Clionauta: Blog de Historia

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Memoria de la represión

Publicado por apons on Mayo 16, 2008

Leído en La Voz de Galicia:

“La Dirección General de los Registros y del Notariado ha dado la razón a Memoria Histórica, que recurrió la prohibición de investigar sobre la Guerra Civil en algunas oficinas del Registro Civil como las de Noia, Oleiros u otras de la comarca de Arzúa. El juez noiés encargado de la oficina alegó que la causa del fallecimiento es materia reservada, pero la Dirección General aduce ahora que no es ninguna deshonra haber muerto como consecuencia de la represión.

El historiador ferrolano Xosé Manuel Suárez, de Memoria Histórica, ha explicado que ya tienen contabilizadas 1.364 muertes en la provincia como consecuencia de la represión en el período 1936-39. Una cifra que le parece «importante», teniendo en cuenta que en Galicia apenas hubo guerra como tal al caer en manos de los alzados en las primeras semanas del levantamiento franquista.

Indagar en los libros registrales es harto difícil porque en muchos fusilamientos, paseos y asesinatos aparece como causa de la muerte shock traumático, hemorragia o traumatismo. Ello obliga a examinar todos los casos, incluso con familiares, para descartar errores. Utilizan también las hemerotecas. El siguiente paso será una ficha por cada caso con sus antecedentes, circunstancias y afiliación. Este trabajo cuenta con una pequeña ayuda de 2.000 euros de la Consellería de Cultura. La Universidade de Santiago desarrolla otra investigación”.

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Salarios del profesorado universitario

Publicado por apons on Mayo 15, 2008

La AAUP (American Association of University Professors) presenta su balance anual sobre el estatus económico de la profesión. Veamos algunas conclusiones:

a) han mejorado su salario, pero por debajo de la inflación: “The increase in overall average faculty salaries thus lagged behind inflation for the third time in the last four years”.

b) persisten las diferencias entre los centros públicos y los privados: “According to AAUP data, a full professor at a public doctoral university in 1970–71 could have expected a salary equal to 91 percent of what a colleague at a comparable private university might earn. This year, the same average proportion has declined to only 76 percent, having dropped steadily over the decades”.

c) los profesores a tiempo completo reciben salarios muy inferiores a otros cargos y empleos en sus centros. El caso más significativo son los entrenadores de equipos deportivos. Hay un cuadro bastante elocuente (el informe incluye otros muchos), donde vemos que un profesor gana una media de 104 mil dólares (salario ajustado a una base de nueve meses), cantidad muy alejada de la que se paga a un coach

Sin ánimo de incordiar, por supuesto, podemos comparar esos salarios con los que se ofrecen en Europa. No conozco ningún estudio sistemático, pero podemos echar mano del informe titulado “International wage differences in academic occupations“, realizado en 2007 por SEO Economic Research, un organismo de la Facultad de Economía de la Universidad de Amsterdam. En este caso, no se incluyen las extras ni ningún otro bonus, de los muchos y variados que se cobran en el universo europeo. Por otra parte, hay que tomar los datos con gran cuidado, dadas las distintas carreras universitarias de cada sistema y sus grandes diferencias.

País

Asistente

Asociado

Profesor

Holanda

€ 30,609

€ 37,991

€ 46,180

Alemania

€ 24,492

€ 30,383

€ 34,657

Bélgica

€ 29,244

€ 33,778

€ 38,509

Suiza

€ 60,158

€ 69,118

€ 78,068

Suecia

€ 22,257

€ 26,666

€ 31,639

UK

€ 37,424

€ 46,261

€ 60,314

UK-top

€ 42,245

€ 47,495

€ 82,464

Francia

€ 23,546

€ 29,316

€ 37,118

.

Dejemos al margen las diferentes categorías de profesorado y centrémonos en la tercera. En España, como sabemos, el sueldo base de un docente titular, con las extras, rondaría los 32.000 euros. Los datos no son comparables por distintas razones, pero para serlo al menos habría que restar esas dos pagas de Navidad y verano, quedando la cosa en unos 29.000. Luego estarían los modestos tramos y, sobre todo, los complementos autonómicos, los cuales permiten sabrosas oslicaciones (agravios comparativos, dirían algunos) de hasta 10.000 euros anuales según el territorio.

Sea como fuere, las diferencias con otros países europeos no están sólo en el salario base sino en el potencial de incremento.

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Persecución y exterminio de los judíos

Publicado por apons on Mayo 14, 2008

A finales de enero, el rotativo Die Welt (y otros muchos en aquellos días) recogía la aparición de una obra magna. Se trata de una monumental empresa (16 tomos en total) que intenta estudiar aquella barbarie recopilando fuentes documentales primarias. El libro lleva por título Die Verfolgung und Ermordung der europäischen Juden durch das nationalsozialistische Deutschland 1933-1945 y esta inicial entrega responde a: Volume 1: Deutsches Reich 1933 - 1937 (Oldenbourg Verlag, München 2007).

La primera parte ha sido editada por Wolf Gruner, uno de los más reputados especialistas alemanes, y en sus 800 páginas contiene 320 documentos listados en riguroso orden cronológico, con una introducción que resume los antecedentes históricos desde el siglo XIX.

El proyecto, pues, sólo acaba de empezar y durará una década. Los impulsores han sido el organismo federal de archivos (Auftrag des Bundesarchivs), el Instituto de Historia Contemporánea de Münich y la Cátedra de Historia Moderna de Friburgo.  Como curiosidad, les diré que este primer volumen incluye varios índices finales, entre ellos uno de lugares. Pues bien, Spanien aparece citada en las páginas 272, 399, 417, 587, 589, 648, 701-706 y 712.

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El retorno de la historia

Publicado por apons on Mayo 13, 2008

Robert Kagan, destacado analista de la derecha estadounidense, presenta este mes The Return of History and the End of Dreams, siguiendo los argumentos que expusiera en el verano de 2007 en Policy Reveiw. Como avanzadilla, el propio Kagan resume sus ideas centrales en The New Republic.

Veamos algunos fragmentos:

Desde mediados de los 90, lo que parecía ser una era de convergencia se ha trucado en tiempos de divergencia. En parte, la razón es:

“The presumption over the past decade has been that when Chinese and Russian leaders stopped believing in communism, they stopped believing in anything. They had become pragmatists, without ideology or belief, simply pursuing their own and their nation’s interests. But the rulers of China and Russia, like the rulers of autocracies in the past, do possess a set of beliefs that guides them in both domestic and foreign policy. It is not an all-encompassing, systematic worldview like Marxism or liberalism. But it is a comprehensive set of beliefs about government and society and the proper relationship between rulers and their people”.

(…) American and European policymakers constantly say they want Russia and China to integrate themselves into the international liberal democratic order, but it is not surprising if Russian and Chinese leaders are wary. How can autocrats enter the liberal international order without succumbing to the forces of liberalism?

Afraid of the answer, the autocracies are understandably pushing back, and with some effect. Rather than accepting the new principles of diminished sovereignty and weakened international protection for autocrats, Russia and China are promoting an international order that places a high value on national sovereignty and can protect autocratic governments from foreign interference.

(…) Autocracy is making a comeback.

(…) Again, this competition is not the Cold War redux. It is more like the nineteenth century redux. (…) The global competition between democratic governments and autocratic governments will become a dominant feature of the twenty-first-century world. The great powers are increasingly choosing sides and identifying themselves with one camp or the other.

(…) Now the re-emergence of the great autocratic powers, along with the reactionary forces of Islamic radicalism, has weakened that order, and threatens to weaken it further in the years and decades to come. The world’s democracies need to begin thinking about how they can protect their interests and advance their principles in a world in which these are, once again, powerfully contested”.

Como contrapartida, Tony Judt proyecta su mirada de historiador en el NYRB: What Have We Learned, If Anything?. A su entender, no hay tanta novedad como se pretende, de modo que necesitamos volver la vista hacia el pasado si queremos comprender lo que acontece: “During the Nineties, and again in the wake of September 11, 2001, I was struck more than once by a perverse contemporary insistence on not understanding the context of our present dilemmas, at home and abroad; on not listening with greater care to some of the wiser heads of earlier decades; on seeking actively to forget rather than remember, to deny continuity and proclaim novelty on every possible occasion. We have become stridently insistent that the past has little of interest to teach us. Ours, we assert, is a new world; its risks and opportunities are without precedent”.

Ocurre que, si bien lo conmemoramos todo, sobre todo el sufrimiento de las generaciones precedentes, no tenemos conciencia del pasado. Tampoco lo enseñamos correctamente. Así, entre otras cosas, se ha olvidado el significado de la guerra y de la violencia. Los americanos, sobre todo, olvidan que el terrorismo, por ejemplo, no es un fenómeno nuevo, y no lo entienden correctamente

En fin, todo ello y mucho más conduce a la siguiente conclusión:: “Far from escaping the twentieth century, we need, I think, to go back and look a bit more carefully. We need to learn again—or perhaps for the first time—how war brutalizes and degrades winners and losers alike and what happens to us when, having heedlessly waged war for no good reason, we are encouraged to inflate and demonize our enemies in order to justify that war’s indefinite continuance. And perhaps, in this protracted electoral season, we could put a question to our aspirant leaders: Daddy (or, as it might be, Mommy), what did you do to prevent the war?”.

N.B.; No he podido comprobarlo, pero quizá este artículo de Judt sea el mismo (o similar) que con el título de “El problema del mal en la Europa de posguerra” publican al unísono las revistas Claves y l’Avenç

Duda resuelta por parte de Paco Fuster :

El primer capítulo (en castellano y formato pdf) del libro de Robert Kagan está disponible aquí:
http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/obras/prepukagan.pdf

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Las imágenes y su giro antropológico: Hans Belting

Publicado por apons on Mayo 12, 2008

No es un estudioso desconocido entre nosotros, pero quizá lo sea menos de lo que se merece. Hemos podido apreciar su trabajo en ¿Qué es una obra maestra? (Crítica, 2002) y, sobre todo, en Antropología de la imagen (Katz, 2007). Impartió una conferencia hace ahora poco más de un año en el IVAM valenciano y, por desgracia, parece que se ha cancelado el seminario que tenía que impartir a finales de año en el CENDEAC de Murcia (al menos disfrutarán de James Clifford). Mientras tanto, Le Monde ha glosado a este francotirador aprovechando la reedición francesa de L’histoire de l’art est-elle finie? (Folio, 2007) y la traducción de Image et culte. Une histoire de l’image avant l’époque de l’art (Cerf, 2007).

En fin, quizá recuerden la reseña que apareció hace poco en El País:

Hans Belting tiene una larga trayectoria como historiador. Su obra principal -que yo sepa, aún sin traducir al español- es una historia del culto a las imágenes. Allí, lo mismo que en este interesantísimo ensayo (Antropología de la imagen), se hace cargo del giro actual en la atención hacia la imagen, en estricta imbricación con la amplísima bibliografía en la materia, donde figuran autores como Freedberg, Marin, Didi-Hubermann, Debray, Barasch, Crouzot, Berger, Groys, Stoichita, Eco, Besançon, etcétera, por no mencionar a tantos otros que se agrupan en torno a lo que los americanos llaman visual studies. Con todos ellos comparte Belting la fascinación por las imágenes, virtuales o no, pero en todo caso a la manera contemporánea, es decir, sin dejarse atrapar por lo que representan.

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Historias de la China, con Jonathan Spence

Publicado por apons on Mayo 10, 2008

Con la cercanía de los Juegos Olímpicos que han de celebrarse en la capital china, todo lo que acontece en aquel lejano país preocupa e interesa. Por supuesto, eso tiene su correlación textual, con aluvión de libros a la caza del ávido lector. The Guardian, por ejemplo, ha tenido a bien reseñar varios de esos volúmenes a la vez. Los de los periodistas Erik Durschmied (Beware the Dragon), Rebecca A. Fannin (Silicon Dragon) y Jonathan Fenby (The Dragon Throne), de los reputados especialistas John Chinnery (Treasures of China: The Glories of the Kingdom of the Dragon) y Kerry Brown (The Rise of the Dragon), del politólogo Harry Gelber (The Dragon and the Foreign Devils), del empresario Jack Perkowski (Managing the Dragon), y, por fin, del historiador Jonathan Spence (Return to Dragon Mountain).

Como recoge el comentarista británico, “nine types of dragon”, cada uno distinto del anterior, pero dragones al fin y al cabo, pues el destino ha querido que esos nueve autores coincidieran en incluir esa palabra en sus respectivos títulos. Desde luego, entre todos esos ejemplares destaca, visto desde nuestra perspectiva, el de Spence, uno de los mejores sinólogos que haya en todo el orbe académico y, además, un escritor con todas las letras, alguien que no sólo domina a la perfección el método de su disciplina sino que, además, sabe narrar maravillosamente. Por lo que parece, Return to Dragon Mountain no defrauda y está a la altura de sus anteriores obras. El único lastre, para los aquejados de presentismo mal entendido, es que estudia su siglo preferido, el XVII, centrándose en esta ocasión en la obra del historiador y ensayista Zhang Dai. Ahora bien, que nadie se lleve a engaño. Como señalaba Foreign Affairs: “Spence has done it again: taken what might seem a limited topic and, after analyzing it from multiple perspectives, arrived at grander conclusions”.

El volumen de Spence apareció a finales de 2007 y, desde entonces, ha recogido una catarata de parabienes, abanderados por el que le dedicó (ese conocido y ya mitico pseudónimo que responde al nombre de) Simon Leys en el NYRB:

“(…) Old-style historians used to focus on kings and great statesmen, on the deeds and words of the famous and the eminent, on wars, victories, and defeats, on crashes, crises, scandals, and miracles; only the most eloquent geniuses had access to the witness box in the court of History; the humble voices of the anonymous masses, the confused rumble of everyday life, were entirely lost to posterity.

Modern historians, on the contrary, are now attempting to redress this state of affairs by drawing information from more diverse sources and by allowing more space to what would previously have been deemed too ordinary and insignificant to deserve recording. Jonathan Spence’s impressive series of works are fairly even-handed in this respect, dealing in turn with an emperor and with obscure characters, with leading actors and with figurants muets. In his latest book, based on the life and writings of Zhang Dai (1597-1680?) he has chosen for his subject a more middling personality: a member of the gentry in one of China’s cultural centers (Shaoxing), a scholar, historian, and essayist-a distinguished author, though not exactly a major one, or an original thinker-who wrote many books (quite a number of which are now lost) and who led a very long life in a time of momentous and dramatic change.

Spence’s enterprise was particularly difficult, but his considerable scholarship enabled him to meet such a challenge. First, the social background of Zhang Dai already presented, in itself, a rich topic of study; his extended family clan was prominent for several generations on the politico-cultural stage of the empire and comprised a number of diverse and colorful figures. In contrast, paradoxically, Zhang’s own personality and psychology remain somewhat elusive. His writings-mostly historiography, but also family profiles, miscellaneous memoirs, and poetry-form a considerable mass, the exploration of which appears quite daunting, yet not always rewarding. However, the historical period which Spence invites us to consider through Zhang’s eyes is of exceptional interest, since the fall of the Ming (1644)-at the time, the greatest empire on Earth-intervened right in the middle of Zhang’s life.

(…)

Late Ming intellectuals strikingly resemble what eighteenth-century Europe will call libertins, both in the original sense of the word (free minds, pursuing their inquiries, unfettered by dogma, prejudice, or conformism) and in its derived meaning of libertine (suggesting sexual freedom: note, by the way, that pornographic fiction is cultivated in this same period with much verve; Chinese literary pornography, unlike its lugubrious Western equivalent, possesses artistry and a disarming sense of humor). The arts also flourish: calligraphy and painting reach new heights (as do other graphic arts, by no means “minor”: seal carving and woodprint). The very art of living in all its manifestations—architecture, gardens, furniture, gastronomy—achieves supreme elegance and sophistication.

However, the “brilliant” face of the dynasty cannot hide its dark side. In fact the two aspects are intimately related. In politics, Ming imperial despotism veered into a totalitarian terror that in scope, ferocity, and sheer duration would not be seen again before the twentieth century and the establishment of the Maoist regime.

And in this connection, it is remarkable to note that the first political dissenters—Wu Han and Deng Tuo—who dared to denounce Mao Zedong’s policies during the Fifties and early Sixties did this under the transparent guise of conducting studies in Ming history: they exposed the cruel irrationality of imperial despotism, they celebrated the integrity and courage of the Ming scholars who lost their lives for having criticized the emperor—and eventually they themselves were to pay the same price during the so-called “Cultural Revolution.

(…)”

N.B.: Por fortuna, parece que finalmente tendremos la oportunidad de que se traduzca una de sus obras maestras, un pequeño pero arrebatador volumen: The Question of Hu. La empresa corre a cargo de la editorial de la Universitat de València (PUV), cuyo trabajo viene siendo magnífico. Mientras tanto, por ejemplo, podemos consolarnos con La traición escrita o con El Palacio de la memoria de Matteo Ricci, ambos en Tusquets.

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Obituario: Charles Tilly (1929-2008)

Publicado por apons on Mayo 8, 2008

Charles Tilly, uno de los representantes de la denominada sociología histórica, falleció el pasado 29 de abril. Creo que al poco de aparecer su último libro vertido al castellano (Contienda política y democracia en Europa, 1650-2000. Barcelona, Hacer). Les dejo con uno de los homenajes que se le han tributado en la blogosfera.

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Debate en torno a Geoff Eley

Publicado por apons on Mayo 8, 2008

El número de abril de The American Historical Review contiene, entre otras cosas, un debate a tres sobre una de las obras de Geoff Eley (A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society, 2005) ) en el que intervienen Gabrielle Spiegel, William H. Sewell y Manu Goswami, dándoles respuesta el propio Eley. La presentación dice más o menos lo siguiente:

La manera que los historiadores tienen de acercarse al pasado ha experimentado una extraordinaria transformación en los últimos cuarenta años. La historia social de los años 60 y 70, insurgente al principio y triunfante después, ofreció un notable flujo de interesantes estudios que reacomodaron nuestro sentido del pasado. Sin embargo, a finales de los 80, muchos de sus oficiantes, por no decir la mayoría, habían girado hacia la historia cultural, que pronto devino hegemónica. Por supuesto, esta simplificación disfraza la existencia de múltiples metodologías, escuelas e influencias, intelectuales e ideológicas, que eran parte de estas transformaciones, sin mencionar la variedad de prácticas que escondía la historia cultural. Además, parece claro que la relación entre la historia social y la cultural era más dialéctica que secuencial, es decir, que la semilla de la aproximación cultural estaba presente en el trabajo crítico realizado por las figuras fundadoras del movimiento de la historia social. Recientemente, cierto número de historiadores han expresado su frustración en relación con las tendencias metodológicas actuales; algunos se lamentan de lo que se ha perdido con el eclipse de lo social en favor de la historia cultural. Muchos, por su parte, ven que hay una fuente de renovación para el pensamiento histórico en las perspectivas transnacionales o globales . Hay quien opina, en fin, que hemos tenido que mirar atrás para movernos hacia adelante.

El libro de Geoff Eley, A Crooked Line: From Cultural History to the History of Society (2005), es una notable contribución a nuestra comprensión de cómo ha cambiado la historia durante este período. También ofrece varias ideas en torno a cómo podemos ir más allá de la historia cultural, sin abandonar sus contribuciones, para recuperar algunas de las preocupaciones centrales que caracterizaron la historia social. Por último, es una mezcla inusual entre lo personal y lo historiográfico: Eley utiliza su propia biografía para ilustrar las transformaciones en la manera de hacer historia, transformaciones que él, como muchos otros de su generación, experimentaron no sólo como revelaciones intelectuales, sino en clave política y moral.

En el foro de la AHR tres historiadores reconocidos y con perspectivas distintas comentan el libro de Eley. William H. Sewell, cuyo trabajo se ha dedicado a Francia pero que también ha escrito sobre teoría y metodología históricas, critica a Eley por haber subestimado las fuerzas externas -en todo lo relacionado con la aparición de nuevas formas del capitalismo de posguerra-. Estas fuerzas, señala, tienen que ser entendidas si queremos captar los cambios en la forma de hacer historia durante ese período. Sewell advierte que el intento de recobrar las ambiciones totalizadoras que caracterizaron la historia social exigirían mucho más que ese simple “desafío historiográfico” por el que aboga Eley. Gabrielle M. Spiegel, una medievalista que también ha escrito extensamente sobre metodología histórica, incide sobre la cuestión planteada por Eley en torno a la aparición de la historia cultural, precisando algunas influencias teóricas importantes que proceden de Francia y que Eley descuida. También cuestiona lo que parece ser una llamada de Eley en favor del pluralismo metodológico, ofreciendo en su lugar la posibilidad de una “neo-fenomenología” centrada en el agente como medio para casar lo social y lo simbólico. Manu Goswami, que ha escrito sobre el sudeste asiático y sobre economía política, acentúa el coste deletéreo del triunfo de la historia cultural sobre la historia social. Más en concreto, ella observa que, en el contexto de la historia sudasiática, eso ha significado el abandono de modelos comparativos a gran escala, apartándose de las preocupaciones de la economía política y oscureciendo elementos claves del imperialismo y del capitalismo. En su respuesta, Eley expone y modifica algunos de los argumentos dominantes en su libro, explica las estrategias que escogió para reconocer las contingencias, las dificultades y las resistencias que caracterizaron la historia intelectual que estudia, y responde a las críticas de sus comentaristas. Finalmente, defiende y amplia su llamada en pro de “nuevas hibridaciones” y de un “pluralismo básico” para hacer historia hoy. Además, insiste en que eso no equivale a un abandono de la teoría ni supone apoyar un mero eclecticismo; más bien, es una argumento para “la posibilidad de una conversación fructífera a través de las diferencias, a veces irreducibles y con todo mutuamente respetuosas”.

The American Historical Review, vol. 113, núm. 2 (abril de 2008):

“Crooked Lines “, William H. Sewell, págs. 393-405.
“Comment on A Crooked Line”, Gabrielle M. Spiegel, págs. 406-416.
“Remembering the Future”, Manu Goswami, págs. 417-424.
“The Profane and Imperfect World of Historiography”, Geoff Eley, págs. 425-437.

El volumen contiene, además, una reseña del volumen de Richard Wigg: Churchill and Spain: The Survival of the Franco Regime, 1940-1945.

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Revistas, revistas (gratis)

Publicado por apons on Mayo 7, 2008

Como ha anunciado Tapera hace unos días, la casa Sage nos ofrece una regalo primaveral: abre sus archivos de forma gratuita haste finales de mayo. El motivo oficial es haber recibido un prestigioso galardón: el “2007 PSP Award for Excellence for best platform”. O quizá es que desean ponernos el caramelito, lanzar el anzuelo para ver si alguien se suscribe, que la cosa está difícil. En fin, sea como fuere, hay que aprovechar la eventualidad. Recordemos que, si bien Sage no tiene en su catálogo grandes revistas de historia,  esta empresa posee un fondo considerable, con un total de 485 títulos, entre los que están,  por ejemplo,  European History Quarterly y Journal of Contemporary History.   

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Historia de historias

Publicado por apons on Mayo 6, 2008

Mencionábamos hace poco el volumen de Gordon S. Wood, señalando sus prevenciones hacia las nuevas escrituras de la historia. Indicábamos algunos de sus ejemplos, entre los cuales sobresalía Jill Lepore, una prolífica historiadora de la Harvard University (que este año nos mostrará sus pinitos como novelista). Pues bien, curiosidades del destino, Lepore se refiere a la obra de Wood en New Yorker, en un interesante y amplio artículo titulado “Just the Facts, Ma’am. Fake memoirs, factual fictions, and the history of history”. Lepore señala que, en efecto, en 1991 “the eminent American historian Gordon Wood, writing in The New York Review of Books, warned that if things were to keep on this way historians would soon “put themselves out of business.” Reviewing Simon Schama’s “Dead Certainties (Unwarranted Speculations)”-a history book in which Schama indulged in flights of fancy, fully disclosed as such-Wood wrote, “His violation of the conventions of history writing actually puts the integrity of the discipline of history at risk”. That review, along with twenty more (including one of a book of mine), appears in Wood’s new book”.

Pero Jill Lepore aprovecha para repasar otra novedad quizá más significativa, aunque en una onda parecida: A History of Histories: Epics, Chronicles, Romances and Inquiries from Herodotus and Thucydides to the Twentieth Century (Knopf ), volumen del que asegura es un “fascinating compendium”. Su autor es John Burrow, que no es ningún desconocido: profesor de historia intelectual en Sussex y de historia del pensamiento europeo en Oxford, recibe ahora sus réditos como docente en el Williams College de Massachusetts. Es autor de libros como Evolution and Society: a study in Victorian Social Theory (1966), el premiado A Liberal Descent: four Victorian Historians (1981), Gibbon (1984) o La crisis de la razón: el pensamiento europeo, 1848-1914 (Barcelona, Crítica, 2001), ademas de participar en volúmenes colectivos, como La política, ciencia noble: un estudio de la historia intelectual en el siglo XIX  (México, Fondo de Cultura Económica, 1987).

Lo cierto es que esta History of Histories ha recibido una excelente acogida en el mercado americano, no sólo por parte de Lepore. Véase, por ejemplo, la reseña de Adam Kirsch, crítico literario del New York Sun.

Ahora bien, ya sucedió lo mismo cuando se editó la versión británica a finales de 2007 en el sello Allen Lane, uno de los de la casa Penguin. Así lo atestiguan los comentarios del helenista Paul Cartledge en The Independent, de Felipe Fernández-Armesto en el Times o de Keith Thomas en The Guardian. Les dejo con este último, el más elogioso:

“An awareness that historical writing is as much a cultural activity as a developing science underpins John Burrow’s large and absorbing new book. Burrow is a leading authority on the intellectual history of the 18th and 19th centuries. Now in his retirement, he has ventured far beyond his usual territory in order to provide a survey of historical writing over the past two and a half thousand years. He makes things a little easier for himself by confining himself to historians in Europe and North America, and giving most attention to those who wrote in English or are available in translation. Even so, he has undertaken a herculean task which would have daunted most scholars. Inevitably there are some trivial slips on which the specialists will pounce. But he has turned his formidable assignment into a triumphant success. The result is a highly enjoyable book, based on a vast amount of reading, written with attractive simplicity, brimming with acute observations, and often very witty. Anyone who wants to know what historical writing has contributed to our culture should start here”.

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