La National Digital Public Library empieza su andadura

Tras largos meses de espera, la idea por la que lleva batallando tanto tiempo Robert Darnton empieza a ver la luz: la Biblioteca Pública Digital de América.  El director ejecitivo es desde hace poco Dan Cohen, pero es el propio Darnton el que la presenta en las páginas de la NYREV. Desafortunadamente, la festiva inauguración ha sido aplazada, dado que el evento tenía lugar en la ciudad de Boston, afectada por el reciente atentado. Así que las palabras de Darnton sirven solamente como anticipo de la postergada presentación al público. Leamos los primeros párrafos:

DPLA_launch

La Digital Public Library of America (DPLA), que será [iba a ser] inaugurada  el 18 de abril, es un proyecto para poner los fondos de las bibliotecas de investigación, de los archivos y los museos de Estados Unidos a disposición de todos los estadounidenses -y, a la postre, de todo el mundo-, ofreciéndolos en línea  y gratuitos. ¿Cómo es eso posible? Para responder a esa pregunta, me gustaría describir los primeros pasos y el futuro inmediato de la DPLA. Pero antes de entrar en detalles, creo que es importante dar un paso atrás y presentar una amplia visión de cómo una empresa tan ambiciosa se inscribe en el desarrollo de lo que comúnmente llamamos sociedad de la información.

Hablando en términos generales, la DPLA representa la confluencia de dos corrientes que han dado forma a la civilización americana: la utopía y el pragmatismo. La tendencia utópica marcó la República en su nacimiento, lo que en los Estados Unidos fue producido por la revolución, y las revoluciones utópicas liberan energía, es decir, la convicción de que la manera en que las cosas funcionan no es la que debería ser. Cuando las cosas se desmoronan, con violencia y por la acción colectiva, crean la posibilidad de volver a reunirlas de una manera nueva, de acuerdo con principios superiores.

Los revolucionarios americanos se inspiraron en la Ilustración y también en otras fuentes, incluidas diferentes variedades de experiencia religiosa no ortodoxa y sanguinarias convicciones acerca de su derecho de nacimiento como ingleses nacidos libres. Tomemos estos ingredientes, mezclémoslos bien, y obtendremos la Declaración de Independencia y la carta de Derechos – afirmaciones radicales de principio que el actual Congreso nunca harían.

Sin embargo, los revolucionarios eran hombres prácticos que tenían un trabajo que hacer. Cuando los Artículos de la Confederación resultaron insuficientes para lograr lo propuesto, se dispusieron a construir una unión más perfecta, y comenzaron de nuevo con una Constitución diseñada para potenciar un Estado eficaz y, al mismo tiempo, mantenerlo a raya. Los equilibrio y contrapesos, los Documentos Federalistas (Federalist Papers), abriéndose paso en una lucha por la riqueza y el poder, sin importar si era la esclavitud o los salarios de miseria. Los fundadores fueron duros y tenaces.

¿Cómo convergen estas dos tendencias en la Biblioteca Pública Digital de América? A pesar de su tecnología futurista, la DPLA se remonta al siglo XVIII. ¿Qué podría ser más utópico que un proyecto para poner el patrimonio cultural de la humanidad a disposición de todos los seres humanos? ¿Qué podría ser más pragmático que el diseño de un sistema para vincular millones de megabytes y entregarlos a los lectores en forma de textos de fácil acceso?

Por encima de todo, la DPLA expresa una fe ilustrada en el poder de la comunicación. Jefferson y Franklin -el campeón de la Biblioteca del Congreso y el impresor convertido en filósofo y estadista- compartían una creencia profunda en que la salud de la República dependía de la libre circulación de las ideas. Sabían que la difusión de las ideas dependía de la imprenta. Sin embargo, la tecnología de la impresión apenas había cambiado desde la época de Gutenberg, y no era lo suficientemente potente para difundir el mensaje a una sociedad con una baja tasa de alfabetización y un alto grado de pobreza.

Gracias a Internet y a un generalizado aunque imperfecto sistema de educación, ahora podemos hacer realidad el sueño de Jefferson y Franklin. Contamos con los recursos tecnológicos y económicos para hacer que todas las colecciones de todas las bibliotecas sean accesibles a todos nuestros conciudadanos, y en todas partes con acceso a la World Wide Web. Esa es la misión de la DPLA.

Tanta audacia suena demasiado grandiosa. Fácilmente podemos dejarnos llevar por la retórica utópica sobre la biblioteca de las bibliotecas, la madre de todas las bibliotecas, la Biblioteca de Alejandría moderna. Para construir la DPLA, debemos aprovechar la actitud del sí se puede, ser prácticos, aplicar el pragmatismo cotidiano de la tradición americana. Aquí voy a describir lo que es la DPLA, lo que ofrecerá al público estadounidense en el momento de su lanzamiento, y lo que será en un futuro próximo.

(…)

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