Clionauta: Blog de Historia

Noticias sobre la disciplina (Anaclet Pons)

Archivo de Abril 2008

¿Qué le debe Europa al islam? (II)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 30, 2008

Como ya habíamos anunciado hace unas semanas, el libro de Sylvain Gouguenheim no podía pasar desapercibido. Las afirmaciones contenidas ponen en cuestión algunas de las ideas que hemos dado por correctas en las útimas décadas, con derivaciones respecto a cómo se ha construido la idea de Europa y diversas implicaciones sobre nuestro modo de entendernos. Algunos lo advirtieron de inmediado. Por ejemplo, Le Figaro. Este rotativo, cuyos redactores defienden por lo general el orden de las cosas, acogió con agrado, incluso con entusiasmo, las ideas expuestas por Gouguenheim. Tomando el rábano por las hojas, relacionaban además su contenido con ciertas manifestaciones que Benedicto VI realizó en septiembre de 2006 en la localidad bávara de Ratisbona a propósito de la la pérdida de rumbo y valores del Occidente cristiano. En suma, señalaba Stéphane Boiron en el mencionado periódico: “Félicitons M. Gouguenheim de n’avoir pas craint de rappeler qu’il y eut bien un creuset chrétien médiéval, fruit des héritages d’Athènes et de Jérusalem. Alors que l’islam ne devait guère proposer son savoir aux Occidentaux, c’est bien cette rencontre, à laquelle on doit ajouter le legs romain, qui a créé, nous dit Benoît XVI, l’Europe et reste le fondement de ce que, à juste titre, on appelle l’Europe”.

En todo caso, los historiadores no estamos para ordenar ni para desordenar el mundo, sólo damos sentido a las acciones que nuestros antepasados vivieron. Y para ello sólo ponemos en juego nuestras competencias, nuestro método. De ahí que sea interesante leer a los pares, a los especialistas que han terciado sobre el asunto. Para ello nada mejor que ver el pequeño especial dedicado por Le Monde, que al poco de publicar el resumen de Gouguenheim recibió un manifiesto firmado por unos cuarenta académicos, encabezados por Hélène Bellosta (CNRS), con el significativo título de “Prendre de vieilles lunes pour des étoiles nouvelles, ou comment refaire aujourd’hui l’histoire des savoirs”. Allí se puede leer una dura recusatoria del autor y del periódico que le habría dado pábulo: “Il n’est aucun philosophe ou historien des sciences sérieux pour affirmer que “l’Europe doit ses savoirs à l’islam” ; la science en tant que telle se développe selon ses voies propres et ne doit pas plus à l’islam qu’au christianisme, au judaïsme ou à toute autre religion. En revanche, l’idée que l’Europe ne doit rien au monde arabe (ou arabo-islamique) et que la science moderne est héritière directe et unique de la science et de la philosophie grecques n’est pas nouvelle. Elle constitue même le lieu commun de la majorité des penseurs du XIXe siècle et du début du XXe siècle, tant philosophes qu’historiens des sciences, dont le compte rendu du Monde reprend tous les poncifs”.

Además de ese manifiesto, re recogen otras opiniones, como las del medievalista Alain de Libera (EPHE), que lo ventila diciendo que es un plaisant exercice d’histoire fiction, digno de los amateurs de croisades, dispuesto a la mobilisation huntingtonienne” del choque de civilizaciones.

Por si fuera poco, hay una reseña de dos destacados medievalistas, Gabriel Martinez-Gros, de la Universidad Paris-VIII, y Julien Loiseau, de la de Montpellier-III, muy poco favorecedora . Habría sobrevalorado el papel jugado por el mundo bizantido, confundiría el significado de los términos musulmán e islámico, religión y civilización (“Les chrétiens d’Orient ne sont certes pas musulmans, mais ils sont islamiques, en ce qu’ils sont partie prenante de la société de l’islam et étroitement intégrés au fonctionnement de l’Etat”) y habría apelado a compañías muy dudosas, como la de René Marchand (“Les fréquentations intellectuelles de Sylvain Gouguenheim sont pour le moins douteuses. Elles n’ont pas leur place dans un ouvrage prétendument sérieux, dans les collections d’une grande maison d’édition”). En fin, “le réquisitoire dressé par Sylvain Gouguenheim sort alors des chemins de l’historien, pour se perdre dans les ornières d’un propos dicté par la peur et l’esprit de repli”.

Por supuesto, el autor ha replicado en el mismo periódico, es de suponer que advertido de lo que se avecinaba, y lo ha hecho con enojo: “Je suis bouleversé par la virulence et la nature de ces attaques. On me prête des intentions que je n’ai pas”. El problema es, señala Gouguenheim, que la idea central se ha extrapolado, llevándola fueras de los cauces del debate histórico. Por ello, se ve obligado a afirmar que “je ne crois pas à la thèse du choc des civilisations: je dis seulement – ce qui n’a rien à voir – qu’au Moyen Age, les influences réciproques étaient difficiles pour de multiples raisons, et que nous n’avons pas pour cette époque de traces de dialogues telles qu’il en existe de nos jours”. Otra cosa bien distinta serían las lecturas que de ello se hayan extraído: “J’ai donné depuis cinq ans – époque où j’ai “découvert” Jacques de Venise – des extraits de mon livre à de multiples personnes. Je suis totalement ignorant de ce que les unes et les autres ont pu ensuite en faire. Je suis choqué qu’on fasse de moi un homme d’extrême droite alors que j’appartiens à une famille de résistants : depuis l’enfance, je n’ai pas cessé d’être fidèle à leurs valeurs”.

Como ven, la polémica ha sido tan virulenta, o al menos así la han sentido algunos, que Gouguenheim ha tenido que presentar sus credenciales. El ambiente parece enrarecido, con el CNRS, diversas Universidades y la ENS-LSH de Lyon por el medio.

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La indolencia española

Publicado por Anaclet Pons en Abril 29, 2008

El azar ha querido que dos prestigiosas revistas,  American Historical Journal -núm. 113 de febrero, págs. 257–258-  y European History Quarterly, conincidan en eseñar un volumen de 2006: ‘Lazy, Improvident People’: Myth and Reality in the Writing of Spanish, de Ruth MacKay (Cornell University Press).

En el segundo caso, el encargado de la recensión es Henry Kamen (vol. 38, núm. 2, abril, págs. 337-338), que comienza con este párrafo:

“This is an unusually rich book, albeit at times a bit difficult to follow because it pursues complex trains of thought. MacKay examines the long-standing idea, maintained not only by prejudiced foreigners but also by both scholars and politicians, that Castilians were a lazy lot, responsible for their own backwardness and for the failures in their history. She finds that the idea, which has persisted in the writings of well-known historians of our own day, was in large measure propagated by eighteenth-century Spanish reformers who hoped to resolve defects in their society”.

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Pierre Bourdieu, biografiado

Publicado por Anaclet Pons en Abril 28, 2008

Tras Levinas, Goethe, Claudel y  Rubens, Anne-Marie Lescourret se atreve ahora con Pierre Bourdieu, cuya biografía ha aparecido en marzo en Flammarion (Pierre Bourdieu. Vers une économie du bonheur).

Tenemos ya las primeras reacciones, como la somera de Marc Riglet en Lire, la elogiosa de Éric de Bellefroid en La Libre Belgique, la mesurada de Pierre Bergounioux en Libération y, sobre todo, la demoledora de Didier Eribon en Le Nouvel Observateur. Para este últimol, el libro es enorme (538 páginas), pero su contenido poco interesante, carente como está de consulta de archivos o de entrevistas con quienes le conocieron. Y no hablemos de errores:

“Par exemple quand elle affirme que Lévi-Strauss fut à l’initiative de l’entrée de Bourdieu au Collège de France. En dehors de cette bévue, elle ne nous dit quasiment rien sur cette élection, si ce n’est qu’André Miquel présenta officiellement le candidat. Mais qui l’a soutenu? Elle se contente de rapporter une rumeur selon laquelle il aurait été «élu par les scientifiques». Cela signifie-t-il que Foucault, Vernant, Veyne, Duby, Boulez n’ont pas voté pour lui? Elle ne se pose même pas la question. Plus grave encore, donc, que les platitudes et les inexactitudes, il y a tout ce qui manque. Il existe des correspondances avec Derrida, Althusser, Elias, et tant d’autres, mais elle ne s’en est pas préoccupée. Si bien que cette «biographie», sans recherches et sans intelligence, sans chair et sans âme, reste d’un bout à l’autre dans un rapport d’extériorité totale au personnage complexe et fascinant qu’elle échoue à restituer”.

Sólo un reconocimiento: “Reconnaissons au moins un mérite à ce non-livre: il donne envie de lire une biographie de Bourdieu”.

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Los daños de la deriva posmoderna

Publicado por Anaclet Pons en Abril 26, 2008

Gordon S. Wood, un docente universitario muy conocido por sus recensiones periodísticas, acaba de publicar un volumen sobre estos asuntos: The Purpose of the Past. Reflections on the Uses of History (Penguin Press). Una de las reseñas que ha merecido apareció hace unos días en el Washington Post.

Se trata de una colección de 21 ensayos que inciden en lo siguiente: ” El resultado de toda esta historia postmoderna, con su verborrea sobre “deconstrucción,” “descentramiento,” “textualidad” y “esencialismo” ha sido el de hacer que la escritura académica de la historia sea casi tan esotérica y cerrada como la que caracteriza a los eruditos literarios. Esto es francamente malo, puesto que la historia es un esfuerzo que necesita un amplio número de lectores para justificarse a sí misma”. En consecuencia, los historiadores académicos han estado preocupados por asuntos de raza, sexo y multiculturalismo, dejando un vacío que ha sido ocupado con éxito por historiadores populares sin respaldo ni empleo académicos, tales como David McCullough, Walter Isaacson, Ron Chernow, Thomas Fleming y Stacy Schiff. Por supuesto, Wood no les menosprecia: “Barbara Tuchman me merece todos los respetos, y lo mismo e incluso más siento por su sucesor, por el historiador popular más importante del país, David McCullough”. Así pues, acoge con satisfacción su trabajo, no sólo por sus méritos, sino como antídoto a la estrecha y a menudo pesada historia ideológica que sale de las universidades, a menudo escrita con ese “lenguage especial que los críticos literarios utilizan ahora para marcar distancias con la estructura de poder y con el grueso común de los lectores ordinarios”, con su meta por aquí y su meta por allá.

Este período “tumultoso” comenzó, señala Wood, con la ola de agitación política que barrió los departamentos de humanidades en los años 60 y así sigue. Wood deplora esa deriva y declara haberse formado en otra escuela, bajo la influencia en Harvard de Bernard Bailyn, “el más inspirado de los historiadores”, a quién dedica el libro. Pero también estuvo en la brecha (en la Brown University, sobre todo) como profesor durante este período de cambio, siendo testigo de primera mano de todo ello.

Una de las modas que discute con acritud es el presentismo, permitir que las sensibilidades modernas se usen para colorear y controlar nuestra opinión del pasado. Reconoce que “los problemas y las presiones del presente deben ser un estímulo para nuestras incursiones en el pasado”, pues ” es natural que queramos descubrir las fuentes, los orígenes, de nuestras actuales circunstancias”. Pero lo actual no debe ser el criterio único. “Nuestras percepciones y explicaciones sobre el pasado no se deben forjar con las urgencias y los problemas de nuestro propio tiempo. Los mejores y más serios historiadores siempre lo han sabido, incluso cuando su impulso original para escribir historia procediera de un problema presente, acuciante. Ser capaz de ver a los actores del pasado de manera comprensiva, verlos en el contexto de su propio tiempo, describir su ceguera y locura con simpatía, reconocer el grado en el que fueron alcanzados por circunstancias cambiantes sobre las que tenían poco control, darnos cuenta hasta qué punto obtuvieron resultados que nunca se propusieron — saber todo eso sobre el pasado y poder relatarlo sin distorsión anacrónica con nuestro presente es lo que significada tener un sentido histórico”.

Así, Wood elogia el temperamento de James Burns MacGregor y lamenta el presentismo de su The Vineyard of Liberty, lo mismo que admira a Jill Lepore y rechaza los dictados del presente que habría en su The Name of War, etc. Los historiadores, dice, “buscan estudiar los acontecimientos del pasado no para hacer generalizaciones transhistoricas sobre la conducta humana, sino para entender esos acontecimientos tal como realmente ocurrieron, en todos sus contextos y circunstancias”.

La clave: “A diferencia de la sociología o de la ciencia política, la historia es una disciplina conservadora — conservadora, por supuesto, no en el sentido político contemporáneo sino en el sentido de inculcar escepticismo sobre la capacidad de la gente de manipular y de controlar con éxito sus propios destinos. Demostrando que los mejores planes acaban generalmente mal, el estudio de la historia tiende a refrenar el entusiasmo juvenil y a contener el espíritu de conquista del futuro que mucha gente tiene”.

En fin, la cosa es discutible, pero como ha señalado el académico Douglas Brinkley (Rice University) en Los Angeles Times, es bueno saber que hay alguien como Wood ahí fuera, ejerciendo de nuestro particular perro guardián, evaluando los cambios a largo plazo en nuestra profesión y esperando que el número total de lectores de nuestro gremio continúe creciendo.

N.B.: Resulta que hace poco Livres Hebdo señalaba algo, en parte, similar. Al parecer, los editores galos demandan a los historiadores que ajusten su escritura para llegar a un público más amplio, sobre todo porque los libros de historia (de ese tipo) se venden muy bien, bastante por encima de la media general, aunque la producción no sea muy alta.

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Roger Chartier: “La Bilioteca Universal”

Publicado por Anaclet Pons en Abril 25, 2008

Una vez más, Chartier habla sobre estos asuntos. Ahora en una entrevista para Clarín:

-El hombre ha soñado con la idea de hacer una biblioteca universal, que tenga todos los libros y manuscritos que existen ¿Con la era electrónica es posible pensar en esta utopía?

-Hay dos problemáticas. Por un lado el tema de la biblioteca universal, donde el hombre ha tenido la angustia, quizás desde la Edad Media, de la pérdida, esa idea que si faltasen algunos textos o libros, sería una herida para el progreso del conocimiento. De ahí se explica por qué se han buscado los manuscritos antiguos, por qué se han multiplicado los libros impresos, por qué se han creado clases de libros, catálogos, que tienen contenidos de las bibliotecas, nombres de títulos y autores. También se explica la construcción de bibliotecas que intentaban ser universales, portadoras de todo el conocimiento mundial. Ahora podemos pensar que esa angustia se ha trasladado a nuestros días y se piensa en la biblioteca electrónica, en la digitalización de libros y documentos, ante el temor de perderlos. Que haya una biblioteca universal de este tipo es una realidad posible, porque si se piensa que todos los libros que fueron publicados en forma impresa o todos los textos que existen en forma manuscrita pueden convertirse en textos electrónicos, no hay razón para pensar que puede haber límites.

-¿Junto a este deseo de compilar todo, convive el miedo al exceso?

-Es inquietante el tener en exceso, pero también es útil. Pienso en la obra de Borges Funes el memorioso donde la memoria aparece como paradisíaca para el pensamiento y a su vez un obstáculo para el saber. El gran desafío de la biblioteca universal digital es cumplir el deseo de la universalidad y a su vez convivir con la angustia del exceso.

-Hace algunos años escribió un artículo que generó algunas polémicas: “La muerte o transfiguración del lector”. Usted plantea una nueva concepción del lector a partir de la aparición del libro electrónico. ¿Qué es lo más importante de esta concepción?

-Es una problemática que comienza en el libro famoso de Marshall McLuhan La galaxia de Gutemberg donde decía que las imágenes iban a matar al texto impreso. También este tema lo encontramos en la sociología de la lectura, con el descenso de las prácticas de lectura, en especial dentro de los lectores más jóvenes. También es un problema tradicional planteado por los editores de libros que se quejan de la dificultad cada vez más grande para asegurar la difusión de los libros que publican.

-Ante esta nueva visión ¿qué cambios aparecen en el lector?

-Se puede empezar tomando esta idea según la cual las pantallas del presente no son pantallas de imágenes contra los textos, sino que son pantallas que conllevan la multiplicidad de ellos en una forma diferente, que no es más la del libro impreso y que pone al lector ante una nueva situación. Tal vez la más importante radica en la discontinuidad de la lectura frente a la pantalla y también la construcción sobre el monitor de la computadora de conjuntos textuales que son siempre personales, porque es el lector quien decide cómo se verá el texto, con qué tipografías y tamaño lo leerá. Además esto es muy efímero porque van a desaparecer una vez que el lector cambia su página o documento o lo cierra.

-Usted ha dicho que de alguna manera el libro todavía le lleva ventaja a la cultura cibernética. ¿Por qué?

-Lo que define a un libro es una producción intelectual, estética, práctica. Es un objeto particular que está inmediatamente diferenciado de otros objetos de la cultura escrita, como cartas, revistas o diarios. Lo que definió al libro fue esta unidad entre un sentido material y el sentido estético o intelectual. La lectura frente a la pantalla es fragmentada, segmentada y fragmentaria ya que todos los textos electrónicos, cualquiera sea su género, se vuelven como bancos de datos donde se extrae fragmentos sin remitir este fragmento a la totalidad de la cual está extraído. A partir de este momento se ve en el funcionamiento de los bancos de datos que la gente extrae información sin preocuparse de esta totalidad de donde vienen.

-Usted es un especialista en la historia del libro y los lectores. ¿Le parece curioso cuando es entrevistado por teléfono o por e-mail?

-Por un lado es claro que hoy en día hay muchas formas de comunicación, que no utilizan más la escritura, como por ejemplo una entrevista telefónica. Por otro la do también hay una nueva forma de inscripción de la escritura que no es más sobre papel, en la forma de libro, revista o diario, sino en una inscripción electrónica sobre una pantalla. Tenemos que pensar el papel de la escritura en un mundo diferente, en que la comunicación oral se desarrolla a través del teléfono, de la radio, la televisión y el cine. Hemos encontrado esta coexistencia entre las formas de comunicación y conocimiento fundadas ahora en las transmisiones orales y escritas.

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Los historiadores debaten (abiertamente)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 23, 2008

Hace ya unas cuantas semanas dimos cuenta de la reunión anual que celebraron los colegas americanos, con un amplio abanico de conferencias de la AHA y la OAH. Ha llegado el momento de revisar lo que allí se expuso y debatió. Pues bien, ya es público, pero no como suele ser habitual. ¿Saben ustedes cómo se han difundido aquellas sesiones? Puede que no lo crean, pero ha sido en Youtube. Hay que ver! Eso sí, el trabajo no lo han hecho esas asociaciones corporativas, sino Rick Shenkman para la mágnífica página History News Network. Un documento interesante y significativo (en muchos aspectos).

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Darnton y Perrot

Publicado por Anaclet Pons en Abril 22, 2008

Novedades de FCE

Tras haber presentado en 2006 El negocio de la Ilustración. Historia editorial de la Encyclopédie, 1775-1800, FCE nos obsequia con otro capítulo de la trilogía de Robert Darnton sobre el Antiguo Régimen francés: Los best sellers prohibidos en Francia antes de la revolución

¿Qué es lo que causa una revolución? ¿Por qué cambian los sistemas de valores? ¿Cómo influye la opinión pública en los acontecimientos?  Y  ¿qué leían los franceses en el siglo XVIII? Si la Revolución Francesa fue una revolución de ideas, ¿de dónde provenían esas ideas? No sólo de las obras clásicas de Rousseau y de Voltaire. Fueron más bien los Rousseaus du ruisseau [Rousseaus de alcantarilla] los que escribieron la literatura libertina que contribuyó a socavar los valores del Antiguo Régimen.  El volumen, además, incluye amplios fragmentos de tres de las más valiosas de estas obras: Thérèse filósofa, El año dos mil cuatrocientos cuarenta y Anécdotas sobre madame la condesa Du Barry

Michelle Perrot, Mi historia de las mujeres

Con el objeto de hacer visibles a las mujeres en el relato de la historia, M. Perrot indaga temas tales como las fuentes y las representaciones, el cuerpo, el alma, el trabajo y la profesión, las mujeres en la polis. Y lleva a cabo este recorrido con algunas preguntas constantes. ¿En qué cambian o cambiaron las relaciones entre los sexos a lo largo de estas fronteras? ¿Cómo evolucionó la diferencia entre los sexos? ¿A qué ritmo? ¿En torno a qué acontecimientos? ¿Cómo se modificó el reparto entre hombres y mujeres, sus identidades y su jerarquía?

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La teoría francesa en América

Publicado por Anaclet Pons en Abril 21, 2008

Éste es el título con el que Stanley Fish revisa en el New York Times el volumen de François Cusset  French Theory: How Foucault, Derrida, Deleuze, & Co. Transformed the Intellectual Life of the United States (University of Minnesota Press). El volumen no es desconocido entre nosotros (French Theory, Melusina, Barcelona, 2005), pero siempre es interesante leer lo que dice Fish,  autor de un celebrado artículo titulado “¿Hay un texto en esta clase?” (Elias Palti, ed., Giro lingüístico e historia intelectual. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1998).

Dice Fish que en algún momento de la década de los Ochenta estaba escuchando la radio y oyó que alguien hablaba sobre la película de Clint Eastwood ”Bronco Billy” (1980).  En el programa, el entrevistado señalaba que era un film interesante, en el que Eastwood deconstruía su imagen de “Harry el sucio”. Fish indica que aquélla fue la primera vez que se topó con ese verbo tan posmoderno.  Asi termina.

The result is the story Cusset tells about the past 40 years. A bunch of people threatening all kinds of subversion by means that couldn’t possibly produce it, and a bunch on the other side taking them at their word and waging cultural war. Not comedy, not tragedy, more like farce, but farce with consequences. Careers made and ruined, departments torn apart, writing programs turned into sensitivity seminars, political witch hunts, public opprobrium, ignorant media attacks, the whole ball of wax. Read it and laugh or read it and weep. I can hardly wait for the movie

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Historia Social (60)

Publicado por Anaclet Pons en Abril 19, 2008

Como en muchas otras ocasiones, la revista Historia Social (núm. 60) nos ofrece un interesante abanico de artículos. En esta ocasión son unas 250 páginas dedicadas a reflexionar desde diversas perspectivas sobre el estado de la historia social, con textos de algunos de nuestros colegas y otros tanto procedentes de traducciones:

- “Los pobres de Olwen Hufton, el pueblo de Richard Cobb y la noción de longue durée en la historiografía de la Revolución Francesa”, Colin Jones
- “Repensar la construcción socialista y la posterior trayectoria internacional del concepto feminismo burgués“, Marilyn J. Boxer
- “El dilema de Robinson y las tribulaciones de los historiadores sociales”, José Antonio Piqueras Arenas
- “Veinte años de historia social de la España moderna”, Ricardo García Cárcel
- “Pasado y presente de la guerra civil española”, Julián Casanova Ruiz
- “En estado frágil”, James S. Amelang
- “Algunas reflexiones sobre la circularidad cultural”, Peter Burke
- “La revisión de la tradición: prácticas y discurso en la nueva historia social”, Francisco A. Chacón
- “Lo social en la historia social”, Patrick Joyce
- “Historia social – un concepto relacional”, Jürgen Kocka
- “Acumulación y fragmentación”, Marcel van der Linden
- “Epistemología y mal humor en la historia de lo social”, Keith Nield
- “La historia social ente el dominio de la historia cultural: algunas reflexiones”, Xosé Manuel Núñez Seixas
- “La historia social y la coyuntura presente”, Bryan D. Palmer
- “La historia social en el diván del psicoanalista”, Javier Paniagua
- “Expansión y retos de la historia social”, Juan Sisinio Pérez Garzón
- “La vigencia de la historia social del mundo clásico: viejos y nuevos temas”, Domingo Plácido Suárez
- “Historia social”, Joan Sangster
- “¿Qué es hoy la historia social?”, Pat Thane
- “La historia social hoy”, Jorge Uría González
- “Tiempo de reaccionar”, Bernard Vincent

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Emili Giralt (1927-2008): In Memoriam

Publicado por Anaclet Pons en Abril 17, 2008

Destacado discípulo de Vicens Vives, Emili Giralt fue catedrático de Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad de Valencia (1965-1971) y en la de Barcelona (UB), a partir de 1971, donde dirigió además el Centre d’Estudis Històrics Internacionals. Fue también fundador y director del Centre d’Estudis d’Història Rural, así como de la revista Estudis d’Història Agrària. Director del Departamento de Historia Contemporánea de la UB y decano de su Facultad de Geografía y Historia, fue profesor de la Sorbona de París entre 1981 y 1983 y catedrático emérito de la UB.

Distintos periódicos se han hecho eco de su fallecimiento en el día de ayer. En El País lo ha hecho Joan Martí i Castell, quien fuera primer Rector de la Universidad Rovira Virgili y que es presidente de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans, entidad que Giralt comandó entre 1987 y 1995. En La Vanguardia se han ocupado en sendos textos Rosa Maria Piñol y Josep Maria Castellet.

Como homenaje, entre otros, queda la edición que Manuel Ardit Lucas hiciera en 2002 para la Universitat de València (PUV): Empresaris, nobles i vinyaters: 50 anys de recerca històrica. El volumen incluye catorce textos de Giralt en torno a lo que fueron sus preocupaciones fundamentales, la historia agraria y social, recopilados con motivo de la concesión del doctorado honoris causa en Valencia. Se acompaña, además, de la lectio del propio Giralt, de la laudatio del desaparecido historiador Alfons Cucó y de las palabras de cierre pronunciadas por el Rector y colega de ambos Pedro Ruiz Torres.

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