La historia de otomanos y turcos

Hace pocas fechas desaparecía Gilles Veinstein, titular de la cátedra de historia turca y otomana  en el Collège de France y uno de los mejores conocedores del tema en tierras francesas. Y el azar ha querido que, casi al unísono, la editorial Tallandier publicara el volumen Histoire de la Turquie: De l’empire à nos jours, de Hamit Bozarslan. Sin tiempo quizá para conectar ambos acontecimientos, Tigrane Yegavian escribe para nonfiction una breve reseña titulada “L’Histoire turque écrite au pluriel”, que dice así:

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Hamit Bozarslan es un francés de origen kurdo criado en Turquía, y este no es su primer estudio sobre el tema. Reivindicándose como miembro de una “escuela disidente”, la de Halil Berktay o Taner Akçam, nos da las claves que permiten una mejor comprensión en su conjunto de la formación, la naturaleza y la evolución histórica del Imperio Otomano -teniendo en cuenta sus territorios de Europa al Cáucaso y de Oriente Medio al norte de África- en la Turquía contemporánea. Curiosamente, el autor sugiere que la revolución de los Jóvenes Turcos de 1908 es un punto de inflexión entre dos secuencias históricas de la historia moderna turca, relativizando toda voluntad de ruptura introducida por Mustafa Kemal Atatürk frente al orden anterior.

Hamit Bozarslan capta la historia de la Turquía moderna a través del prisma de la sociología histórica, a saber: el análisis de los hechos sociales, religiosos y políticos, abordando también las influencias cruzadas que han dado forma a este país en el ámbito cultural, geográfico y político. Tras destacar la fuerza cívica de las corrientes intelectuales antinacionalistas (como la corriente de los “Jóvenes otomanos”), que existieron en el ocaso del Imperio Otomano, el autor se centra en el proceso que condujo a la dominación hegemónica del nacionalismo unionista  (ittihadista). Lejos de ignorar las páginas oscuras de la historia turca, Bozarslan ofrece una revisión crítica sobre las causas y el curso del genocidio armenio perpetrado por el gobierno unionista, así como la destrucción de la región kurdo-alevi del Dersim por su descendencia kemalista. El proceso genocida que, a su juicio, llevó al exterminio de los armenios otomanos se explica a la luz de los conceptos de “selección natural” y  “darwinismo social” -ese postulado del siglo XIX según el cual la lucha entre los hombres por la vida es el estado natural de las relaciones sociales.

A través de esta historia de gran actualidad, nos sumergimos en el mundo intelectual, ideológico y psicológicoslo de los actores políticos, primero otomanos y luego turcos. De la misma manera, los vínculos ambiguos alimentados de admiración y odio entre los líderes del movimiento de los Jóvenes Turcos y los partidos revolucionarios armenios están sujetos a un análisis muy pertinente, sobre todo para poner de relieve las divisiones políticas. En ese aspecto, el autor muestra cómo la fractura entre las corrientes nacionalistas turcas y los comités revolucionarios cristianos de Anatolia y de los Balcanes eran de naturaleza ideológica; las primeras, influenciadas por las ideologías de las derechas nacionalistas europeas y, los segundos (armenios, búlgaros, macedonios), reivindicando su filiación respecto al pensamiento progresista surgido de los movimientos socialistas y marxistas en boga en el viejo Continente.

El autor, que ha trabajado con una amplia bibliografía, con textos turcos y extranjeros, combinando distintas orientaciones, se presenta como intérprete de una nueva generación de jóvenes historiadores turcos animada por una preocupación por la inteligibilidad en el tratamiento de cada período estudiado. Esta empresa ha sido posible al basarse en conceptos tales como la economía, el estado, el espacio político, la sociedad, la cultura, la política, las comunidades y las minorías.

Para Bozarslan si el “centro” político turco ha logrado imponer su cultura, administración y una cierta homogeneidad, estas dinámicas se han enfrentado y siguen enfrentándose a una fragmentación de tipo confesional, étnico, político y territorial. procederá aquí hablar de las líneas de fractura que corren a través de los sucesivos regímenes (unionista, kemalista y pos-kemalista), divididos entre la sacralización de una identidad estatal y la imposibilidad de “hacer sociedad”.

En este didáctico estudio -que sería leído como un libro de texto- y para un público amplio, Hamit Bozarslan hace un alegato en favor de una verdadera democracia en Turquía, capaz de detener la nueva ola de protestas radicales, apelando a unos deseos de reconciliación y la paz civil. En eso, el autor señala el fracaso unanimista el pasado como una condición previa para el reconocimiento de la legitimidad del pluralismo étnico, político, confesional y de “civilización”, así como la angustia que se expresa en el espacio público hoy (irredentismo kurdo, negación del genocidio armenio …)

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