La polémica sobre el “nuevo realismo”

Hemos hablado aquí del manifiesto por el nuevo realismo, el cual, como era de esperar, ha generado no pocos debates. Veámoslo. El pasado 1 de abril, por ejemplo, Stefano Velotti reseñaba en el suplemento dominical de Il Manifesto el libro de Maurizio Ferraris en el que desarrolla aquella idea (Manifesto del nuovo realismo. Laterza, 2012). Así empezaba:

“Un cuarto de siglo atrás, en la presentación al público italiano la traducción del libro más conocido de Richard Rorty, La filosofia e lo specchio della natura (La filosofía y el espejo de la naturaleza), Gianni Vattimo y Diego Marconi lo definieron como “epocale”:  un libro capaz de captar y promover los rasgos de una nueva época, aquella en la que estábamos inmersos. En esos años eufóricos y despiadados, liberales y corruptos, dopados e ilusionistas, se habría manifestado en el mundo occidental un nuevo “espíritu” colectivo liberado del peso de los opresivos y autoritarios “datos de hecho” y de las aserciones universalizantes. La filosofía, por su parte, se reveló finalmente como nada más que una práctica de “conversación” con un fin “edificante”. Sus pretensiones tradicionales de verdad no eran otra cosa que meros efectos de una  “solidaridad”   intelectual y moral de grupos humanos más o menos grandes y homogéneos: ninguna afirmación fundada sobre algún principio, sino solamente acuerdos locales pragmáticos, propios de ciertas tribus. Por ejemplo, las tribus occidentales. La epistemología (la investigación filosófica de las condiciones de posibilidad del conocimiento, de sus pretensiones de validez y verdad) tuvo que ser relegada eal ámbito del “modernariato”, o de los géneros literarios. La verdad, los hechos de la historia y de la ciencia, los principios morales y políticos, sólo podían ser citados, con las apropiadas comillas debilitadas e ironizantes, como los tímpanos en arquitectura  y los textos “canónicos” en literatura. “Transformar el mundo” sólo significaba reescribirlo, “cambiar el vocabulario”.  Hoy, con la presentación de su Manifesto del nuovo realismo (Laterza), Maurizio Ferraris no pretende ofrecer un retrato de un “contra-punto epocale“, ni siquiera una mera “teoría”, sino más bien una “instantánea de un estado de cosas”: y como en cualquier Manifiesto que se precie, aquí también hay un espectro…  el espectro que se cierne sobre todo el mundo occidental es en realidad un revenant que vuelve entre nosotros después de haber sido enterrado vivo en el “mundo de cuento de hadas” en que se ha convertido la posmodernidad: el espectro, en suma, del realismo.

(…)”

El lector interesado puede concluir la lectura con la segunda parte, que acababa dando la bienvenida al volumen, a la nueva atención a lo real, que para Velotti significa abrazar y hacer posible de nuevo la máxima kantiana de la salida del hombre de su minoría de edad, esa que estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro.

Una semana después, el domingo 8 de abril y con el título de “Da Bush a Monti. Fatti o interpretazioni?“, comparecieron en el mismo medio Gianni Vattimo (“Lettera a Umberto Eco. Il ritorno della realtà come ritorno all’ordine”) y Maurizio Ferraris (“Risposta a Vattimo. Postmoderno un cavallo di battaglia populista”), con una brevísima contrarréplica de Gianni Vattimo (“Parlo a Tizio risponde Caio“).

Vattimo, como también se puede ver en su blog, tomaba a Umberto Eco como interlocutor y decía en el primer párrafo:

“Estimado Umberto, me gustaría entrar de lleno in media res (ay!, las cosas mismas!) para discutir tu ensayo sobre el “realismo negativo”. Dos cosas para empezar. En primer lugar, ¿realmente alguno de los nuevos realistas piensan que un posmoderno utiliza un destornillador para limpiarse el oído o la mesa sobre la que escribe para viajar de Milán a Agognate? A menudo los ejemplos paradójicos terminan siendo tomados demasiado en serio, y se convierten en caricaturas de las que sería mejor desembarazarse. En segundo lugar, ¿recuerdas a Proudhon? En un verano de hace muchos años, en el desierto de temas con los que llenaban los periódicos, alguien restacó a Proudhon del frío, abriendo un debate inconcluso que se prolongó por un ‘tiempo y luego se desvaneció en el aire. El nuevo realismo me parece un fenómeno muy similar, aunque amenaza con durar más tiempo, por razones que probablemente tienen que ver con el clima general de “retorno al orden” cuya máxima expresión es el gobierno de los “técnicos”.

(…)”

A lo que Ferraris, tras indicar que se empeña en no citarle a él y a su libro dirigiéndose a Eco, exponía:

“En cuanto a lo posmoderno, mi idea, que he expresado con frecuencia y durante años, es que no ha fallado, sino que lo hizo demasiado bien, y de una manera perversa, es decir, contraria a las intenciones de sus teóricos filosóficos, entre los que estaba, hace treinta años, yo mismo. La idea era que la deconstrucción completa de una realidad llena de construcciones sociales resultaría emancipatoria. El resultado, sin embargo, ha sido el realitysmo deshuesado del populismo mediático, donde la ironía y la crítica de la objetividad no es la emancipación, sino la opresión. El resultado ha desatado guerras basadas en mentiras, crisis económicas producidas por una financiación creativa que no hizo ninguna diferencia entre realidad e imaginación y, a mayor farsa, un primer ministro que se inventa nietos de Mubarak. Parece difícil no reconocer este hecho, aun no simpatizando con el realismo filosófico. Parece difícil no reconocer el arco que conduce de lo posmoderno al populismo aunque, de nuevo, no creo que los filósofos posmodernos deseasen en lo más mínimo lo que los políticos populistas han hecho. El hecho es que errar es humano, pero perseverar es diabólico, es por eso que hace veinte años me alejé de la posmodernidad, a la luz de estos efectos secundarios que, a diferencia de ti, me parecían intolerables.

En cuanto a la hermenéutica, ningún realista niega la importancia de la hermenéutica en las prácticas sociales y el conocimiento. Lo que parece inaceptable es la formulación de Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones.” Porque incluso en este caso, al principio parece haber una gran promesa de emancipación, la idea de una humanidad que está libre de las sombras de la caverna de Platón, de los falsos ídolos e ilusiones. Pero luego se revela como lo que es, un perfecto instrumento reaccionario, la traducción filosofante y escéptica de “la razón del más fuerte es siempre la mejor”, la idea de que quien tiene el poder, por injusto e inhumano que sea, puede imponer sus interpretaciones, con la fuerza de sus abogados, de sus ejércitos o de su dinero. (…)”.

En fin, la última palabra de aquel suplemento se le concedió a Vattimo, que insistía en que se dirigía a Eco y a su posición sobre el “realismo negativo”. En aquel texto, Eco finalizaba del siguiente modo:

“Podría traducir mi idea de realismo negativo en términos peirceanos. Cada interpretación nuestra está sesgada por un Objeto Dinámico que nosotros conocemos siempre y a través de una serie de Objetos Inmediatos (el Objeto Inmediato, que es un signo, que sólo puede explicarse por una serie de Interpretantes sucesivos, donde cada intérprete sucesivo explica bajo cierto perfil el precedente, en un proceso de semiosis ilimitada). Pero durante este proceso producimos Hábitos, formas de comportamiento, que nos llevan a actuar sobre el Objeto Dinámico del que habíamos partido y a modificar la Cosa en Sí de la que habíamos partido, dando un nuevo impulso al proceso de semiosis. Estos hábitos pueden haber tenido éxito o no, pero cuando no lo obtienen el principio de falibilidad debe llevarnos a creer que algunas de nuestras interpretaciones no eran adecuadas.

¿Basta con tener esta idea de realismo mínimo, que coincide con el hecho de que conocemos los hechos sólo a través de la manera en que los interpretamos? Una vez Searle dijo que el realismo quiere decir que estamos convencidos de que las cosas van en cierto modo, que quizá nunca podremos decidir por qué camino van, pero que estamos seguros de que van en cierto modo, aunque nunca sepamos por cuál . Y eso es suficiente para creer (y aquí Peirce viene al rescate de Searle) que in the long run, al final, aunque sea parcialmente podemos llevar adelante la antorcha de la verdad.

La forma modesta de Realismo Negativo no garantiza que mañana podamos poseer la verdad, o saber con certeza what is the case, pero nos anima a buscar lo que de alguna manera está ante nosotros; y nuestro consuelo frente a lo que de otro modo nos parece siempre difícil de alcanzar es que siempre se puede decir, incluso ahora, que algunas de nuestras ideas están equivocadas porque ciertamente lo que se había afirmado no era el caso“.

La polémica ha continuado y tenía precedentes. Todo ello, y es mucho, en Labont.

4 Respuestas a “La polémica sobre el “nuevo realismo”

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  2. Le agradezco encarecidamente su labor divulgativa, profesor Pons. Es un lujo poder contar con ella.
    Desde aquellas viejas «presencias reales» de Steiner hasta el debate en torno a la noción de «presencia» de la Universidad de Groninga, pasando por «la passion du réel» de Badiou o la «experiencia histórica sublime» de Ankersmit, parece que el deseo de estar en contacto con la realidad está encontrando formulaciones teóricas cada vez más sugerentes, y menos ingenuas. No conocía esta vía italiana para abordar la cuestión, pero parece digna de ser analizada.
    Al respecto, mi pregunta es, si me lo permite, ¿qué le parece usted todo este movimiento?
    De nuevo, muchas gracias.
    Un saludo cordial.

  3. MANIFIESTO DEL NUEVO REALISMO ANALÓGICO

    En este breve libro apuntamos y defendemos una vuelta al realismo, pero de tipo analógico. ¿De qué se trata este realismo analógico? Simplemente de la idea de lineamiento factual que nos lleva a dar cuenta de la existencia de una realidad independiente de nosotros, es decir, de una ontología autónoma con respecto a nuestro sistema de representaciones e interpretaciones del mundo. En otras palabras, nos sumamos a propuestas como la de Maurizio Ferraris, que desean restablecer un realismo y se oponen a expresiones antirrealistas y muy ligadas al pensamiento posmoderno, que afirman que toda nuestra realidad se encuentra socialmente construida, lo que la vuelve manipulable al antojo; o bien, que tanto la verdad, como la objetividad son nociones vacías, netamente teóricas y lo que es peor aún, nocivas para una sociedad que se piensa democrática.
    Entonces, este libro –el cual se posiciona desde un enfoque analógico– puede ser tomado como frente de resistencia a expresiones de esta índole, las cuales diluyen los problemas de nuestra actualidad, antes de emplearse en su resolución. Tampoco deben abordarse los trabajos aquí reunidos como una vuelta unívoca hacia las nociones de verdad y objetividad. Nuestra propuesta es ante todo, matizada, moderada, analógica; se trata de buscar salidas reconociendo el laberinto, y no negando su existencia. Un realismo analógico acierta –o se emplea en ello– en el punto medio que liga a la ontología con la epistemología. Es decir, que hay –tal como lo hemos mencionado anteriormente– una realidad independiente de nuestra mente, pero esta realidad no es captada en su inmediatez, sino, a través de una mediación epistémica, hermenéutica, dada siempre dentro de un contexto específico, social, cultural.

    Mauricio Beuchot/José Luis Jerez

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