JSTOR y el acceso abierto

En este blog hemos dedicamos numerosas entradas a hablar del movimiento en pro del acceso abierto y de las cortapisas a la difusión del conocimiento académico. Como a veces parece que lo abordamos de forma poco práctica, me parece que no cansará volver sobre el asunto desde un caso concreto, el que hace unas fechas exponía Laura McKenna en The Atlantic:

Esta mañana he buscado un artículo sobre el autismo en JSTOR, la base de datos en línea de revistas académicas. Tengo un niño que tiene esos síntomas y me gusta estar al tanto de las últimas investigaciones sobre el tema. No pude acceder a ninguno de los primeros 200 artículos que contenían la palabra “autismo”. Eso es porque, en su mayor parte, sólo quienes tienen determinada identificación universitaria pueden leer artículos de revistas académicas. Todos los demás, incluidos los periodistas, académicos no suscritos, think tanks y personas curiosas, deben pagar una cuota importante por artículo, si es que los artículos están disponibles.

Más tarde me enteré de un artículo que estaba disponible por 38 $. No estoy segura de por qué un artículo de doce páginas cuesta eso. Me supone alrededor de ocho minutos ojear un artículo de doce páginas. El investigador no recibe regalías. ¿Por qué cuesta tanto leer un artículo?

La respuesta está en el sistema anticuado de edición universitaria. Cuando un académico lleva a cabo investigaciones sobre, por ejemplo, el autismo, la investigación a menudo le supone varios años. Esa investigación está financiada por subvenciones nacionales y por la universidad. Al profesor se le da dinero con el que viaja y dispone de “tiempo libre” para llevar a cabo la investigación. A continuación, el académico remite el texto a una revista académica.

Las revistas académicas están radicadas en las universidades, que las subvencionan,  ya que otorgan prestigio universitario. Las revistas académicas son editadas por profesores de las univerdidades. Los centros les liberan de tiempo para editar la revista y les conceden un pequeño estipendio. La universidad les ofrece apoyo administrativo y estudiantes en prácticas para ayudar con el trabajo de secretaría.

Los editores revisan los manuscritos. Si el texto no es una porquería, entonces se envía a un pequeño grupo de profesores de otras universidades, que son expertos en este tema. Los revisores añaden contenidos y comentarios por escrito sobre la investigación. Sus universidades apoyan sus actividades, pues aumenta el prestigio de sus instituciones.

Después de que los revisores los hayan comentado, el editor de la revista transmite esta información al profesor, que hace las correcciones. Se envía de nuevo al editor de la revista que lo empaqueta con otros textos, escribe una introducción y los remite a una editorial sin fines de lucro.

La editorial es clave, porque necesita dinero para imprimir y distribuir la revista para su pequeña comunidad de lectores. Para conseguir el dinero, la editorial vende los derechos a una empresa académica de motores de búsqueda, como JSTOR. Para la editorial, este acuerdo es altamente rentable, ya que, a diferencia de la edición tradicional,   no tiene que pagar al autor o editor. Sólo tiene que cubrir los costes de la composición, impresión y distribución.

Después de haber comprado los derechos de la investigación académica, JSTOR digitaliza el material y vende el contenido de nuevo a las bibliotecas universitarias. Para recuperar sus costes de arrendamiento de la información a la editorial, los motores de búsqueda académica utilizan un modelo de suscripción para restringir el contenido a los que pueden pagar su alto precio. Una parte sustancial del presupuesto de las bibliotecas de las universidades se dedica a las suscripciones a las bases de datos. Las Bibliotecas de la UC San Diego indican que el 65% de su presupuesto total se destina a obtener acceso a JSTOR y otras bases de datos. Para acceder a la colección de Arts and Sciences de JSTOR -sólo una de las muchas bases de datos y colecciones de información- las bibliotecas universitarias deben pagar un cargo único de 45.000$  y luego otros 8.500$  cada año.

Demos un paso atrás y pensemos en ello. Las universidades que crearon este contenido académico de forma gratuita deben pagar para leerlo. Volvamos aún más atrás. El público -que ha financiado indirectamente a esta investigación con los impuestos federales y estatales que apoyan el sistema de educación superior- prácticamente no tienen acceso a este material, ya que las bibliotecas de barrio no puede permitirse el lujo de pagar los costes de suscripción. A los periódicos y los think tanks, que podrían ayudar a propagar la investigación en la esfera pública, se les niega el libre acceso al material. Los profesores se quejan justa y amargamente que sus trabajos de tantos años consiguen muy poca audiencia, mientras todos los años se producen 150 millones de intentos frustrados de leer el contenido de JSTOR, pues se les niega el acceso.

¿Cómo podemos hacer que esta investigación académica sea más accesible al público? El reto es encontrar una manera de poner la investigación en la web sin pasar por el vínculo de  la editorial/JSTOR. Si las revistas académicas omitieran este paso innecesario de ofrecer una versión impresa de sus revistas, se podría detener este ciclo. Simplemente podrían subir los documentos a un sitio web y dejar a  las editoriales fuera del proceso.

En la era de Google Scholar, no hay necesidad de motores académicos de búsqueda independientes. Los profesores podrían conseguir más lectores para sus investigaciones. Un entorno en línea proporcionaría una mayor colaboración y tiempos más rápidos de publicación. Las bibliotecas universitarias se ahorrarían enormes sumas de dinero. Los individuos curiosos que quisieran saber más sobre la investigación del autismo podrían tener acceso directo a la información.

La obstinada tradición mantiene este ciclo en movimiento.

2 Respuestas a “JSTOR y el acceso abierto

  1. Totalmente de acuerdo con Anaclet Pons, imposible creer que aún se siga este viejo modelo que ya no funciona!!!!!, de ahí que iniciativas como Redalyc.org crezcan tan rápidamente, al hacer una búsqueda sobre autismo en este portal resultan más de 600 artículos de revistas científicas cuya calidad ha sido verificada por el comité científico de redalyc y que además no tienen costo alguno. El acceso abierto es una realidad que crece a pesar de “La obstinada tradición”.

  2. Gracias por traducir este texto tan esclarecedor sobre la necesidad de fomentar el acceso abierto de las publicaciones académicas.

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