El hambre maoísta: El Gran Salto Adelante

Una de las novedades del pasado año fue sin duda el libro de Yang Jisheng sobre el Gran Salto Adelante y sus trágicas secuelas.  Dicen que, cuando apareció publicado en 2008, en Hong Kong, los ejemplares se apilaban unos encima de otros en las librerías, como si fueran viejas guías telefónicas, acaso porque a su intimidante extensión (más de mil páginas) se unía la gravedad de lo que contaba.

El libro, por fin, se ha traducido y por partida triple : Tombstone: The Great Chinese Famine, 1958-1962 (Farrar, Straus and Giroux), Stèles. La grande famine en Chine, 1958-1961 (Seuil) y Grabstein – Mùbei Die große chinesische Hungerkatastrophe, 1958-1962 (Beck), aunque todas en versión reducida, pues ocupan poco más de la mitad del original.

Para calibrar su contenido, nos quedamos con la reseña de Julie Clarini para Le Monde:

Algunas páginas del libro de Yang Jisheng nos hacen pensar en el silencio de una muerte por ahogamiento. En China, entre 1958 y 1962, “decenas de millones de personas desaparecieron sin hacer ruido, sin un suspiro, entre indiferencia o la estupidez”, como si un vasto bloque de tierra y sus habitantes se hubieran hundido en las profundidades. Sin embargo, no fue un desastre natural ni una guerra lo que causó la matanza y dejó a los superevivientes demacrados, ocupados únicamente en prolongar su vida, sino el hambre, un hambre increíble causada por decisiones políticas aberrantes.

Con el fin de rendir a estos desaparecidos el homenaje del que fueron privados, y que aún hoy les es escamoteado por un régimen que no ha asumido su responsabilidad, el experiodista de la agencia Xinhua News, Yang Jisheng, de 62 años, ha llevado a cabo una amplia investigación durante trece años. Movido por una exigencia tanto intelectual como personal (su padre murió de inanición en 1959),  llevó a cabo este paciente trabajo con la complicidad de miríadas de archiveros en todas las ciudades de la provincia donde fue y de donde requirió información. En total, 1200 páginas.

Crónica del cataclismo iniciado por Mao con la política del Gran Salto Adelante, Stèles, traducido al francés en versión abreviada, es impulsado por ese deseo constante de exhaustividad que caracteriza las empresas memoriales. Es asimismo la consignación minuciosa de una historia loca y repetitiva, de una total desconexión entre retórica y realidad. Para entenderla,  Yang Jisheng de nuevo regresa a las “comunas populares” que sustituyen, a partir de 1958, a las cooperativas, y cuya aplicación conduce al completo despojo de los campesinos: sartenes y taburetes son requisados ​​-igualmente los animales de corral; la producción familiar ya no se tolera. Las comidas se distribuyen en los comedores gratuitos que se definen como “la punta de la lucha de clases en las zonas rurales”. En pocos meses, la productividad se reduce considerablemente. Y todo descarrila: un mal viento se levanta, el “viento de la exageración”, como se le designará,  que envuelve al país en un círculo vicioso de mentiras. Por temor de desagradar a su superior, se exageran los rendimientos y se agarndan las proyecciones, a todos los niveles. La prensa habla de milagros. ¿Tal o cual pueblo ha superado la rentabilidad esperada? Es que siempre es posible mejorar, y ese resultado se convierte en la norma a superar en una carrera sin fin.

Desde 1959, cuando se incrementa la presión política, se les arrebata todo el grano a los campesinos, incluidas las semillas, y cuando no tienen nada, se les acusa de ocultarlo. En Huaidian, en el distrito de Guangshan (región de Henan), al final de la campaña contra el “ocultamiento de la producción”, “no quedaba grano en ninguna parte, y la gente comenzó a morir de hambre en masa. La comuna tenía entonces 26,691 habitantes. Entre septiembre de 1959 y junio de 1960, hubo 12.134 muertes, un tercio de la población”. En todas partes, y durante meses, se repitió el mismo patrón: los funcionarios locales enviaban información incorrecta, aplicaban directrices que sabían insensatas, mientras ante sus ojos se instalaba el hambre. Tanto es así que en el pico de la hambruna, el gobierno chino conserva decenas de  millones de toneladas de cereales en sus graneros y mantiene sus exportaciones! Al límite de la farsa, pero una farsa sórdida con su cuota de terror: miles de actos de canibalismo quedan registrados en los archivos locales, gestos la supervivencia a veces irrisorios ya que el hambre deja los cadáveres demacrados.

Al mismo tiempo, en agosto de 1958, la Academia de Ciencias de la China confía a seis laboratorios la tarea de resolver un problema, trágicamente absurdo, planteado por Mao durante una visita a Hebei: ¿qué es lo que haremos cuando tengamos demasiado trigo? Menos de un año después, los colaboradores que participan en el programa, enloquecidos por el hambre, se vuelven hacia el estudio de los sustitutos alimentarios. En noviembre de 1961,  sus sugerencias recomiendan “larva de invierno de la polilla de las judías” (proteínas 50,8, 23,3 de lípidos, en porcentaje de peso corporal), “larva del escarabajo” (48,1% de proteínas, lípidos 21,0 ) etc.

En esta farsa vergonzosa, Mao toma la iniciativa. Obsesionado por las luchas de poder dentro del aparato, la realidad no le interesa mucho, sobre todo si va mal. En la Conferencia de Lushan de julio de 1959, todos aquellos que tratan de oponerse a esa política son declarados, en un golpe teratral, “elementos oportunistas de derecha” y son eliminados. Después de este punto de inflexión, el desastre queda apuntalado y cuadros superiores del partido, silenciados.

Evitando todo lirismo (pero lamentablemente no sus pesados ecos), Stèles es la primera monografía sobre el tema firmada por un chino. Prohibida en la República Popular, el libro pudo ser publicado, sin embargo, en Hong Kong – las autoridades no lo han impedido ni han molestado a su autor. Oficialmente, sin embargo, Beijing todavía habla de una hambruna causada por la sequía.