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La escritura académica digital

Publicado por Anaclet Pons en Noviembre 11, 2009

“En muchos casos, las tradiciones no duran porque sean excelentes, sino porque las personas influyentes se oponen al cambio y debido a la enorme carga que implica la transición  a un estado mejor”. Cass Sunstein, Infotopia

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Uno de los blogs más interesantes sobre las nuevas tecnologías y el mundo académico es profhacker. No hace mucho, uno de sus colaboradores, Brian Coxall, dedicaba una entrada a los nuevos modelos de revisión de un texto, centrándose en el trabajo de Kathleen Fitzpatrick, una de las veteranas en el mundo de la edición académica digital. En efecto, esta profesora lleva más de una década tratando algunos de estos asuntos en su blog, en el que ha ido anunciando los progresos de su nuevo libro: Planned Obsolescence.  Ahora, señala Coxall, ese volumen ha hecho su aparición en línea, algo digno de mención — especialmente en el contexto de la reciente aparición de SideWiki– porque Fitzpatrick invita  a la comunidad de Internet a comentar  el manuscrito, con la posibilidad de que esas intervenciones aparezcan al lado de los los párrafos del texto. Pero, ¿cómo funciona?

Como explica Fitzpatrick, su “sitio es alimentado por CommentPress, que permite que  los comentarios se adjunten a una página o a párrafos concretos de la página”.   CommentPress es un tema que se puede instalar en un blog de WordPress. Lo cual significa que se puede utilizar para permitir notas marginales en cualquier texto que se pueda colocar en un blog, siempre que tengan los permisos para hacerlo. El desarrollo de CommentPress ha sido patrocinado en los últimos dos años por el Institute for the Future of the Book. De momento, Fitzpatrick utiliza una versión beta, pero pronto tendrá la versión final, que será aún mejor.

Fitzpatrick insiste sobre todo en la necesaria reforma de la revisión por pares en la era digital, defendiendo que este tipo de revisión será más productiva,  útil,  transparente y eficaz si el proceso es abierto. Y por eso, practicando lo que predica, ofrece su texto en línea,  disponible para ese examen abierto. Su voluntad es que los comentarios le ayuden a revisar el manuscrito antes de su presentación definitiva. Si todo va según lo previsto, el libro aparecerá publicado en  en la NYU Press, que también enviará el manuscrito para una revisión ciega.   En cuanto al volumen, algunas partes del capítulo tercero se publicaron originalmente en la revista Journal of Electronic Publishing y en MediaCommons. Asimismo,  partes del primer capítulo proceden de una conferencia online celebrada en interdisciplines.

Por supuesto, Fitzpatrick no es la primera persona en usar CommentPress como forma nueva y abierta de revisión por pares. Se puede decir que el primero fue McKenzie Wark en 2006, con su GAM3R 7H3ORY, al que siguió ese mismo año Mitchell Stephens con su The Holy of Holies: On the Constituents of Emptiness.   Por su parte, en la primavera de 2008, Noé Wardrip-Fruin publicó varios capítulos de su Expressive Processing, proceso al cual se ha referido en varias entradas de su blog.

Por otra parte, disponemos  actualmente de varias opciones  para permitir los marginalia en un blog. El programador original de CommentPress ha estado trabajando en proyectos similares, como digress.it, que es una importante revisión del proyecto. Como su predecesor, digress.it trabaja dentro de un blog de WordPress. Una diferencia importante, sin embargo, es que en lugar de ser un tema es más bien un complemento (plugin).  Como señala la página: digress es “un complemento para WordPress que permite hacer comentarios párrafo a párrafo en los márgenes del texto”. Sea como fuere, digress.it ofrece opciones de las que la versión disponible públicamente de CommentPress carece en este momento.

Por otra parte, el uso de esta herramienta no se limita simplemente a los manuscritos académicos. Es fácil  imaginar su uso en el aula  proponiendo, por ejemplo, que que los estudiantes colaboren para componer un texto.  O se puede usar para obtener respuestas a una propuesta concreta, como hizo la UCLA para su Digital Humanities Manifesto en su intento de fomentar una revolución en el trabajo de las humanidades digitales. Y se podría utilizar para otras muchas cosas,  desde permitir comentarios a manuales y apuntes o recoger opiniones sobre cualquier otro asunto académico. Siempre que uno esté interesado en que haya glosas centradas sobre partes concretas de un texto, la plataforma de CommentPress y el complemento digress.it ofrecen mejores resultados que un blog o una wiki .

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El futuro del libro, en un mundo digital

Publicado por Anaclet Pons en Octubre 30, 2009

L’avenir numérique du livre“. Con este título retoma Roger Chartier en Le Monde sus análisis sobre los cambios que la revolución digital ha traído al mundo del libro. Veamos qué nos dice:

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Hagamos una prueba. Googleemos “Google”, es decir, escribamos esa palabra en el buscador del mismo nombre. La pantalla nos indica de inmediato que el número de resultados asciende (en castellano) a más de dos mil millones. Si no nos preocupa el sacrilegio,  volvamos a intentar la operación con el término  “dios”:  el número de posibilidades se reduce ahora a 67 millones (esta versión del texto de Chartier, que lógicamente da cifras distintas atendiendo a la versión francesa del buscador, se compuso el 26 de octubre de 2009 y, por tanto, el cómputo variará cuando esta entrada se publique o lea).

La comparación es suficiente para entender por qué, en los últimos meses y semanas, todas las discusiones sobre la creación de colecciones digitales se han visto sacudidas por los incesantes esfuerzos de la compañía de California. El más reciente, como se anunció hace unos días en la Feria del Libro en Frankfurt, es el lanzamiento de Google Edition (su librería digital de pago), que explota comercialmente algunos de los recursos acumulados en Google Books.

La obsesión “googleana”, aunque legítima,  no puede hacernos  olvidar algunas de las preguntas fundamentales que plantea la conversión digital de textos existentes en una materialidad diferente, ya sean impresos o manuscritos. En esta operación radica el fundamento mismo de la creación de colecciones digitales,  que permiten un acceso a distancia a los fondos conservados en las bibliotecas.

Sería de tontos considerar inútil o peligrosa esta extraordinaria oportunidad que se le ofrece a la humanidad. “Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad”, escribió Jorge Luis Borges, y ésa es la misma satisfacción inmediata que produce la nueva Babel digital . Todos los libros al alcance de cualquier  lector, esté donde esté: el sueño es hermoso, con la promesa de acceso universal a los saberes y a la belleza.

No hay que perder la razón. La transferencia del patrimonio escrito de una materialidad a otra no carece de precedentes. En el siglo XV, la nueva técnica de reproducción de textos se puso masivamente al servicio de los géneros que dominaban la cultura del manuscrito:  manuales de escolástica, libros litúrgicos, compilaciones enciclopédicas, calendarios y profecías.

En los primeros siglos de nuestra era, la invención del libro que sigue siendo el nuestro, el códice, con sus hojas, sus páginas e  índices, acogió en un nuevo objeto las escrituras cristianas y las obras de autores griegos y latinos. La historia no enseña lección alguna, a pesar de lo que se dice,  pero en ambos casos muestra un hecho esencial para entender el presente, a saber:  un “mismo” texto ya no es el mismo cuando cambia el soporte en el que se inscribe, del mismo modo que se modifican  las maneras de leer y el sentido que le atribuyen sus nuevos lectores.

En las bibliotecas lo saben, incluso aunque en algunas de ellas hayan tenido o todavía tengan la tentación de alejar de los lectores,  a veces de destruir, los objetos impresos cuya conservación parecía asegurada por la transferencia a otro soporte: el microfilm y la microficha de antes, el archivo digital de hoy. En contra de esta mala política, no hay que olvidar que proteger, catalogar y hacer accesibles  (y no sólo para los expertos en bibliografía) los textos en las formas sucesivas o alternativas que han permitido a los lectores leerlos en el pasado, y en un pasado reciente, sigue siendo una tarea fundamental para las bibliotecas -y la justificación principal de su existencia como instituciones y lugar de lectura.

Suponiendo que los problemas técnicos y financieros de la digitalización hayan sido resueltos y que toda la herencia escrita se pueda convertir a formato digital, la preservación y divulgación de los soportes anteriores seguirían siendo necesarias. De lo contrario, la “extravagante felicidad” prometida por esta biblioteca de Alejandría finalmente realizada nos supondrá pagar un alto precio por la amnesia de esos pasados que hacen que las sociedades sean lo que son. Tanto más cuanto que  la digitalización de los objetos de esa cultura escrita que es todavía la nuestra (el libro, la revista, el periódico) requiere un cambio mucho mayor que el que implicó la migración de textos del rollo al códice. A mi parecer, la clave está en  la profunda transformación de la relación entre el fragmento y la totalidad.

Al menos hasta hoy, en el mundo electrónico, es la superficie iluminada de la pantalla del ordenador la que da a leer los textos, todos, cualquiera que sea su género o su función. Se rompe así la relación que, en todas las culturas escritas previas,  vinculaba estrechamente objetos, géneros y usos. Es esta relación la que organiza las diferencias, percibidas de forma inmediata, entre los diferentes tipos de publicaciones impresas y las expectativas de sus lectores, guiados en el orden o el desorden de los discursos por la materialidad misma de los objetos que los transportan.

Y es esta misma relación la que hace visible la coherencia de las obras,  imponiendo la percepción de la identidad textual,  incluso a quien sólo quiere leer unas pocas páginas. En el mundo de la textualidad digital, los discursos ya no están inscritos en los objetos, que permiten clasificarlos, jerarquizarlos y reconocerlos en  su propia identidad. Es un mundo de fragmentos descontextualizados, yuxtapuestos, de una recomposición indefinida, sin que sea necesario o deseado comprender  la relación que los inscribe en la obra de la que han sido extraídos.

Se puede objetar que esto siempre ha sido así en la cultura escrita, amplia y durablemente construida a partir de recopilaciones de extractos, de antologías de lugares comunes  (en el sentido noble que se le daba en el Renacimiento), de fragmentos escogidos. Ciertamente. Pero, en la cultura de la imprenta, el desmembramiento de los escritos va acompañado por su contrario: su circulaciónen en las formas que respetan su integridad y que, a veces,  las reúnen en las “obras”, completas o no. Además, en el propio libro, los fragmentos están necesariamente, materialmente, relacionados con una totalidad textual,  reconocible como tal.

Son varias las consecuencias que se derivan de estas diferencias fundamentales. La idea misma de revista se torna incierta, cuando la consulta de los artículos ya no está vinculada a la percepción inmediata de una lógica editorial que se hace visible en la composición de cada número, sino que se organiza mediante un orden temático de secciones. Y es cierto que las nuevas formas de lectura, discontinuas y segmentadas, socavan las categorías que rigen la relación de los textos y obras, designados, pensados y apropiados en su singularidad y coherencia.

Son precisamente estas propiedades fundamentales de la textualidad digital y de la lectura frente a la pantalla lo que el proyecto comercial de Google intenta explotar. Su mercado es el de la información. Los libros, como otros recursos digitalizables,  constituyen un enorme filón  a explotar. Como declaró Sergey Brin, co-fundador de la empresa: “Hay una cantidad fantástica de información en los libros. A menudo, cuando hago una búsqueda, lo que encuentro en un libro es cien veces superior a lo que puedo encontrar en la red”. De ahí la percepción inmediata e ingenua de cualquier libro, de cualquier discurso como base de datos que proporciona “información” a quienes  la buscan. Satisfacer esta demanda y obtener provecho de ello es el primer objetivo de la compañía de California, y no construir una biblioteca universal a disposición de la humanidad.

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Por otra parte, parece que Google  no está  bien equipada para hacerlo, a juzgar por los muchos errores de datación, clasificación e identificación producidos por la extracción de datos, y observados con ironía por Geoffrey Nunberg en The Chronicle of Higher Educación el pasado agosto. Para el mercado de la información, estos errores son secundarios. Lo que importa es la indexación y la clasificación de datos, así como las palabras clave y temas que permiten ir más rápido con los documentos que ofrecen “más posibilidades”.

Este gran descubrimiento de un nuevo mercado, siempre en expansión, y los progresos técnicos que le dan a Google un cuasimonopolio sobre la digitalización en masa,  han asegurado un gran éxito y copiosos beneficios a esta lógica comercial. Ésta supone la conversión electrónica de millones de libros, tomados como una inagotable mina de informaciones. Por tanto, ello exige no sólo acuerdos pasados o futuros con las grandes bibliotecas del mundo, sino también, como hemos visto,  un enorme esfuerzo de  digitalización, poco preocupado por el respeto a los derechos de autor, y la creación de una gigantesca base de datos, capaz de absorber más y archivar  las  informaciones personales de los internautas que utilizan los muchos servicios ofrecidos por Google.

Todas las controversias actuales derivan de este primer proyecto. Así,  las demandas judiciales de algunos editores (por ejemplo, La Martinière) por la reproducción y difusión ilegales de obras cuyos derechos les pertenecen, o el acuerdo entre Google y la Asociación de Editores y la Sociedad de autores estadounidenses, que prevé compartir las tasas percibidas por el acceso a los libros con derechos de autor (37% para Google, el 63% para quienes tiene los derechos). Este “settlement” preocupa al Departamento de Justicia, ya que podría constituir una posible violación de la ley antimonopolio, así  que el próximo 9 de noviembre el asunto se verá ante el juez de Nueva York encargado de retificar el acuerdo. Y luego está el lanzamiento espectacular de Google Edition, que es en realidad una librería digital de gran alcance destinada a competir con Amazon en la venta de libros electrónicos. Su constitución ha sido posible gracias al control que Google ejerce sobre cinco millones de libros “huérfanos”, todavía protegidos por derechos de autor pero cuyos editores o propietarios de los derechos han desaparecido, y por el acuerdo que legaliza a la postre las digitalizaciones piratas .

Representantes de la empresa americana recorren el mundo y los congresos para proclamar sus buenas intenciones:  democratizar la información, haciendo accesibles los libros disponibles,  remunerar adecuadamente a autores y editores, favorecer la legislación sobre los libros “huérfanos”. Y, por supuesto, la conservación “para siempre” de obras amenazadas por los desastres que afectan a las bibliotecas, como recuerda Serge Bryn en un reciente artículo del New York Times, donde se justifica el acuerdo presentado ante el juez por los incendios que destruyeron  la biblioteca de Alejandría y, en 1851, la Biblioteca del Congreso.

Esta retórica de servicio público y de democracia universal no bastan para eliminar las inquietudes que plantean las empresas de Google. En un artículo en The New York Review of Books del 12 de febrero y en un libro de inmediata aparición titulado The Case for Books : Past, Present and Future (PublicAffairs),  Robert Darnton convoca  a los ideales de la Ilustración para advertirnos contra la lógica del beneficio que gobierna las empresas de Google. Ciertamente, de momento hay una distinción clara entre obras de dominio público, que están disponibles gratuitamente en Google Books, y libros con derechos de autor, huérfanos o no, cuyos acceso y ahora compra en Google Edition son de pago. Pero nada garantiza que  la compañía, en situación de monopolio, no imponga en el futuro derechos de acceso o precios de suscripción considerables a pesar de la ideología de bien público y gratuidad que actualmente proclama. Ahora mismo, hay un vínculo entre los anuncios publicitarios, que proporcionan enormes beneficios para Google, y la jerarquía de la “información” que obtenemos con cada búsqueda en Google Search.

Es en este contexto  en el que hay que situar los debates generados por la decisión de algunas bibliotecas de encomendar la digitalización total o parcial de sus colecciones a Google, en virtud de un acuerdo o, lo que es menos habitual, de un concurso. En el caso francés, los acuerdos y debates abiertos afectan por el momento a  los libros de dominio público – que, como hemos visto, no protegen a los otros, escaneados en bibliotecas EE.UU.. ¿Debemos continuar por este camino?

La tentación es fuerte en la medida en que los presupuestos no permiten escanear ni mucho ni rápido. Para acelerar la puesta en línea, la Comisión Europea, los gobiernos y algunas bibliotecas han decidido que son necesarios acuerdos con socios privados y, por supuesto, con el único que tiene la matriz técnica  (por otra parte, mantenida en secreto) que permite digitalizaciones masivas. De ahí, las negociaciones,  prudentes y limitadas, entre la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) y Google. De ahí,  las discrepancias sobre la oportunidad de este modelo, tanto en Francia como en Suiza, donde el acuerdo firmado entre la Biblioteca cantonal y universitaria de Lausana y Google ha dado lugar a un serio debate (Le Temps, 19 de septiembre).

Conviene señalar  la diferencia radical que separa las razones, modalidades  y usos de las digitalizaciones de los propios fondos; cuando son llevadas a cabo por las bibliotecas públicas y la empresa de California, la prudencia está más que justificada  y podría o  debería llevarnos a no ceder a la tentación. La apropiación privada de bienes públicos, puestos a disposición de una empresa comercial,  puede parecer chocante. Además, en muchos casos, el uso de las bibliotecas de sus propias colecciones digitalizadas por Google (y aunque las obras sean de dominio público) está sujeto a condiciones que son inaceptables, como por ejemplo la prohibición de explotar los ficheros digitales durante  varias décadas o de fusionarlos con los de otras bibliotecas. Igualmente inaceptable es otro secreto: el de las cláusulas de los contratos firmados con cada biblioteca.

Son lógicas, pues, las reticenciassobre este tipo de asociación, por sus riesgos y consecuencias. En primer lugar, hay que exigir que la financiación pública de los programas de digitalización esté a la altura de los compromisos, necesidades y expectativas,  y que los Estados no descarguen sobre los operadores privados la responsabilidad de las inversiones culturales a largo plazo que les incumben. Por otra parte, hay que fijar las prioridades, sin pensar necesariamente que todo “documento” está destinado a ser digital, pues, a diferencia del filón de informaciones de Google,  se trata de crear colecciones digitales coherentes, respetuosas con los criterios de identificación y asignación de discursos que han organizado y organizan todavía la cultura y la producción impresa.

La obsesión, que puede ser excesiva e indiscriminada,  por la digitalización no debe ocultar otro aspecto de la “gran conversión digital“, por citar al filósofo Milad Doueihi, que es, probablemente con Antonio Rodríguez de las Heras, uno de los que insisten en la capacidad de las nuevas tecnologías para soportar formas de  escritura originales, libres de las restricciones impuestas tanto por la morfología del códice como por el régimen jurídico de los derechos de autor. Esta escritura del palimpsesto y polifónica, abierta y maleable, infinita y móvil, sacude las categorías que, desde el siglo XVIII, son el fundamento de la propiedad literaria.

Estas nuevas producciones escritas, digitales en principio, nos plantean ahora la difícil cuestión de su archivo y preservación. Debemos tener cuidado, incluso aunque  la urgencia inmediata sea decidir cómo y por quién debe hacerse la digitalización del patrimonio escrito, a sabiendas de que la “República digital del saber”,  por la que clama con tanta elocuencia el historiador norteamericano Robert Darnton, no debe confundirse con este gran mercado de la información en el que Google y otros ofrecen sus productos.

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El futuro de la escritura académica

Publicado por Anaclet Pons en Septiembre 24, 2009

En lo tocante a las publicaciones periódicas que se reparten el conocimiento académico, bien podría decirse que no hay leyes para frenar el monopolio. Cada vez son menos los conglomerados editoriales que controlan ese mercaso, al que someten a precios muchas veces abusivos, y eso que los autores suelen tener como única retribución encabezar con su nombre los textos que firman. Pero, dejémoslo, porque este es un asunto que merecería mayores pormenores.

Uno de esos grupos es Elsevier (dominante en la rama de salud), que aparece aquí por su propuesta (en colaboración con Cell Press, un grupo dedicado sobre todo a la biología)  sobre cómo puede ser el artículo del futuro, el que quizá escribamos dentro de unos años o el que hemos de redactar si queremos que aparezca online y sea hipertextual. El objetivo del proyecto, nos dicen,  es aprovechar al máximo las capacidades en línea, permitiendo a los lectores escoger puntos de entrada y diferentes rutas a través del contenido, utilizando los últimos avances en técnicas de visualización. Así, han desarrollado dos prototipos alternativos.

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CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES :

* Una presentación jerárquica de texto y de las figuras para que los lectores puedan elegir adentrase a través de en distintas capas de contenido en función de su nivel de experiencia e  interés. Esta estructura es muy distinta de la organización linealque se usa en una impresión tradicional.

* Un resumen gráfico permite a los lectores obtener una rápida comprensión de los contenidos.  El resumen gráfico tiene por objeto fomentar la navegación, promover la interdisciplinariedad y ayudar a los lectores a identificar más rápidamente qué documentos son más relevantes para sus intereses.

* Se Proporciona  un  listado con las palabras-clave que remiten a los principales resultados del artículo.

* Las referencias del autor permiten enlazar a otros autores con otras o las mismas preferencias.

* Un espacio con áreas seleccionables permite que se use como mecanismo de navegación para acceder directamente a subsecciones específicas relativas a los resultados y las figuras que contienen.

* La integración de audio y de vídeo permiten a los autores presentar el contexto de su artículo a través de una entrevista o una presentación de vídeo, así como animaciones para mostrarlo de forma más efectiva.

* Una sección dedicada a procedimientos experimentales contiene puntos de vista alternativos que permite al lector ver un resumen  o los detalles necesarios para replicar el experimento en cuestión.

* Un nuevo enfoque para mostrar las figuras hace que el lector pueda identificar rápidamente las que le interesan y luego desplazarse por otras suplementarias. Todas se presentan de forma individualizada y están directamente vinculadas a la principal con la que se relacionan.

* Los análisis en tiempo real proporcionan un innejorable entorno para explorar el contenido del artículo a través de la lista de citas.
Ésta es la propuesta, que no conviene echar en saco roto. Por supuesto, siempre quedará la versión en papel o pdf. No obstante, como partidario que soy de explorar otros formatos, insisto de nuevo en que es necesario reflexionar sobre hasta qué punto el entorno digital puede modificar nuestra escritura académica. Y no me refiero sólo al hecho de que debamos alfabetizarnos, pues este tipo de escritura no se enseña en la escuela ni está en los libros, sino a las consecuencias que puede tener ese soporte y sus peculiaridades.

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La wikipedia es una maravilla

Publicado por Anaclet Pons en Julio 10, 2009

David Runciman, conocido politólogo de  Cambridge, aborda en la LRB el asunto de la Wikipedia, de forma amena e incisiva. Toma como excusa  The Wikipedia Revolution, el reciente e-book de Andrew Lih. Veamos lo que nos dice:

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La mejor enciclopedia del mundo en un volumen era la Enciclopedia Columbia, publicada por primera vez por Columbia University Press en 1935. En  casa tenemos la quinta edición, la de 1993, y todavía la sacamos de vez en cuando para buscar reyes y reinas o cosas por el estilo. Es un libro hermoso, grueso pero manejable,   repleto de las más variadas  entradas que uno pueda imaginar. En cambio, no hay ninguna entrada para ‘email’, la ‘World Wide Web “o” Internet “, que apenas atraían la atención en 1993. Los editores señalaban en el prólogo que las obras de referencia tradicionales lo iban a tener difícil con los nuevos tiempos. Realmente no tenían ni idea.

Desde 1993 no ha pasado tanto tiempo.  Bill Clinton era presidente, un hecho que los editores de Columbia se jactaban de haber podido  incluir en el último momento (en el último momento significa aquí las semanas o meses entre la edición y la llegada a la tiendas o a manos de los vendedores). Sin embargo, hablando de encilopedias, 1993 es la prehistoria. Incluso lo parece el año 2000, cuando apareció la sexta edición de la Columbia. Dos años más tarde, un tal Jimmy Wales puso en marcha un proyecto experimental en línea llamado Wikipedia, que permite a grupos de voluntarios crear su propia enciclopedia elaborando entradas que pueden  ser objeto de revisión  o que incluso pueden ser reescritas por cualquier otra persona que esté conectada. Wales, como todos los demás participantes en el proyecto, no sabía si funcionaría, pero ya que la tecnología estaba disponible valía la pena intentarlo. En su primer año, generó 20.000 artículos  y consiguió 200 voluntarios regulares   (por comparación,  la  Columbia tiene 55.000 artículos, sujetos a rigurosos estándares de edición,  y la Enciclopedia Británica llega a las 400 mil en su edición de 1989). A finales de 2002, el número de entradas de la Wikipedia se había duplicado con creces. Pero no fue hasta 2003 que la Wikipedia comenzó a atraer la atención más allá de la pequeña comunidad inicial. A principios de 2004, había 188.000 artículos, en 2006, 895.000. En 2007 hubo indicios de que el ritmo de crecimiento podría comenzar a estabilizarse, y en 2008 pareció que llegaba finalmente la estabilización. La versión en inglés de la Wikipedia tiene actualmente más de 2.870.000 entradas, un número que ha aumentado en 500.000 en los últimos 12 meses. Sin embargo, esta versión  es sólo una de las más de 250 diferentes versiones en otros idiomas: alemán, francés, italiano, polaco, holandés y japonés tienen más de medio millón de entradas cada una (la española se acerca ya: 491.681 artículos). Mientras tanto, la Enciclopedia Británica ha logrado aumentar el número de sus entradas de 400.000 en 1989 a 700.000 en 2007.

El asombroso crecimiento de la Wikipedia sorprendió incluso a sus fundadores, pues no era su primer intento de crear una enciclopedia en línea. Wikipedia es una rama de algo llamado Nupedia, que Wales había creado en 2000. El error de Wales y sus colaboradores en Nupedia fue  asumir que, para ser fiable,  cualquier enciclopedia tenía que pasar por un proceso de edición. Designaron  a editores para decidir los temas apropiados, abrirlos a la edición online y, a continuación, aprobar las versiones finales. El proceso de edición tenía siete etapas  y era un proceso lento y frustrante.

Por lo general, se supone que lo que es distintivo de la Wikipedia es que es abierta a todos los contribuyentes, algo que también sucedía en el caso de Nupedia.  Wikipedia es diferente en el sentido de que no trata de enmarcar la creación de nuevas entradas  con encargos ni criterios de valoración. Está abierta a cualquier persona que inicie una entrada,  y ninguna entrada se cierra oficialmente, ya que  cualquier persona puede  mantener la edición o alterar  lo que ya existe. Wikipedia utiliza un gran ejército de voluntarios-editores y “conserjes” para supervisar todo el proceso, buscando abusos y avisando cuando las controversias se pasan de rosca. Pero no es trabajo de un editor decidir lo que se considera una entrada. Si hay alguna duda sobre si algo es demasiado trivial  se somete a votación de los demás usuarios; por otra parte, si a uno no le gusta la redacción de una entrada puede cambiarla. Los editores están para tratar de asegurar que no secometan abusos.

Así es como funciona. El enigma es por qué funciona, dado que esta forma de compilar una enciclopedia parece incurrir en un error obvio: si ninguna entrada es definitiva, cuándo uno está leyendo una entrada ¿cómo saber que alguien no ha interferido en la redacción haciendo que no sea fiable? Los primeros años de la Wikipedia fueran de gran escepticismo, muchos se referían a ella irónicamente diciendo que no se hacía ningún esfuerzo por discriminar entre información buena y mala.   ¿Por qué alguien con buena información la iba a poner en un lugar donde la mala información la puede contaminar en un solo clic?  Uno de los logros notables de la Wikipedia es mostrar que eso no ocurre: la Wikipedia se ha convertido en un fuente fiable de información sobre una amplia gama de temas, ya que, en general, la buena ahuyenta a la mala . Cuando alguien sabotea una entrada, hay mucha gente dispuesta a  reparar el daño, a menudo en cuestión de segundos. Resulta que las personas que creen en la verdad y la objetividad son al menos tan numerosas como los locos y los bromistas, y  a menudo mucho más tenaces.

Wales cree que esto nos dice algo sorprendente y tranquilizador sobre la naturaleza humana. “En general  la mayoría de la gente que hay por internet es buena”, afirma. “Uno de los maravillosos descubrimientos de la Wikipedia es que la mayoría de la gente sólo quiere ayudar a construir un recurso libre y sin ánimo de lucro”. Pero en verdad es un poco más complicado que eso. Wikipedia funciona porque es una forma muy característica de extraer conocimiento de muchas fuentes diferentes. La mayoría de las técnicas que hay en Internet para reunir información son de agregación, en el sentido de que tratan de juntar el máximo de información posible, permitiendo que los prejuicios y la desinformación aleatoria que procede de múltiples opiniones individuales se anulen mutuamente. Este es el caso de los diferentes tipos de agregación que tienen lugar en Internet, que utilizan la sabiduría de la multitud para producir respuestas mucho más precisas que cualquier persona podría dar. También es en buena medida lo que sucede en Google, donde  las búsquedas son controladas para ayudar a filtrar la información que uno puede hallar útil.  Los métodos de agregación minimizan la responsabilidad personal y ponen todo el énfasis en los resultados colectivos – después de todo, ¿quién sabe, o le importa, lo que sus propias búsquedas de Google añaden o restan a los resultados? Sin embargo, el enfoque de la Wikipedia no es de agregación sino acumulativo. La información se acumula poco a poco  y nunca se detiene. También deja un rastro de papel virtual en cada entrada, de modo que es posible rastrear las diversas etapas con las que un artículo ha alcanzado su forma actual.

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Cuando el conocimiento se genera a través de la multitud, ningún individuo tiene gran responsabilidad personal por lo que se produce, pero tampoco nadie tiene una perspectiva realista sobre cómo se configuran los resultados. Con la Wikipedia, ocurre lo contrario. El hecho de que no haya versión definitiva significa que nadie puede cambiar nada, pero también significa que cada cambio puede atribuirse a un individuo en particular. Aunque es posible, y común, hacer modificaciones en Wikipedia de forma anónima (escondiéndose trás un seudónimo), también es cierto que siempre hay alguien responsable de todo lo que ocurre, y alguien que siempre sabe quién es. Por  tanto, el hecho de que no haya versiones autorizadas en Wikipedia es lo que lo hace posible generar un sentido de responsabilidad personal para determinadas entradas, puesto que cualquier entrada en cualquier momento dado es responsabilidad de la última persona en editarla. Esto parece ser suficiente para que la gente quiera hacerlo bien. Pero también significa que aquellos que no quieren hacer las cosas bien pueden ver sus errores corregidos. El secreto del éxito de la Wikipedia reside en el hecho de que la responsabilidad personal de los errores no se puede borrar, pero los errores sí.

Aún así, hay mucha supervisión. Wikipedia tiene un control de  “Cambios Recientes”, cuyo trabajo es navegar por el sitio recogiendo todos los absurdos y un sinfín de obscenidades que son insertados por personas que creen que pueden hacer lo que quieran  (cuando descubren que pueden, pero que se corrige rápidamente, se pierde la diversión). Cuando la cosa es más grave, se requieren retoques concertados. Desde su inicio,  la Wikipedia ha tenido como objetivo   operar de acuerdo con un código de conducta (el central es la tesis de que “Wikipedia tiene un punto de vista neutral”), que funciona con reglas estrictas.  Sin embargo, en 2004, se introdujeron las tres reglas de reversión   (“R3R“)  con el fin de evitar las disputas, de modo que las correcciones son corregidas de nuevo devolviéndolas a su forma original (conocido como “reversión”),  para después ser corregidas otra vez, y así sucesivamente, cuando dos contribuyentes no pueden ponerse de acuerdo sobre un único punto de vista. El clásico caso se refería a la entrada de Gdansk. El nombre de la ciudad fue modificado por un contribuyente alemán que le puso Danzig, y luego  un contribuyente polaco lo modificó a Gdansk, despues nuevamente a Danzig, sin que la cosa se detuviera hasta que intervinieron  los administradores. El 3RR dice: “un editor no debe realizar más de tres reversiones, totales o parciales, de un artículo de Wikipedia en las 24 horas siguientes a su primera reversión”. Sólo tres cambios en 24 horas puede parecer absurdo para una obra de referencia tradicional, pero para la Wikipedia se trataba de una medida draconiana, adoptada con profundas reticencias.  Aun así, la guerra  Gdansk / Danzig finalmente sólo se resolvió cuando el asunto fue sometido a votación de toda la comunidad de Wikipedia, y se convino que la ciudad podría ser denominada Danzig en relación al período comprendido entre 1308 y 1945, y en las biografías de “personas claramente alemanas”.  De lo contrario,  iba a ser Gdansk. Costó dos años llegar a esta solución: una enciclopedia tradicional lo podría haber resuelto en diez minutos. Sin embargo, la posición de consenso sobre el nombre parece haberse estancado, lo cual para la historia de Gdansk / Danzig no es poca cosa.

Que Wikipedia representa un fino equilibrio entre libertad y vigilancia, entre anonimato y responsabilidad, es algo que a menudo pasan por alto quienes quieren reproducir sus logros en otros lugares. No se trata de un modelo fácil de replicar. Un notorio fracaso es el que ocurrió en 2005, cuando la página editorial de Los Angeles Times decidió experimentar con una “wikitorial ‘,  una forma de contribuir a la redacción de una columna editorial utilizando las técnicas de la  Wikipedia. El objetivo era dejar que los lectores dieran forma a las opiniones expresadas por el periódico, pero el resultado fue un completo desastre,   secuestrado por contribuciones vandálicas,  y el proyecto fue rápidamente abandonado. El periódico había cometido dos errores. En primer lugar, sus editores creyeron  que el wikitorial se editaba por sí mismo, por lo que  se dedicaron a otras cosas (como la edición “real” de las columnas). Pero, como muestra la Wikipedia, la libertad exige una vigilancia constante para luchar contra quienes tratan de que la cosa naufrague.  En segundo lugar, el editorial de un periódico es en una forma de escritura mucho menos abierta que la  entrada de una enciclopedia . El periódico aparece y se lee en un momento determinado.  Como resultado, los contribuyentes tienen un incentivo para tratar de distorsionarlo todo en el momento de máximo impacto. El principio de la Wikipedia  de que todos los errores se pueden corregir tiene mucha menos fuerza en el caso de los periódicos, porque cuando se hacen las correcciones son muchos los lectores que ya se han marchado a otro lugar.

Por esta razón, las enciclopedias han ido a mejor con el advenimiento de la Internet y los periódicos lo han pasado peor: el efecto acumulativo de los comentarios de los lectores que ahora se pueden adjuntar en línea a casi todos los artículos no tiende precisamente a dignificar las distintas formas de   comprensión humana. El prejuicio no es cancelado en esas páginas de los lectores, como podría ocurrir si la opinión se agregara, pero tampoco es eliminado con el tiempo, como en el caso de la Wikipedia. En lugar de ello, cada una de las contribuciones  se aposenta y exige nuestra atención. De este modo, cuando los intervinientes se crispan y el tiempo apremia,  los malos ahuyentan a los buenos.

Una de las consecuencias irónicas del proceso abierto de la Wikipedia es que muchos de sus artículos están preocupados por el pasado inmediato. El deseo de actualizar los datos sobre un tema determinado significa a menudo que los hechos que permanecen son los más actualizados. Las  biografías de personajes vivos tienden a concentrarse en las cosas más recientes que han hecho, sobre todo si han generado una gran cantidad de noticias impresas  que se pueden utilizar como fuente. Para una enciclopedia, los devotos de la Wikipedia dedican demasiado espacio a los últimos escándalos y controversias, cuya importancia, en su caso, es imposible de medir. Pero esto no  refleja un deseo por parte de  los fundadores de la Wikipedia en avivar el interés por la actualidad y lo trivial. Antes al contrario, refleja una reverencia por la prueba fundada, lo cual es la base de todo el proyecto Wikipedia. Aunque cualquiera puede editar cualquier cosa en la Wikipedia, todo lo qu eallí aparece se supone que debe llevar una referencia a alguna fuente para que pueda ser verificado por otros lectores. La política de Wikipedia sobre este tema es como sigue:

“El umbral para la inclusión en Wikipedia es la verificabilidad, no la verdad – es decir, si los lectores son capaces de comprobar que el material añadido a la Wikipedia ya ha sido publicado por una fuente fiable, no si creemos que es cierto. Los editores deberían proporcionar una fuente fiable para las citas y para cualquier material que se cuestione o pueda  ser cuestionado o  eliminado”. (“Todos los artículos de Wikipedia deben tener referencias -es decir, indicar la fuente de la información-  para que el lector pueda comprobar la exactitud, precisión y neutralidad del artículo, y buscar más información sobre el tema. Todo el contenido de Wikipedia debe haber sido publicado en otro lugar -ya que Wikipedia no es una fuente primaria-, y por eso siempre es posible para el autor del artículo incluir una referencia”).

La proliferación de fuentes periodísticas en Internet significa que éstas son a menudo el mejor lugar para buscar material nuevo y verificable (especialmente si uno no está demasiado preocupado por la verdad). La mayoría de la información disponible es reciente, y  por tanto es la que predomina en la Wikipedia.

wikipedia revolution

La insistencia en que todo lo incluido en la Wikipedia se haya de remitir a algo externo se deriva de una especie de ansiedad, en el sentido de que no sea autoreferencial  y empiece a generar hechos sin fundamento. Uno de los fascinantes detalles que emergen del libro de  Andrew Lih, The Wikipedia Revolution, es que tanto Jimmy Wales como uno de sus primeros colaboradores, Larry Sanger, se confiesan  “objectivistas”,  es decir,  seguidores de la filosofía de Ayn Rand. Sanger escribió su tesis doctoral en la Universidad Estatal de Ohio, con el título de Epistemic Circularity: An Essay on the Problem of Meta-Justification. Ambos se encontraron por primera vez en un foro que Wales creó en 1992, que ofrecía un “‘Moderated Discussion of Objectivist Philosophy’” y se describía como “the most scholarly of all Objectivist discussions available on the networks”. Otros colaboradores tempranos de la Wikipedia supieron de su existencia a través de esa comunidad en línea, y este vínculo informó  el proyecto en sus etapas iniciales.

¿Qué es el objetivismo? Francamente, no tengo ni idea. Nunca he leído una palabra de Ayn Rand, y aunque sé que es objeto de veneración en algunos lugares sorprendentes (Alan Greenspan, por ejemplo, es un fan), lo poco que he pillado por ahí siempre me ha sonado raro.  Por tanto, parece una forma de poner a prueba el tan cacareado PVN ( punto de vista neutral) de la Wikipedia: se trata de ver cómo la aplican Wales y Sanger para averiguar lo que ella (Rand) dice. Bueno, es difícil  expresar en palabras lo desalentadora que es la experiencia de tratar de averiguar algo  sobre el objetivismo en la Wikipedia. No se debe a que las entradas sean sesgadas o acríticas, es que son introvertidas, aburridas y largas. La entrada de Ayn Rand en la Wikipedia da para mucho (tanto en la versón inglesa, como en la española).  En cambio,  la entrada de Rand en  la Columbia Enciclopedia de 1993 (o la más actual) apenas ocupa cuatro líneas.

rand

Desisto de descubrir algo acerca de Rand que tenga sentido, así que me miró el artículo sobre Jimmy Wales en la Wikipedia. La sección sobre su vida personal incluye este detalle, que ni él ni nadie ha considerado oportuno editar: “Su primera esposa, Pam, es citada en el número de septiembre de 2008 de la  revista W diciendo que Wales la disuadió de estudiar enfermería cuando estaban casados,   porque no creía en el altruismo”.  La entrada también detalles de la disolución de su  segundo matrimonio y la  queja de una novia posterior, la columnista conservadora canadiense Rachel Marsden, que se enteró de que habían roto por una nota de la Wikipedia. Supongo que esto es el “objetivismo”.

Tal vez no sorprenda que Wales no se lleve bien desde hace mucho tiempo con Sanger, hasta el punto de reeditar su entrada en la Wikipedia y eliminar cualquier referencia a él como cofundador del proyecto. Puede que el título de la tesis de doctorado de Sanger nos dé una indicación más clara sobre el asunto. “Circularidad epistémica” es una manera elegante de decir que el éxito de la Wikipedia podría ser excesivo para su salud. Esto no se debe a que las entradas empiezen con el canibalismo de los contribuyentes y acaben reduciéndose a una sopa relativista: la Wikipedia sigue siendo muy buena a la hora de distinguir las referencias cruzadas dentro del sitio del material de origen externo. En cambio, el problema puede venir cuando el material comienza a imitar el modelo wiki. Las  editoriales académicas se enfrentan ya con el problema del acceso abierto,  que hace que haya un número cada vez mayor de artículos académicos disponibles libremente en la web ( “libre” en este sentido no sólo de libertad de uso, sino también la libertad para copiar, cortar y  reproducir en otro formato). Algunas de las presiones en favor de  este movimiento provienen de las personas que financian la investigación académica y que quieren que se difunda lo más ampliamente posible. Pero hay una serie de organismos financiadores (en particular en las ciencias) que también se preguntan si tiene sentido esperar hasta que la investigación esté “completa” antes de publicarla. ¿Por qué no ofrecer antes versiones del proyecto,  incluso sólo  los datos brutos iniciales,  y dejar que otras personas vean lo que pueden extraer? Esto abre la posibilidad de colaboración en la edición en línea: los autores pueden “publicar” versiones del proyecto de sus libros y los lectores pueden juguetear con ellas para producir algo que les complazca. Por supuesto, la idea de actualizar permanentemente el libro plantea la perspectiva de vérselas con la pesadilla de los  derecho sde autor (o más probablemente el fin de los derechos de autor), y es poco atractiva para las editoriales académicas, ya que corta su flujo de ingresos más obvio, que proviene del producto acabado, debidamente editado. También plantea problemas relacionados con la idea de verificabilidad. Wikipedia necesita que su fuente sea relativamente estable, a fin de que sus entradas pueden tener puntos de referencia fijos. Pero si los puntos de referencia están sujetos a cambios sin fin, entonces se convierte en mucho más difícil saber lo que se entiende por verificación.

Mientras tanto, a medida que la edición convencional empieza a abrirse a la forma de hacer las cosas de la Wikipedia, esta enciclopedia está barajando volver a métodos más convencionales. La Wikipedia en alemán ha comenzado a experimentar con artículos “bandera”,  artículos que han sido certificados como fiables y libres de vandalismo, para satisfacer la demanda de seguridad de los usuarios alemanes. (Por cierto, ésta no es la única variación internacional de la práctica de la Wikipedia que parece ajustarse a los estereotipos nacionales: en la japonesa,  los editores son mucho más reticentes que sus homólogos occidentales a la hora de modificar las páginas existentes y prefieren llevar a cabo sus discusiones en sitios adyacentes en lugar de interferir alegremente con lo que alguien ha escrito.) El experimento alemán ha generado una demanda de artículos aprobados que se publicará por separado en una página web estática, sin posibilidad de edición, a fin de ofrecer a los lectores algo que ha sido previamente verificado.

La cuestión de la “bandera” es una de las examinadas en el epílogo del libro de Lih, que aborda los desafíos más apremiantes que probablemente afronte la Wikipedia en el futuro. Otras preocupaciones incluyen tener personal ejecutivo a sueldo, algo que puede causar graves divisiones en una organización que depende en gran medida del trabajo voluntario; el riesgo de una importante demanda por parte de alguien que ha sido difamado en una entrada de la Wikipedia (el hecho de que cualquier persona pueda eliminar una información ofensiva no impide tratar de demandar, aunque no está claro quién sería responsable);  la mayor  complejidad del software de edición, que está disuadiendo a muchos nuevos contribuyentes. Más interesante, sin embargo, es el hecho de que el epílogo del libro fuera escrito como una wiki: es decir, como un ejercicio de colaboración con un software similar al de la enciclopedia en sí, a disposición de ser copiado y distribuido libremente. Ha sido una buena idea, ya que está algo mejor escrito que el resto del libro. El resto de volumen, a cargo de Lih, tiene  interés, pero es más bien indulgente, con muchos detalles secundarios  sobre personas que el autor desea complacer.  El epílogo no tiene nada de eso – sólo llega al punto de no preocuparse por ofender a nadie. Ayuda que sea un libro, por lo que el espacio es limitado, y este wiki no puede satisfacer el vicio más común de las entradas en Wikipedia, que es no saber cuando parar.

Sin embargo, incluso una pieza de escritura que ha sido editada por tantas personas no pueden resistir el tópico ocasional. Los múltiples autores del epílogo escriben: «La comunidad de Wikipedia puede ser como una rana hirviendo lentamente hasta la muerte – ignora la crisis de la construcción, porque no es consciente de lo mucho que su entorno ha cambiado lentamente”.  Cuando leí esto, pensé: ¿es realmente cierto que las ranas pueden ser hervidas lentamente hasta la muerte sin darse cuenta de lo que les pasa? Así que busqué en Wikipedia, confiando en que habría una entrada. La hay: escribí “boiling frog” (en castellano no parece haberla, pero hay muchas referencias en otros lugares  a la parábola de la rana hervida, incluso un artículo académico con ese título)  y hallé  una página que te dice todo lo que se necesita saber y mucho más.   Ahí estamos: uno no encontrará nada de esto en la Columbia ni en la  Enciclopedia Británica ni en otros textos semejantes. No hay otra manera de encontrar algo sobre el punto de ebullición de las ranas. De verdad, con todos sus fallos, la Wikipedia es una cosa maravillosa.

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Mitología del blog: recorrido para no iniciados

Publicado por Anaclet Pons en Junio 4, 2009

En efecto, éste es más o menos el título del artículo incluido en la sección “From the Intersections: History and New Media” del numero de mayo de Perspectives on History. Su autor es Jeffrey N. Wasserstrom, profesor de historia  en la University of California at Irvine, quien bloguea con asiduidad para The China Beat y  Huffington Post .   Además de otras cosas, es el editor del Journal of Asian Studies y su obras más recientes son  Global Shanghai, 1850–2010: A History in Fragment (Routledge, 2008)  y China in 2008: A Year of Great Significance (Rowman & Littlefield, 2009). Esto nos dice:

JeffWasserstrom

Para algunos lectores de esta revista, la palabra “blog” -término derivado de “web log” y que ahora se utiliza para referirse a todo tipo de lugares- probablemente evoca la imagen narcisista, auto-confesional, del escritor que le da vueltas a sus manías.   Así que permítanme comenzar con algunos datos personales, una confesión  y una manía. Los detalles: enseño sobre China y contribuyo regularmente a un blog de grupo. La confesión: hasta hace un año y medio, nunca había blogueado ni leído blogs. La cosa que no soporto (que no sorprenderá a quienes hayan repasado mi “Eurocentrism and Its Discontents” aparecido en Perspectives en enero de 2001): los ensayos que se centran en fenómenos globales, como los blogs, y hacen generalizaciones que sirven para la Estados Unidos y  Europa occidental, pero no necesariamente para el resto del mundo. (Lo que sigue, de hecho, comenzó como una carta de queja desencadenada por un ensayo, por otro lado admirable, aparecido en la New  York Review of Books sobre los blogs,  aquejado precisamente de ese defecto). Así, al leer lo que sigue, hay que tener en cuenta: (1)  Se oirá hablar mucho de China – y no precisamente mal si se curiosea  en la web, ya que ese país cuenta ahora con más usuarios de Internet que cualquier otro. (2) La categoría de “historiador no iniciado” del título me incluye a mi, al menos  hasta mediados de 2007. (3) Muchos de los conceptos erroneos que quiero desacreditar son cosas que yo creía hasta hace poco -aunque 18 meses en la blogosfera (donde el tiempo pasa tan rápido que es mejor calcularlo en años chinos) no es realmente un período tan corto .

Malentendido 1: Todos los bloggers parlotean sobre sí mismos, se confiesan y despotrican contra esto o lo otro.   Algunos lo hacen, pero no todos. Tomemos, por ejemplo, el equipo responsable de  China Digital Times (lema: “The revolution will be blogged”). Es un sitio excelente que se dedica a poner al día a sus lectores sobre la política china.

Malentendido 2: Todos los blogs incluyen eslóganes que son una monada. Algunos lo hacen. El del blog de grupo al que pertenezco, por ejemplo, el de The China Beat es “Blogging How the East is Read”,  que nos gusta pensar que es inteligente. Para otros ejemplos, véase la entrada  “The Best Website Taglines Around the Internet” —en particular, “The Straight Dope: Fighting Ignorance since 1973 (It’s taking longer than we thought)”— en el Daily Blog Tips. Muchos blogs, sin embargo, no tienen ese tipo de eslóganes, incluido Daily Blog Tips.

Malentendido 3: Lo de los blogs es una moda que tarde o temprano se acabará,  por lo que podemos ignorar el fenómeno y esperar a que pase. Eso nadie lo sabe. Parece dudoso, sin embargo, que los blogs vayan a desaparecer pronto. Además, últimamente se han convertido en una parte cada vez más importante del panorama político e intelectual. Para los historiadores, hay blogs que  forman parte de un portal dedicado a la disciplina, como el History News Network de Rick Shenkman, o vinculados a nuestras organizaciones profesionales (la AHA, por ejemplo). Muchas (quizás todas) editoriales universitarias los tienen.  Incluso el venerable Times Literary Supplement (de Londres), estandarte tradicional, tiene dos: el Don’s Life de la clasicista Mary Beard y el epónimo de su editor Peter Stothard, ambos sin eslógan. Cierto que la New York Review of Books no tiene uno propio, sino que está asociado a  “NYRB Classics“ . Sin embargo,  New Yorker tiene varios (incluido uno excelente sobre China de Evan Osnos) y la sección New York Times Sunday Book Review acoge un excelente Paper Cuts , de modo que la NYRB pronto podría seguir el ejemplo. De hecho, en su edición de 14 de febrero de 2009 apareció un largo ensayo sobre los blogs escrito por  Sarah Boxer.

Malentendido 4: “[Una entrada en un blog] está disponible para cualquier persona con una conexión a Internet”.  Esta es una de las líneas del artículo de Boxer que no comparto. ¿Por qué? Porque muchos internautas chinos tienen vedados muchos blogs. Esto se debe al mecanismo de  censura que los peridistas occidentales habitualmente llaman  el “Gran Cortafuegos de China”, pero que uno de mis bloguers favoritos, Jeremy Goldkorn, ha denominado el “Net Nanny”, un término que capta muy bien los esfuerzos por parte del gobierno chino por dirigir a los usuarios hacia determinados sitios de Internet y mantenerlos alejados de los demás. Además, no sólo es un problema chino. Por otra parte, hay algunos que están protegidos con contraseñas o están bloqueados por edades.

Malentendido 5: Los libros y los blogs son tan diferentes que lo novedoso de la publicación de la antología de Boxer era como lo de “hombre muerde a perro”. Así es como Boxer presentó su Ultimate Blogs en el ensayo para la NYRB, explicando cómo había llegado  a la idea de hacer la antología, a pesar de verlo de entrada  como una “terrible” perspectiva. Thomas Jones, escribiendo sobre Boxer en la edidión del 24 de enero de la London Review of Books, comienza: “Libros y blogs, si hacen su trabajo correctamente, son tan diferentes como lo puedan ser dos tipos de textos impresos”.  Considera a Ultimate Blogs “un temprano aspirante al libro más inútil del año.” Lo único que quiero señalar es que los lectores chinos verán esta forma de ver las cosas un poco extraña. Ellos saben perfectamente que escribir libros y escribir blogs pueden ser tareas muy diferentes, aunque se hayan acostumbrado a que se recopilen las entradas en tapa dura. En Occidente, se han producido suficientes libros basados en blogs como para que se haya acvuñado un término ( “blooks”) y haya un premio para los mejores ( “Premio Blooker”). Algunos incluso se han vendido bien, aunque es un género  menor propio del mercado anglosajón. Pero la cosa va a más. Por ejemplo, China in 2008: A Year of Great Significance, una antología basada en el citado  The China Beat que contiene también materiales de otras publicaciones  y ensayos nuevos. Está coeditado por Kate Merkel-Hess, Kenneth Pomeranz y yo mismo (con la asistencia de Miri Kim), y con un prólogo de Jonathan Spence,  expresidente de la AHA.

Malentendido 6: Lo del blogging es para los jóvenes. Esta es una idea tentadora para alguien de mi edad. Pasados los 45, como hice hace unos años, cualquier posibilidad de ser considerado “joven” empieza a parecerme estupenda. Además, algunos de los bloggers que he mencionado anteriormente tienen mi edad.

Malentendido 7: El blog es lo último en escritura en línea. De hecho, los más jóvenes creen que los blogs son realizados por personas que son mayores de lo que realmente son. Ellos prefieren las formas de comunicación que permitan una interacción mucho más rápida entre los participantes de la que se produce a través de la sección de comentarios de un blog normal, y  piensan que los blogs que no permiten hacer comentarios o que son moderados son estrictamente aburridos. Prefieren el chat,  Facebook  o Twitter. Aunque he sido escéptico sobre esto, creo que hay que saber más sobre cómo funciona exactamente, ya que algunos de los bloggers que más admiro , como Rebecca MacKinnon y su Rconversation, han comenzado a combinar los blogs con tweeting.

Malentendido 8 : Los académicos y otros intelectuales que se pasan a los blogs están llamando la atención de quienes tienen problemas para conseguir publicar en formatos más tradicionales. Seguramente esto es cierto a veces. Pero Mary Beard mantiene activo un blog y también publica ensayos y libros a ritmo prodigioso. Y en términos de llamar la  atención, a veces la motivación de un blog es reclamar la atención de las publicaciones impresas. Este fue sin duda el caso de mi iniciación como blogger. Mi primer post fue para la “Campaign for the American Reader“, blog del que me he convertido en adicto.   Cuando me invitaron a participar en su “Writers Read“, acepté por varias razones: me halagaba;  me daba la oportunidad de hablar  de escritores de cuya lectura me había beneficiado; acababa de publicar mi primer libro, China’s Brave New World—And Other Tales for Global Times (Indiana University Press, 2007),  y estaba preocupado por si no tenía lectores.

Malentendido 9: El blog académico es un lujo para los que tienen una plaza fija.  Hay peligros en la práctica del blogging, especialmente si no no tiene una plaza. Puede que uno dedique demasiado tiempo a los blogs en lugar de hacer otras cosas, o puede que uno haga comentarios inadecuados en el ciberespacio que se vuelvan contra sí mismo. Aquellos de nosotros que enseñamos a  los estudiantes graduados o a ayudantes deberíamos señalarles  los riesgos. Dicho esto, no creo que necesariamente debamos alentarles a que se olviden del blog. Al fin y al cabo, la musculación de la escritura puede mejorar con diversos tipos de ejercicios textuales. Y, con pragmatismo, a veces al que hace un blog le ocurren cosas buenas. Hay dos ejemplos, ciertamente bastante atípicos,  que me vienen a la mente. En la UC Irvine, tenemos algo llamado “Schaeffer Fellowships” que se dan a  estudiantes que demuestran un don para la “no-ficción creativa” o, simplemente, tienen cierta habilidad para escribir con estilo, incluso tratándose de cuestiones académicas. Una reciente ganadora procede del departamento de historia, Jana Remy, que obtuvo el premio por la calidad de sus blogs en sitios como Making History Podcast: The Blog, una iniciativa que desarrolló para explorar enfoques experimentales en la narrativa histórica (entre los asuntos tratados está  la labor de Laurel Thatcher Ulrich, presidenta de la AHA). También sé del caso de otra graduada local que ha sido invitada a escribir reseñas de libros para una prominente revista literaria después que su blog sobre libros impresionara a uno de los editores de esa publicación.

Malentendido 10: Los Bloggers piensan que todo se puede reducir a un ranking de los diez primeros. Esto no es cierto. He utilizado aquí este formato popular,   pero en The Beat China nuestras listas tienden a ser sólo de  la mitad.

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Las humanidades digitales en 2008 (3)

Publicado por Anaclet Pons en Mayo 25, 2009

Tras la primera y la segunda,  Lisa Spiro examina  en esta última entrega la evolución de la investigación en las humanidades digitales.

nube digital

1) Retos y oportunidades de la investigación

¿Cuáles son algunos de los principales desafíos? Destacados especialistas abordaron esta cuestión cuando la NEH  y CLIR  convocaron un taller sobre Promoting Digital Scholarship: Formulating Research Challenges In the Humanities, Social Sciences and Computation. Antes del seminario, seis especialistas de diversas areas  escribieron breves reseñas sobre sus respectivos campos y sobre las formas en las que la tecnología de la información podría ayudarles. Los ensayos  promueven  la conversación y la colaboración interdisciplinarias, y además son amenos.

Veamos algunas conclusiones:

1. Global Humanistic Studies: Both Caroline Levander y Greg Crane, Alison Babeu, David Bamman, Lisa Cerrato, y  Rashmi Singhal pregonan una especie de  estudios humanísticos globales, ya sea concibiendo los American studies desde  una perspectiva hemisférica o volviendo  a examinar  las guerras médicas desde el punto de vista persa. Los académicos que trabajan en este campo se enfrentan a importantes desafíos, tales como la necesidad de leer textos en varios idiomas y comprender múltiples contextos culturales. Las nuevas tecnologías prometen  ayudarnos a  abordar estos problemas. Por ejemplo, las  herramientas de traducción y de apoyo a la lectura pueden ayudar a dar sentido a  obras que de otra forma serían inaccesibles; las  herramientas de visualización pueden permitir que los investigadores “exploren el dinamismo espacial y temporal”; el trabajo colaborativo permite compartir las tareas, y las ideas, enfocando  un complejo problema de investigación desde múltiples perspectivas. Además, favorecer las bases de datos de acceso libre permitirá identificar más fácilmente y construir un trabajo relevante.  Para Greg Crane, por ejemplo, “al vincular automáticamente la flexión de las palabras en un texto para el análisis lingüístico y las entradas de un diccionario, permitimos a los lectores que dediquen más tiempo a pensar en el texto que fue posible a través de los diccionarios impresos”. Véase un ejemplo del campo de la historia: Global Middle Ages.

2. ¿Qué habilidades necesitan los estudiosos de humanidades? Doug Oard sugiere  que las humanidades deberían colaborar con los científicos para definir y abordar los problemas y retos, de modo que el desarrollo de nuevas tecnologías se base en necesidades académicas reales . En última instancia, “los estudiosos de las humanidades van a necesitar aprender un poco de teoría de la probabilidad” a fin de comprender la exactitud de los métodos para el procesamiento automático de datos, la “ciencia del tal vez.” ¿De qué manera la teoría de la probabilidad se conjuga  con las tradiciones humanistas de la ambigüedad y la interpretación ? Y ¿cómo aprenderemos estas habilidades?

Según el simposio, entre los principales retos para la investigación de las humanidades digitales se incluyen:

1. Scale and the poverty of abundance”: el desarrollo de herramientas y métodos para hacer frente al aluvión de datos, incluyendo la minería y análisis de textos, visualización, gestión de datos y de almacenamiento, y la sostenibilidad.

2. Representar el tiempo y el espacio:  entender la forma de apoyar el análisis geo-temporal y permitir que el análisis esté documentado, se preserve y reproduzca.

3. Redes sociales y economía de la atención: la comprensión de los comportamientos  de la investigación en línea, análisis de corpus textuales  a partir de estas conductas (por ejemplo, redes de citas)

4. El establecimiento de una infraestructura de investigación que facilite el acceso, la colaboración interdisciplinaria   y la sostenibilidad. Como preguntó un participante,  “¿cuál es el  Protein Data Bank de las humanidades? “

2) High performance computing:  visualización, modelado, minería de textos

¿Cuáles son algunas de las más prometedoras áreas de investigación en las humanidades digitales? En cierto sentido, los tres últimos ganadores de la NEH/DOE’s High Performance Computing Initiative definen tres principales áreas y demuestran cómo la informática puede abrir nuevos enfoques en la investigación humanística.

* Minería y análisis de textos: Para su proyecto de “Large-Scale Learning and the Automatic Analysis of Historical Texts”, la Perseus Digital Library de la Tufts University examina cómo las palabras latinas y griegas han cambiado con el tiempo mediante la comparación de la estructura lingüística de textos clásicos con obras escritas en los últimos 2000 años. En el comunicado de prensa que anunciaba los ganadores, David Bamman,  investigador de  lingüística computacional del Perseus Project, señaló que el “high performance computing nos permite hacer preguntas a una escala que no hemos sido capaces de plantearnos antes . Seremos capaces de seguir los cambios del griego desde la época de Homero a la Edad Media. Vamos a ser capaces de comparar  las obras de John Milton en el siglo XVII con las de Virgilio, que fueron escritas en torno al cambio de milenio, y tratar de encontrar automáticamente los lugares en donde El Paraíso perdido alude  a la Eneida, aunque una esté escrita en inglés y  otra en latín”.

* Modelado 3D: Para su “High Performance Computing for Processing and Analysis of Digitized 3-D Models of Cultural Heritage” project, el Institute for Advanced Technology in the Humanities de la University of Virginia reprocesa  los datos existentes para crear modelos 3D  culturalmente significativos de diversos artefactos y de arquitectura. Por ejemplo, el IATH espera volver a recomponer fragmentos del antiguo arte griego y romano.

* Visualización y análisis cultural: el proyecto  Visualizing Patterns in Databases of Cultural Images and Video, de la  University of California-San Diego, estudia la cultura contemporánea, analizando imágenes, pinturas, fotografía profesional, diseño gráfico, fotos generadas por usuarios,  así como decenas de miles de videos, películas, animaciones, videos musicales de anime y videos caseros. En última instancia, el proyecto producirá una visualización detallada de los fenómenos culturales.

Por supuesto, hay más cosas en el campo de las humanidades digitales. Por ejemplo, el listado ofrecido en la conferencia celebrada en Chicago sobre Digital Humanities and Computer Science o lo que se contiene en el Digital Humanities 2008 Book of Abstracts.

Quedan preguntas del tipo de: ¿Cómo reconstruir manuscritos antiguos dañados? ¿Cómo archivar las performances de danza? ¿Por qué la comunidad de las humanidades digitales enfatiza las herramientas en lugar de hacer hincapié en los servicios?

3) Sobre el método

A medida que  crecen las humanidades digitales,  se dedica mucha atención al desarrollo de metodologías de investigación. En suSunset for Ideology, Sunrise for Methodology?”,  Tom Scheinfeldt sugiere que las humanidades académicas están empezando a inclinarse hacia la metodología, que estamos entrando en una “nueva fase que no estará dominada por las ideas, sino  una vez más por la organización de actividades, tanto en términos de organizar los conocimientos como de organizarnos a nosotros mismos y a nuestro trabajo “.

Ejemplos de  métodos elaborados y / o aplicados por los investigadores de las humanidades digitales? En elMeaning and mining: the impact of implicit assumptions in data mining for the humanities” Bradley Pasanek y D. Sculley abordan los problemas metodológicos que plantea la minería de datos en las humanidades, señalando que la crítica literaria debe elaborar normas para tratar estas bases de datos.

4) Los estudios literarios digitales

Diferentes enfoques metodológicos para el estudio literario se discuten en Companion to Digital Literary Studies (DLS), editado por  Susan Schreibman y Ray Siemens, que fue liberado de forma gratuita en el otoño de 2008. Hay que agradecérselo a Blackwell, que ofrece además A Companion to Digital Humanities. El libro incluye ensayos como “Reading digital literature: surface, data, interaction, and expressive processing” de Noah Wardrip-Fruin, “The Virtual Codex from page space to e-space” de Johanna Drucker, “Algorithmic criticism” by Steve Ramsay, and “Knowing true things by what their mockeries be: modelling in the humanities” de Willard McCarty. También proporciona una annotated bibliography a cargo de Tanya Clement y Gretchen Gueguen

5) El oficio de historiador: History Appliances

Para Spiro, aquí podemos encontrar lo mejor, lo más innovador, lo más inesperado. Y es el trabajo de Bill Turkel, que está estudiando la fabricación humanista. Turkel está trabajando en lamaterialization”, dando una forma física de representación digital. Turkel señala varios motivos por los que los estudiosos de las humanidades deben experimentar con la fabricación, como DaVinci, conectando la mente y la mano para darle forma física a una idea; estudiar el pasado recreando objetos históricos (fósiles, artefactos, etc) que se pueden tocar, girar, analizar, estudiar “la historia tactual”, una experiencia sensual del pasado, creando y criticando.

Turkel y su equipo trabajan en diversos dispositivos, de algunos de los cuales ha hablado en su blog,Digital History Hacks”, aunque ahora lo tiene paralizado para dedicarse más intensamente a esos otros intereses.

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La masacre: violencia nazi en Italia

Publicado por Anaclet Pons en Mayo 20, 2009

Luca Baldissara y Paolo Pezzino, profesores ambos de la Università di Pisa, acaban de presentar un nuevo volumen: Il massacro. Guerra ai civili a Monte Sole (Il Mulino, 2009).  No es la primera vez que abordan esa cuestión, pues el primero dirige la revista 900. Per una storia del tempo presente y el segundo ha publicado  Anatomia di un massacro (1997, reeditado en2007) o Storie di guerra civile. L’eccidio di Niccioleta (2001).

massacro

El objeto del libro es un episodio muy significativo: entre el 29 de septiembre y el 5 de octubre 1944, en el triángulo de colinas que forman Monte Sole, al sur de  Bolonia,  las tropas alemanas llevaron a cabo la mayor matanza de civiles cometida en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, conocida como la “matanza de Marzabotto”. Unas ochocientas personas fueron asesinadas en distintos lugares de la zona, una verdadera masacre. El objetivo era “limpiar” de partisanos una area de gran importancia estratégica, cercana a la línea del frente (una línea de fortificaciones defensivas llamada “línea gótica”). No se trataba tanto de combatirlos, cuanto de practicar una política de tierra quemada. Baldissara y Pezzino reconstruyen detalladamente esta trágica operación militar contra la población civil es  y lo hacen utilizando un arsenal de documentos, que incluyen también los distintos procesos judiciales desarollados entre 1951 y 2008.  La historia de la masacre se sitúa así en el contexto que la hizo posible:  tanto la relación entre partisanos y población local  como las razones que permitieron que las tropas alemanas vieran en  mujeres y  niños un enemigo a exterminar. En última instancia, si bien la masacre se ha convertido en un símbolo de la violencia nazi en Italia, ilumina también la cultura y las prácticas de la violencia en la guerra en la época contemporánea.

En principio, podría parecer un volumen más, pero no lo es. El libro forma parte de un proyecto de investigación de Baldissara y Pezzino que incluye, entre otras cosas, un proyecto didáctico muy interesante, en el que se combina una parte en red y otra de contacto directo con esa memoria. Invito, pues, a consultar su proyecto educativo y el blog que lo acompaña (Uomini in guerra sulla Linea Gotica).  En pocas palabras, la propuesta parte de un “diorama vivente”, una metodología didáctica que utiliza la narración biográfica de personajes (interpretados por investigadores) que intervinieron en el conflicto, definiendo y reconstruyendo un episodio histórico fijado a una fecha y a un lugar de la memoria. Todo ello con el fin de estimular en el público una participación activa y emocional con los hechos analizados y con la complejidad de la guerra.

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Las humanidades digitales en 2008 (2)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 30, 2009

Viene de la primera parte…

Comunidad académica y código abierto

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El acceso abierto es algo bueno, algo que permite rastrear información y reutilizarla, promoviendo el intercambio de ideas, y garantiza  el acceso del público a la investigación que los contribuyentes a menudo ayudan a costear. Además, como sostiene Dan Cohen, los académicos se benefician del acceso abierto a su trabajo, pues aumenta su propia visibilidad: “En un mundo en el que tenemos acceso instantáneo a miles de millones de documentos en línea, ¿por qué habríamos de preferir que el artículo o libro que tanto nos ha costado exista sólo en papel o sea de pago? Éste es un camino seguro a la invisibilidad en la era digital”. Por  tanto, algunos académicos están adoptando la social scholarship,  que promueve la apertura, la colaboración y el intercambio de investigaciones. Este año hemos contemplado algunos desarrollos positivos en el acceso abierto y la comunicación académica, tales como la aplicación de la norma de la NIH,   la decisión de la Harvard’s Faculty of Arts & Science’s de adoptar el acceso abierto (seguido por la Harvard Law), y el lanzamiento de la Open Humanities Press. Pero también hubo algunos acontecimientos preocupantes (el intento de revocar el mandato del NIH,  el juicio de EndNote contra Zotero) y algunos más confusos (el acuerdo en torno a Google Books). En la segunda parte de mi resumen sobre las humanidades digitales, voy a centrarme en el paisaje de la comunicación académica,  discutiendo sobre  el acceso abierto al material educativo, los nuevos modelos de publicación, el acuerdo en torno a  Google Books y los obstáculos culturales a la publicación digital.

El código abierto crece y encuentra resistencia

En diciembre de 2007, la NIH Public Access Policy se convirtió en ley, fijando que toda investigación financiada por los NIH se depositará en PubMed Central pasado un año de su publicación. El mandato se puso en práctica, de modo que casi 3000 nuevos textos biomédicos han sido depositados cada mes en PubMed Central . Ahora John Conyers ha presentado un proyecto de ley para revocar  el mandato de los NIH y prohibir que otras agencias federales apliquen políticas similares. Este proyecto de ley  niega el acceso público a la investigación que financia y ahoga  la innovación y los descubrimientos científicos. Según Elias Zerhouni, ex director de los NIH, no hay pruebas de que la norma perjudique a los editores, sino que maximiza el retorno público de la inversión en la financiación de la investigación científica. Hay una campaña contra el Conyers Bill’s entre los contribuyentes norteamericanos:
http://www.taxpayeraccess.org/action/HR801-09-0211.html.

¿Humanidades abiertas?

¿Por qué las humanidades han ido a la zaga de las ciencias en la adopción de un acceso abierto? Gary Hall señala varias diferencias entre ciencias y humanidades: la ciencia obtiene mayor financiación  y pone más  énfasis en la difusión rápida de la información, mientras en las humanidades hay una “percepción negativa del medio digital.” Pero Hall ha ayudado a cambiar esa percepción, colaborando en Open Humanities Press (OHP)y publicando “Digitize This Book.”   Presentándose a sí misma como “una publicación colectiva e internacional de libre acceso sobre teoría crítica y  cultural”, OHP selecciona revistas para su inclusión en el colectivo según su adhesión a los estándares de publicación,  de acceso abierto,  de diseño,  técnicos y de mejores prácticas de redacción.  Destacados académicos, como Jonathan Culler, Stephen Greenblatt  y Jerome McGann aparecen como miembros de la junta directiva del Open Humanidades Press, dando más prestigio y credibilidad académica. En una charla dada en la UC Irvine la pasada primavera, Sigi Jöttkandt, co-fundador de OHP,   refutó  la hipótesis de que el acceso abierto signifique “una especie de apertura a cualquier publicación libre”  y no textos de alta calidad  revisados por pares. Jöttkandt sostuvo que el acceso abierto debería ser fundamental para las humanidades digitales: “siempre y cuando los materiales primarios y secundarios con los que estas herramientas funcionan permanezcan encerrados en espacios protegidos, las Humanidades Digitales no podrán cumplir con la verdadera promesa de innovación contenida en el medio digital”.  Cabe señalar que muchos recursos de las humanidades digitales están disponibles como  acceso abierto, incluidas  la Digital Humanities Quarterly, el Rossetti Archive y los proyectos desarrollados por el CHNM;  muchos otros pueden no ser explícitamente de acceso abierto, pero  permiten que la información esté disponible de forma gratuita .

En “ANTHROPOLOGY OF/IN CIRCULATION: The Future of Open Access and Scholarly Societies,” Christopher Kelty, Michael M. J. Fischer, Alex “Rex” Golub, Jason Baird Jackson, Kimberly Christen y Michael F. Brown entablan  un amplio debate sobre el acceso abierto en la antropología, promovido en parte por la American Anthropological Association y la decisión de trasladar sus publicaciones a Wiley Blackwell. Esta rica conversación explora diferentes modelos de acceso abierto, el papel de las sociedades en la publicación académica, la creación de comunidades en torno a problemas de investigación, la reutilización y remezcla de contenidos académicos, la economía de la edición, la conexión entre la reputación académica y acceso de los lectores a las publicaciones, el cómo hacer los contenidos accesibles a las comunidades de origen, y mucho más. Como señala Kelty, “el futuro de la innovación académica no sólo está en la AAA   (American Anthropological Association) y  sus revistas, sino en las estructuras que construimos y que permiten que nuestra investigación  circule e intractúe de  formas totalmente nuevas”. Kelty (que , por desgracia, fue tentado por la UCLA y dejó Rice) está estudiando la forma de hacer que lo académico sea   más abierto e interactivo. Se puede comprar una copia impresa de Two Bits, su nuevo libro sobre el movimiento de software libre publicado por Duke UP; leer (gratis) una versión en PDF del libro, comentarlo  sobre la versión CommentPress o descargar y remezclar el código HTML. En  Two Bits at Six Months,  Kelty observó, “Duke está obteniento tanto o tan poco dinero como obtiene con otros libros semejantes,  pero yo  estoy recibiendo mucho más del acceso abierto de lo que podría obtener de otra manera”. El proyecto ha hecho más visible a Kelty como especialista, lo que ha supuesto más atención de los medios, más invitaciones para dar conferencias,  para escribir, etc

Nuevos modelos de comunicación académica, y continúa  la resistencia

¿En qué medida  los nuevos modelos emergentes de publicación como los de Internet permiten una rápida y barata distribución de la información, la incorporación de los elementos multimedia en las publicaciones y la colaboración en red? Para averiguarlo,  The ARL/ Ithaka New Model Publications Study realiza  un “barrido organizado”  de las nuevas publicaciones, como  blogs, ejournals  y nudos (hubs) de investigación. ARL reclutó 301 bibliotecarios voluntarios de 46 colegios y universidades para entrevistar a  profesores sobre las nuevos modelos de  publicaciones que utilizan. (He participado parcialmente, entrevistando a un miembro del cuerpo docente en Rice.) Según el informe, existen ejemplos de nuevos modelos de publicaciones en todas las disciplinas, aunque los científicos tienen más probabilidades de utilizar los repositorios de pre-publicaciones, mientras que los especialistas en humanidades participan más frecuentemente en foros de discusión. El estudio identifica ocho tipos principales de recursos académicos:

* E-revistas 
* Reseñas
* Preprints y documentos de trabajo
* Enciclopedias, diccionarios,  y contenidos anotados
* Datos
* Blogs
* Foros de debate
* Nudos (hubs) de profesionales y académicos

Estas categorías proporcionan una especie de manual abreviado para identificar diferentes tipos del nuevo modelo de publicaciones . Quisiera añadir un par de categorías, como el comentario colaborativo  o las reseñas peer-to-peer (por ejemplo los proyectos que utilizan CommentPress);  wikis académicas como OpenWetWare  que permiten el intercambio de información académica y portales de investigación como  NINES (que tal vez deberían ser considerados como  un “hub“). El informe incluye algunos ejemplos fascinantes de publicaciones innovadoras, sobre todo de ejournals, pero ARL ofrece breves descripciones de 206 recursos que  considera ”trabajos académicos originales ” a través de una base de datos pública.

Mi ejemplo favorito de nuevo modelo de publicación es  eBird,  un proyecto iniciado por el Cornell Lab of Ornithology y la Audobon Society,  que ofrece un listado  de aficionados y profesionales amantes de los pájaros que recolectan datos sobre la observación de aves. Los científicos utilizan estos datos para entender la “distribución y abundancia de aves”.   Me pregunto si una investigación colaborativa semejante puede ser planteada para, por ejemplo, las artes escénicas (ePerformances.org?), donde los participantes fueran el público que asiste a diversas representaciones.  

La ARL / Ithaca selecciona también algunos de los retos de estos nuevos modelo de publicaciones, como el conservadurismo de la cultura académica, la dificultad de que los académicos participen en foros en línea, y la forma de encontrar maneras de financiar y mantener las publicaciones. En Interim Report: Assessing the Future Landscape of Scholarly Communication, Diane Harley y sus colegas en la Universidad de California-Berkeley profundizan  en algunos de estos desafíos. Harley considera que si bien algunos estudiosos están interesados en publicar sus investigaciones en un formato multimedia interactivo, “(1) las nuevas formas deben ser percibidan como algo que haya  sido sometidos a riguroso examen por sus pares, (2) pocos estudiosos untenured (sin contrato fijo) están presentando este tipo de publicaciones como parte de sus tenure cases (optar a una plaza), y (3) los mecanismos para la evaluación de nuevos géneros (por ejemplo, las narrativas no lineales y las publicaciones multimedia) pueden resultar prohibitivos para los evaluadores en términos de tiempo y de inclinación”.  En general, los investigadores en humanidades están menos preocupados por la rapidez  de publicación que los científicos y los científicos sociales, pero se quejan de la poca predisposición de las revistas a la hora de incluir imágenes de alta calidad y desearían enlazar sus afirmaciones con las fuentes que citan.  Sin embargo, los académicos en general no son conscientes de las sencillas herramientas que tienen a su alcance, ni de la facilidad para hacer obras multimedia ni, por tanto, de las  probabilidades de experimentar con nuevas formas. Académicos de todos los ámbitos comparten sus investigaciones con otros estudiosos, por lo general a través de correos electrónicos y otras formas de comunicación personal, pero muchos consideran los blogs como “una pérdida de tiempo porque no son revisados por pares.” Del mismo modo, Ithaka’s 2006 Studies of Key Stakeholders in the Digital Transformation in Higher Education (publicado en 2008) señala  que “las decisiones académicas  sobre dónde y cómo publicar los resultados de su investigación se basan principalmente en la visibilidad dentro de su campo particular”,  no en el libre acceso .

Pero el conservadurismo académico no debe impedir  imaginar y experimentar con enfoques alternativos para la publicación académica. La propuesta de Kathleen Fitzpatrick’s (“libro-como-objeto”- blob), Planned Obsolescence: Publishing, Technology, and the Future of the Academy, ofrece una visión audaz y convincente del futuro de las publicaciones académicas. Fitzpatrick pide a la academia que salga de su adormecimiento  y propone formas  “de  peer-to-peer” (como en Wikipedia), centrándose en el proceso en lugar de en el producto (como en los blogs), y participando en conversaciones  en red (como en CommentPress). 

EndNote demanda a  Zotero

Normalmente tengo problemas para que la gente venga a los talleres sobre herramientas de investigación y  comunicación académica, pero acuden en masa  a mis talleres sobre Zotero, que reconocen como una herramienta que les ayudará a trabajar de forma más productiva. Al parecer, Thomson Reuters, el fabricante de EndNote, se ha dado cuenta de la amenaza planteada por Zotero, ya que han demandado a la Universidad de George Mason, que gestiona Zotero, alegando que Zotero puede reconvertir y utilizar en abierto los archivos que genera  EndNote.  Los comentaristas con mayores conocimientos acerca de los detalles técnicos y jurídicos que he encontrado dicen que lo que plantea Thomson es falso. Mi cínica lectura de esta demanda es que EndNote ve una amenaza en una aplicación popular y potente de código abierto, de modo que plantea  una acción legal en lugar de competir por ofrecer un producto mejor. Como Hugh Cayless sugiere, “es un acto de pura desesperación por parte de Thomson Reuters” y demuestra que Zotero ha  “atemorizado lo suficiente a sus competidores…”.

La demanda parece confirmar la descripción de Yokai Benkler sobre los intentos propietarios de control de la información.  Lamentablemente, la demanda parece estar teniendo un efecto que en última instancia, creo, perjudicará a EndNote. Por ejemplo, los desarrolladores de BibApp han decidido no importar las listas de citas producidas por EndNote, ya que resulta ariesgado utilizar su modelo. Esta demanda  plantea la cuestión crucial de si los investigadores pueden mover sus datos de un sistema a otro. ¿Por qué elegir un producto que no sea compatible? Nature  publicó  un editorial,  citado por CHNM en su respuesta a la demanda, diciendo que “las virtudes de la interoperabilidad y el fácil intercambio de datos entre los investigadores es algo que vale la pena reiterar”.

Acuerdo sobre Google Books

En el otoño, Google llegó a un acuerdo con  Authors Guild y la Association of American Publishers sobre Google Book Search (ya hemos hablado de ello en varias ocasiones en Clionauta).   Pero, al igual que otros, me preocupa que una empresa sea propietaria de la totalidad de esta información y desearía que la justicia hubiera fijado un uso leal de tales principios  (incluso si tal decisión fuera restrictiva). Las bibliotecas tienen algunas preocupaciones legítimas sobre el acceso, la intimidad, la libertad intelectual, el trato equitativo y las condiciones de uso. De hecho, Harvard se retiró del proyecto, siguiendo lo dicho por Robert Darnton .  A pesar de lo que señala el acuerdo, me preocupa que los humanistas y otros estudiosos digitales no tengan acceso a los datos que necesitan. ¿Qué sucede si Google se hunde o va mal? En todo caso, la creación del  Hathi Trust  me hace sentirme  un poco mejor acerca de las cuestiones de acceso y preservación, y veo que Hathi proporcionará  un corpus de 50000 documentos. Como ya he señalado en otra ocasión,  quiero ver cómo Google Books puede transformar la investigación mediante el acceso a tanta información.

Aproximadamente por las mismas fechas (¿el mismo día?) en que se producía el acuerdo sobre Que Google Books, la  Open Content Alliance (OCA)  alcanzó un hito importante, al dar acceso a más de un millón de libros. Como su nombre indica, la OCA permite que los libros digitalizados estén disponibles de forma libre para su lectura, descarga  y  análisis, y creo que la calidad de la digitalización es mejor. A pesar de que la colección  de la OCA es más pequeña y se centra en los materiales de dominio público,  ofrece una importante alternativa a  GB. (Rice pertenece a la Open Content Alliance).

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Wikipedia para universitarios (History Engine)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 23, 2009

Ya hemos hablado aquí del  History Engine,   una herramienta educativa que ofrece a los estudiantes la oportunidad de aprender historia haciéndola, como si de profesionales se tratara (investigar, escribir, publicar).

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Sobre este asunto vuelve Steve Kolowich en The Chronicle, recondando que   el modelo actual de enseñanza y aprendizaje se basa en una relativa escasez de  investigación y  escritura, no en su exceso. Con esto en mente, Andrew J. Torget, director del “Digital Scholarship Lab at the University of Richmond”, y otros colegas crearon esa web llamaa  History Engine para ayudar a los estudiantes de todo el país a trabajar  juntos en una herramienta compartida para dar  sentido a la  historia en línea.   Los estudiantes generan breves ensayos sobre la historia de Estados Unidos y History Engine los agrega  y los hace navegables por etiquetas. Los estudiantes lo llaman Wikipedia.

El nombre es adecuado, pero el resultado es mucho mejor de lo que el calificativo sugiere.   En primer lugar, su contenido es moderado por los profesores. En segundo lugar, mientras que la Wikipedia todavía presenta información bidimensional, History Engine emplea tecnología que permite organizar el contenido por periodos cronológicos, por ubicación geográfica  y por temas. “Cuando uno tiene demasiada información para poderlo procesar todo, uno no está seguro de cómo encontrar patrones significativos en su interior”,  señala Torget al Chronicle. “La idea es construir un microscopio digital que permita a los estudiantes centrarse en lo que sea más útil y pertinente para el asunto sobre el que se preguntan”.

Además, los ensayos (llamados “episodios”) que componen la base de datos del History Engine  son cortos en comparación con los tradicionales ensayos académicos, habitualmente en torno a 500 palabras. “El reto de la era digital es que esa  escritura no ha cambiado desde la edad de la máquina de escribir”, añade Torget. “El medio digital nos obliga a repensar la forma en que hacemos esas tareas”.

Mientras que algunos académicos pueden gemir ante los peligros de los comentarios académicos que siguen  los estándares del lector paciente establecidos por Twitter y el correo electrónico,  Torget defiende que  un ensayo de extensión restringida ayuda  a los estudiantes a centrarse sobre lo que es más importante y pertinente al escribir sobre su investigación. Pero el mayor objetivo del proyecto es alentar a los estudiantes a crear y ver su trabajo en el contexto de un grupo mayor de académicos -que implica a una amplia comunidad, pero organizada de forma que sea manejable.

Hasta la fecha,  Torget dice que ocho profesores universitarios han convenido en utilizar y contribuir a History Engine  para sus clases. La herramienta es libre para cualquiera que desee unirse, pero es evidente que la mies es mucha y los obreros son pocos. Al menos, de momento.

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Las humanidades digitales en 2008 (1)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 3, 2009

Como hiciera para 2007 y por segundo año consecutivo Lisa Spiro realiza un amplio balance de la situación de las Digital Humanities a lo largo del pasado 2008.  Vayamos ahora con la primera parte.

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1. La emergencia de las “digital humanities”

Varios de los  líderes de las humanidades digitales han declarado que éste ha sido el año de su  “emergencia”. En uno de los primeros Bamboo workshops, John Unsworth señaló el elevado número de participantes y la evolución de las humanidades digitales pasados  cinco años del  informe ACLS Cyberinfrastructure (Our Cultural Commonwealth), indicando  ”que hemos alcanzado de hecho la emergencia… ahora estamos en un momento en que parece posible un cambio real”. Asimismo, Stan Katz comentó en una entrada de  un blog llamado  “The Emergence of the Digital Humanities“:  “Queda mucho por hacer, y  la falta de atención en nuestros campus a las humanidades complica la tarea. Pero las humanidades digitales están aquí para quedarse, y merecen seguirse con atención”.

El año pasado escribí acerca de la aparición de las humanidades digitales (DH) y sospecho que lo voy a hacer también en los próximos años, pero las humanidades digitales parecen haber  ganar impulso y visibilidad en 2008. Para mí, un signo clave de la aparición de las  DH se produjo cuando la NEH convirtió la Digital Humanities Initiative en  Office of Digital Humanities (ODH),  señalando la importancia de lo  “digital” en el mundo académico de  las humanidades. Tras crear dicha institución, en Inside Higher Ed se  expuso (“Rise of the Digital NEH”)  que lo que había sido un “movimiento de base” estaba atrayendo financiación  y que se estaba desarrollando una  “estructura organizativa”. El establecimiento de la ODH dio credibilidad a un campo emergente (¿disciplina?,  ¿metodología ?). Cuando uno trata de defender que su labor en las humanidades digitales tenga que  contar para la promoción y para obtener una plaza, ciertamente no está nada mal  señalar que es financiado por la NEH. La ODH actúa, no sólo como fuente de financiación (de 89 proyectos hasta la fecha), sino también facilitando el proceso,  convocando conversations, escuchando activamente  y fomentando que en las humanidades a  “keep innovating”.  Reconociendo que el trabajo en las humanidades digitales se produce a través de las fronteras nacionales y disciplinarias, la ODH colabora con organismos de  otros países,  como JISC en el Reino Unido,  Social Sciences and Humanities Research Council (SSHRC) en Canadá,  o  DFG en Alemania; agencias norteamericanas como NSF, IMLS y DOE; y otras sin ánimo de lucro como CLIR. Aunque la ODH tiene un personal reducido (tres personas) y fondos limitados, me he quedado impresionada por la cantidad de conocimiento  emprendedor que este  equipo ha sido capaz de llevar a cabo, como el lanzamiento de iniciativas centradas en data mining y high performance computing,  la defensa de  las humanidades digitales, el impulso de  proyectos innovadores y el patrocinio de  institutos sobre temas avanzados en este ámbito.

También parece que hay más puestos de trabajo en este campo en 2008, o al menos más anuncios de trabajo en los que figuran las humanidades digitales como especialización deseada. Por supuesto, la recesión económica no sólo puede limitar el número de puestos de trabajo en las DH, sino también la financiación disponible para llevar a cabo proyectos complejos -o, aquí está la esperanza, puede conducir a la financiación de proyectos de infraestructura para la investigación scanner-ready.

2.    Definiendo las “digital humanities”

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Quizás otra señal de emergencia sea el esfuerzo por averiguar queé hay tras esta “bestia”. A lo largo de 2008 se han publicado varios ensayos y diálogos  que exploran el sentido de las humanidades digitales; unos pocos utilizan el término “promesa”, lo que sugiere que el campo está lleno de potencialidades, pero que todavía no se han hecho  plenamente efectivas.

* The Promise of Digital History, una conversación entre Dan Cohen, Michael Frisch, Patrick Gallagher, Steven Mintz, Kirsten Sword, Amy Murrell Taylor, Will Thomas III y Bill Turkel, se publicó en el Journal of American History. Esta discusión, amplia y  fascinante,   explora la definición de la historia digital, el desarrollo de nuevos enfoques metodológicos, la enseñanza de las competencias y la comprensión de la importancia de los nuevos medios de comunicación para la historia, etc.  ¡Menos mal! Uno de los más fascinantes hilos de discusión: ¿Es un método, un campo  o un medio? Si la historia digital es un método, entonces   todos los historiadores tienen que adquirir unos conocimientos básicos sobre el mismo; si se trata de un medio, eso significa  que ofrece una nueva forma de pensamiento histórico, basada en la colaboración en red. Los participantes sugieren  que la historia digital no sólo trata de análisis de algoritmos, sino también de la colaboración, de redes  y de la utilización de nuevos medios de comunicación para explorar ideas históricas.

* En Humanities 2.0: Promise, Perils, Predictions”  (se requiere suscripción, pero véase su texto similar:  Participatory Learning and the New Humanities: An Interview with Cathy Davidson), Cathy Davidson sostiene que las humanidades, cuyo fuerte está en la “perspectiva histórica, la habilidad interpretativa, el análisis crítico  y la forma narrativa”, deben incorporarse a la era de la información. Por eso, exhorta a que los humanistas reconozcan y se comprometan con la transformación potencial de la tecnología para la enseñanza, la investigación y la escritura.

Describiendo cómo el acceso en línea a los materiales de investigación  ha cambiado la investigación,  cita la broma de un colega  que dice que el trabajo realizado antes de la aparición de los archivos digitales debería ser reconocido con una pegatina que dijera:   “crédito extra”. Ahora nos estamos moviendo en el mundo de las “Humanidades 2.0″, caracterizado por la participación en red, la colaboración y la interacción. Por ejemplo, los estudiosos podrían iniciar un ensayo de crítica y comentarios usando una herramienta como CommentPress, o podrían  colaborar en proyectos de investigación y enseñanza multinacionales y multilingües,  como el  Law in Slavery and Freedom Project.  Sin embargo, Davidson reconoce los “peligros” que plantea la tecnología de la información, en particular los de tipo monopolístico, de control corporativo de la información. Davidson  contribuye a este diálogo sobre las  humanidades digitales subrayando la importancia de una comprensión crítica de la tecnología de la información y abogando porque el mundo académico se comprometa y participe.

* En  Something Called ‘Digital Humanities‘,   Wendell Piez desafía al rechazo de William Deresiewicz a “Algo llamado humanidades digitales ” (entre otros rechazos). Piez sostiene que  al igual que en el Renacimiento  eruditos-técnicos como Aldus Manutius contribuyeron a crear la cultura de lo impreso, también los humanistas digitales se centran en la comprensión y la creación de medios digitales. A medida que reflexionamos sobre el papel de las humanidades en la sociedad, tal vez las humanidades digitales,  que  permiten tanto nuevos modos de comunicación con amplias comunidades  como reflexiones  críticas sobre esos  nuevos medios, proporcionen un modelo para la acción.

3. Comunidad y colaboración


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Según Our Cultural Commonwealth, “facilitar la colaboración” es uno de los cinco objetivos clave para la cyberinfrastructura de las humanidades . Aunque este objetivo se enfrenta a obstáculos culturales, organizativos, financieros y técnicos, varias iniciativas recientes están tratando de articular y hacer frente a estos desafíos.

Para facilitar la colaboración, Our Cultural Commonwealth exige el desarrollo de una red de centros de investigación que proporcionen tanto conocimientos técnicos como de contenidos. En A Survey of Digital Humanities Centers in the United States, Diane Zorich inventaría asuntos como la gobernabilidad, las estructuras organizativas, los modelos de financiación, las misiones, los proyectos y la investigación en los centros de DH.  Señala que  estos centros están en un momento crucial, llegando a su punto de madurez, pero indica que se enfrentan a distintos retos para mantenerse y preservar los contenidos digitales.  Zorich reconoce la labor innovadora que muchos centros de humanidades digitales han estado haciendo, pero pide una mayor coordinación entre los centros para que puedan salir de los silos que los albergan, abordando cuestiones comunes como la preservación digital y creando servicios compartidos. Esta coordinación está ya en marcha a través de grupos como  CenterNet y HASTAC,  proyectos de investigación en colaboración financiados por la NEH y otros organismos, planificación de proyectos de cyberinfrastructuras tales como Bamboo  y  asociaciones informales entre centros.

¿Cómo lograr una mayor coordinación entre los “Centros de Investigación en Humanidades” fue también el tema de la Sexta edición de  Scholarly Communications Institute (SCI), que utilizó el informe de Zorich como punto de partida para la discusión. El informe  SCI se refiere tanto a los centros tradicionales de humanidades, en cuanto se comprometen con los nuevos media y tratan de convertirse en “agentes de cambio”, como a los centros de humanidades digitales, en su lucha por “pasar de la experimentación a la normalización”  logrando la estabilidad. Según el informe, los centros de humanidades deben facilitar  que haya “mayor compromiso con los métodos”,  debatir sobre qué es lo que cuenta en el mundo académico  y coordinar sus actividades con los demás. Tengo entendido que la reunión del SCI parece estar dando resultados:  CenterNet y el Consortium of Humanities Centers and Institutes (CHCI)  están negociando una posible colaboración, como crear posdoctorados en humanidades digitales.

Asimismo, Bamboo está reuniendo a investigadores en humanidades, informática, tecnología de la información  y  bibliotecarios para discutir el desarrollo de servicios tecnológicos compartidos en apoyo de los investigadores en artes y humanidades  Desde abril de 2008, Bamboo  ha convocado tres talleres para definir las prácticas académicas, examinar los desafíos y planificar  la cyberinfrastructura de las humanidades . No he estado involucrada con Bamboo (más allá de mi asociación para añadir información a Digital Research Tools wiki), por lo que no soy la comentarista más autorizada, pero creo que la participación de una amplia comunidad académica en la definición de las necesidades y el desarrollo de servicios tecnológicos  sólo tiene sentido si evita la replicación, aprovecha los recursos comunes  y, en definitiva, como  espero, hace que sea más fácil realizar y sostener la investigación con herramientas y recursos digitales. El reto, por supuesto, es cómo pasar del dicho al hecho, sobre todo teniendo en cuenta las limitaciones económicas actuales y la expansión inevitable que supone planificar de actividades que involucran a más de 300 personas. Para hacer frente a las cuestiones de cómo aplicarlo, Bamboo  ha creado ocho working groups que se ocupan de temas como la educación, creación de redes académicas, herramientas y contenidos  o  servicios compartidos. Estoy ansiosa por ver lo que sucede con Bamboo.

Planificar la Cyberinfrastructura y coordinar las actividades entre los centros de humanidades son actividades importantes, pero jugar con las herramientas e ideas entre colegas de las humanistas digitales es divertido! (Bueno, supongo que la planificación y la coordinación puede ser divertida, pero un tipo diferente de diversión). El pasado mes de junio, el Center for New Media in History acogió su primer THATCamp (The Humanities and Technology Camp),   generado por el propio usuario y orgánicamente organizado según el sistema de  unconference (muy Web 2.0 / de código abierto). En lugar de desarrollar un programa previo a la conferencia, los organizadores pidieron a cada participante que pusiera en el blog cuáles eran sus intereses, dedicando la primera sesión a fijar las propias sesiones sobre la base de lo que los participantes querían discutir. En lugar de escuchar pasivamente a tres oradores leer sus documentos, se pidió a cada persona que  participara activamente. Los temas fueron del tipo Teaching Digital Humanities, Making Things (con el taller de Bill Turkel, Arduino ), Visualization, Infrastructure and Sustainability y el encantador  Dork Shorts, donde los THAT campistas expusieron brevemente sus proyectos. En THAT Camp comparecieron  una gran diversidad de profesores, estudiantes, bibliotecarios, programadores, técnicos de información,  financiadores, etc.  En la conferencia se utiliza la tecnología para suscitar y mantener la energía y las ideas -el blog anterior a la conferencia ayudó a los asistentes a establecer algunos de los temas de debate, y Twitter proporcionó un  backchannel durante la conferencia. Nunca he ido a una conferencia donde las personas estuvieran tan emocionados de estar allí, de manera comprometida y abierta. Apuesto a que nacieron muchas colaboraciones e ideas  brillantes en el campamento. Este año, el  THAT Camp se ampliará y tendrá lugar justo después de las Digital Humanities de 2009.

THAT Camp me enganchó a Twitter. Inicialmente era escéptica con Twitter ( ¿necesito otra forma de procastinación?), pero  he descubierto que es una muy buena manera de averiguar lo que está sucediendo en las humanidades digitales y de conectar con otras personas que tienen intereses similares. Me gusta lo que propone Barbara Ganley (via Dan Cohen):  “el blog para reflexionar, Tweet para conectar”.  Si estás interesado en Twitter, pero no sabes  cómo empezar, me gustaría sugerir que siguieras las  humanidades digitales  y a algunas de las personas que ellos  siguen. También se pueden buscar temas en search.twitter.com.  Amanda French ha escrito un par de grandes  posts acerca de Twitter como vehículo para la conversación académica, y un reciente  podcast de Digital Campus presenta una discusión entre los tweeters Dan Cohen y Tom Scheinfeldt frente al escéptico Mills Kelly.

HASTAC ofrece otro modelo para la colaboración mediante el establecimiento de una red virtual de personas y organizaciones interesadas en las humanidades digitales, patrocinio de foros en línea  (organizado por estudiantes de licenciatura y posgrado) y otras actividades. Actualmente funciona en  HASTAC un rico y animado foro sobre the future of the digital humanities a cargo de Brett Bobley, director de la NEH’s ODH. Entra!

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