tiene ni siquiera para ejercer el poder! De hecho, esta crisis al mismo tiempo puede ser beneficioso para él, la votación parlamentaria del 12 de febrero ha demostrado su voluntad de su líder para dejar de ser una pálida copia del PASOK como una máquina electoral. La decisión de asumir plenamente su condición de partido político liberal, anclada en el derecho, perderá sus partidarios en los sindicatos y para-público y público-de ciertas clases que compartió con el PASOK, ya que perdió la mayoría Los miembros del “derecho popular y nacional”. Pero no había esperanza de todos modos, probablemente, más, un punto de vista electoral, una reconciliación con las clases medias pro-europeos, una ruptura completa con el PASOK, y el mantenimiento de una estrategia de los grupos orientados social, se estancó y cortejado por una serie de otros partidos de la extrema izquierda a la extrema derecha.

El deseo de una renovación política de la población es tal que sin duda será difícil para los operadores tradicionales para sobrevivir a la crisis. De todos modos, los verdaderos problemas que tenemos ante nosotros: la remodelación del aparato fiscal, diseñado para que sea más coherente con el más moderno, pero también se adaptan a lo específico griego, una política de contratación y formación de la burocracia digno de ese nombre, que se ocupará de la política y no estar al servicio de ellos, y, finalmente, la inclusión de estas medidas en un nuevo pacto social y la aceptación por los ciudadanos a través de la reanudación del proceso democrático y por la renovación masiva de personal político. Este es un proceso largo y doloroso que puede llegar a ser muy. Es por eso que es importante que la UE es la cuestión de la integración fiscal y social no se refiere simplemente a la menor carga de una integración aduanera y monetaria en una sola dirección.

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La crisis griega: lecciones del pasado

Publicado por Anaclet Pons en abril 12, 2012

Recurrimos en muchas ocasiones al portal La Vie des Idées, y aún son pocas si tenemos en cuenta todo lo que ofrece. Por no cansar, se procura ofrecer alguna reseña o entrevista de vez en cuando, pero hay ocasiones en las que el traslado o la referencia se hacen ineludibles. Es el caso de la entrevista que realizan al historiador Anastassios Anastassiadis. Formado en Estados Unidos y en Francia, aunque docente en la canadiense McGill, este historiador habla sobre la creación del Estado griego en el siglo XIX, trazando sugerentes paralelismos con lo que le está ocurriendo ahora a ese país. Poco sabemos de él por estos lares, excepto su contribución a la obra colectiva Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX que publicó la casa de Velázquez en 2009, así que estas líneas pueden servir también de presentación.

Vayamos, pues, con la primera parte de la entrevista:

El colapso del Estado griego: la larga duración de un estereotipo

La Vie des Idées: Desde 2009, muchos comentaristas europeos deploran la debilidad casi intrínseca del Estado griego desde su creación en 1830. ¿Cuál es la mirada que el historiador atento a la larga duración de los fenómenos aplica a este tipo de análisis?

Anastassios Anastassiadis: Aunque pueda parecer paradójico e iconoclasta, me parece que es posible afirmar que en el largo plazo (desde 1828-1830, fechas de la fundación del Estado griego independiente, hasta la víspera de la crisis en 2009), la historia del Estado griego es más bien una success story. Después de todo, Grecia nace en 1828 como una antigua provincia otomana, devastada por siete años de guerra (Guerra de la Independencia, 1821-1827). En una monumental obra de 1835 sobre el pueblo griego [Das griechische Volk], Ludwig von Maurer, famoso constitucionalista de Baviera y miembro de la regencia del nuevo rey de Grecia, ofreció un inventario final: el 95% del entramado económico destruido; infraestructuras y ciudades completamente devastadas; desequilibrio demográfico con un montón de viudas, de huérfanos y de ancianos, y gran escasez de personas capaces de trabajar. Además, el nuevo Estado era demasiado pequeño para parecer viable. Dentro de sus fronteras se encontraban en aquel momento el Peloponeso, las islas Cícladas y la parte continental de Grecia que se corresponde con la visión antigua de Grecia (para fijar la frontera, los negociadores europeos habían confiado en la descripción de Grecia de Pausanias en su Periegesis). No había una armadura urbana digna de tal nombre y las principales ciudades, portuarias o no, donde se había desarrollado desde mediados del siglo XVIII la actividad económica e intelectual relacionada con la aparición de una burguesía griega, se hallaban ahora desgajadas del nuevo Estado.

Sin embargo, 170 años después, el territorio de Grecia se ha triplicado y el país se encuentra entre los treinta Estados más desarrollados del mundo y es miembro de la Unión Europea. Imagine que anunciara hoy que en el año 2150 Iraq (o, mejor aún, el Kurdistán iraquí)  será uno de los Estados más desarrollados del mundo: muchos, obviamente, lo verán como una predicción más que aventurada. No me gustan especialmente las analogías, pero esta imagen muestra hasta qué punto hemos de integrar a la vez la larga duración con lo impredecible del proceso de formación del Estado en cualquier discusión sobre este tema, como claramente mostraron Norbert Elias y Charles Tilly.

Se podría objetar que sería más justo comparar a Grecia con los Estados europeos. La comparación sería entonces menos halagadora (lo que, a partir de los dos últimos años, se entiende habitualmente en los medios de comunicación al hablar de “Grecia no pertenece a Europa” o “no es europea”). Tomemos Bélgica, por ejemplo, que se convirtió en un reino independiente en 1830, junto con Grecia. La pregunta interesante es el de la continuidad institucional. La operación que se intenta en Grecia en 1830 no es la de un país independiente que reforma o nacionaliza las instituciones estatales existentes, a diferencia de Bélgica, que tenía una vieja tradición de  institucionalización estatal vinculada a la dinastía de los Habsburgo, que el Estado independiente en gran parte hereda. Más bien se trata de una sustitución total con nuevos mecanismos, “modernos” y europeos, de mecanismos institucionales existentes, considerados inadecuados y obsoletos (no olvidemos que son los mecanismos de la antigua provincia otomana regida por la ley islámica). Grecia es en realidad el primer intento occidental de construcción de un Estado ex nihilo. El reino griego quiere ser un “modelo de reino”, al que los europeos aplican sus conocimientos más recientes en materia estatal. Es obviamente un proceso violento que requiere paciencia, tiempo y recursos, y que, en última instancia, debe tener en cuenta las instituciones existentes. Sin embargo, en los años 1830-1840, se carece del tiempo y el dinero necesarios para que la nueva monarquía tenga éxito. De manera rápida, los gobiernos extranjeros se cansan de los “fallos” de la estatalización griega, que ellos atribuyen a su carácter “oriental”, como si Francia y España se hubieran hecho en un día. Por otra parte, yo diría que si la estatalización griegaa es ciertamente menos lograda que la belga en cuanto a la eficacia del aparato estatal, lo es en mayor grado en el sentido de inculcación de un sentimiento de pertenencia nacional, como demuestra la lealtad de  poblaciones heterogéneas al Estado central. A pesar de la crisis de los últimos dos años, no se observa en Grecia ningún fenómeno de reivindicación identitaria o regional.

La Vie des Idées: ¿La historia del Estado griego en el siglo XX es tan diferente del resto de Europa?

Anastassios Anastassiadis: La otra cara de la cuestión se refiere, en efecto, no a la génesis del Estado griego, sino a su trayectoria, sobre todo en el siglo XX. La mayoría de los Estados europeos han experimentado en este siglo fases de extrema violencia y destrucción, seguidas por períodos de reconstrucción. Pero en el caso griego, las fases de guerra son a menudo más largas (y más destructivas), acompañadas por divisiones internas particularmente profundas (venizelistas vs realistas durante la Primera Guerra Mundial;  nacionalistas contra comunistas en la década de 1940). Por tanto, el Estado griego no está necesariamente sincronizado con la dinámica general: la Primera Guerra Mundial duró cinco años (1914-1918) para la mayoría de los países europeos, mientras que Grecia estuvo en guerra durante diez años, desde las guerras los Balcanes en 1912 a la derrota en la guerra greco-turca en 1922. La reconstrucción comienza al menos tres años más tarde que en otros lugares, en un momento en que el país se enfrenta tanto a una dolorosa derrota como un importante cambio demográfico debido a la afluencia de 1,5 millones de refugiados procedentes de Turquía (y la salida repentina de otros 400.000). El Estado griego amenaza con hundirse, y es gracias a la intervención de la Sociedad de Naciones que será capaz de hacerle frente. Si la intervención de las grandes potencias contra el Imperio Otomano en 1827, un siglo antes, había permitido tanto un final feliz (para los griegos) a la Guerra de la Independencia como el surgimiento de la lógica de la ingerencia humanitaria en las relaciones internacionales, la acción de la SDN en la década de 1920 fue la primera intervención humanitaria de la comunidad internacional (que dio origen al antepasado del Alto Comisionado para los Refugiados). Como escribió un protagonista de este episodio, Henry Morgenthau, una presión equivalente sería, por ejemplo, ver a Francia enfrentada en 1870 no sólo a la derrota frente a Alemania sino también a una afluencia de 10 millones de refugiados, más de un cuarto de su población de entonces. El período de entreguerras es el momento crucial en que el Estado griego, frente a este desafío, procede realmente a la implementación de políticas reguladoras y distributivas muy ambiciosas, pero también a veces muy autoritarias. Este es el período de la modernización conservadora que continúa incluso después de la quiebra de 1932, producida a causa de los efectos acumulados de la deuda, de la crisis de 1929 y de la fijación del dracma al régimen del patrón-oro.

Pero apenas Grecia se ha recuperado de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, se avecina la Segunda. Es igualmente destructiva: la ocupación fue terrible y la resistencia griega muy fuerte, prolongándose en una sangrienta guerra civil, el primer conflicto real de la Guerra Fría. Mientras que el resto de Europa (el oeste al menos) se reconstruye gracias al Plan Marshall a partir de 1946, en Grecia el mismo plan se utiliza para financiar la guerra civil que dura desde 1946 a 1949. No fue sino hasta 1950 que el Estado griego pudo comenzar la fase de reconstrucción, antes de pasar a la dictadura militar de 1967 a 1974.

Yo creo que, dada la trayectoria, presentada de forma esquemática, uno podía pensar en 2009 que Grecia no estaba demasiado mal en términos de Estado. Obviamente, este proceso fue acompañado por una serie de compromisos institucionales, de acuerdos políticos, producto de conflictos y negociaciones entre los grupos sociales, que pesan mucho y ahora son severamente criticados. Pero hemos de evita hacer juicios en términos morales. La principal preocupación de un Estado y de sus gobernantes es la legitimación de su poder y sus políticas ante la población, así como su supervivencia en un sistema internacional competitivo. Estos compromisos respondían a una adquisición institucional en el proceso de formación del Estado y no a cualquier bagaje “genético” o “cultural” griego.

La Vie des Idées: De hecho, la mayoría de observadores internacionales, periodistas o políticos, señalan a la “corrupción” o el “clientelismo” de la sociedad griega, presentados a veces como rasgos culturales atávicos. ¿Estos discursos tienen también su historia?

Anastassios Anastassiadis: Vamos a empezar con la forma en que “Europa” u “Occidente” ve a Grecia. Desde el siglo XIX, Grecia es el lugar donde se únen dos maneras de pensar europeas. Es obvio que el esquema “clásico” de la Grecia (antigua) juega un papel importante, desde los siglos XVI y XVII, en la formación de la idea de Europa, de una civilización europea que no se identifica sólo con el cristianismo. Sin este patrón de pensamiento, es imposible entender el fenómeno del filohelenismo y del movimiento de voluntarios que luchan durante todo el siglo XIX por la causa griega. Es esta imagen la que convence a las potencias europeas para intentar el establecimiento de un Estado modelo, donde los griegos se revigorizarían y recuperarían su capacidad de antaño gracia a los avances  “tecnológicos” de Europa, y que actuaría como un faro en medio de la “barbarie” y la “corrupción” de Oriente. El segundo esquema de pensamiento es el del orientalismo, característico del siglo XIX. Oriente es percibido entonces como algo intrigante pero poco racional, , sensual pero no lo bastante viril, refinado pero corrupto, aferrado a su (desbordante) historia pasada en lugar de a su progreso futuro.

Delacroix, La Grèce sur les ruines des Missolonghi, 1826. Musée des beaux-arts de Bordeaux

En Grecia, los dos discursos se encuentran. De hecho, el resentimiento de los europeos occidentales es aún mayor hacia el gobierno griego y los griegos que, una vez reencontrados,  no se muestran a la “altura” del ideal “clásico” . Por tanto, el recurso al discurso “orientalizante” es tanto más fuerte porque permite mostrar que estas personas no tienen nada que ver con los antiguos griegos y, por  tanto, no pueden reclamar ni  la “herencia” de los Antiguos ni niguna ayuda, que necesariamente despilarrarían. Es sorprendente ver cómo los estereotipos y esquemas movilizados hoy con ocasión de la crisis griega utilizan los mismos topoi del discurso orientalista del siglo XIX. Para la nueva edición (1857) de su libro La Grèce moderne et son rapport à l’Antiquité (originalmente escrito después de la Guerra de Independencia y a la luz de su participación en la expedición científica de Morea), Edgar Quinet ya denunció esta actitud ambigua de los europeos hacia los griegos y su nuevo Estado.

Sin embargo, en Grecia hay un aspecto adicional que la distingue del orientalismo típicao. Mientras que China, la India o el mundo árabe-musulmán refutan los estereotipos orientalistas y se oponen vehementemente a ellos, muchos griegos parecen haber interiorizado el discurso orientalista. Basta pensar en el primer ministro griego durante la crisis, el Sr. Papandreou, diciendo a sus socios de la UE que gobernaba “un país de corruptos” o declaraciones similares de otros miembros de su gobierno o del gobierno conservador de 2004-2009 sobre las “cifras manipuladas” de la economía griega (que de golpe dio origen a la expresión “Greek Statistics”). Estas declaraciones, que fueron más allá de la lógica clásica de legitimación del poder político mediante la crítica de los gobiernos anteriores, han mantenido el discurso sobre la corrupción. Pero estos juicios ahistóricos y desprovistos de toda reflexión son el reflejo del estado de ánimo de parte de la élite griega, frustrada desde el siglo XIX por la “modernización incompleta” o la “bancarrota” de Grecia.

Buscando un marco teórico para explicar esta coexistencia de una élite “modernizadora”, integrada en el mundo occidental, y una sociedad “recalcitrante”, algunos han utilizado el modelo de dualismo cultural griego. Un antropólogo como Michael Herzfeld, retomando los esquemas presentes en las obras de los escritores griegos, especialmente los de la generación de la década de 1930, ha evocado un dualismo entre lo “Heleno”, en referencia a la antigüedad y la racionalidad, y lo “Rommios” (del término “Romaios”, usado para describir la cuestión bizantina, de donde viene el Rum árabe y turco para describir al cristiano ortodoxo), que pertenece más bien a la tradición bizantina, ortodoxa y otomana. En cuanto ese término se usa para describir la dualidad de la psique griega, no hay ningún problema, ya que ha permitido percibir esta dualidad en cada griego, como un repertorio de prácticas al alcance de todos.

Pero este modelo también ha sido propuesto de modo esencialista para explicar los caprichos de la estatalización griega, sobre todo por el politólogo Nikiforos Diamandouros. Según este estudioso, cuando prevalece la cultura salida de la antigüedad, la modernización avanza; por el contrario, cuando domina la cultura bizantino-otomana, la modernización encalla. Aplicado a la historia política griega, este esquema identifica unos “héroes modernizadores” que introducen la Ilustración occidental en Grecia, pero combatidos y derrotados por las fuerzas oscurantistas de la masa “orientalizante”. Este tipo de modelo culturalista, que reifica la “modernización”, es en realidad de muy poco valor explicativo, puesto que parte de una mala interpretación del proceso de estatalización. Este no es una simple aplicación desde arriba hacia abajo (“top-down”) de un proyecto elaborado por personas muy inteligentes -o ricas, a veces ambas cosas- que estudiaron en las mejores universidades del extranjero (Grecia es hoy el país de la OCDE que más “exporta”, y con mucho, estudiantes con respecto a su población). Se trata de un proceso político repleto de conflictos, negociaciones y compromisos en la asignación de unos recursos, por definición, limitados. El Estado se forma y no se construye. El razonamiento culturalista permite también a parte de la élite griega justificar el hecho de que, mientras ellos se sienten parte de Europa y “Occidente”  y navegan con facilidad en un mundo globalizado, no llegan convertirse en élite de un Estado que les gustaría diferente y más “eficiente”. La historiadora Maria Todorova ha llamado “balcanismo” a ese síndrome de interiorización en los pueblos de los Balcanes de la retórica negativa que los europeos les aplicaron desde el siglo XIX. Las élites griegas se encuentran entre las más “balcanistas” de la región, lo que les permite justificar su incapacidad política e histórica mediante un esquema que hace descansar la culpa en la supuesta inadecuación cultural de sus conciudadanos.

De hecho, los discursos culturalistas de los últimos tiempos son la única continuidad real con el siglo XIX. La “corrupción” y el “amiguismo” constituyen fenómenos que no son extraños ni a los Antiguos ni otros Estados modernos.  Estas prácticas no han impedido que la antigua Roma, la Francia absolutista, EE.UU. o la China de hoy, finalmente, se convirtieran en grandes potencias. Tal vez incluso les han ayudado! Basta pensar en el debate sobre la utilidad del clientelismo para el surgimiento de la monarquía absolutista francesa. En cualquier caso, estos fenómenos siempre han de ser contextualizados, partiendo de las prácticas, e interrogados como parte de un análisis de las diferentes etapas de desarrollo del Estado griego, más que presentadas como realidades trascendentes.

El Estado griego en el siglo XIX: entre el “clientelismo” y la tutela internacional

La Vie des Idées:  ¿Cuáles fueron los desafíos a los que se enfrentó el joven Estado griego desde su creación en el siglo XIX?

Anastassios Anastassiadis: Grosso modo, el Estado griego ha pasado por tres fases durante el siglo XIX (1833-1843: esfuerzos constantes de afirmación de un Estado central; 1843-1875: estancamiento o la regresión de la centralización; 1875-1897: aceleración de la estatalización). Precisemos que la transición a un Estado nacional no es algo dado. Los revolucionarios griegos sabían tal vez lo que no querían, pero no estaban animados del todo por una visión clara, y menos aún común, de lo que querían, o al menos de la forma de gestionar la independencia. Por tanto, para hacer frente a las disensiones geográficas, políticas y sociales que desde el segundo año de la Guerra de la Independencia produjeron una guerra civil (es un término anacrónico hablar de desacuerdos “premodernos’, que costaron la vida al primer gobernante del Estado griego en 1831), las grandes potencias habían establecido una monarquía bávara en 1833, cuya misión era establecer un Estado centralizado y moderno. Los bávaros se tomaron esta misión muy en serio, pero se encontraron pronto con la enormidad de la doble tarea de reconstrucción y legitimación del nuevo régimen. Solo había dos maneras de tener éxito en esta etapa de la estatalización: proporcionar a la población unos servicios que legitimaran el papel del Estado central y reprimir los intentos de desafar ia autoridad estatal. Durante la primera década de ejercicio del poder, los bávaros intentaron ejecutar este plan. Establecieron un sistema administrativo moderno, reorganizaron todos los sectores de la economía y la sociedad, aplicaron la legislación europea, etc. Paralelamente, reprimieron las resistencias locales. Sus esfuerzos probablemente habrían tenido éxito si hubieran tenido más tiempo y recursos. Pero, desde su nacimiento, Grecia estuvo endeudada: los acreedores y la opinión pública europea comenzaron a impacientarse por la falta de resultados. Y el país vivió su primera bancarrota en 1843. Por tanto, el objetivo de establecer el Estado central se vio relegado a un segundo plano. Sin medios para establecer la legitimidad de su poder, mediante el establecimiento de un Estado eficaz, los bávaros volvieron, como explica el historiador Kostas Kostis, al modelo otomano, en el que el centro  gobierna a través de las élites locales, a las que respalda para asegurarse la lealtad de la población. Obviamente, la dinastía bávara, consciente de los peligros inherentes a esta política, intenta forjar una legitimación directa, a menor coste, con el pueblo jugando la carta “nacionalista-irredentista”. Pero sus sucesivos fracasos en el ámbito internacional le cuestan caro. Después de la humillación sufrida durante la guerra de Crimea (1853-1856), se apoya aún más en las elites locales para asegurar su supervivencia, lo que le concede un breve respiro.

Después de la deposición del rey Otto de Baviera en 1862, Grecia vio la llegada de una nueva dinastía, esta vez danesa, que se acompaña de la promulgación de una de las constituciones más liberales de Europa. Debemos recordar que Grecia fue uno de los primeros países en otorgar el sufragio universal masculino (de facto en 1843, de iure en 1864) y practicarlo constantemente a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. En un contexto donde el Estado central tenía pocos recursos que  distribuir,  la configuración política era clara: el estado central cooptaba las élites locales, que a su vez le presionaban para obtener la asignación de recursos en nombre de la legitimidad que obtenían de su papel local. Esta legitimidad quedó institucionaliza mediante el sufragio universal. Ahora, la competencia a la que se dedicaban las élites, tanto frente al Estado central como entre sí mismas, discurría en el Parlamento y no en las montañas como en la época bávara. El bandolerismo, en gran parte vinculado a prácticas localistas de contestación de la autoridad central y que había prevalecido hasta la década de 1870, desapareció hacia el final del siglo.

Si el parlamentarismo es tradicionalmente un medio de que las élites locales accedan de forma aprivilegiadaa la asignación de unos recursos públicos escasos, ello induce al mismo tiempo, a veces de modo involuntario, a la pertenencia a la comunidad nacional imaginada. Así que, cuando en el último cuaarto del siglo XIX, el Estado griego se embarca, una segunda vez después de los bávaros, a una nueva carrera hacia adelante en términos de proyecto de estatalización (infraestructuras, organización de la administración, etc.) se encuentra con menos resistencias locales que en la década de 1830. Lamentablemente, esta fase, financiada por préstamos internacionales, por la acción evergética y por una política fiscal agresiva más centrada en el consumo que en la renta, se detuvo violentamente por una segunda bancarrota en 1893. Los políticos trataron de calmar el problema jugando la carta nacionalista, lo que condujo a la derrota en la guerra greco-turca de 1897 y el control internacional de las finanzas griegas.

La Vie des Idées:  ¿Los compromiso alcanzados en el siglo XIX entre el Estado y las élites locales han influido de manera duradera  en la relación  de los ciudadanos griegos con el Estado?

Anastassios Anastassiadis: Como acabamos de mencionar, durante la primera fase de estatalización, las élites locales se convirtieron en unos intermediarios a través de los cuales el Estado trató asegurar el control de las poblaciones locales. El parlamentarismo institucionalizó esta práctica. Esto no habría sido problemático si, en paralelo, se hubiera desarrollado una burocracia central eficiente. Recordemos que, para Max Weber, la fuerza del Estado moderno descansa en la coexistencia de estos dos grupos: por un lado, la burocracia racional, producto de un proceso secular, impulsada por una abnegación y una dedicación casi ciegas al servicio la eficacia del Estado; por otro, las élites políticas que actúan a la vez como actores y como mediadores del poder en nombre de la población,  garantizando así la legitimidad de este nuevo poder estatal. Es la interdependencia antagonista de ambos lo que asegura el equilibriio estatal moderno. La burocracia  sin actores políticos es El Castillo de Kafka, a saber, una gestión de los recursos sin tener en cuenta las demandas de la población. Por el contrario, el poder político sin burocracia es el Caballero sin espada de Capra: una lucha desigual donde todo depende del carácter moral de los políticos, y donde los intereses privados disponen de los medios para influir en la acción política a expensas de los más débiles.

En el caso griego, las élites políticas han asumido el acceso de la población al Estado y a sus recursos a partir del siglo XIX. La burocracia, a cambio, nunca llegó a un nivel óptimo de eficiencia, bien por los golpes ocasionados por acontecimientos como las quiebras de 1893 o 1932 (y ahora 2012), bien porque su desarrollo ha sido posible sobre todo con los regímenes autoritarios (los regímenes autoritarios de la década de 1930, la democracia limitada de los años de posguerra), lo que contribuyó a desacreditarla ante la población. El golpe final se lo asestaron, el nombre de la “democratización”, los gobiernos socialistas de la década de 1980.

El problema no es tanto el clientelismo en sí mismo como el hecho de que la burocracia estatal, poco institucionalizada, no tiene los medios para contrarrestarla. Después de todo, los propios Estados Unidos han institucionalizado un sistema clientelista, como el sistema de sinecuras (“spoils”). Sin embargo, nadie (o casi) acusa al presidente de los Estados Unidos de designar como embajadores a sus amigos y a los donantes de su campaña. Eso es por definición algo propio del clientelismo, pero se compensa con la eficiencia burocrática. Lamentablemente, este no es el caso del Estado griego, donde además la integración de los clientes, por si fuera poco incompetentes, en una burocracia insuficientemente formada produce consecuencias devastadoras para la legitimidad del Estado. Difícilmente puede reclamar una legitimidad de ejercicio y se limita a la función de alimento para actores políticos en competencia. Por  tanto, no sorprende que los griegos respeten poco a su Estado y sus servidores… más bien les temen!

La Vie des Idées: Usted ha mencionado que el Estado griego ha sido repetidamente puesto bajo tutela de las potencias extranjeras. ¿Cuáles fueron las consecuencias para el desarrollo de la democracia en Grecia?

Anastassios Anastassiadis: Desde el principio, el Estado griego ha estado influenciado. Pero durante el siglo XIX  esto no ha impedido el desarrollo de un sistema parlamentario democrático que ha funcionado bastante bien, sobre todo desde 1862 hasta 1909. Pocos países hubo, incluyendo toda Europa durante este período, que practicaran a la vez el sistema parlamentario unicameral y el sufragio universal (masculino)  sin incidentes dignos de reseñar. Durante 47 años, la vida política se mantuvo relativamente estable. Esto no fue necesariamente del gusto de las grandes potencias, que entendían que el pueblo griego, como los suyos propios, no era lo suficientemente maduro para el juego democrático. Por encima de todo, pensaban que esta apertura política impedía el desarrollo racional del Estado y de su brazo secular, su burocracia. Así, no dudaron en presionar para exigir más esfuerzo a la “racionalización burocrática”, incluso si ello cuestionaba el juego democrático. Es lo que sucedió durante el Control internacional de 1898 tras el colapso de 1893 y la derrota de 1897. La mayoría de las decisiones económicas fueron tomadas por el Control internacional y no por los gobiernos electos. Del mismo modo, durante la guerra civil y los años subsiguientes (en 1940-1950), la dependencia griega de la ayuda americana acentuó la subordinación de la clase política en relación con los Estados Unidos.

Esta situación también pudo tener resultados positivos a corto plazo en términos de construcción del Estado. En los quince años que van entre la derrota de 1897 y el comienzo de la guerra de los Balcanes, el aparato burocrático y militar del Estado griego se moderniza y se torna más eficiente, de manera tan fulgurante – en comparación con el siglo XIX – que  podría decirse que Grecia asume el papel de mini-poder imperial durante la década de 1910. Esto se debió principalmente a la existencia de ese control internacional. Esto permitió la adopción de decisiones impopulares, porque las autoridades y sus gobiernos no tenían que asumir costes electorales, ya que se presentaban a sí mismos como “impuestos por los extranjeros”. La misma situación ocurrió en los años 1946-1960. Pero eso hace que, al mismo tiempo, los beneficios de la estatalización sean muy frágiles, fácilmente imputables a la ilegitimidad de unas medidas impuestas por los extranjeros. Esto es también lo que ocurrió en la década de 1980, y lo que podría suceder hoy.

Peor aún, el progreso de la estatalizaación bajo control internacional durante los años 1900 o 1950 convenció a parte de las élites griegas que aspiraban a la modernización de que el juego democrático, y no la institucionalización de la burocracia, era el verdadero problema . En este sentido, la omnipotencia del parlamentarismo iría en detrimento de la fuerza y la afirmación del poder ejecutivo, explicando así el “retraso” del Estado griego. Esta idea no es específica de Grecia. Se encuentra bajo diversas formas en toda Europa durante la primera mitad del siglo XX. En Grecia, y teniendo en cuenta los otros factores mencionados (importancia del aparato militar a causa de las muchas guerras, las tensiones sociodemográficas, debido a la adquisición de nuevos territorios y la llegada de refugiados), se produjo un período particularmente inestable durante los años 1909-1940, durante el cual los golpes de Estado se cuentan por decenas. El contraste con el período de estabilidad de los años 1862-1909 es evidente. Durante el período de la posguerra, ello conduce a la dictadura de los coroneles (1967-1974). Incluso las medidas positivas de estatalización llevadas a cabo durante estos períodos fueron o bien revocadas o bien detenidas a causa de su defecto congénito, al ser percibidas como una importación ilegítima impuesta de manera autoritaria.

Hay muchas razones para temer que en la actualidad las mismas causas produzcan los mismos efectos. Medidas positivas que a muchos griegos les gustaría ver aplicadas estarán marcadas con el sello de la ilegitimidad, al ser impuestas por la troika comunitaria. Las elites que aspiran a una rápida modernización se complacerán probablemente en un discurso antipolítico, en nombre de la racionalización y la lucha contra la “corrupción” y el “clientelismo” de los políticos, un discurso que, por desgracia, a menudo se ha abierto camino recurriendo al autoritario. Los partidarios acérrimos del statu quo, por razones que distan mucho de ser loables, se verán entonces elevados al rango de héroes resistentes.

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Los muchos lenguajes del pasado: Sanjay Subrahmanyam

Publicado por Anaclet Pons en abril 4, 2012

Tras la entrevista en francés, seguimos con la que este historiador indio ofreció en inglés a los responsables de books&ideas. Como se verá, el contenido es totalmente distinto, a excepción de la última parte:

Books and Ideas: ¿En qué está trabajando ahora?

Sanjay Subrahmanyam: Ahora mismo estoy trabajando en un conjunto de materiales franceses del siglo XVII, un asunto muy curioso. Como es posible que sepa, enseñé aquí, en la EHESS de París, de 1995 a 2002 y en 2004, aunque  pasé los últimos de esos dos  años entre Oxford y París. En aquel momento, trabajé algo sobre fuentes francesas, en los Archivos Nacionales y en la Biblioteca Nacional. Pero se me ocurrió que, a pesar de que ya había mirado con cierta profundidad en otras fuentes europeas, nunca había ido más allá de esa inicial toma de contacto con los materiales franceses. Yo estaba entonces supervisando a una estudiante de la UCLA, Susan Mokhberi, que trabajaba en la embajada enviada por el gobernador de Safavid de Irán a la corte de Luis XIV en el siglo XVIII. Empecé a leer esas fuentes con ella, y me di cuenta de que entendía estas fuentes de manera diferente de como lo hice antaño, porque tenía una idea bastante diferente sobre la historia de Eurasia de la época. Como estaba tratando de conseguir  un año sabático, me decidí a escribir un proyecto para una beca Guggenheim sobre fuentes francesas – que también me ayudaría a nivel personal, porque mi esposa, Caroline Ford, es una historiadora de Francia. Esto puede sonar como una manera muy aleatoria de hacer las cosas. Pero detrás de eso hay un conjunto de problemas que desde hace mucho tiempo me interesaban: ¿cómo se puede volver a escribir una historia del orientalismo que no sea la historia de Orientalismo colonial británico,  sino de algo que existía antes?

Al hacer este tipo de investigación hay nombres muy obvios que te encuentras, como el de François Bernier, que procedía de la región francesa de Anjou. Aunque se ha realizado una cierta cantidad de trabajo sobre Bernier, incluyendo una reedición reciente de algunos de sus escritos, hay una serie de preguntas acerca de él que nadie realmente ha planteado. Y detrás de él hay un montón de gente que nadie ha analizado en trescientos años! La persona en la que me estoy centrando en este momento es François Le Gouz de la Boullaye, un caballero que, como Bernier, era de Anjou y que llegó a la India en la década de 1640, luego regresó a Francia, y más tarde regresó y murió en la India en 1668 o así. Lo que quiero hacer con estas fuentes francesas es cruzarlas con las fuentes holandesas e inglesas sobre los franceses, con el fin de darles mayor profundidad. Con el tiempo, estoy interesado en ver cómo los franceses vieron a los mogoles y los mogoles vieron a los franceses -hay pocas fuentes directas, pero implícitamente se puede comprender un cierto número de cosas.

Las facetas de un individuo

Permítanme volver a François Bernier. Era un médico formado en la famosa Facultad de Medicina de Montpellier, y un filósofo muy cercano a Gassendi: escribió una Abrégé de su filosofía, y estaba allí cuando Gassendi murió. Como tal, fue leído por Locke, y su influencia se hace sentir desde Montesquieu hasta Marx. Bernier fue incluso un pensador clave en la construcción de la figura del déspota oriental y, finalmente, del modo de producción asiático. Bernier fue a la India y pasó mucho tiempo allí (entre 1656 y 1668). Varios de sus escritos fueron publicados poco después de su regreso. Pero también hay materiales muy interesantes que se quedaron sin publicar en el momento. En uno de estos textos da más o menos asesoramiento confidencial a Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV, sobre el funcionamiento de la Compañía Francesa de las Indias Orientales. Peter Burke ha escrito sobre Bernier y ofrece lo que creo que es una visión bastante aúrea: el Bernier que se ve en el material inédito es muy diferente del filósofo alto y poderoso de su Cartas. Bernier era realmente muy maquiavélico, aunque crudamente político hasta un extremo increíble.

Le daré un ejemplo. Hubo un pirata llamado Hugo, que apareció en la década de 1660 en el Océano Índico y atacó a los buques que transportaban peregrinos a La Meca. Este hombre fue capturado en el Mar Rojo, sus bienes incautados y enviado de regreso a Europa. Colbert lo quería emplear. Bernier le aconsejó que no lo hiciera. Es muy interesante la forma en que trata el asunto. Él no desanima a Colbert, le dice: “Espere un poco de tiempo hasta que la gente haya olvidado quién es este pirata. Siga insistiendo en que no es francés, sino holandés. Y cuando la gente haya mudado su opinión, entonces usted podrá poner a este sujeto en liza”.   Y hay un montón de consejos en sus menos conocidos escritos sobre la India, incluida una estrategia engañosa hacia los mogoles sobre el alcance y la naturaleza del poder francés en Europa. En general, vemos una concepción muy curiosa de la política que  puede matizar la visión de cómo alguien como Bernier actuaba -y lo hace en dos o tres niveles: etnográfico, como estudioso de la religión comparada, como un actor claramente maquiavélico.

Books and Ideas: Como historiador, a menudo ha recurrido a biografías y anécdotas biográficas …

Sanjay Subrahmanyam: Muchos historiadores han utilizado las trayectorias individuales, en contextos muy diferentes. Mi libro sobre Vasco da Gama no es una biografía en el sentido normal del término. Hay una biografía clásica en francés, a cargo de Geneviève Bouchon, y los editores franceses, cuando tantearon una traducción de mi propio trabajo, que había salido antes en inglés, pensaron que sería redundante. Sin embargo, ambos libros son muy diferentes. Más que seguir solamente al individuo,  voy y vengo entre las grandes cuestiones del contexto y la trayectoria individual de Gama, sobre el que las fuentes son muy silenciosas. Gama no escribió ni habló mucho, así que no hay manera de entrar en su subjetividad, que es a menudo el objetivo del escritor de biografías. Es simplemente imposible. Y, por supuesto, un montón de historiadores se enfrentan a estos problemas. Piense en El queso y los gusanos y en la microhistoria, o incluso en personas que no se tienen por microhistoriadores, como Linda Colley, que escribió un libro acerca de una mujer secuestrada en el siglo XVIII por su interés en el género y en la circulación de personas en el mundo moderno.

Mi propio interés en cuestiones amplias sin duda proviene de mi experiencia en las ciencias sociales y mi fuerte formación económica en la Delhi School of Economics. La antropología social y cultural tenían mucho peso: M.N. Srinivas, André Beteille y Veena Das eran las principales figuras de ese medio en el momento, en la década de 1970. En cierto modo, yo no necesitaba venir a París: París y la “teoría francesa” ya estaban en Nueva Delhi. Siempre he tratado de moverme entre este nivel y un enfoque más centrado en el individuo. En un nivel básico, es la clásica pregunta de cuán determinista es tu historia, cuántas personas son prisioneras del contexto o agentes activos. Lo que hay que hacer es viajar constantemente entre estos niveles de análisis. Lo hice desde mi primer libro. Por ejemplo, en The Political Economy of Commerce, que procedía de mi tesis, propuse el concepto de “portfolio capitalist”. La única manera en que fui capaz de convencer a la gente de que este concepto era una forma interesante de observar el desarrollo de un cierto tipo de capitalismo comercial era realizar un seguimiento de estos capitalistas, ver con qué recursos trabajaban y cómo los manipulaban. Escribí un capítulo entero a partir de las trayectorias individuales. Incluso en ese momento, en 1987-1988, no estaba en una historia económica muy determinista. Yo realmente no era como algunos de mis profesores que contaban los barcos y los fletes, hacían gráficos y regresiones -también me enseñaron a hacer esas cosas.

¿Por qué esta diferencia desde el principio? Uno de mis buenos amigos, alguien con quien he tenido conversaciones muy interesantes con los años, Partha Chatterjee, se formó como un científico político clásico, en Rochester, para trabajar en la teoría de los juegos y la carrera armamentista. Ahora, uno de los últimos libros que ha escrito se titula A Princely Impostor, sobre el llamado caso del Kumar de Bhawal. Ocurre en la India del siglo XX: un príncipe muere de sífilis, pero llega un religioso mendicante, un sannyasi, que afirma que él es el príncipe y es creído por la familia. ¿Cómo alguien formado en la teoría política llega al estudio de una historia tipo Martin Guerre? En general, creo que incluso los economistas indios aferrados a la economía siempre han tenido un carácter más humanista en su disciplina que muchos de sus colegas no indios. Hay algún tipo de  componente cultural allí. Estoy pensando en gente como mi maestro y amigo Kaushik Basu. Tal vez los científicos sociales de la India también son más propensos que otros a mezclar sus intereses literarios con su enfoque científico social -ahora, por supuesto, no estoy diciendo que en la India no haya distinción entre ficción y no ficción.

Los historiadores y sus lectores, los historiadores entre ellos

Books and Ideas: ¿Está ese enfoque humanista conectado con una relación diferente con los lectores de la India?

Sanjay Subrahmanyam: La mayoría de los historiadores de la India, creo, no escriben con la mente puesta en un determinado público, o mucho menos que en Francia, por ejemplo, donde un libro de historia que lo haga razonablemente bien puede vender cinco mil ejemplares. Es imposible en la India -uno escribe para diez personas. Nunca he escrito para una gran audiencia o teniendo un público estudiantil en mente, a excepción de The Portuguese Empire in Asia, que es algo parecido a un libro de texto. Incluso ahí, sabiendo que el libro no iba a ser utilizado en la India, me dirigí a un público mucho más grande, en todo el mundo. Creo que para la mayoría de mis colegas en la India la audiencia estudiantil llega o no llega, pero no escriben teniéndola en mente.

También es cierto que en la India la autoridad cuenta mucho más que, digamos, en los EE.UU. En Estados Unidos, los estudiantes de un seminario te cuestionan de una manera que los estudiantes indios no necesariamente harían. Pero también hay una tendencia mucho mayor a la conformidad en los EE.UU., donde tienes que escribir como escribe todo el mundo. Y hay un deseo constante de clasificar -y esto no es sólo una cosa intelectual, sino una evidente estrategia de marketing, como poner cualquier otro producto en un supermercado. En un artículo arbitrado, a menudo eres invitado a citar “diez importantes libros o artículos” sobre el tema desde el principio. Pero si no están implícitamente presentes en el tema, o son irrelevantes,  ¿por qué citarlos? Es sólo una cuestión de quitarse el sombrero ante esos autores – tres de los cuales serán probablemente tus revisores de todos modos. Si no existiera este tipo de presión -que veo el equivalente académico del procesado de alimentos-, podríamos tener un trabajo mucho más creativo, y un mayor deseo de jugar con la forma y el contenido en la escritura de la historia.

Books and Ideas: Una parte muy considerable de su trabajo se centra en las conexiones entre imperios, ámbitos comerciales, etc.  También ha subrayado que eso implica redefinir los objetos de la investigación histórica. ¿Qué tipo de objetos históricos derivan cuando se presta atención a esas conexiones?

Sanjay Subrahmanyam: Yo pertenezco a una generación que no es la generación de la independencia india. Es la generación de Partha Chatterjee y Dipesh Chakrabarty. Todos ellos han nacido más o menos en 1947 o 1948, el año de la independencia india. Todos son “Hijos de la medianoche“. Incluso mi estrecho colaborador Muzaffar Alam nació en 1947. Ellos ya habían hecho una labor considerable al tomar el marco nacionalista heredado, que era el marco dominante de la historia de la India, y criticarlo.   Lo que es realmente paradójico es que, después de haberlo criticado como proyecto teórico, seguían siendo  más o menos prisioneros del mismo, en términos de su propia producción monográfica. Ninguno de ellos pensó que fuera interesante, por ejemplo, escribir un artículo sobre algún aspecto del sudeste asiático o del Asia occidental. Siempre escriben sobre la India, o sobre  la India en relación con Occidente. También estan completamente dominados por el encuentro colonial, lo cual es comprensible dada su generación. Para ellos, es el problema que enmarca todas las investigaciones históricas. Al tener la suerte de pertenecer a una o a media generación posterior, yo podía dar por sentado buena parte de eso. En el momento en que yo estaba haciendo mi tesis, el famoso libro de Partha Chatterjee  más o menos ya existía;  las Comunidades imaginadas de Benedict Anderson ya estaba publicado. Para mí, era bastante obvio que el marco nacionalista no era el adecuado.

Pero una vez que uno ha hecho la crítica teórica del colonialismo y del discurso nacionalista  ¿qué objetros vas a construir? Ese es mi verdadero problema. Cuando busco historias conectadas, siempre es en un contexto particular. Si alguien va a hacer historias conectadas sobre el presente o sobre el futuro, será un contexto muy diferente. Puede ser que para entonces los tipos de objetos que hemos establecido en mi generación se hayan convertido en algo viejo y gastado y ya no sean interesantes;  puede que la gente quiera hacer otras historias conectadas. Es realmente una manera de tratar de romper constantemente los moldes de los objetos históricos.

La dificultad es que si uno va a un departamento de historia en la India, sesenta y ocho de cada setenta personas que hay allí pueden trabajar sobre la India. Generalmente hay dos personas que enseñan historia europea o tal vez, en la generación de más edad, historia soviética o historia de Rusia, ya que tenían algún tipo de relación. Habitualmente, en un departamento de historia en la India nadie investiga en otra cosa, incluso si enseñan mediante el uso de los libros de texto habituales. Tomarán los compendios de Peter Burke sobre las nuevas tendencias de la historia social europea y enseñarán a partir de esa historia social europea. Pero a la mayoría de ellos nunca se le ocurrirá ir a un archivo que no sea indio o británico. Desde que trabajo en el período precolonial, es aún más evidente para mí que la relación entre Gran Bretaña y la India no puede ser mi marco de relaciones para todas las preguntas o para la mayoría de las preguntas que me hago. Tomemos el ejemplo de la historia de Birmania. En la India, casi nadie piensa que valga la pena hacer la historia de Birmania. Sin embargo, la historia del norte de Birmania está muy estrechamente ligada a la historia de cierta parte oriental de la India, especialmente Bangladesh y la India nororiental. Forman un todo en cuanto a circulación y formación del Estado. Sin embargo, con la excepción tal vez de dos o tres expertos en la literatura de Bengala, no es algo que la gente haga. ¿Y cuánta gente trabaja en la India sobre el Sudeste Asiático, que es justo el camino que nosotros transitamos?

En la India, y creo que aquí también en Francia, la historiografía nacional y nacionalista sigue siendo la historiografía dominante. Siempre habrá una historiografía dominante. Nunca ha sido mi preocupación proponer lo que pudiera ser un paradigma dominante. Lo pienso más como Oppositionswissenschaft, un término que tomo del historiador intelectual Peter Miller. Está concebido para desafiar e ir contra la corriente, no en un sentido negativo ni en el mero sentido de decir “aquí están sus errores teóricos”, sino en el de proponer otros proyectos concretos, para ponerlos en práctica y decirle a la gente, “aquí hay otro proyecto, dime qué tiene de malo y por qué otras personas no pueden trabajar en esa senda”. Por supuesto que la gente te dirá que hay cincuenta mil razones prácticas por las que no se puede hacer. Es muy difícil aprender idiomas, es muy difícil para la gente de la India salir y tener acceso a esos archivos. Cuando yo estaba enseñando en Portugal en los años ochenta, solía decirles a los estudiantes que,  para responder a algunas preguntas sobre el imperio portugués, uno realmente tenía que ir a los archivos holandeses. Decían: “¿Holandés, qué clase de idioma es ese? ¿Quién en sus cabales puede aprender holandés?”

La coyuntura milenarista del siglo XVI fue un ejemplo que tomé de cómo podemos mirar las conexiones y ver emerger un objeto oculto.  Por desgracia, en el debate que siguió, algunas personas lo tomaron muy literalmente, y se centraron en el ejemplo en lugar ver la cuestión más amplia. Elegí este ejemplo porque me pareció que era inesperado. Si yo hubiera escrito sobre la circulación de la plata, la gente me habría dicho que Pierre Vilar había hecho ese tipo de cosas muchos años antes. Además,  también se convierte en una historia muy material, una historia de precios y dinero. Yo quería tomar algo que fuera un fenómeno mucho más político y cultural, con el fin de mostrar cómo podemos jugar con él.

Mundos entrelazados e intersecciones

Books and Ideas: Su investigación se ocupa principalmente del sur de la India, el Imperio Mogol y la Europa moderna temprana o, como usted dice, “la Eurasia moderna temprana”. La gente en Francia está familiarizada con el trabajo de Serge Gruzinski sobre los mundos entrelazados de la Monarquía Católica. ¿Puede mencionar obras recientes en la misma línea que se centren en otras entidades políticas y culturales?

Sanjay Subrahmanyam: Es cierto que he trabajado sobre el sur de India, el Imperio Mogol y la Europa moderna temprana, pero con Muzaffar Alam, por ejemplo, también he trabajado sobre Asia Central, Irán y el sudeste asiático. También estoy bastante al corriente sobre la historia otomana, a pesar de que en realidad no trabajo en los archivos otomanos. Yo enseño historia otomana y utilizo mucho la historia otomana, incluso en mis ejemplos, esencialmente con materiales traducidos. Eche un vistazo a los ejemplos de individuos que circulan y que se encuentran en mi libro más reciente, Three Ways to be Alien: uno de ellos es un inglés que acaba en España, pero pasa gran parte de su vida en Oriente y el Mediterráneo, en el Imperio Otomano e Irán. Cuando digo Eurasia, trato de tomarlo en serio dentro de los límites de mi competencia en materia de archivos. A veces consigo gente que me ayude, a veces coopero estrechamente con algunas personas.

Serge Gruzinski y yo tuvimos un seminario conjunto en la EHESS, que se tituló “Amérique Asie”. También tomaron parte Nathan Wachtel y otros, pero Serge y yo éramos los principales impulsores. En cierto modo, él tomó una dirección diferente a la mía, usando más fuentes ibéricas sobre Asia. Eso es lo que en sus tres últimos libros, entre ellos el que acaba de terminar, L’Aigle et le Dragon, está tratando de hacer.   Nunca me he metido tan directamente en los materiales de América Latina, a pesar de que he escrito un par de artículos que tocan esta cuestión. Recientemente, también he trabajado algo con Anthony Pagden sobre la relación entre el imperio británico, el español y el imperio portugués.

La diferencia entre lo que estoy haciendo y lo que Serge también está haciendo puede residir en el hecho de que soy un poco más ecléctico que él, en el marco y en las preguntas que elijo. Serge ha tendido más en la dirección de pensar en este asunto como un problema de imperio. Está interesado en la circulación de textos e imágenes dentro de estos imperios y sus periferias. El imperio está presente en mi trabajo, pero no siempre es el esquema dominante en el que estoy trabajando. También estoy interesado en las historias que no tienen lugar en el nivel de un imperio o no se articulan a través de él. Una gran parte de la historia del sur de la India no es imperial en absoluto. Los mogoles, por ejemplo, estuvieron allí durante un tiempo relativamente corto. Symbols of Substance, el libro que escribí con David Shulman y Velcheru Narayana Rao, trata Estados muy pequeños.  El imperio no es la pregunta a la que estoy respondiendo siempre. Tampoco estoy tratando de reemplazar la nación por el imperio como el paradigma dentro del cual se hace la historia. Estoy mucho más interesado en la intersección. Esto también se puede derivar del hecho de que yo vengo del mundo del Océano Índico, mientras que Gruzinski viene del mundo americano, donde después de 1500 tenemos esos dos hechos abrumadores de la vida política, primero el Imperio Español y luego el Imperio Británico . El Océano Índico es un lugar mucho más desordenado, incluso hasta finales del siglo XVIII. ¿Qué parte del Océano Índico realmente controlaba el Imperio Británico, ni siquiera en 1800? Así pues, tenemos diferentes gustos, preferencias y objetos, a pesar de que todo surgió de la misma conversación.

Lo que me gustaría que la gente hiciera es cruzar objetos y archivos, algo que uno no haría de forma convencional. Algunas personas lo han asumido. Uno de mis estudiantes de la UCLA, que acaba de comenzar su tesis, quiere trabajar en la zona comprendida entre Gujarat y el Golfo Pérsico: es decir, Gujarat, y entonces tienes todo Gwadar, Makran, la zona de Baluchistán y la ruta desde allí a través de Omán, con Masqaṭ en el Golfo Pérsico. La historiografía siempre mantiene separada a Gujarat, como objeto, del Golfo Pérsico. Pero sabemos que estas son esferas reales de circulación. Y hay toda una serie de preguntas que pueden plantearse en relación con ellas: formación de pequeños Estados, como los orígenes del sultanato de Masqaṭ y Omán en el siglo XVII, la piratería y la actividad corsaria en este ámbito; la circulación religiosa entre estos dos lados, y así sucesivamente. Esa es la especie de proyecto de historia conectada que él está haciendo, pero probablemente le va a suponer un largo recorrido, porque está tratando de leer los materiales en persa y árabe, por un lado, y los holandeses y franceses, por el otro, para ver lo que puede hacer con todo eso para finales del XVII y principios del XVIII .

También se pueden mencionar los tipos de proyectos sobre “imperios entrelazados”, algo que también me parece interesante. John Elliott escribió un libro que compara a los imperios británico y español en el Atlántico. Gente como Eliga Gould se ha fijado en Carolina del Sur, Florida y el Caribe a finales del siglo XVII y principios del XVIII, que es un mundo entre los españoles, los colonos ingleses y los franceses. Si nos fijamos en la historiografía, lo que a menudo se obtiene es o bien historias macro del Atlántico, donde la gente aborda cada imperio y trata con él, o historias separadas. Uno tiene a los franceses en el Caribe, los ingleses en el Caribe;  hay toda una historiografía de Carolina del Sur;  para finales de los siglos XVII-XVIII, hay todavía una historiografía del Caribe español o lo que sea. Pero si reunimos estos objetos, veemos interacciones de un tipo que no hemos visto antes. Algunas personas piensan que tiene algo que ver con lo que se llama “historias conectadas”, otros no. El nombre no me importa mucho.

Books and Ideas: Los ejemplos que da apuntan todos a la era moderna. ¿Significa eso que un enfoque conectado no puede ser de ayuda para los períodos históricos posteriores?

Sanjay Subrahmanyam: Es cierto, los estudios que privilegian este tipo de interacciones se ocupan sobre todo de la época moderna. Es por dos razones. Una de ellas es, probablemente, que los historiadores que tratan los principios de la era moderna leen más a Serge Gruzinski o a mí que los que se ocupan de épocas posteriores. Por otra parte, el dominio de la historia nacional es mucho más fuerte cuando se cruza 1800, lo que plantea la cuestión de los archivos constituidos y de los hábitos. La gente también le dirá con toda franqueza (y esto es un problema de la gallina y el huevo) que no hay trabajo, que está en los siglos XIX y XX. Para el período anterior, al menos en el mundo de habla inglesa, muchos puestos de trabajo se definen ahora de una manera que permiten colocarse sin que la gente te diga:  “¿Realmente vas a hacer esto o aquello?” Carlo Ginzburg era mi colega en la UCLA. A su salida, algunas personas intentaron argumentar que, ya que se había ido, necesitábamos un historiador italiano. ¿Es así realmente cómo se define a Ginzburg? ¿Es eso en lo que se ha convertido, sólo en un historiador de Italia? Esa reacción se produce muy a menudo allí.

Pero algunas personas están empezando a pensar de manera diferente con respecto a los siglos XIX y XX. Son a menudo  historiadores de cuestiones tales como las diásporas y las redes mercantiles o, a veces, personas que están buscando ciertas clases de historia intelectual donde se tiene la posibilidad de ver las cosas atravesando las fronteras habituales. Uno puede pensar en la conferencia sobre Italia y la India que se organizó recientemente en París: el proyecto era hacer una especie de historia conectada de dos movimientos nacionalistas, que a menudo no son examinados como conectados. Los medievalistas con el tiempo podrían pensar que se puede hacer algo en ese sentido. Pero ellos tienen sus propios problemas, que tienen que ver de nuevo con la naturaleza de las fuentes y la cuestión de las habilidades técnicas necesarias para leerlas.

Contra la sabiduría recibida

Books and IdeasTextures of Time es un libro que comparte con Velcheru Narayana Rao y David Shulman.  Proponen una tesis sobre el género y la textura,  que les permite identificar las diversas tradiciones historiográficas en la India meridional precolonial, pero también tienen como objetivo tratar sobre la escritura de la historia en general. Este libro ha dado lugar a un amplio conjunto de reacciones en el campo de la historiografía de la India. ¿Hasta qué punto sus propuestas metodológicas han ido más allá del marco de la historia de la India?

Sanjay Subrahmanyam: El libro ha tenido sin duda alguna reacción en la historia de la India. Creo que alguien está preparando un número especial para el próximo año en la Indian Economic and Social History Review, donde la gente está tratando de replantearse  la historiografía indopersa en relación con nuestro libro. Hubo un foro en History and Theory. Fue un debate en el que se expusieron algunas diferencias. Sin embargo, se ocupa principalmente de materiales de la India. Fue un poco decepcionante que no pidieran a alguien no indio sus comentarios al respecto. Cuando salió el libro, los que se dedican al sudeste asiático (Southeast Asianists) mostraron interés, e incluso alguien como François Hartog estuvo muy interesado y apoyó su traducción al francés casi al mismo tiempo en el que él estaba trabajando sobre los “regímenes de historicidad“. Pero el problema era que las personas que venían de ciertas tradiciones historiográficas estaban cómodamente asentadadas en el juicio tradicional, que decía que no había ningún problema historiográfico fundamental que resolver y que todas las categorías recibidas se mantenían estables. Por ejemplo, alguien que escribe sobre la historiografía árabe tiene toda una tradición, que comienza casi desde los primeros siglos del Islam. Hay una sabiduría recibida sobre la historiografía europea. Por tanto, un libro que cuestiona algunas de esas categorías y trata de ofrecer nuevas herramientas para redefinir algunos de sus límites no es algo que inmediatamente afecte a personas que sienten que este problema ha sido resuelto hace mucho tiempo.

Si hay un interés fuera de la India, me imagino que vendrá de regiones donde las cuestiones no están tan claras. Podría ser el sudeste de Asia o África, pero también la interesante historiografía persa, que no tiene una autopercepción tan firme como la historiografía árabe. La cuestión de la historiografía africana es un tema complejo. El problema de Etiopía o el de Malí no es el problema del Gran Zimbabwe; allí también hay una línea de influencia de la historiografía en lengua árabe. Allí hubo todo un  debate, que comenzó con los escritos de Jan Vansina sobre la tradición oral. Sin embargo, a pesar de las evidentes diferencias entre las experiencias de África y de la India, buena parte de ella se centró en cómo la historia es un objeto importado de Occidente, junto con la colonización. Este es un lugar común, que hemos tenido por lo menos durante doscientos años. Si la gente quiere reexaminar esta cuestión, creo que repasar algunas de las ideas desarrolladas en Textures of Time podría serles útil. Desafortunadamente, actualmente este libro ha quedado demasiado identificado con un conjunto de problemas propiamente de la India. Esperábamos que algunos historiadores a la vieja usanza reaccionaran y dijeran: “Esto no es serio, esta no es la historiografía, sabemos lo que es la historiografía, es Gibbon y sus epígonos de la India, y así sucesivamente”. Pero también ha sido deprimente ver que muchos indólogos lo rechazaron, ya que asumen la idea de que no hay shastra (textos teóricos, un conjunto de reglas normativas) referidos a la historia. Además, no les gusta leer en lenguas vernáculas indias, en las que están la mayoría de nuestros ejemplos. Para ellos, cualquier cosa que valga la pena decir en la India debe haberse dicho en sánscrito.

De hecho, estoy un poco decepcionado con las reacciones a los dos libros que he escrito con Velcheru Narayana Rao y David Shulman. Hemos asumido muchos riesgos en Symbols of Substance (1992). Para los tres -un estudioso de la literatura y folclorista, que ha trabajado en literatura oral durante buana parte de su vida, un indólogo clásico especializado en estudios religiosos, y un historiador que proviene de la historia económica-,  reunirse y escribir el libro fue ante todo un gran riesgo. Queríamos trabajar sobre el sur de India, ya que toda la historiografía hasta el momento se había centrado en el norte de India. A veces la gente pone Textures of Time en las listas lecturas tanto en la India como fuera, pero no ha tenido el impacto que esperábamos. Tal vez no plantea los problemas de la manera correcta, o no de forma lo suficientemente clara. Como dirían los americanos, tal vez nuestro servicio posventa no era lo suficientemente bueno. Si yo hubiera sido un cierto tipo de historiador en una universidad americana, habría dado diez charlas sobre el libro después de su publicación, me habría presentado con pilas de ejemplares y los habría vendido con un descuento a la concurrencia! Pero quizás todavía sea demasiado pronto para decir cuál será el impacto real de estos libros. En cualquier caso, sin duda disfrutamos trabajando en ellos y con su escritura -lo que es más de la mitad del asunto.

***

Fuente: Thomas Grillot & Anne-Julie Etter, «History Speaks Many Languages. An interview with Sanjay Subrahmanyam », Books & Ideas, 27 January 2012. ISSN : 2114-074X.

URL : http://www.booksandideas.net/History-Speaks-Many-Languages.html

Publicado en Debates, Entrevista, Historiadores, Libros | 1 comentario

El nuevo realismo: diálogo entre Gianni Vattimo y Maurizio Ferraris

Publicado por Anaclet Pons en marzo 21, 2012

Aunque un poco tarde, al menos el suplemento Eñe ha decidido hablarnos del denominado “Nuevo Realismo”. Lo hace retomando un diálogo que mantuvieron el pasado verano Gianni Vattimo y Maurizio Ferraris. Este es el resultado:

¿Seguimos siendo posmodernos o estamos acaso por convertirnos en “neorrealistas”, volviendo al pensamiento fuerte? El debate filosófico está abierto. Gracias, asimismo, a la conferencia que se llevará a cabo en Bonn, Alemania, el año próximo sobre el “New Realism” en la que participarán, entre otros, Umberto Eco y John Searle.

Maurizio Ferraris. Los últimos años enseñaron, me parece, una amarga verdad. Que la primacía de las interpretaciones sobre los hechos, la superación del mito de la objetividad, no tuvo los resultados de emancipación que imaginaban filósofos posmodernos ilustres como Richard Rorty o vos mismo. No sucedió, por lo tanto, lo que anunciabas hace 35 años en tus excelentes clases sobre Nietzsche y el “devenir fábula” del “mundo verdadero”: la liberación de las restricciones de una realidad demasiado monolítica, compacta, perentoria, una multiplicación y deconstrucción de las perspectivas que parecía reproducir, en el mundo social, la multiplicación y la liberalización radical –creíamos entonces– de los canales televisivos. Ciertamente, el mundo verdadero se transformó en una fábula, es más, se ha convertido en un reality , pero el resultado es el populismo mediático, donde –siempre que se tenga el poder– se puede pretender hacer creer cualquier cosa. Esto, lamentablemente, es un hecho, aunque los dos desearíamos que fuera una interpretación. ¿Me equivoco?

Gianni Vattimo. ¿Cuál es la “realidad” que desmiente las ilusiones posmodernas? Hace once años, mi dorado librito La sociedad transparente tuvo una segunda edición con un capítulo agregado escrito después de la victoria de Berlusconi en las elecciones. Yo ya constataba la “desilusión” a la que te referís; y reconocía que si no se daba esa prescindencia de la perentoriedad de lo real que había prometido el mundo de la comunicación y los medios masivos contra la rigidez de la sociedad tradicional, era sólo a causa de una permanente resistencia de la “realidad”, pero justamente en la forma del dominio de poderes fuertes (económicos, mediáticos, etcétera). Por lo tanto, toda la cuestión de la “desmentida” de las ilusiones posmodernas es sólo una cuestión de poder. La transformación posmoderna alcanzada realistamente por quien consideraba las nuevas posibilidades técnicas no se logró. De este “hecho”, me parece, no debo aprehender que el modernismo es una mentira; sino que estamos a merced de poderes que no quieren que la transformación sea posible. ¿Cómo confiar en la transformación, empero, si los poderes que se le oponen son tan fuertes?

M.F. Tal como lo planteás, el poder, es más, la prepotencia, es lo único real en el mundo, y todo el resto es ilusión. Te propondría una visión menos desesperada: si el poder es mentira y sortilegio (“un millón de puestos de trabajo”, “nunca se meterán las manos en los bolsillos de los italianos”, etc.) el realismo es contrapoder: “El millón de puestos de trabajo no se vio”, “se metieron las manos en los bolsillos de los italianos, y cómo”. Por eso, hace 20 años, cuando lo posmoderno celebraba sus fastos y el populismo se calentaba los músculos al costado de la cancha, maduré mi vuelco hacia el realismo (lo que ahora llamo “New Realism”), posición en ese tiempo totalmente minoritaria. ¿Te acordás que me dijiste: “¿Quién te manda hacer eso?”? Pues bien, simplemente la constatación de un hecho verdadero.

G.V. Si se puede hablar de un nuevo realismo, éste, al menos por mi experiencia de (pseudo) filósofo y (pseudo) político, consiste en constatar que la llamada verdad es una cuestión de poder. Por eso me animé a decir que quien habla de la verdad objetiva es un siervo del capital. Siempre debo preguntar “quién lo dice” y no confiar en la “información” ya sea periodística-televisiva o incluso “clandestina”, ya sea “científica” (nunca existe la ciencia; hay ciencias, y los científicos, que a veces tienen intereses en juego). Pero entonces, ¿en quién confiaré? Para poder vivir decentemente en el mundo debo tratar de construir una red de “compañeros” –sí, lo digo sin pudor– con los cuales comparto proyectos e ideales. ¿Buscándolos dónde? Donde hay resistencia: los anti-IVA, la flotilla de Gaza, los sindicatos anti-Marchionne. Sé que no tengo un programa político verosímil, y ni siquiera una posición filosófica “presentable” en los congresos y las conferencias. Pero ahora soy “emérito”.

M.F. Para ser un resistente, aunque sea emérito, tu tesis de que “la verdad es una cuestión de poder” me parece una afirmación muy resignada. Es como afirmar: “La razón del más fuerte es siempre la mejor”. Personalmente estoy convencido de que justamente la realidad, por ejemplo, el hecho de que es cierto que el lobo está en el monte y el cordero en el valle, por lo tanto no puedo enturbiarles el agua, es la base para restablecer la justicia.

G.V. Yo diría más bien: constatemos el fracaso, práctico, de las esperanzas posmodernas. Pero, ciertamente, no en el sentido de volvernos “realistas” pensando que la verdad certificada (“¿por quién?” nunca un realista se lo pregunta) nos salvará, después de la resaca ideal-hermenéutica-nihilista.

M.F. No se trata de volvernos realistas, sino de serlo de una buena vez. En Italia, el mainstream filosófico siempre fue idealista, como bien lo sabés. En cuanto a la certificación de la verdad, hoy hay un sol ligeramente velado por las nubes y eso lo certifico con mis ojos. El 15 de agosto de 1977 Herbert Kappler, ex coronel de las SS nazis y responsable de la ejecución de las fosas Ardeatinas, huyó del Hospital Militar de Celio. Esto me lo dice Wikipedia. Ahora, supongamos que empezaras a preguntarme: “¿Será cierto? ¿Quién me lo prueba?” Se pondría en marcha un proceso que de la negación de la fuga llegaría a la negación de las ejecuciones, y después de todo lo demás hasta la Shoah. Millones de seres humanos asesinados y yo preguntándome sin parar “¿quién lo certifica?”

G.V. Es obvio (¿verdadero?, bah) que para desmentir una mentira debo tener otra referencia. Pero ¿te preguntaste alguna vez dónde está esa referencia? ¿En lo que “ves con tus propios ojos”? Sí, funcionará para entender si llueve; pero ¿para decir en qué dirección debemos orientar nuestra existencia individual o social?

M.F. Obviamente no. Pero decir que “la llamada verdad es una cuestión de poder” tampoco me dice nada en esa dirección, como mucho, me sugiere no abrir más un libro. Hace falta un doble movimiento. El primero, justamente, es el desenmascaramiento, “el rey está desnudo”; y es verdad que el rey está desnudo, de lo contrario son palabras al viento. El segundo es la salida del hombre de la infancia, la emancipación a través de la crítica y el saber (normalmente el populismo sin exagerar intolerante con respecto a la universidad).

G.V. Quien dice que “existe” la verdad siempre debe indicar una autoridad que la sancione. No creo que te contentes ahora con el tribunal de la Razón, con el que los poderosos de todas las épocas nos engañaron. Y que a veces, lo admito, sirvió también a los débiles para rebelarse, sólo a la espera, empero, de instaurar un nuevo orden donde la Razón volvió a ser instrumento de opresión. En suma, si “existe” algo como lo que llamás “verdad” es sólo o decisión de una auctoritas , o, en los casos mejores, resultado de una negociación. Yo no pretendo tener la verdad verdadera; sé que debo rendir cuenta de mis interpretaciones a quienes están “de mi parte” (que no son un grupo necesariamente cerrado y fanático; solamente no son nunca el “nosotros” del fantasma metafísico). En cuanto al llover o no llover, y también sobre el funcionamiento del motor del avión en el que viajo, puedo incluso estar de acuerdo con Bush; respecto de hacia dónde tratar de dirigir las transformaciones que la posmodernidad hace posibles no nos pondremos de acuerdo y ninguna constatación de los “hechos” nos dará una respuesta exhaustiva.

M.F. Si la ideología de lo posmoderno y del populismo es la confusión entre hechos e interpretaciones, no hay duda de que en el enfrentamiento entre un posmoderno y un populista será muy difícil constatar hechos. Pero es de esperar, muchos signos permiten presagiarlo, que esta estación llegue a su fin. También la experiencia de las guerras perdidas, y luego de esta crisis económica, creo que puede constituir una severa lección. Y con lo que afirmo abiertamente que es una interpretación, espero que la humanidad necesite cada vez menos someterse a las “autoridades”, justamente porque salió de la infancia. Si no es en base a esa esperanza, ¿qué estamos haciendo aquí? Si decimos que “la llamada verdad es una cuestión de poder”, ¿por qué los filósofos hicimos al revés de los magos?

G.V. Decís muy poco acerca de dónde buscar las normas del actuar cuando el modelo de la verdad es siempre el dato objetivo. No tenés ninguna duda sobre “quién lo dice”, siempre la idea de que mágicamente los hechos se presentarán por sí mismos. La cuestión de la auctoritas que sanciona la veritas deberías tomarla más en serio. Tal vez yo me equivoque al hablar de compañeros, pero ¿vos creés realmente que hablás from nowhere ?

© La Repubblica y Clarín, 2011.

Traduccion de Cristina Sardoy.

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Quien desee profundizar en ese “nuevo realismo” puede solazarse con los innumerables enlaces que nos proponen nuestros amigos de Labont, el Laboratorio de Ontología (así se denomina, en plan oxímoron) de la Universidad de Turín.

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