Robert Darnton: el eurocentrismo se ha acabado

A finales de mayo, el historiador norteamericano Robert Darnton participó en Brasil en el  4º Congresso Internacional CULT de Jornalismo Cultural, en el marco del cual habló sobre su relación con el periodismo y fue entrevistado por su colega Gunter Axt. Poco antes de eso, conversó telefónicamente con Luciana Coelho para el periódico Folha. Estas fueron sus palabras:

Folha. La crisis parece haber fermentado en Europa un claro sentido de insatisfacción política, que ha derrocado gobiernos y al parecer afecta a la psique europea. ¿Cómo evalúa el momento histórico en el Continente y cuáles serían los paralelismos?

R.D.: Creo justo decir que hay una crisis de confianza en Europa. Por supuesto, tiene una base económica, con el aumento del desempleo y los bancos en riesgo de quiebra. Pero el asunto va más allá: hay dudas sobre el futuro de la propia Europa. Hay señales de descontento en las comunidades pequeñas -imagine una fragmentación espiritual en el norte de Italia, en el este de España o los Balcanes – con las unidades políticas fundamentales cuestionadas, ya sean nacionales o europeas. Una balcanización fuera de los Balcanes. La gente está pensando en Europa y su lugar en el mundo y,  al hacerlo, piensa en países como Brasil, Turquía, China y las nuevas potencias emergentes. Cuando voy a Europa, me doy cuenta de que hay una sensación de agotamiento, de quedarse atrás en la carrera. En el norte de Europa, las cosas van bien. Pero está claro que el resentimiento de los griegos contra los alemanes y de los alemanes contra los griegos muestra que hay algo que no cuadra. Por tanto, es justo decir que los europeos están cuestionando a Europa.

Folha. La percepción de la importancia europea persiste, pero la autoestima parecen afectada. ¿Tiene sentido?

R.D.: Estoy de acuerdo, es una sensación de estar obsoleto y ya no ir en la “vía rápida” de la historia. Y no es solo en economía; cuando ven la calidad de la literatura, el cine o la música procedentes de América Latina, aparece el agotamiento, pues la vitalidad de ese otro lado del mundo les ofusca. Hay aspectos positivos, hay un floreciente centro de estudios brasileños en París, por ejemplo. Pero el eurocentrismo se ha terminado. La idea de que Europa marca el ritmo en la vida cultural ya no es cierta. No es que la cultura europea se haya agotado, pero hoy en día los americanos  -norteamericanos e hispanos- son más importantes para la cultura.

Folha. La literatura europea todavía prospera.

R.D.: Es cierto que hay cosas buenas. Hay esa frase de Hegel, la de que “la lechuza de Minerva solo levanta el vuelo al anochecer”, lo que significa que la cultura se desarrolla cuando los países parecen estar en declive. Las personas que conocí allá, periodistas, críticos literarios, siguen produciendo. Pero cuando voy a México o Brasil, siento una vitalidad que ya no siento en París o en Londres -Berlín es, por supuesto,  una ciudad vibrante.

Folha. El agotamiento, más allá de la economía, ¿de dónde viene?

R.D.: Es difícil de precisar, pero creo que uno de los puntos problemáticos es la educación superior. Las universidades están sufriendo en toda Europa. Las universidades italianas son un caos, y los estudiantes que obtienen doctorados en Europa parten hacia  los EE.UU. o América Latina, porque no hay lugar para ellos, ya sea en física o filosofía. Alemania, que tuvo un gran sistema, está tratando de mantenerse en pie y conservar sus centros de excelencia, pero las universidades alemanas están ofreciendo seminarios a grupos de un centenar de personas, lo cual es imposible. Las universidades francesas están en mal estado, sin una financiación adecuada, y en Inglaterra, que tiene el mejor sistema, la financiación se ha desplomado. Hay un declive en el aprendizaje, y esto se refleja en la sociedad. Europa no tiene recursos para mantener funcionando este maravilloso sistema universitario.

Folha. Es el dilema del huevo y la gallina, el descenso en la educación afecta a la economía.

R.D.: Es un círculo vicioso, y hay pruebas de que las inversiones en la educación mejoran la economía de muchas maneras, no sólo en la tecnológica, sino para producir una fuerza de trabajo cuyo dominio sea el del lenguaje, por ejemplo. Cuando veo a la gente en Europa cometer errores gramaticales, me preocupa. Puede sonar pedante, bestial, pero el deterioro de la gramática es un síntoma de decadencia cultural.

Folha. ¿Cuál es el papel cultural de los emergentes, casi siempre relegados a un segundo plano en las altas esferas?

R.D.: Hay más interés en los EE.UU. por América Latina. En Europa, siempre había una cierta condescendencia. Sin embargo, en Estados Unidos yo diría que es más ignorancia que otra cosa. Tenemos mucho en común con Brasil y hay una apertura a la experiencia en América Latina mayor que la que se da en Europa, aunque todavía hay ignorancia. Muchos amigos y alumnos míos ya hablan español, algunos hablan portugués y hay personas interesadas en el mandarín. Hubo un cambio en el centro de gravedad cultural, y creo que habrá una mayor colaboración entre América del Norte y del Sur. Tenemos mucho que aprender, y debemos empezar a aprovechar estos nuevos conocimientos lingüísticos. El portugués no se ha expandido [tanto en los EE.UU. como el ] español, pero hay una vitalidad cultural y popular en Brasil que fascina a los estadounidenses. Creo que veremos aumentar los intercambios culturales entre el Norte y  el Sur de América y menos con Europa, aunque me quedo impresionado con la sofisticación de las personas en São Paulo, que siempre saben la última novedad de la Rive Gauche. Ustedes tienen una intelectualidad que no existe en los EE.UU., donde el prestigio de ser intelectual es más bajo que en otros lugares.

Folha. En Harvard, donde usted está, eso no parece ser cierto.

R.D.: Ah, sí, los profesores de Harvard se toman demasiado en serio, pero yo trato de evitarlo … Pero creo que las universidades deberían querer tener más  extranjeros que participaran en su vida académica.

Folha.  Ha sido una meta, pero no sé si se trata de un auténtico deseo de atraer a los mejores o de una cuestión financiera.

R.D.: Es genuino, las universidades prosperan con talento, y muchos de estos talentos están fuera de los EE.UU.. Debido a esto, el MIT [Massachusetts Institute of Technology] es un sito más vibrante que la Universidad de Harvard, creo, aunque estamos trabajando con ellos en varios proyectos, incluyendo las bibliotecas …

Folha. ¿Cuál es el futuro de las bibliotecas, con la digitalización?

R.D.: El futuro es el acceso abierto. Abrir al mundo los tesoros intelectuales almacenados en nuestras grandes bibliotecas de investigación, como la Universidad de Harvard. Hace dos años recibí el encargo de crear la Biblioteca Digital Pública de los Estados Unidos  y estamos trabajando para crear un nuevo tipo de biblioteca. Vamos a las colecciones digitales de las bibliotecas más importantes del país y las utilizamos como base para una gran colección de libros, manuscritos, películas, grabaciones y canciones que estarán disponibles para todo el mundo. Lo estrenaremos en abril del próximo año. Será una versión preliminar, pero va a crecer y llegado el momento, creo yo, superará a la Biblioteca del Congreso, la más grande del mundo.

Folha. ¿Cuántos títulos estarán disponibles en abril?

R.D.: No lo sabemos todavía, depende de cuántas personas podamos movilizar. Hoy en día hay cerca de dos millones de títulos de dominio público que ya no están afectados por derechos de autor, además de las colecciones especiales. La mayoría de las bibliotecas, además de libros raros, tienen colecciones especiales  -aquí tenemos los escritos de Emily Dickinson. Esto será digitalizado y estará disponible en línea. Con los años, la riqueza intelectual acumulada será enorme. Y tenemos dinero para hacerlo. Tecnológicamente, Google nos mostró el camino, y en términos de financiación  no dependemos del dinero público, del Congreso. Estamos recaudando con las fundaciones privadas.

Folha. ¿Cuánto cuesta el proyecto?

R.D.: No tenemos el presupuesto futuro. Sin embargo, preparar las bases de la biblioteca nos costó 5 millones, con unas instalaciones modestas, una secretaría y un pequeño equipo, además de seis grupos de trabajo en todo el país que trabajan en diferentes aspectos del proyecto, como en el tema de los derechos de autor. Porque queremos respetar los derechos de autor, aunque queremos tener libros afectados por derechos de autor, pero agotados o descatalogados. Y eso supone millones de libros, el siglo XX entero, frente al XXI. Google intentó hacer con estos libros una biblioteca comercial en línea, pero los tribunales lo vetaron. Creo que nuestro esfuerzo va a prosperar porque estamos comprometidos con el bien común, no buscamos el lucro. La cuestión es cómo hacerlo.

Folha. El debate sobre los derechos de autor es hoy en día uno de los más intrincados y difíciles …

R.D.: Sí, estoy ansioso por saber qué ocurre en Brasil, porque espero que podamos cooperar. La idea es una biblioteca internacional con sede en los EE.UU.  y hemos firmado un acuerdo con Europeana, que es un intento paneuropeo de hacer lo mismo. Pero tiene razón, el problema de la propiedad intelectual es enorme, y ha estado dominado por el grupo de presión de Hollywood, preocupado por las películas y la música, pero no con el patrimonio cultural del país. Tenemos que conseguir una famera de hacer disponible esta riqueza intelectual. Los profesores de derecho, aquí y en otros lugares, estudian formas legítimas de hacerlo. Una forma es a través de los procesos de “uso justo” (fair use) -cuyo alcance esperamos ampliar.

Folha. Estudiando la ley de EE.UU., parece inevitable pensar que tiene que cambiar.

R.D.: Yo también lo pienso. La primera ley estadounidense, de 1790, seguía el ejemplo británico, era de 14 años renovables por otros 14. Hoy en día cubre toda la vida del autor más 70 años, lo cual es más de un siglo, es absurdo. La cuestión es cómo cambiar eso con este Congreso. El país está desilusionado con la capacidad del Congreso para hacer cualquier cosa. Así que estamos tratando de cambiar los tribunales. Pero tampoco puede ser ladrillo a ladrillo, porque queremos que haya millones de libros en la biblioteca. Necesitamos una estrategia para allanar el camino a la digitalización masiva de la comunicación.

Folha. Usted concedió una entrevista a mi colega de Folha Claudia Antunes el año pasado, donde mostraba su optimismo en relación con la primavera árabe. ¿Cómo se siente un año más tarde?

R.D.: Como estudioso de la Revolución Francesa, esperaba síntomas de liberación en todos los frentes, y ahora busco signos de reacción, que es lo que sucede en tiempos revolucionarios. El lugar más interesante es Egipto. Por supuesto, hay reacciones y es interesante ver cómo el aumento de la delincuencia y el desorden ha sido explotado por algunos candidatos presidenciales.

Folha. Parece ser que eso es todo sobre lo que hablan ahora.

R.D.: También hablan del movimiento islámico, la Hermandad Musulmana, que formaba parte del movimiento desde el principio. Lo que parece ser menos fuerte es el radicalismo secular. Creo que ahora estamos en 1791 [Revolución Francesa], y no en 1789, cuando hubo un período de profunda preocupación por el orden y por la necesidad de construir una nueva estructura civil, con un nueva Constitución. Estoy siguiendo de cerca las noticias sobre las elecciones, y hay lugar para un optimismo cauteloso. La Hermandad Musulmana ganará poder, lo cual es normal -después de todo, es un país musulmán. Hay mucho miedo e incomprensión hacia el Islam en los EE.UU. Pero siento que el momento de fervor utópico ha pasado, dejando paso al momento de la construcción y la consolidación. Es menos dramático, pero muy prometedor. Sólo el fin de la tortura, de las detenciones arbitrarias y, con suerte, de la corrupción ya supone un gran paso adelante.