El futuro de la historia

Conectando con la entrada anterior, reparamos en que la revista Perspectives, boletín de la AHA, alcanzó el pasado año su volumen número 50. Con tal motivo, pudimos leer en el mes de diciembre un Special 50th Anniversary Forum, dedicado a “The Future of the Discipline” y editado por Lynn Hunt. El dosier  es espléndido, con firmas como las de Dipesh Chakrabarty, Frederick Cooper o Joan Wallach Scott, entre muchos otros, además de una conversación entre la citada Hunt y Jacques Revel sobre “History: Past, Present, and Future”. Quizá volvamos más adelante sobre el asunto, pero por ahora nos quedamos con la columna que abre la sección, la que Hunt dedica a introducir el dosier con el título de  “The Prospects of the Present“:

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La separación entre pasado y futuro es menos clara de lo que a veces se supone. Solo desenterramos las pepitas que nos dejó el pasado si algo en el presente nos mueve a buscar una pala. Podría ser cualquier cosa -furia por la discriminación, la determinación de localizar el origen de un conflicto internacional, la nostalgia por los buenos viejos tiempos, incluso una obsesión con un determinado objeto-, pero el sentimiento que motiva la búsqueda del pasado es algo sentido siempre en el presente. Por otra parte, aun cuando ese sentimiento venga a la mente en el presente, está ya repleto de expectativas sobre el futuro. Tenemos una pala porque esperamos que aparezca algo. En el presente, aun siendo evanescente, abundan proyecciones hacia atrás y hacia adelante que nos ayudan a orientarnos. No es de extrañar, por tanto, que los ensayos sobre el futuro de la historia que aparecen en este número se centren en lo que está sucediendo en estos momentos, ahora que la cosa parece apuntar hacia adelante, no siempre felizmente hacia adelante, pero hacia adelante.

¿Cómo llegaron a estas páginas los ensayos sobre “El Futuro de la Historia”? Pillarisetti Sudhir contactó conmigo en nombre del consejo editorial de Perspectives para que les ayudara a organizar este número especial que conmemora el 50 aniversario del boletín de la AHA. Entonces pedí a varios historiadores que contribuyeran con sus reflexiones, y Sudhir y el consejo editorial también me hicieron sugerencias. Posiblemente no podríamos cubrir todo el terreno al que se dedican unos 15.000 historiadores. A los que aceptaron compartir sus puntos de vista nos les ofrecimos nada que les sirviera de guía. Tenían que encontrar su propio camino y dar con el filón con tan solo 1.200 palabras. Así, los ensayos hablan verdaderamente por sí mismos, sobre todo porque ninguno de los colaboradores supo de qué hablaban los otros. Este modo de proceder parece adecuado porque nuestra idea era escuchar tantas voces diversas como fuera posible, y la diferencia, después de todo, abarca una gran cantidad de variaqdos tipos de diferencia cuando se trata de la historia que investigamos, escribimos, leemos y enseñamos hoy en día.

Los lectores serán los mejores jueces de lo que separa o une a los puntos de vista expresados ​​aquí y de los variados temas que deberían haber sido incluidos, pero no lo fueron. Sin embargo, dado mi papel en esta empresa, no puedo pasarle la pelota a los contribuyentes. ¿En qué estaba pensando? Mi primera (y, en realidad, único) instinto fue pedir a gente interesante que compartiera sus pensamientos sobre el futuro de la historia. No eran necesariamente historiadores que conocía personalmente, aunque por supuesto me sentía más cómoda importunando a personas que ya conocía de algo. La mayoría de los contribuyentes optaron por hablar del contenido más que de la forma; centrándose en la academia, especialmente en las preocupaciones sobre sus diversos campos de investigación, en lugar de en la estructura de la profesión, aunque algunos lo hacen. Ambas cosas son importantes. No hay contenido sin forma, ni forma sin contenido. Habría mucho menos contenido académico sin una profesión de historiadores que enseñaran, investigaran, escribieran, publicaran, hicieran reseñas de las publicaciones propuestas, editaran publicaciones, se sentaran en los comités de evaluación de las plazas, y trataran de influir en el futuro a través de comités o divisiones de la AHA . Por el contrario, sin la perspectiva de la academia, nos preocuparíamos mucho menos sobre el futuro de la profesión.

Resulta que el contenido ha tenido mejores resultados que la forma. Un mosaico de brillante vitalidad surge de los ensayos sobre las direcciones de la investigación histórica. Campos que una vez fueron considerados passé han revivido y nada previamente au courant ha caído en el olvido desde entonces. Ricas vetas se están descubriendo en lugares ya familiares y en situaciones totalmente inesperadas, en el presente de los cielos y en el pasado lejano de la Tierra, en los sitios más remotos de cualquier parte del mundo y en lugares que están a la vuelta de la esquina, en microhistorias y macrohistorias, en historias conectadas y también en historias de desconexión. No hay un gran paso próximo. La excavación nos está dantos tantas capas y vetas prometedores que a nadie parece importarle que aún no se haya declarado una nueva fiebre del oro .

No es necesario un estudio atento para darse cuenta de que hay una línea de investigación se destaca por el gran número de veces que se menciona en los ensayos: la historia transnacional. Esto podría haber sido accidental, pero no lo es; confieso que lo tenía en mente, aunque no creo que se la única. En mi propio departamento de la UCLA, muchas de nuestras recientes contrataciones han resultado ser de estudiosos, junior y senior, que trabajan la perspectiva transnacional. Incluso yo, que me he centrado resueltamente en un Estado-nación, no podía dejar de percibir la deriva. Al igual que otros enfoques innovadores que conocemos, la historia transnacional promete ofrecer no solo frescas perspectivas sobre el pasado, sino análisis más ciertos: devuelve a África y Asia al estudio de los americanos afro-asiáticos, la influencia de los imperios rivales regresa a  la historia de los primeros Estados Unidos, los colonizados se reinsertan en el estudio del imperialismo, los pueblos de la diáspora vuelven al estudio de las redes comerciales, y así sucesivamente. También ofrece una manera de dar sentido a la globalización, ya sea impugnando la noción o dividiéndola en componentes manejables. Pero no debemos exagerar: como muestran los ensayos, la historia transnacional no es el único juego en la ciudad. Las cosas están saltando por todas partes.

La vitalidad de la erudición hace que la estructura deformada de la profesión sea aún más desalentadora. El cielo ha estado cayendo durante tanto tiempo que se podría pensar que habíamos cerrado los ojos ante tales predicciones, pero no, se ha conseguido que las cosas empeoraran de una forma nunca imaginada. El mercado de trabajo no consigue mejorar, a medida que más y más estudiantes de instituto llegan a los colleges y universidades, pidiendo prestado más y más dinero para perseguir sus sueños. Si asisten a instituciones públicas,  se sienten incapaces de seguir los cursos que necesitan debido a los recortes presupuestarios o se lo quitan de otros sitios para mantener vivas sus esperanzas de una vida en la profesión. Si se gradúan con un grado en historia y quieren seguir estudios de posgrado, se encuentran con que el número de plazas ha disminuido y no pueden dejar de notar una creciente disparidad entre las pocas universidades privadas y ricas y las muchas públicas exprimidas. No importa qué camino tome un estudiante de posgrado, la competición al final va a ser horrible porque los empleos son pocos. Las universidades públicas están reduciendo sus facultades de humanidades, y los que han ocupado puestos de profesores de historia desde hace muchos años, ya sea en el sector privado o en el público, no están abandonando en las proporciones que cabría esperar. Los costos exorbitantes del acceso digital y la aparición del aprendizaje en línea plantean otros retos aún incluso cuando el entorno en línea también abre nuevas perspectivas para la investigación, la publicación y la enseñanza. Las soluciones a estos múltiples problemas no será fácil ni breve, pero al menos la AHA nos da un punto de encuentro en el que podemos discutir, recopilar y difundir información  y, siempre que sea posible, intervenir.

Las perspectivas del presente son por eso ambivalentes, incluso cuando, como siempre, nos enfrentamos a nuevos retos, pero las vallas de la esperanza siguen por encima de los obstáculos. Es alimentada por una combinación de entusiasmos duraderos y emergentes: la historia importa a la gente de todo el mundo, los eruditos y profesores de historia son infinitamente creativos en cuanto a las maneras de transmitir su significado, los estudiantes están ansiosos por aprender lo que la historia podría significar para ellos, y la intensidad creciente de la comunicación internacional, aunque  intermitente o desigualmente distribuida, promete tesoros aún inimaginables para el futuro.

-Lynn Hunt es profesora Eugen Weber de Historia Europea Moderna en la Universidad de California, Los Angeles. Fue presidenta de la AHA en 2002.

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3 Respuestas a “El futuro de la historia

  1. Pingback: El futuro de la historia « APHU·

  2. “No hay contenido sin forma, ni forma sin contenido”. Así que bienvenido sea el nuevo diseño formal del blog, y que no desfallezca el excelente nivel de los contenidos en este nuevo año, que se augura proceloso.

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