La ira del Capital: neoliberalismo y cambio climático

El arte, la filosofía y la ciencia política se entremezclan en la obra y los intereses de Adrian Parr, profesora de la University of Cincinnati. Su último libro, publicado por Columbia, muestra parte de esas preocupaciones: The Wrath of Capital: Neoliberalism and Climate Change Politics. Veamos un fragmento inicial de la introducción:

Wrath of Capital

Una leyenda que data de la Praga del siglo XVI habla de un violento conflicto entre un hombre y su creación. La historia comienza con el rabino de Praga, Judah Loew (1525-1609), a quien en un sueño se le instruye para crear un golem con el que proteger a su pueblo de un libelo de sangre. Bajando a las orillas fangosas del río Moldava, el rabino y sus dos ayudantes crean una forma humanoide compuesta de tierra, fuego, agua y aire, insuflando vida a la figura de barro. El golem lanzará el libelo de sangre a la papelera de la historia, y con ello la civilización podrá avanzar en paz y armonía. Pero la titánica criatura de músculos de barro se vuelve cada vez más independiente, inmanejable y dañina, codiciando asir firmemente la ciudad bajo sus puños, aterrorizando a todo el mundo.

El rabino intenta cooperar con la criatura con la esperanza de que, demostrando su amor por el Golem, se vuelva más autoreflexivo, sea capaz de distinguir entre el cuidado y la destrucción indiscriminada. Desafortunadamente, cada día que pasa el Golem se hace cada vez más intransigente y dañino, lo que le plantea al rabino un problema aparentemente inmanejable. Aunque protege de los ataques al pueblo del rabino, lo aniquila todo a su paso. Agotado por la situación y por los crecientes desperfectos, el rabino se ve obligado a actuar. Por doloroso que sea, devuelve  a la tierra a la criatura a la que le había dado la existencia.

La fábula ofrece una perspectiva interesante sobre la libertad y la autonomía. El Golem carece de libertad: es el rabino el que le da vida y el que le sentencia a muerte. Sin embargo, al retornar la criatura a la tierra, el rabino hace al Golem responsable de la destrucción que obró a pesar de no ser libre. Esta es la premisa básica de este libro. No somos libres, pero somos autónomos. Estamos limitados por las circunstancias históricas en las que nacemos, junto con las instituciones y estructuras que nos contienen. Sin embargo, todos y cada uno de nosotros también participamos y con ello confirmamos la legitimidad de las instituciones y estructuras mismas que nos dominan, junto con la violencia que sustentan. De esta manera, somos a la vez el rabino creador y la criatura creada. En la medida en que estamos socialmente constituidos, estamos limitados por las fuerzas históricas e institucionales que nos construyen. Como agentes políticos, nos damos cuenta de nuestra autonomía en tanto interrumpimos y cuestionamos las condiciones históricas e institucionales que regulan y organizan los marcos de referencia a través de los cuales podemos pensar y actuar. Esta estructura de ruptura y continuidad es la  narrativa moderna par excellence.

Fredric Jameson resume claramente la condición narrativa de la modernidad como la dialéctica entre la modalidad de ruptura que inaugura un nuevo período y la definición a su vez de este nuevo período por la continuidad. El resultado irónico, como describo en las páginas que siguen, es que a pesar  de la categoría narrativa que conduce el cambio en el mundo moderno, todo continúa siendo lo mismo, tal vez porque lo que esta narración produce es una cepa virulenta de amnesia. Todo cambio o ruptura histórica contiene en su interior la estructura narrativa dialéctica de la modernidad, de modo que la Nueva y el período cuya existencia engedra son simples rituales. Lo que persiste es el estado de violencia incorporado en el capitalismo neoliberal,  que nos priva a todos y cada uno de nosotros (otras especies y ecosistemas incluidos)  de un futuro.

La narrativa de la modernidad y el sentimiento optimista de la novedad que genera no son más que una distracción. Distracciones tales como la descarbonización de la economía de libre mercado, la compra de derechos de emisión de carbono, la entrega de anticonceptivos a las mujeres pobres de los países en desarrollo, el consumo de agua del grifo en lugar de agua embotellada, el cambio de hábitos alimenticios personales, la instalación de cubiertas verdes en ayuntamientos, y las manifestaciones de indignación moral ante British Petroleum (BP) por el derrame de petróleo en el Golfo de México, aunque bien intencionadas, no son más que un síntoma de la inutilidad de las “soluciones” del libre mercado al cambio medioambiental. De hecho, tan amplia  distracción acaba llevando a la negación.

Con la proclamación del siglo XXI como la era del cambio climático, el caballo de Troya de la reestructuración neoliberal entró en la arena política de las conversaciones y la política sobre el cambio climático, apareciendo una cepa más virulenta de la acumulación de capital. Por esta razón, los delegados de los países africanos, con el apoyo del Grupo de los 77 (países en desarrollo), se retiraron de las conversaciones de 2009 de las Naciones Unidas sobre el clima (ONU) en Copenhague, acusando a los países ricos de hacerse los remolones sobre la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) y de destruir el mecanismo a través del cual se puede lograr esta reducción, el Protocolo de Kyoto. En ausencia de un acuerdo internacional vinculante sobre reducción de emisiones, todas las acciones individuales para reducir las emisiones -un impuesto fijo global sobre la emisión de carbono, reciclaje, coches híbridos, compensaciones de carbono, unos paneles solares aquí y allá, y así sucesivamente- son mero teatro.

En este libro, argumento que respaldar los grandes cambios ambientales que ocurren en todo el mundo, de los cuales el cambio climático es un factor importante, es una invariable condición socioeconómica (capitalismo neoliberal), y la magnitud de esta situación es la de una crisis política. Así, a riesgo de extender mi licencia literaria demasiado lejos, es justo decir que la raza humana está en el centro de un momento histórico trascendental. Los glaciares de los Himalayas, los Andes, las Montañas Rocosas y los Alpes están retrocediendo. El impacto social del cambio ambiental ya es agudo, con la Organización Internacional para las Migraciones prediciendo que habrá aproximadamente doscientos millones de refugiados ambientales para el año 2050, con estimaciones que los elevan a mil millones. Estamos justamente  entre la necesidad de transformar radicalmente la forma en que vivimos y la mera extinción.

(…)

El cambio medioambiental expone problemas inherentes al orden político moderno y presenta ese orden en crisis. Aunque este libro tiene mucho que ver con el fracaso de la política para producir opciones políticas equitativas en respuesta a los cambios medioambientales, es también un intento de romper el edificio político dominante para captar las estructuras y condiciones que limitan la aparición de una alternativa viable. El pensamiento y la praxis habituales tienen que ser reemplazados por una imaginación más utópica, que inyecte desobediencia al orden político institucionalizado.

Las preocupaciones filosóficas que impulsan mi análisis son la falta de imaginación, la pobreza de la política, la naturaleza del cambio y el significado de la vida en la ausencia de un futuro. Sugiero que esta crisis política se refiere a la relación distante entre imaginación utópica (futuros ideales) y malestar social (presentes reales y pasados​​), así como, lo que es más importante, los nuevos acuerdos colectivos que la imaginación utópica y el malestar social crean cuando se aproximan entre sí.

Con todo, mi tesis es que importa quién reclama la propiedad del discurso y de la política en torno al cambio medioambiental y climático y cómo lo hace. Una lección política importante que podemos rescatar del fracaso de Kyoto y de las diversas negociaciones internacionales sobre el cambio climático durante las últimas décadas es que, si al poder económico se le permite continuar monopolizando el significado de los cambios ambientales, el desacuerdo y la desobediencia, las condiciones y aspiraciones colectivas presentes pierden su relevancia.