Historia, archivos y transparencia

No ha mucho tiempo, la Asociación de Historia Contemporánea hacía público un documento sobre la situación de algunos archivos en España, señalando:

A diferencia de lo ocurrido en otros países europeos que han sufrido largos periodos de dictadura, en España, pasados ya más de treinta años desde la instauración de la democracia, el acceso a la documentación pública de esa etapa histórica todavía sufre grandes restricciones. No deja de ser significativo que España sea el más importante de los escasos países que, en la Europa Occidental, no han aprobado una ley de Transparencia, no respetándose las recomendaciones del Consejo de Europa sobre acceso a los documentos públicos y archivos. Al margen de que los ciudadanos ven limitados sus derechos, la inexistencia de una ley de archivos –o, como mínimo, de una reglamentación precisa que garantice el acceso a la documentación- ha derivado en una serie de obstáculos, en ocasiones insalvables, que afectan particularmente a los historiadores que investigan sobre las etapas más recientes de nuestra historia: guerra civil, franquismo e historia actual. Es más: las dificultades que deben superar estos investigadores para realizar su trabajo no tan solo no han disminuido en los últimos años sino que, con frecuencia, están aumentado.

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Más aún. El profesor Carlos Sanz alertada el pasado mayo de un caso emblemático, el del Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, cuya opacidad se justifica al amparo del acuerdo que el Consejo de Ministros aprobó el 15 de octubre de 2010 (no publicado en el BOE), según el cual se extendía “la clasificación de secreto y reservado a prácticamente todos los aspectos de las relaciones internacionales y la política exterior de España, sin limitación temporal alguna, de acuerdo con la Ley de Secretos Oficiales del franquismo, todavía vigente (Ley 9/1968, de 5 de abril, modificada por lal Ley 48/1978, de 7 de octubre)”.

Y, en fin, nada parece haber cambiado en este punto, sobre el cual remito al artículo firmado por dicho profesor y por su colega Antonio Niño: “Los archivos, la intimidad de las personas y los secretos de Estado“.

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Así pues, para verguenza y oprobio de otros muchos paises que se dicen democráticos -y, entre ellos, con especial mención, el nuestro- los hay que ponen al servicio de sus ciudadanos buena parte de los documentos que generan, con la debida y prudente distancia temporal. Los EE.UU. están entre aquellos y dan ejemplo, con notable rendimiento para los historiadores. Veamos la breve nota que publica Government Executive:

“El Centro Nacional de Desclasificación, un organismo gubernamental creado hace  tres años,  ha completado su tarea de evaluar un bloque de 361 millones de páginas de documentos clasificados para determinar cuáles pueden ser liberados al público (…). En su sexto informe semestral, el centro, que el presidente Obama estableció por decreto-ley en enero de 2010 para coordinar todas las agencias y aumentar la transparencia, señala que el proceso de evaluación completado hasta la fecha ha dado lugar a la liberación o reclasificación de 90 millones de páginas históricas.

Un lote de documentos, por ejemplo, remite a la largamente  polémica masacre de Katyn de 1940, en la que fueron ejecutados miles de oficiales militares polacos. Los historiadores han estado años discutiendo sobre si los responsables eran los alemanes o los soviéticos, hasta que el consenso se decantó por estos últimos.

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“Para alcanzar ese hito”, dijo la directora del NDC Sheryl Shenberger, “nuestro personal hizo voluntariamente horas extras, descifrando notas antiguas, a veces casi indescifrables, en carpetas de proyectos; abriendo cajas polvorientas; analizando su contenido para ver su potencial equidad y los problemas de control de calidad;  evaluando escrupulosamente todos los datos significativos.

El proceso completo, que abarca documentos de más de 25 años, terminará el 31 de diciembre de 2013. Parte de la demora, que afecta a 100 millones de páginas, está relacionada con la información sensible sobre armas nucleares. En un comunicado de prensa, el NDC dijo que está mejorando su captura de datos y los  análisis métricos, identificando cuellos de botella en el proceso y compilando  mejores estadísticas sobre producción”.

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Por supuesto, no es oro todo lo que reluce, pero al menos algo reluce y entre esos brillos también hay oro. En fin, para los menos dispuestos a abrir sus archivos, una dedicatoria:

El secreto ocupa la misma médula del poder… El detentador del poder, que de él se vale, lo conoce bien y sabe apreciarlo muy bien según su importancia en cada caso. Sabe qué acechar, cuándo quiere alcanzar algo, y sabe a cuál de sus ayudantes debe emplear para el acecho. Tiene muchos secretos, ya que es mucho lo que desea, y los combina en un sistema en el que se preservan recíprocamente. A uno le confía tal cosa, a otro tal otra y se encarga de que nunca haya comunicación entre ambos… Todo aquel que sabe algo es vigilado por otro, el cual, sin embargo, jamás se entera de qué es en realidad lo que está vigilando en el otro. … Así, el soberano siempre está al corriente de la fiabilidad de los recipientes en que ha depositado sus secretos, de su seguridad, y está en condiciones de apreciar cuál de esos recipientes está tan lleno que podría desbordar. De todo el sistema de secretos sólo él tiene la llave…”. Elías Canneti, Masa y poder.