Los problemas de Grecia y su historia

Quien desee bucear el las raíces históricas de las desgracias padecidas por el pueblo griego está de enhorabuena. Como ha hemos dicho en este blog, el portal La vie des idées ha tenido la feliz ocurrencia de entrevistar al historiador Anastassios Anastassiadis, y por partida doble. La primera parte, que ya hemos ofrecido, trata sobre la creación del Estado griego en el siglo XIX; la segunda, igualmente interesante, cabalga sobre ese Ochocientos para centrarse en la actualidad:

Redistribución sin imposición

La vie des idées: El Gobierno griego parece tener muchas dificultades para aumentar los impuestos. ¿Tiene orígenes históricos este fenómeno?

Anastassios Anastassiadis: Como he mencionado anteriormente, el Estado griego es en realidad una antigua provincia del Imperio Otomano que se independiza. Tanto su sistema tributario como su régimen de tenencia de la tierra siguen la lógica otomana. En el ámbito jurídico, la ley islámica se imbrica con el derecho consuetudinario, pero también, para los cristianos, con el derecho  eclesiástico y, por tanto, bizantino. A su llegada, los bávaros inician la modernización de la tenencia de la tierra (abolición de las manos muertas,  redistribución de tierras, creación de un catastro) y de la esfera económica (introducción del Código de comercio napoleónico). Sus esfuerzos se detuvieron en seco con la quiebra de 1843. Así sucedió en particular con el catastro (que se acaba sólo en los últimos años, como parte del impulso de la Unión Europea de relanzar su realización) con la caja eclesiástica que se suponía iba a financiar la formación del clero, con la enseñanza primaria o con el Código Civil, que no fue promulgado hasta el siglo XX. Por otra parte, los esfuerzos de modernización y de centralización fiscal de los bávaros encontró una considerable resistencia en las comunidades locales. De resultas, toda una serie de prácticas otomanas perviven a lo largo del siglo XIX.

En concreto, en lo que respecta a los impuestos, debemos tener en cuenta que la estructura de la economía griega está marcada por el peso de la agricultura. la otra gran actividad importante reside en el comercio. Ahora bien, como demuestra el historiador Georges Dertilis, el compromiso político institucional griego del siglo XIX juega fiscalmente en favor de estos dos grupos. El establecimiento de un sistema parlamentario democrático se volvió pronto en beneficio de los agricultores, con una redistribución de las tierras que se hizo en su favor y el alivio de su presión fiscal. A diferencia de otras muchas trayectorias de estatización, en Grecia la pequeña propiedad agrícola sale bien parada y no es absorbida por la gran propiedad como en otros países europeos. Por tanto, Grecia es uno de los pocos Estados donde no hay un éxodo rural masivo que produzca una mano de obra abundante y a disposición de la incipiente industrialización, ni grandes revueltas de campesinos desposeídos y reducidos a la pobreza. Al mismo tiempo, el alivio fiscal para los agricultores no fue compensado por mayores cargas a profesionales liberales y financieros, que son el otro gran grupo con fuerte influencia, casi desproporcionada (todavía) en la representación política. Basta con mirar lo difícil que ha sido para los gobiernos de los dos últimos años liberalizar el acceso a las profesiones de abogado, ingeniero o arquitecto, mientras han aprobado recortes colosales de las pensiones!

Incluso después de la introducción del impuesto sobre la renta en 1910, el Estado griego siguió prefiriendo los impuestos indirectos para encontrar nuevos recursos. Esto se debe en gran parte a la dificultad de hacer que el impuesto sobre la renta sea realmente efectivo, una situación que tiene sus raíces en la estructura de la economía griega: profesiones pletóricas (el número de abogados, ingenieros, médicos, dentistas, pero también de fontaneros o propietarios de taxis por habitante en Grecia es excepcional), dominio de la pequeña propiedad agrícola y la pequeña empresa familiar con un bajo grado de mano de obra asalariada (o con empleados no declarados, a menudo inmigrantes, como en el turismo), importancia del pequeño comercio. Controlar el ingreso de estas profesiones es algo aleatorio y complejo todavía hoy. En 2010, unos 4,4 millones de empleados y jubilados griegos han declarado un promedio de 17.000 euros de ingresos anuales, mientras que los 379.000 miembros de profesionales declararon unos ingresos medios de 11.500 euros (el umbral del impuesto está fijado en 12.000 euros anuales), mientras la palma es para el millón de agricultores (1.500 euros de ingresos anuales como promedio)! No es de extrañar, por tanto, que el Estado griego, bajo el peso de la crisis, recurra a la vieja receta de la cuota de licencia anual para aumentar los ingresos. El peso de la economía informal (incluidos los servicios) reduce los ingresos fiscales, que pesan más sobre los empleados y jubilados, es decir, sobre aquellos cuyos ingresos dependen en última instancia del Estado, del sector parapúblico o de sectores que trabajan con el Estado (bancos, grandes empresas privadas).

De hecho, desde el principio, especialmente en el período de entreguerras, ha sido el consumidor el que ha soportado el peso de la carga tributaria. Las clases urbanas son las primeras en verse afectadas, pues no pueden confiar ni en unos ingresos suficientes ni en el autoconsumo. Cada vez que necesitaba dinero para financiar una medida de estatización, el Estado griego introducía un nuevo impuesto indirecto (una tasa sobre determinadas transacciones para construir juzgados, un impuesto sobre la cera para pagar los salarios y pensiones de los sacerdotes, un recargo sobre los billetes de barco para las pensiones de los marineros, etc.). En lugar de enfrentarse a la dificultad de recaudar los impuestos sobre la renta y las cotizaciones sociales, se acumulan tasas que pesan finalmente sobre el consumo. La introducción del IVA en 1987, que no fue acompañada de una reducción significativa de otros impuestos, fue en este sentido  un momento antológico.

El aligeramiento de la carga de los impuestos indirectos es uno de los temas principales de las reformas actuales, especialmente cuando los ingresos de los empleados y jubilados (sobre quienes inciden en mayor medida) han sido sometidos a recortes drásticos desde hace dos años. Uno podría pensar que, como resultado de la caída de los salarios y la disminución esperada del consumo, los precios se reducirían a pesar del aumento impositivo (en cualquier caso, esa era la apuesta de la troika). Esto no ha sucedido, lo que demuestra la capacidad de las profesiones cerradas a la competencia para evitar la bajada de precios, y la naturaleza altamente oligopólica del mercado griego. Los ingresos del Estado no han aumentado, los hogares han reaccionado a la caída de sus ingresos y el mantenimiento de precios con una reducción en sus compras, mientras que las profesiones industriales y comerciales han respondido a la caída de sus ventas con una acrecentada “resistencia”  a la transferencia del impuesto. Los ingresos por impuestos directos e indirectos han caído, sumiendo al país en una espiral de depresión observable desde hace dos años.

La situación actual requiere claramente el cuestionamiento del pacto fiscal, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX, que ha favorecido las actividades industriales, comerciales y liberales, por una parte, y a los agricultores, por otra, protegiendo los ingresos de los primeros (y no controlándolos) e subgravando la tierra de los segundos. Hay que desplazar la carga fiscal de los empleados a las diversas profesiones, mejorando la recaudación de impuestos, reduciendo los impuestos sobre el consumo, aumentando la fiscalidad de propiedad de la tierra y los ingresos por cuenta propia, y eliminando las lagunas fiscales que se han desarrollado con la transformación socio-económica de Grecia.

La vie des idées: ¿Cómo se ha producido, a pesar de todo, la redistribución de la riqueza en Grecia?

Anastassios Anastassiadis: Como he escrito en otra parte, el siglo XIX es el del desarrollo de la práctica del evergetismo, que permitió una cierta redistribución de la riqueza. De hecho, eran prácticas de caridad de tipo premoderno, que formaban parte de un nuevo marco económico: la integración de la economía rural en la economía mundial a partir de las oportunidades ofrecidas por la liberalización  comercial del Mediterráneo Oriental. Estas permitían exorcizar la mezcla de miedo y envidia que la riqueza repentina de los comerciantes, y la visualización de esta nueva desigualdad social, podía provocar en estas comunidades. La Iglesia Ortodoxa facilitó este cambio redefiniendo su concepción de la relación entre el pecado y la vida eterna a través del proceso de sucesiones y testamentos. En particular, se introdujo el concepto de donación a la comunidad, que se llevó a cabo no sólo mediante donaciones a los monasterios, como redención de los pecados, sino también en favor de la familia, como operación de tipo “memorial”. Será ya toda la comunidad la que recuerde el nombre del benefactor hasta la llegada del Apocalipsis, y no sólo su familia.

Luego, a partir de mediados del siglo XIX, este mecanismo del poder se transforma para adaptarse a un discurso “nacional” englobador, donde las diversas prácticas de beneficencia, agrupadas bajo el término de  evergetismo, se convierten en una prueba más de la continuidad histórica de la nación griega desde la antigüedad (el evergetismo era, de hecho, una práctica característica de las ciudades griegas de las épocas clásica y helenística, ampliamente estudiado por los helenistas desde finales del siglo XIX hasta el famoso libro de Paul Veyne Le Pain et le Cirque, publicado en 1976). También se convirtió en un mecanismo de dominación significativamente influenciado por las prácticas y las nuevas realidades sociales venidas de Occidente, acomodándose de paso a conceptos y problemas como la caridad, la cuestión social, las clases peligrosas … Como repiten con orgullo varios políticos, periodistas e intelectuales, quienes trataron de conjurar un espectro que se acercaba a toda velocidad, la cuestión social no existía en Grecia, la presencia de los benefactores nacionales hacía innecesaria toda lucha de clases.

Obviamente, esto dista mucho de ser real, y el Estado tuvo que considerar otras soluciones. El estado del bienestar y el desarrollo del empleo público durante el siglo XX fueron los medios para garantizar la redistribución y asegurar la legitimidad del Estado. Desde 1930 hasta la década de 2000, el Estado griego se ha convertido en un auténtico estado de bienestar mediante la implementación de toda la gama de políticas distributivas y redistributivas propias de cualquier Estado moderno (salud, educación, pensiones, previsión). Algunas de estas políticas reflejan a veces el aspecto paternalista de ese Estado típico de las sociedades rurales, que no conocían el principio del seguro mutualista. El sistema griego, sin embargo, sufrió tres graves deficiencias: una financiación proveniente sobre todo de los impuestos indirectos sobre el consumo; un establecimiento a trompicones que permitió a algunos grupos de profesionales recibir un mejor tratamiento en función de su poder de negociación; por último, el uso del empleo público y de los beneficios otorgados según “criterios sociales” como una forma de practicar una política de seguridad social a bajo coste (por ejemplo, designando a determinadas personas para los empleos públicos por razones sociales, o permitiendo que los estudiantes que no han logrado entrar en una selectiva facultad ateniense, sino a su equivalente provincial, poder matricularse de todos modos en Atenas aduciendo una “reunificación familiar”). Esto ha sido un hándicap para la función pública, y está claro que este modelo ya no puede continuar. Tendrá que ser reemplazarlo: si la única lógica propuesta por la Unión Europea es deconstruir el Estado, es de esperar que tenga consecuencias dramáticas (el desempleo de los menores de 25 años ya está al 50%, la tasa de suicidios aumentó en un 40% en dos años, el crimen es rampante)  y que haya una fuerte protesta social cuya magnitud no se puede predecir.

La vie des idées: El papel de la Iglesia ortodoxa en la sociedad griega, y con las dificultades actuales, ¿es tan grande como se dice?

Anastassios Anastassiadis: He trabajado mucho sobre la Iglesia y creo que este es el topos favorito de los periodistas, tanto griegos como extranjeros, y de los políticos faltos de ideas. Esto les permite proveerse de un discurso progresista a bajo coste. La Iglesia Ortodoxa es importante, es un hecho. Los políticos saben que esta es una institución que puede proporcionar una vía para llegar a los votantes, al igual que los medios de comunicación o las asociaciones profesionales de abogados o médicos.

¿La Iglesia Ortodoxa ha hecho una considerable fortuna? Probablemente. ¿Podemos estimarla? En realidad no, porque no tenemos ningún registro de la propiedad en materia de tenencia de la tierra o acceso a sus bienes muebles. Se trata, además, de una institución altamente descentralizada (habría que ir a todas las diócesis para tener una idea cabal). Algunas áreas importantes son en realidad bienes de instituciones eclesiásticas con un estatuto casi extraterritorial. Este es, por ejemplo, el caso de las posesiones de los monasterios del Monte Athos, que dependen del Patriarcado de Constantinopla, o las del Patriarcado de Jerusalén. A menudo son también esas instituciones las que están involucradas en escándalos, y las de la Iglesia de Grecia propiamente hablando. Sin embargo, desde este punto de vista, el Estado griego tiene poco margen de maniobra. Las instituciones eclesiásticas ortodoxas, pero extranjeras, suponen un asunto de relaciones internacionales que el Estado griego no se puede tomar a la ligera en nombre de una secularización supuestamente progresista. Sólo recuerde que cuando el fiscal de la República acusó a un superior de un gran monasterio del Monte Athos involucrado en un escándalo inmobiliario, fue el propio Vladimir Putin el que intervino en su favor!

Con respecto a la propiedad inmobiliaria de la Iglesia de Grecia, está ahora, después de varias oleadas de nacionalizaciones que se produjeron en la década de 1830 y luego en los años 1914-1929, muy por debajo de lo que pudiera pensarse. Por otra parte, muy a menudo es objeto de demandas legales por su explotación, en particular con los municipios. Viendo mi trabajo sobre las nacionalizaciones precedentes, desconfío cuando oigo hablar de la necesidad de que la Iglesia contribuya, especialmente cuando se trata de políticos locales. La mayoría de las veces, este discurso esconde una disputa sobre las tierras o el deseo de apropiárselas. Muchos municipios desearían meter mano en la propiedad de la iglesia, como ocurrió durante todo el siglo XIX, cuando eran directamente responsables de las iglesias. Teniendo en cuenta lo que sabemos sobre aquella época y el estado actual de los municipios, es una posibilidad que debe evitarse.

Las leyes de 1929-1932 sobre la Iglesia habrían debido regular todas las cuestiones sobre la propiedad y la financiación de las instituciones eclesiásticas y de su personal. La Iglesia finalmente iba a gestionar su propiedad y su personal de manera independiente, una eventualidad que había aterrorizado a los políticos desde la independencia, porque temían su influencia, cuando la legitimidad del Estado no estaba del todo asegurada. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial puso a la iglesia en una difícil situación financiera. De repente, el Estado se comprometió a pagar los sueldos de los clérigos ortodoxos a cambio de algunas nacionalizaciones adicionales y del pago del 25% los ingresos eclesiásticos anuales (porcentaje aumentó al 35% en 1968 con la dictadura, y que luego se ha reducido gradualmente desde 2004). En realidad, estas rentas eclesiásticas fueron sistemáticamente infravaloradas, como cualquier otro ingreso no salarial en Grecia. Pero su rentabilidad es de todas formas restringida y está lejos de las fantásticas sumas imaginadas: en 2003, año del mejor registro, esta contribución solo le reportó al estado griego 10 millones de euros. Incluso teniendo en cuenta que la base que se utilizó para calcular esta contribución estaba muy infravalorada, no es suficiente para fantasear.

Dicho esto, la Iglesia griega sufre los mismos problemas que el Estado griego en términos de institucionalización insuficiente, falta de personal realmente “productivo” y gestión eficaz de sus recursos. La crisis también será el momento de la verdad. Debe revisar su modelo de funcionamiento, porque en la situación de desastre social que se anuncia para Grecia, las expectativas y necesidades de la población serán enormes. Por otra parte, un aumento de la fiscalidad inmobiliaria tendrá un impacto automático sobre su fortuna. Sin embargo, no hemos de reproducir un discurso que trata de alejar nuestra mirada de los problemas reales de la economía griega: la estructura de esta economía y su débil (o artificial) generación de ingresos fiscales, así como su integración paradójica en la esfera económica europeos desde hace treinta años.

Una crisis económica  y democrática

La vie des idées:¿Cuáles fueron las consecuencias económicas y sociales de la adhesión de Grecia a la Comunidad Europea en 1981? ¿Anunciaban la crisis actual?

Anastassios Anastassiadis: Vamos a primeros pilares sobre los que Grecia fue reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial: la construcción como motor de la economía, la emigración como una válvula de seguridad contra el éxodo rural y como una fuente de divisas ; desarrollo de la infraestructura y las empresas públicas para su gestión, el desarrollo de la industria griega protegidos por aranceles, los subsidios directos o indirectos y el carácter oligopolístico del mercado griego, el apoyo en todos los sentidos a los campeones tradicionales como el turismo comercial, marina o más tarde. Mientras tanto, en el contexto de la Guerra Civil posterior, se tomó el modelo occidental capitalista, la promoción, destacando una cultura de consumo masivo. Sin embargo, los griegos se quedaron muy “frugal”, hasta la década de 1980 (es probable que pueda ver los últimos vestigios de una sociedad profundamente marcada por la población rural – a principios de la década de 1980, el 25% de la población todavía trabajaba en el el sector agrícola).

La entrada de Grecia en la CEE en 1981, ha tenido muchas consecuencias. La industria, previamente protegidos, se desplomó bajo los golpes combinados de la eliminación de las barreras proteccionistas y de importación de productos europeos manufacturados en los países con mayor productividad y la práctica de precios más competitivos. La desindustrialización experimentado una segunda ola de la final del bloque soviético y la integración gradual de los antiguos países de Europa del Este en la Unión Europea. La agricultura, por su parte, se ha enfrentado a la llegada de productos de la competencia. Griegos los gobiernos socialistas de la década de 1980 respondió mediante una política no muy diferente de la del primer gobierno Mauroy en Francia (la nacionalización de las industrias interesadas, las prácticas inflacionarias, terciario), añadiendo el uso de los fondos estructurales para construir la infraestructura para la el desarrollo del empleo público, aunque no siempre tengan un plan en términos de adecuación a las necesidades socio-económicas y los recursos disponibles – no es una universidad en Grecia por 250 000 habitantes, mientras que la media europea es uno a uno millones de personas -, mientras que el uso de la PAC para aumentar los ingresos agrícolas, sin el cambio a la producción o aumento de la productividad.

Poco a poco, el papel del gobierno en la economía se ha vuelto más y más sin que se ha vuelto más eficiente. El déficit presupuestario griego y la deuda se disparó en la década de 1980. En primer lugar, la devaluación de la dracma y la inflación se han suavizado el golpe, pero al mismo tiempo, que ganó el caso de “frugalidad” griego, que acabo de mencionar. ¿Por qué ahorrar, cuando la inflación es alta? Durante la segunda mitad de la década de 1990, el control de las finanzas públicas sólo fue de corta duración, y fue arrastrado rápidamente por la euforia de los proyectos gigantescos en la víspera de los Juegos Olímpicos de 2004. Por otra parte, con la entrada en el euro, la economía griega se ha beneficiado de un amplio acceso a crédito barato. En veinte años cortos, el consumo ha sustituido a la frugalidad, el desarrollo de una fuerte dependencia del crédito. Los griegos tomados de sus bancos, que prestaron los bancos alemanes y franceses, para comprar los productos … Alemán y francés.

Los diversos sectores (la construcción de la salud), cuya actividad se mantiene estrechamente ligada a la acción del Estado se aprovechó de este boom artificial. Los agricultores se han convertido en rentistas o contratistas locales, sin la necesidad de entrenar o hacer grandes inversiones. La llegada, después de la caída del Muro de Berlín, una mano de obra inmigrante abundante y barata hace que la situación aún más euforia para algunos. Esto fue especialmente cierto en las islas, donde el desarrollo del turismo ha creado nuevos grupos de la economía de rentistas de (café) golpeó “¿Por qué trabajar la tierra o dedicarse a actividades productivas cuando se puede construcción de “habitaciones para alquilar” y asegurarse el cobro de tres meses a un turista renta gracias cautivos no impuestas, o gravadas a la ligera, a los inmigrantes con salarios bajos no declarado?

La ausencia de un sistema impositivo efectivo ha dado lugar a estos sectores, un menor nivel de inversión, la innovación y la mejora de la productividad, y la canalización de los beneficios a la no productiva (al menos para Grecia). De hecho, es un problema estructural de la economía, de cualquier rasgo cultural. Del mismo modo, hay que enterrar este falso debate sobre el número de horas de griego y mediterráneo en general, algunos dicen que el trabajo y algunos otros autoclaves que trabajan más que cualquier otro ( OCDE confirma también que los griegos trabajaban 2.100 horas al año en 2008, frente a 1450 para los alemanes). La cuestión no reside en el número de horas de trabajo, pero la productividad: es evidente a partir de este punto de vista, para un número de razones, entre otras discutidos aquí, la productividad griega es muy baja. Esto no impide que muchas personas suelen tener dos trabajos, un trabajo formal en la mañana, lo que les garantiza la seguridad social, el empleo informal y por la noche, lo que les da un ingreso adicional.

La vie des idées: ¿Podemos decir que la crisis de la deuda griega, antes de que el resultado de una debilidad histórica del Estado griego es principalmente el producto de la desigualdad social y una crisis de la democracia?

Anastassios Anastassiadis: La crisis del estado griego es hoy una triple crisis que se despliega en tres escalas temporales y espaciales. Esto se debe principalmente a una crisis europea y mundial, vinculadas al funcionamiento de la economía mundial, sus desequilibrios y la forma en la unión económica y monetaria europea ofrece la mediación (muy) imperfecto de los estados y zonas más penalizado o marginados por la división internacional del trabajo. La crisis financiera ha hecho que los estados más frágiles vulnerables a los embates de la investigación financiera es más garantías para sus inversiones, o mejor las ganancias a corto plazo. A nivel europeo, la ausencia de una verdadera armonización fiscal y las herramientas para la regulación económica y un mínimo de solidaridad entre las regiones es en gran parte responsable, no la crisis griega, pero empeora los últimos dos años. Como escribió Paul Krugman, Grecia no está más en deuda o quiebra como California, pero se beneficia tanto el apoyo de la política monetaria de la De la Reserva Federal y la política fiscal del estado federal, y no se ahogó en nombre de la devolución de aquellos que han especulado acerca de que en gran medida en los últimos años. Por último, las políticas redistributivas que los californianos de beneficios son pagados por el presupuesto federal, mientras que en Europa cada Estado asume por sí solo.

Nivel cíclico, somos testigos de la crisis del modelo de producción y de consumo griegos últimos años treinta. Grecia tendrá que practicar una retirada drástica como préstamos a tasas bajas, lo que se está acostumbrado, sobre todo desde la entrada en el euro. Ella volverá a presupuestos equilibrados, sin poder ahora recurrir a la deuda barata y los subsidios europeos para impulsar un control de estado que se parece a una carrera precipitada sin un plan, excepto la satisfacción de las comunidades locales. Es evidente que el aparato del Estado experimentarán recortes. Esperemos que dejaremos a las generaciones futuras la posibilidad de escapar. Para ello, el cuestionamiento, tan pronto como sea posible, los compromisos sociales y políticos que llevaron a la griega en los últimos quince años, es esencial. El Estado griego debe reanudar su trayectoria de control del Estado mediante el establecimiento de un nuevo récord de pista a la vez modesto y realista.

Por último, esta crisis es sobre todo la crisis de la clase política griega, especialmente los partidos políticos que surgieron después de la dictadura, según ha explicado el politólogo Yannis Voulgaris. Dentro de las dos más grandes de estos partidos, el PASOK de centro-derecha y centro-izquierda de la Nueva Democracia, tienen grupos coexistido siempre e ideológica muy diversa política unida, bajo una misma bandera por la única ambición de ganar una competencia electoral que no deja lugar a alianzas electorales y por lo tanto a los partidos más pequeños. Ambas partes, por otra parte, siempre luchó por el mismo electorado, especialmente la clase media y la pequeña burguesía. Esto no es problemático en sí mismo, sino que se convierte así que cuando no hay burocracia o institución puede actuar como una medida de salvaguardia.

Sin embargo, no hace falta decir que después de la votación el 12 de febrero, el panorama político griego es más que nunca cerca de una reorganización. Cada uno de los dos grandes partidos se ha eliminado de su lista de veinte diputados que se negaron a votar las nuevas medidas de austeridad. La crisis es muy grave, especialmente por el PASOK viviendo sus últimas horas en su forma original, la de una formidable máquina electoral (más de veinte años en el cargo durante los últimos treinta años). En menos de tres años de gobierno, que perdió más de treinta miembros de la 160, y muchos predicen un desastre electoral en las elecciones que tendrán lugar en abril. La impopularidad de las medidas adoptadas en los últimos años no explica por sí sola la implosión. El gobierno del Sr. Papandreou fue trabajado por profundas contradicciones internas entre la necesidad de cumplir con los requisitos europeos y el deseo de no pagar el precio de las elecciones, que le llevó a centrarse en las estrategias de “bluff” y política de comercialización en lugar de tratar con los problemas reales estructurales de la economía. La presión de los grupos de interés más activos, que también constituían su base electoral, no sirvió de nada.

El partido de centro-derecha también se debilita. Perdió treinta diputados desde las elecciones, hay dos años y medio, cuando no tiene ni siquiera para ejercer el poder! De hecho, esta crisis al mismo tiempo puede ser beneficioso para él, la votación parlamentaria del 12 de febrero ha demostrado su voluntad de su líder para dejar de ser una pálida copia del PASOK como una máquina electoral. La decisión de asumir plenamente su condición de partido político liberal, anclada en el derecho, perderá sus partidarios en los sindicatos y para-público y público-de ciertas clases que compartió con el PASOK, ya que perdió la mayoría Los miembros del “derecho popular y nacional”. Pero no había esperanza de todos modos, probablemente, más, un punto de vista electoral, una reconciliación con las clases medias pro-europeos, una ruptura completa con el PASOK, y el mantenimiento de una estrategia de los grupos orientados social, se estancó y cortejado por una serie de otros partidos de la extrema izquierda a la extrema derecha.

El deseo de una renovación política de la población es tal que sin duda será difícil para los operadores tradicionales para sobrevivir a la crisis. De todos modos, los verdaderos problemas que tenemos ante nosotros: la remodelación del aparato fiscal, diseñado para que sea más coherente con el más moderno, pero también se adaptan a lo específico griego, una política de contratación y formación de la burocracia digno de ese nombre, que se ocupará de la política y no estar al servicio de ellos, y, finalmente, la inclusión de estas medidas en un nuevo pacto social y la aceptación por los ciudadanos a través de la reanudación del proceso democrático y por la renovación masiva de personal político. Este es un proceso largo y doloroso que puede llegar a ser muy. Es por eso que es importante que la UE es la cuestión de la integración fiscal y social no se refiere simplemente a la menor carga de una integración aduanera y monetaria en una sola dirección.

Una respuesta a “Los problemas de Grecia y su historia

  1. Pingback: La otra bancarrota griega: historia documentada « Clionauta: Blog de Historia·

Los comentarios están cerrados.