Diderot y sus retratos

Aprovechando que el Louvre abre nueva sede en Lens, sus responsables anunciaron un error en la atribución de un cuadro, algo nada extraño en las grandes pinacotecas. No es que el asunto tenga capital importancia, pero cambia la imagen que tenemos de Diderot, el gran enciclopedista. Eric Bietry-Rivierre se refirió a ello, con el título de “Le «Diderot» de Fragonard n’est pas Diderot”, en las páginas de Le Figaro:

Golpe de efecto en el mundo del arte. El famoso retrato de Diderot que realizó Fragonard, ese mismo que se incluye en todos los libros de texto, no es del filósofo de la Ilustración, sino de un extraño. El Museo del Louvre, que expondrá la obra en su [nueva] sede de Lens el 12 de diciembre, lo ha reconocido oficialmente. Vincent Pomarède, responsable de pintura del museo, ha venido, pues, a modificar la descripción de la obra en el catálogo del  Louvre-Lens. Ahora queda rebautizado como Figure de fantaisie autrefois identifiée à tort comme Denis Diderot. “Hemos tenido que corregirlo  en el último momento”, dice. Esta decisión ha sido objeto de un intenso debate entre los conservadores.

Musée du Louvre. (©Superstock/Superstock/Sipa)

Ya no es el director de la Enciclopedia, al que vemos hojeando un grueso volumen, con la frente alta, la mirada chispeante y volviéndose hacia la luz, sino solo “un hombre”. Ejecutado en torno a 1769, este retrato (82 cm × 65 cm), probablemente sin terminar y considerado sin embargo como uno de los más conseguidos, fue adquirido por dación en 1972. Si bien el Louvre admite ahora el error, varios expertos tenían dudas sobre la verdadera identidad del modelo de Fragonard.

Fue un dibujo conservado en manos privadas y subastado en Drouot, el pasado 1 de junio, lo que hizo saltar las alarmas. Autora de una monografía sobre el artista publicada en 2006, la historiadora del arte Marie-Anne Dupuy-Vachey esta intrigada por esta hoja con dieciocho bosquejos de retratos. Trece corresponden a obras conocidas de Jean-Honoré Fragonard (1732-1806). Todas estas “Figuras de fantasía”, que muestran figuras de medio cuerpo, son legendarias. Sin embargo, en la relacionada con Diderot, hay una inscripción  a mano de un nombre “ilegible, pero que de ninguna manera puede ser descifrado como el de Denis Diderot”, dice Vincent Pomarède.

Este descubrimiento ha confortado a los escasos escépticos. En el cuadro en 1769, el famoso pensador, ejecutado con una pincelada ágil,  incluso fogosa, lleva ciertamente la marca simbólica del filósofo, pero sus ojos son azules. Sin embargo, los de Diderot eran de color marrón, según las descripciones de la época. En 1767, dos años antes que Fragonard, pintor Louis-Michel Van Loo, conocido por su conformismo académico, representó también al filósofo, pero con los ojos marrones.

Musée du Louvre (©Superstock/Superstock/Sipa)

“Este es un descubrimiento sensacional”, comentó entusiasmado el académico y exdirector del Louvre Pierre Rosenberg. Por tanto, se entiende que Diderot no se interesara por esta tabla. Ni siquiera la mencionó nunca en sus escritos.

¿Diderot conocía la obra? Es muy posible, porque frecuentó a Fragonard. Sin embargo, en sus escritos solo evoca al pintor  a propósito de su Corésus et Callirhoé. Sobre todo, no menciona su nombre desde que redacta sus Critiques en 1767. Hoy nos queda por saber a quién representó realmente  Fragonard. ¿Una persona real, un tipo de figura, pura fantasía? El Louvre se decanta por la segunda hipótesis. Podría ser “la descripción de un tipo humano universal”, se indica en la presentación del álbum Louvre-Lens. El modelo podría ser otro amigo del artista. Un nuevo enigma en el arte, sin duda …

La “Figure de fantaisie”  identificada otrora y erróneamente como de Denis Diderot, orgullo del Louvre-Lens, vecina de un Rafael, un Poussin,  un Ingres y un Delacroix,  es  tan conocida como Les Hasards heureux de l’escarpolette (Wallace Collection, Londres) o Le Verrou (Louvre).

Pero, ¿qué sabemos realmente de su autor, se pregunta Marie-Anne Dupuy-Vachey, comisariia de la exposición organizada en 2007 sobre Fragonard en el Musée Jacquemart-André de París. “En verdad, poca cosa, dice. Algunos temas galantes o pícaros han congelado la imagen de Fragonard para la posteridad. Sin embargo, su obra es probablemente la más diversa y creativa de su época: escenas familiares de género, pinturas religiosas, retratos de fantasía, paisajes campestres, por no hablar de las escenas libertinas. La imaginación del artista, servida por un pincel virtuoso, parece inagotable”.

tras haber expuesto en el Salon de 1767, Fragonard, representante máximo de un Rococó en declive, ya no busca el reconocimiento académico. Desaparece de la vida artística oficial, ya no trabaja para sus amigos patrocinadores. De ahí esa libertad, tanto de motivos como de técnica. En adelante, abundarán la naturaleza, los deseos y las pulsiones eróticas, elementos que ya estaban presentes en su obra.

El retrato que motiva la crónica es, pues, de uno de los artistas más creativos de su generación. “Hoy resuena de forma ambigua, incluso como una provocación”, dice Vincent Pomarède en el catñalogo del Louvre en Lens. De hecho, se puede leer en este singular pedavo de bravura pictórica “la chispa de la inteligencia en los ojos de la modelo, el resumen del dinamismo de su lucha intelectual en su actitud -la mano derecha pasa las páginas de un libro cuyo tamaño evoca a los volúmenes de la Enciclopedia- y las personalidades “rebeldes” de Diderot y Fragonard desde hace mucho tiempo han defendido la evidencia de su relación,  imponiendo la realidad de un retrato del uno por el otro. De hecho, ahora sabemos que Diderot nada tiene que ver con el modelo de la obra que se muestra aquí. ”

¿De cuando data precisamente el error? Imposible saberlo por ahora. Marie-Anne-Vachey Dupuy, que trabajó por muchos años en el Louvre con Pierre Rosenberg y participó en la exposición Fragonard de 1987-1988 en el Grand Palais y en el Museo Metropolitano de Nueva York, lo está investigando. Lo que es seguro es que Fragonard amaba las representaciones en el que todo puede cambiar.

De las otras trece figuras de fantasía que realizó, algunas tienen nombres alegoricos como La Musique, L’Étude o L’Inspiration, pero otras tienen una identidad precisa. Como el abad de Saint-Non, pintado en 1769 y visible en el Louvre, que es probablemente el mejor trabajo de este conjunto. Es el retrato de un fiel admirador del artista. Por otra parte, una leyenda en la parte posterior de la tabla indica el nombre y menciona que el retrato había sido hecho “en una hora”. Pero la cuestión es si confiamos en esas referencias cuando se trata de Fragonard, tan aficionado a las mascaradas licenciosas.