Panteras negras: luchando contra el Imperio

Si no andamos desencaminados, uno de los buenos libros del año es el de Joshua Bloom y Waldo E. Martin Jr., cuyo título es Black against Empire. The History and Politics of the Black Panther Party (UC Press).  Es difícil apreciar desde aquí un asunto de este calibre, muy alejado de lo que fue la realidad española o europea de aquellos años. Para el público americano, en cambio, el asunto es muy cercano y su interés obvio. De ello han dado cuenta distintos medios y críticos, como el historiador Jeremy Kuzmarov para HNN o el escritor Cord Jefferson para Bookforum. Mucho más breve y circunspecta es la reseña de Jonah Raskin para el SF Chronicle:

Black against Empire

Joshua Bloom y Waldo E. Martin Jr., los autores de Black against Empire -su cuidadosa investigación sobre las Panteras Negras- no se basan en recuerdos de Bobby Seale o Huey Newton, a quien Eldridge Cleaver, ministro de información de los Panther, describió como el afroamericano “más malo” que jamas haya “entrado en la historia”.

Bloom, un sociólogo de la UCLA, es demasiado joven para recordar a los Panthers, y los recuerdos de Martin, profesor de historia en la Universidad de California en Berkeley, estaban en la bahía. Eso es bueno. Si los recuerdos se interponen en el camino de la historia, y para Bloom y Martin significa poner las fuentes ante todo, se regodean en la nostalgia.

Su libro es un bienvenido añadido a la literatura sobre la organización nacida en Oakland, un grupo que se propagó por todo el país como un reguero de pólvora a raíz del asesinato de Martin Luther King Jr. en abril de 1968 y que cambió la conciencia de los afroamericanos.

Black against Empire pertenece a la tercera ola de trabajos sobre las Panteras, que incluye Survival Pending Revolution (2007) de Paul Alkebulan. La primera ola se jactó con las bravuconadas que eran los propios libros de los Panthers: el oportuno Seize the Time de Seale, la obsesión con la muerte de Newton en To Die for the People y Revolutionary Suicide, así como Soul on Ice de Cleaver, que anunció la llegada de los jóvenes radicales blancos que se decían a sí mismos feroces partidarios de Cleaver.

En la segunda ola, autores como Hugh Pearson (In the Shadow of the Panther, 1994) arremetieron contra los Panthers. La periodista de Berkeley Kate Coleman los retrató como unos delincuentes comunes en artículos para revistas sensacionalistas.

Black against Empire enfatiza el papel de los Panthers como genuinos revolucionarios maoístas. Resta importancia a sus incursiones en el crimen, aunque no pasa por alto del todo las mismas. Bloom y Martin señalan que cuando Newton era estudiante en el Merritt College de Oakland “cubría sus gastos mediante el robo y el fraude”. Más información sobre la naturaleza del robo y el fraude sería de ayuda.

Los autores captan lo esencial de la ideología Panther que enmarcaba el mundo como un campo de batalla entre las potencias imperiales, como los Estados Unidos, y los territorios colonizados. A los ojos de los Panthers, explican Bloom y  Martin, las comunidades negras de los Estados Unidos estaban ocupadas por la policía y clamaban por la liberación.

Casi al final de su libro, escriben que los Panthers “nunca organizaron directamente una guerra de guerrillas”, aunque también dicen que los Panthers practicaban la “autodefensa armada” y abogaban por la “resistencia armada”.

Posaron para los fotógrafos con armas de fuego en las escalinatas del Capitolio en Sacramento, e invitaron a los ciudadanos de los guetos negros a “off the pig”, en la jerga de la época. Pero nunca crearon un ejército clandestino para matar sistemáticamente a los policías, derrocar a las avanzadas del colonialismo y liberar a la América negra.

Bloom y Martin cuentan su historia cronológica y geográficamente. Comienzan en Oakland y se mueven con destreza por todo el país, parando en ciudades con dinámica BPP, a las que dedican sus capítulos: San Francisco, Los Ángeles, Chicago, Nueva York y Filadelfia.

Siguen los ataques legales y extralegales del FBI contra el partido, mostrando el papel central de la mujer, como Elaine Brown, y rastreando la influencia del periódico de la organización, Black Panther, con sus ilustraciones espeluznantes del artista Emory Douglas y su retórica revolucionaria que tanto hizo por los Panthers. Con demasiada frecuencia, los mismos autores utilizan esa misma retórica.

En su conclusión, invocan al marxista italiano Antonio Gramsci para explicar el repentino auge y la igualmente repentina caída de los Panthers. Pero la teoría de Gramsci parece demasiado poco y demasiado tarde.

El libro ofrece abundantes fechas y hechos, pero no suficiente interpretación. En las excelentes y sintéticas biografías de las Panteras que salpican Black against Empire, Bloom y Martin señalan que Newton nació en Louisiana, Cleaver en Arkansas, su esposa, Kathleen, en Alabama, Seale en Texas y Hilliard en Alabama.

También escriben que Hilliard que vio a los Panthers como una “familia extensa” que se construyó sobre las “tradiciones comunales que había experimentado en el Sur rural negro”. Me gustaría que hubieran dicho algo más sobre la influencia de las zonas rurales del sur negro en Hilliard, Cleaver y Newton, que se hacía llamar el “Siervo Supremo del Pueblo” y que fue asesinado a tiros en Oakland, no muy lejos del lugar de nacimiento de la organización que ardió brevemente con su propia llama brillante.