La crisis y su historia: una lucha por el poder

Richard J. Evans,  fino historiador de Cambridge, reseña Merchant, Soldier, Sage: A New History of Power (Allen Lane). En efecto, se trata de la nueva obra de su colega oxoniano David Priestland, autor como recordarán de la muy conocida Bandera roja (Crítica), presentada hace un par de años como una historia política y cultural del comunismo. En esta ocasión, Evans reseña el reciente volumen para The Guardian:

En este conciso pero muy ambicioso libro, el historiador de Oxford David Priestland se propone la tarea de ofrecer una visión a largo plazo de la crisis financiera que afecta al mundo actual. Su argumento es que el año 2008, cuando comenzó la crisis crediticia, es tan importante como 1917, año de la revolución bolchevique en Rusia, o 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin. Cuatro años después, la crisis no da señales de terminar, y los sistemas políticos, las economías y sociedades parecen estar en un estado de confusión -incluso al borde del colapso inminente.

¿Cómo ha sido posible todo esto? ¿Por qué hemos llegado a tal crisis? Este tipo de preguntas, indica Priestland, sólo se pueden responder con la ayuda de la historia, “el único tipo de guía que tenemos para el futuro”. Si la crisis ha hecho una cosa, sugiere, esa ha sido desacreditar la visión simplista de la historia, la que no reconoce otra cosa que el avance hacia un sistema presente y futuro de libre mercado, liberal,  capitalista y democrático. El capitalismo se presenta de muchas formas, y si el desarrollo reciente de China muestra algo es que la democracia no tiene por qué ir de su mano. El cambio histórico no es impulsado exclusiva o principalmente  por el conflicto entre las clases económicamente determinadas, según creía Marx, o por el choque de ideologías, como el último de los grandes optimistas, el académico estadounidense Francis Fukuyama, asumía. En la práctica, ambos juegan su papel. Tiene más sentido, dice Priestland,  no mirar a la interacción de fuerzas abstractas, sino a la competencia concreta por el poder entre los tres grupos principales de la sociedad a través del tiempo -o, como él los llama, “castas”, cada uno con su identidad y fines arraigados en un espíritu estrechamente vinculado a la ocupación y la función social.

La primera de ellas es la casta de los comerciantes o, en términos modernos, capitalistas, que promueven los valores de la competitividad empresarial y del mercado. La segunda es la casta de los soldados, originados en la aristocracia guerrera de la Edad Media feudal y que hacen hincapié en el heroísmo, la agresión y la disciplina. La tercera es la casta erudita clerical- intelectual, que data de la época de los monjes de la sociedad cristiana medieval y que tiene su actual encarnación en el burócrata, el tecnócrata y el experto. A través de los siglos, estas tres castas han luchado por la supremacía sobre la gran masa de campesinos y, más recientemente, trabajadores. Esta lucha, declara audazmente, ha sido “la locomotora de la historia”.

Cuando alguna de estas castas se vuelve demasiado dominante, sobreviene por lo general la crisis y es reemplazada por otra. La regla dictatorial y jerárquica de la casta militar es destruida al ser derrotada en una acción militar demasiado ambiciosa; la regla retrógrada y anquilosada de la casta erudita conduce a sublevaciones revolucionarias diseñadas para ampliar la participación en el Estado; el dominio sin restricciones de la casta comerciante lleva a la inestabilidad económica y a la desigualdad, a la promoción de los conflictos sociales y a desatar la revolución.

La mayoría de del libro de Priestland está dedicado a un relato reciente de la historia vista en términos de competencia entre estas tres castas. El foco se pone en el auge inexorable del comerciante, comenzando en Inglaterra y en los Países Bajos en el siglo XVII, aumentando su ritmo y expansión geográfica en la era industrial temprana, con el fracaso temporal de la Gran Depresión de la década de 1930. Completamente desacreditada, la casta de los comerciantes dio paso en un país como Alemania a una versión modernizada de la regla del guerrero bajo el régimen nazi, en la Rusia soviética a una alianza inestable de burócratas e ideólogos marciales bajo Stalin, en los países escandinavos a la regla de los eruditos socialdemócratas que mantenían a guerreros y comerciantes bajo su control.

Si la casta de los comerciantes fue desacreditada por la depresión, la casta de los soldados perdido su legitimidad después de la amplia catástrofe de la Segunda Guerra Mundial, y durante un tiempo el modelo socialdemócrata proporcionó estabilidad y  progreso. Pero esta regla eruditatambién se metió en problemas, con su torpeza burocrática y su elitismo alienador de mujeres,  jóvenes, minorías y “creativos 1960”, de modo que su gestión fue destruida por su falta de control de la crisis económica que siguió a los enormes aumentos de los precios mundiales del petróleo de 1973-74 . Esto permitió que la casta de los comerciantes hiciera su reaparición, lo que se presentó como una venganza hacia el final del siglo XX.

Hoy en día, dice Priestland, la casta de los comerciantes gobierna sola en Occidente. Dondequiera que se mire, la encuentras al frente. En el Reino Unido, Margaret Thatcher trajo los valores empresariales al corazón del gobierno y allí se han quedado. En los EE.UU., Alan Greenspan, al mando de la Reserva Federal,  desató una era de expansión financiera desenfrenada. En Rusia, el colapso del comunismo abrió el camino a una década de total libertad para la competencia capitalista, con grandes fortunas en manos de unos pocos y una caída del nivel de vida sufrido por la mayoría. En todas partes, los sindicatos fueron vencidos, el sector público asaltado y disminuido, y lo que quedaba estaba subordinado a los valores comerciales.

La destrucción de las torres gemelas de Nueva York por terroristas islámicos encabezados por Osama bin Laden (un guerrero, según Priestland, un fanático erudito a los ojos del presidente George Bush) llevó al resurgimiento del espíritu guerrero, representado crudamente por el secretario de defensa  de EE.UU. Donald Rumsfeld (“Tenemos que hacerlo en Iraq”, dijo antes de la invasión: “Simplemente no hay suficientes objetivos en Afganistán Necesitamos bombardear otra cosa para demostrar que somos, ya sabes, grandes y fuertes y que este tipo de ataques no nos arredran”).

Sin embargo, la evidente inutilidad de la guerra de Iraq y sus enormes costes – políticos, humanos, financieros- empujó al ethos guerrero de nuevo a su redil. Sólo en Rusia, donde las consecuencias de la regla mercantil fueron espectacularmente horribles, pudo la casta guerrera volver al poder, en forma de Vladimir Putin. En Occidente, el imperio mercantil continuado trajo “la inseguridad económica, la desigualdad corrosiva y la potencial catástrofe medioambiental”, con una desenfrenada y desregulada competencia financiera que de 2008 en adelante trajo un colapso financiero sin precedentes, el endeudamiento de los gobiernos y la inestabilidad política sin final previsible.

La solución de Priestland, como era de esperar en un libro que viene de un profesor de Oxford, es un poder más erudito. Sin embargo, hay pocas señales de que esto ocurra, y, basándose en el ejemplo de la década de 1930, advierte oscuramente que “el año 2008 ha puesto el mundo en rumbo hacia un conflicto potencial, y las fuerzas nacionales e internacionales que nos han traído la violencia de los años 1930 y 1940 están hoy con nosotros” -al menos en una China que tiene similitudes con la Alemania del Kaiser en su síntesis de nacionalismo y poder mercantil, aunque es claramente menos militarista.

Si los eruditos son reintegrados a los puestos de poder, necesitarán, según Priestland, forjar alianzas con los demás, sobre todo con los grupos creativos y con los trabajadores. Pero aquí es donde su modelo comienza a deshacerse, porque estos dos elementos de la sociedad siguen siendo figuras en la sombra en el trasfondo de todo su libro. Estaba claro que cree en la democracia, pero al presentar la historia como una lucha entre las élites los saca de foco, reduciendo la gran mayoría de las personas a objetos pasivos de la actual lucha por la supremacía de sus superiores. Esta es la historia desde arriba, con venganza. Además, al forzarlo tanto, presentando una simple camisa de fuerza de categorías históricas, se permite toda una serie de dudosas generalizaciones y simplificaciones obvias. Por ejemplo, ¿estamos realmente gobernados por los comerciantes? ¿A los militares en los EE.UU. realmente se les ha dejado de lado? ¿Es acaso China como la Alemania guillermina? Al final de casi cada párrafo todos los lectores seguramente sentirán que la palabra “pero” les viene a los labios.

Priestland es consciente de la complejidad de las estructuras políticas, pero deja muy poco espacio para explicar cómo y por qué ocurren las alianzas entre sus castas, y cómo los diferentes grupos se entremezclan y modificar sus valores y comportamientos con los de los demás;  si hubiera hecho eso, entonces el detalle habría sumergido su esquema. Sin embargo, se trata de un esquema sobre el que bien vale la pena meditar y reflexionar. Y entre las muchas contribuciones a la disección de nuestra situación actual, esta es sin duda una de las más sugerentes.

2 Respuestas a “La crisis y su historia: una lucha por el poder

  1. Interesante, gracias por traer la reseña. En efecto, parece que hay muchos “peros” que hacer a la obra, si bien hay un gran “pero” que hacerle a todos los “pequeños peros”; se arriesga a ofrecer una explicación y, sea totalmente, en parte o nada acertada, nos hace reflexionar y pensar. Mi sensación es que ése es el objetivo último de la obra, escrita por un autor que hasta ahora desconocía pero que no creo que conciba pretensiones finalistas para su estudio, sino más bien servir de entrada al debate.
    ¿Es quizás momento de volver a mirar un poco más al bosque y un poco menos a los árboles, entre otras cosas para renovar la forma de mirar a los árboles?
    Un saludo

  2. Pingback: La crisis y su historia: una lucha por el poder « APHU·

Los comentarios están cerrados.