Lynn Hunt y Jacques Revel hablan sobre la historia

Anunciado estaba. El último número de 2012 de la revista Perspectives incluía “A Conversation between Lynn Hunt and Jacques Revel”, un diálogo mantenido en enero de 2009 en la ciudad de Nueva York con motivo de la reunión anual de la AHA. Afortunada o desgraciadamente, según se mire, la versión electrónica es mucho más amplia que la publicada en el papel impreso. Este es parte de su contenido, en el que Pillarisetti Sudhir, entonces editor de la publicación, hace de discreto moderador:

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Lynn Hunt: Jacques, hace más de 10 años, en un ensayo que  escribió para Perspectives, Christophe Prochasson hizo un breve análisis preliminar de las tendencias historiográficas en Francia y luego señaló -y le estoy citando-: “la historia poco a poco está perdiendo  el prestigio que adquirió para bien o para mal en el transcurso de la década de 1970 gracias al fenómeno de la nueva historia. La historiografía francesa ya no conserva su antiguo esplendor”. Ya que has sido una parte tan importante del esplendor de la historiografía francesa, ¿cómo lo ves?, ¿tienes la sensación de que ha habido declive o simplemente un cambio?

Jacques Revel: Ha cambiado. Bueno, es difícil ser parte del reparto y dar una opinión sobre él. No obstante, yo diría que mi amigo Prochasson aludía a un período excepcionalmente favorable para los historiadoresel franceses (y probablemente para algunos otros) a finales de 1960, en la década de 1970 y a principios de la de 1980. Probablemente, desde el siglo XIX no había exsitido tal demanda pública de historia ni un consumo tan grande de historia. Los libros de algunos historiadores académicos -pienso en Duby, Le Goff, Le Roy Ladurie, Furet y muchos otros- parecían coincidir con las expectativas de un público más amplio. De manera más general, las referencias históricas también eran compartidas en gran medida por una sensibilidad general, así como por el debate público.

¿Por qué? Por un lado, el tradicional repertorio nacional seguía yendo, con muchos y contradictorios intereses, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. En términos más generales, los franceses estaban aún muy convencidos de que su historia era único relato y que debía ser percibida como una referencia para el resto de la humanidad. La historia importaba en tanto expresión privilegiada de la conciencia nacional. Pero, por otro lado, las cosas estaban cambiando rápidamente. Francia, al igual que la mayoría de los antiguos países desarrollados, entró en una época de incertidumbre. La crisis comenzó en la década de 1970 y transformó dramáticamente nuestra relación con el tiempo y la experiencia históricos. Un tiempo con un oscuro, casi ilegible, presente y un tiempo con un futuro borroso y, en consecuencia, el propio pasado acabó siendo sacudido. Dejó de ser el camino seguro a nuestro progreso, un progreso que ahora estaba en duda, pero tendió a convertirse en un refugio nostálgico: El mundo que hemos perdido, por citar el título del libro de Peter Laslett. El Montaillou (1975) de Le Roy Ladurie vendió más de 200.000 copias en una sola temporada. Es un caso extremo, pero no es un ejemplo aislado, y el cambio ciertamente no se limitó a Francia. Pensemos en el éxito de Natalie Davis Zemon en todo el mundo, por citar otro caso notable. La historia ofrecía una alternativa a un mundo que estaba cambiando muy rápido.

Por tanto, esas dos expectativas contradictorias, la tradicional de cierta excepcionalidad francesa y la nueva del pasado como forma de escape, han producido efectos acumulativos.

Más allá de los méritos de una generación de historiadores brillantes, la historia se benefició de unas condiciones excepcionales. Ocurrió que la “Nouvelle histoire” combinó grandes expectativas e historiadores profesionales que temporalmente encontraron una audiencia inesperada. El resultado fue una época extraordinaria.

Así que ha habido un cambio si lo comparamos con la situación actual. Lo que es seguro es que este entusiasmo del público por la historia fue un fenómeno temporal, y que ahora lo habitual es que sean los historiadores profesionales los que leen la historia profesional, sin esa gran audiencia que existió en el pasado.

Hunt: Habría una comparación interesante, creo, con la situación en los Estados Unidos; en los Estados Unidos este mismo período en realidad no es tanto el período de recordar el pasado que hemos perdido, sino de una especie de calentamiento de una guerra cultural sobre cuál se supone que es el papel de la historia en la vida nacional. Es decir, en el mismo período en los Estados Unidos los problemas realmente giran en torno a la historia de la esclavitud, la historia de las mujeres, las cosas que tienen que ver con la identidad nacional americana y si es una buena idea para la historia y para los historiadores participar en este tipo de problemas de identidad. Entonces, ¿sería justo decir que en Francia los problemas de identidad no estaban tan presentes o que vinieron después? Porque en estos momentos hay un gran problema [en Estados Unidos] sobre cómo afecta la enseñanza de la historia a la identidad nacional.

Revel

Revel: Tienes razón, la situación es diferente en los Estados Unidos. Todos esos  temas -diferentes formas de historia, diferentes actores históricos- estaban claramente relacionados con la cuestión de la identidad nacional. Pero, por muchas razones, eran menos relevantes en Europa. En el período poscolonial, las sociedades europeas estaban hartas de la identidad nacional, del sentimiento nacional. La cuestión de los estudios sobre la mujer y otros ha estado en gran parte separada de la cuestión de la identidad nacional, así que estaban por venir. Es otro problema, pero que probablemente condujo al gran éxito de la llamada “nueva historia”, que es, en cierto sentido, una historia sin la nación.

(…)

Sudhir: Me preguntaba si tal vez, no sé, quiere finalizar con algún problema a modo de conclusión. Qué diría si yo le hiciera la gran pregunta de cómo ve usted el futuro de la historia. Usted ha hablado de la porosidad de la profesión histórica y de la existencia de un gran número de distintas representaciones históricas del pasado, ya sea la memoria o los relatos de testigos presenciales y de otras que comparecen en el campo histórico. ¿Cómo ve en términos generales, a la luz de esos acontecimientos, a la luz de la globalización, el futuro de la historia como disciplina, como  práctica, tanto en Francia como en todo el mundo?

Revel: Esa es una pregunta difícil y probablemente un asunto difícil. Si valoramos hasta qué punto  ha cambiado la escena historiográfica en las últimas décadas, la época de nuestra experiencia personal y profesional, es mejor ser prudente con cualquier pronóstico. La escena ha cambiado. Los historiadores nunca han estado aislados. Sin embargo, con el desarrollo de la erudición y más tarde de la historia científica, nuestra profesión ha tendido a olvidarlo en aras de la objetividad, de ese “noble sueño”. Estas certezas parecen ser cuestionadas en la actualidad. Muchos historiadores lo lamentan, pero esta es la situación a la que nos enfrentamos. Hay nuevos protagonistas que están presentes en la escena y que exigen atención: los medios de comunicación, los tribunales de justicia e incluso, en Francia, el Parlamento a través de una serie de recientes “leyes memoriales”, como he mencionado antes en nuestro diálogo.

Los testigos están compitiendo y a menudo se ven forzados a competir con los puntos de vista de los historiadores;  ellos estuvieron “allí”, se están moviendo, a menudo son respetables, son mucho más “reales” de lo que nosostros podemos pretender ser. La historia es ciertamente un asunto público, más de lo que lo solía ser. Tenemos que tomarlo en serio. No es que debiéramos sentirnos acosados porque nuestros puntos de vista estén siendo desafiados más de lo que era habitual. Depende de nosotros dejar claro que hay de específico en lo que estamos haciendo y la forma en que lo hacemos. No estoy reclamando aquí la defensa de nuestros privilegios, sino una correcta apreciación de cada contribución singular.

Podemos estar de acuerdo en el hecho de tanto la historia como nuestra relación colectiva con la historia han cambiado. Pero probablemente no seamos capaces -o al menos yo no me siento capaz- de predecir cuál será el futuro de nuestra disciplina en los próximos cincuenta años. Dicho esto, no creo que ninguna sociedad pueda vivir sin relacionarse con su propio pasado. Que sean los historiadores los que se encarguen de ello es un problema diferente.

Hunt: Ese es un gran final.

Sudhir: Muchas gracias.

Revel: Ha sido un placer.

Copyright © American Historical Association

3 Respuestas a “Lynn Hunt y Jacques Revel hablan sobre la historia

  1. Pingback: Lynn Hunt y Jacques Revel hablan sobre la historia | APHU·

  2. Dan un poco de risa, y
    algo de irritación, con sus balones fuera (fragmentación repertorio
    nacional, etc) y su incapacidad para ver que la jerga (y los
    intereses) de lo que ellos (o más exactamente) Revel representan es
    autista, insufrible e ilegible -nada que ver con los textos de Le Roy-
    L., Duby, Ginzburg, N.Davis y otros que se plantean contar historias
    que además explican cosas. No es la gente la que ha abandonado la
    historia y se la ha entregado a periodistas, testigos y divulgadores.
    Somos los historiadores los que hemos abandonado a los lectores
    interesados en la historia. Nada que ver con la
    denostada “comercialización” sino con la responsabilidad de hacer oír
    nuestra voz en la esfera pública, de interesar, de tansmitir y de
    comunicar historias que sean al tiempo explicativas y atractivas. En
    fin…Todavía quedan algunos pero desde luego no son franceses.

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