E.P. Thompson: La Formación… cumple cincuenta años

Emma Griffin, autora del inminente Liberty’s Dawn: A People’s History of the Industrial Revolution (Yale UP), publica en The Guardian un texto de homenaje a E.P. Thompson:  “EP Thompson: the unconventional historian”, sobre los cincuenta años de The Making…, conocido ahora entre nosotros como La formación de la clase obrera en Inglaterra y recientemente reeditado (Capitan Swing).

En efecto, a lo largo del año se celebrarán varios actos con motivo de este cincuenta aniversario, en particular la conferencia que el 13 de abril organizan el People’s History Museum y la Working Class Movement Library, amén del congreso que coordina Antoinette Burton en Illinois para noviembre y del volumen especial que prepara la History Workshop Journal sobre “The Making at Fifty”. Dicho lo cual, así se expresa la citada Emma Griffin:

Making 1963

Hace cincuenta años, un oscuro historiador que trabajaba en el departamento de Extensión Universitaria de la Universidad de Leeds entregó un manuscrito, fuera de plazo y con una extensión superior a la acordada, a Victor Gollancz -una editorial especializada entonces en la no ficción socialista e internacionalista. Nadie podía haber previsto la recepción del libro.  The Making of the English Working Class se convirtió en un gran éxito comercial y de crítica. La demanda de este tocho de 800 páginas puede calificarse de excepcional. En 1968, Pelican Books compró los derechos de The Making y publicó una versión revisada del libro como número mil de su colección. En menos de una década, había tenido cinco reimpresiones. Cincuenta años después, sigue estando editorialmente vivo y es ampliamente reconocido como una obra canónica de la historia social.

thompson pelican

No fue el primer libro de Thompson. Una historia de William Morris había aparecido en 1955, recibida con la indiferencia que es el destino habitual de la mayoría de las monografías académicas. Tras The Making vino Whigs & Hunters, un libro sobre las Black Acts -la notoria legislación georgiana que criminalizaba no solo matar venados, sino cualquier actividad sospechosa que pudiera insinuar esa intención. Esto fue seguido por una serie de vívidos ensayos sobre temas diversos, incluyendo el tiempo y el capitalismo industrial, los motines de subsistencias y las ventas de esposas (sí, en el siglo XVIII, los hombres llevaban a sus esposas al mercado y las “vendían”). Una y otra vez, Thompson demostró ser capaz de asumir nuevos objetos y de revisar los viejos con formas nuevas, creando un trabajo que era original y que fue enormemente influyente.

Whigs-Hunters

Y, sin embargo, Thompson nunca fue un historiador convencional. Sus muchos años en Leeds no los pasó en el departamento de historia, sino que los dedicó a la educación de adultos. Su estancia en la recién creada Universidad de Warwick fue breve: renunció apenas seis años después de asumir la plaza, disgustado por el giro comercial que estaba tomando. Siendo como era un hombre de letras, su renuncia fue acompañada de un extenso panfleto en el que resumía sus objeciones intelectuales. El resto de su vida se dedicó a diversas causas políticas. Thompson fue miembro activo del Partido Comunista en los años 40 y 50, y fundador del Grupo de Historiadores Comunistas Británicos en 1946. Formó parte del masivo éxodo del Partido ocurrido en la década de 1950, tras la invasión soviética de Hungría, pero se mantuvo estrechamente vinculado con distintos movimientos de izquierda. A finales de la década de 1970, Thompson estaba jugando un papel clave, como organizador incansable y mascarón de proa intelectual, en el naciente movimiento por la paz, una causa a la que permaneció dedicado hasta su muerte, en 1993. Era una vida de activismo nada menos que de la erudición.

origenesleynegra

Sin embargo, The Making sigue estando por encima, con ese prefacio en el que de forma tan memorable espone la intención del libro [y que no me resistó a ampliar un poco más de lo reproducido en la reseña]:

Me propongo rescatar al humilde tejedor de medias y calcetines, al jornalero ludita, al obrero de los más anticuados telares, al artesano utopista y hasta al frustrado seguidor de Joanna Southcott, rescatarlos de una posteridad demasiado condescendiente. Acaso sus oficios y tradiciones estaban destinados a desaparecer irremediablemente. También es posible que su hostilidad hacia el nuevo industrialismo fuese una actitud retrasada y retrógrada, sus ideales humanitarios puras fantasías y sus conspiraciones revolucionarias pretensiones infantiles. Pero ellos vivieron aquellos tiempos de agudo trastorno social, y nosotros no. Sus aspiraciones fueron válidas a la luz de su propia experiencia. Realmente, cayeron víctimas de la historia, pero, ya condenados en vida, aún permanecen como víctimas. No deberíamos tener como único criterio de juicio el que las acciones de un hombre se justifican o no a la luz de lo que ha ocurrido después.

El estaturo mítico del libro no nos debe distraer de la pura originalidad de la obra. En 1963, los tejedores y artesanos no eran materia de los libros de historia. Los historiadores sociales pioneros habían estado estudiando a los trabajadores desde principios del siglo XX, pero el foco se ponía en lo tangible, en lo mensurable, en lo “significativo” – salarios, condiciones de vida, sindicatos, huelgas, cartistas. Thompson se refirió a los sindicatos y a los salarios reales, por supuesto, pero la mayor parte del libro la dedicó a algo a lo que él se refería como “experiencia”.

formacion

A través de un examen paciente y amplio de los archivos locales y nacionales, Thompson había descubierto detalles sobre las costumbres y los rituales de los talleres, conspiraciones fracasadas, cartas amenazadoras, canciones populares, sindicales y tarjetas de asociaciones de trabajadores. Tomó lo que otros habían considerado como restos de archivo y los interrogó preguntándose por lo que nos decían sobre  las creencias y objetivos de los que no estaban en el lado ganador. Era aquel, pues, un libro que divagaba sobre aspectos de la experiencia humana que nunca antes habían tenido su historiador. Y el momento de su aparición difícilmente podría haber sido más afortunado. La década de 1960 vivió la agitación y la expansión sin precedentes en el sector universitario, con la creación de nuevas universidades llenas de profesores y estudiantes cuyas familias no habían tenido acceso  al mundo tradicionalmente privilegiado de la educación superior. No es de extrañar, pues, que tantos sintieran una afinidad natural con los outsiders y desamparados de Thompson.

Y había algo más. Recorriendo The Making había una ardiente indignación sobre la explotación económica y un sólido comentario sobre sus tiempos capitalistas. Thompson rechazó la noción de que el capitalismo fuera intrínsecamente superior al modelo alternativo de organización económica al que sustituyó. Se negaba a aceptar que los artesanos hubieran quedado obsoletos, o que su angustia fuera una adaptación dolorosa pero necesaria a la economía de mercado. Fue un planteamiento que resonó ampliamente en la década de 1960, cuando los intelectuales marxistas todavía podían creer que existía una alternativa real al capitalismo, cuando todavía podían argumentar que el “verdadero” marxismo no había sido correctamente juzgado.

formacionClaseObrera

Aparecido en el apogeo de la tradición académica marxista, el marco político de The Making está en el corazón del éxito del libro. Quizás su mayor logro, sin embargo, sea cómo ha conseguido capear la posterior caída en desgracia del marxismo académico. En la década de 1980, la historia marxista ya no ocupaba un lugar importante en los departamentos de historia. Ha estado a la defensiva desde entonces. Repasando la disputa entre Thompson y el filósofo polaco Leszek Kolakowski -que, después de vivir durante años bajo el comunismo, había tenido la osadía de abandonar la bandera marxista- Tony Judt observó: “Nadie que lo lea se tomará nunca en serio a EP Thompson”. Y, sin embargo, seguimos teniendo que tomarnos en serio a Thompson. Más que cualquier otro de sus libros, The Making continúa deleitando e inspirando a nuevos lectores. Por supuesto, la investigación de Thompson fue parcial y estaba impulsada por su política. Sin embargo, la originalidad, el vigor y la iconoclastia de su libro lo hacen perdurar.

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