Los muchos lenguajes del pasado: Sanjay Subrahmanyam

Tras la entrevista en francés, seguimos con la que este historiador indio ofreció en inglés a los responsables de books&ideas. Como se verá, el contenido es totalmente distinto, a excepción de la última parte:

Books and Ideas: ¿En qué está trabajando ahora?

Sanjay Subrahmanyam: Ahora mismo estoy trabajando en un conjunto de materiales franceses del siglo XVII, un asunto muy curioso. Como es posible que sepa, enseñé aquí, en la EHESS de París, de 1995 a 2002 y en 2004, aunque  pasé los últimos de esos dos  años entre Oxford y París. En aquel momento, trabajé algo sobre fuentes francesas, en los Archivos Nacionales y en la Biblioteca Nacional. Pero se me ocurrió que, a pesar de que ya había mirado con cierta profundidad en otras fuentes europeas, nunca había ido más allá de esa inicial toma de contacto con los materiales franceses. Yo estaba entonces supervisando a una estudiante de la UCLA, Susan Mokhberi, que trabajaba en la embajada enviada por el gobernador de Safavid de Irán a la corte de Luis XIV en el siglo XVIII. Empecé a leer esas fuentes con ella, y me di cuenta de que entendía estas fuentes de manera diferente de como lo hice antaño, porque tenía una idea bastante diferente sobre la historia de Eurasia de la época. Como estaba tratando de conseguir  un año sabático, me decidí a escribir un proyecto para una beca Guggenheim sobre fuentes francesas – que también me ayudaría a nivel personal, porque mi esposa, Caroline Ford, es una historiadora de Francia. Esto puede sonar como una manera muy aleatoria de hacer las cosas. Pero detrás de eso hay un conjunto de problemas que desde hace mucho tiempo me interesaban: ¿cómo se puede volver a escribir una historia del orientalismo que no sea la historia de Orientalismo colonial británico,  sino de algo que existía antes?

Al hacer este tipo de investigación hay nombres muy obvios que te encuentras, como el de François Bernier, que procedía de la región francesa de Anjou. Aunque se ha realizado una cierta cantidad de trabajo sobre Bernier, incluyendo una reedición reciente de algunos de sus escritos, hay una serie de preguntas acerca de él que nadie realmente ha planteado. Y detrás de él hay un montón de gente que nadie ha analizado en trescientos años! La persona en la que me estoy centrando en este momento es François Le Gouz de la Boullaye, un caballero que, como Bernier, era de Anjou y que llegó a la India en la década de 1640, luego regresó a Francia, y más tarde regresó y murió en la India en 1668 o así. Lo que quiero hacer con estas fuentes francesas es cruzarlas con las fuentes holandesas e inglesas sobre los franceses, con el fin de darles mayor profundidad. Con el tiempo, estoy interesado en ver cómo los franceses vieron a los mogoles y los mogoles vieron a los franceses -hay pocas fuentes directas, pero implícitamente se puede comprender un cierto número de cosas.

Las facetas de un individuo

Permítanme volver a François Bernier. Era un médico formado en la famosa Facultad de Medicina de Montpellier, y un filósofo muy cercano a Gassendi: escribió una Abrégé de su filosofía, y estaba allí cuando Gassendi murió. Como tal, fue leído por Locke, y su influencia se hace sentir desde Montesquieu hasta Marx. Bernier fue incluso un pensador clave en la construcción de la figura del déspota oriental y, finalmente, del modo de producción asiático. Bernier fue a la India y pasó mucho tiempo allí (entre 1656 y 1668). Varios de sus escritos fueron publicados poco después de su regreso. Pero también hay materiales muy interesantes que se quedaron sin publicar en el momento. En uno de estos textos da más o menos asesoramiento confidencial a Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV, sobre el funcionamiento de la Compañía Francesa de las Indias Orientales. Peter Burke ha escrito sobre Bernier y ofrece lo que creo que es una visión bastante aúrea: el Bernier que se ve en el material inédito es muy diferente del filósofo alto y poderoso de su Cartas. Bernier era realmente muy maquiavélico, aunque crudamente político hasta un extremo increíble.

Le daré un ejemplo. Hubo un pirata llamado Hugo, que apareció en la década de 1660 en el Océano Índico y atacó a los buques que transportaban peregrinos a La Meca. Este hombre fue capturado en el Mar Rojo, sus bienes incautados y enviado de regreso a Europa. Colbert lo quería emplear. Bernier le aconsejó que no lo hiciera. Es muy interesante la forma en que trata el asunto. Él no desanima a Colbert, le dice: “Espere un poco de tiempo hasta que la gente haya olvidado quién es este pirata. Siga insistiendo en que no es francés, sino holandés. Y cuando la gente haya mudado su opinión, entonces usted podrá poner a este sujeto en liza”.   Y hay un montón de consejos en sus menos conocidos escritos sobre la India, incluida una estrategia engañosa hacia los mogoles sobre el alcance y la naturaleza del poder francés en Europa. En general, vemos una concepción muy curiosa de la política que  puede matizar la visión de cómo alguien como Bernier actuaba -y lo hace en dos o tres niveles: etnográfico, como estudioso de la religión comparada, como un actor claramente maquiavélico.

Books and Ideas: Como historiador, a menudo ha recurrido a biografías y anécdotas biográficas …

Sanjay Subrahmanyam: Muchos historiadores han utilizado las trayectorias individuales, en contextos muy diferentes. Mi libro sobre Vasco da Gama no es una biografía en el sentido normal del término. Hay una biografía clásica en francés, a cargo de Geneviève Bouchon, y los editores franceses, cuando tantearon una traducción de mi propio trabajo, que había salido antes en inglés, pensaron que sería redundante. Sin embargo, ambos libros son muy diferentes. Más que seguir solamente al individuo,  voy y vengo entre las grandes cuestiones del contexto y la trayectoria individual de Gama, sobre el que las fuentes son muy silenciosas. Gama no escribió ni habló mucho, así que no hay manera de entrar en su subjetividad, que es a menudo el objetivo del escritor de biografías. Es simplemente imposible. Y, por supuesto, un montón de historiadores se enfrentan a estos problemas. Piense en El queso y los gusanos y en la microhistoria, o incluso en personas que no se tienen por microhistoriadores, como Linda Colley, que escribió un libro acerca de una mujer secuestrada en el siglo XVIII por su interés en el género y en la circulación de personas en el mundo moderno.

Mi propio interés en cuestiones amplias sin duda proviene de mi experiencia en las ciencias sociales y mi fuerte formación económica en la Delhi School of Economics. La antropología social y cultural tenían mucho peso: M.N. Srinivas, André Beteille y Veena Das eran las principales figuras de ese medio en el momento, en la década de 1970. En cierto modo, yo no necesitaba venir a París: París y la “teoría francesa” ya estaban en Nueva Delhi. Siempre he tratado de moverme entre este nivel y un enfoque más centrado en el individuo. En un nivel básico, es la clásica pregunta de cuán determinista es tu historia, cuántas personas son prisioneras del contexto o agentes activos. Lo que hay que hacer es viajar constantemente entre estos niveles de análisis. Lo hice desde mi primer libro. Por ejemplo, en The Political Economy of Commerce, que procedía de mi tesis, propuse el concepto de “portfolio capitalist”. La única manera en que fui capaz de convencer a la gente de que este concepto era una forma interesante de observar el desarrollo de un cierto tipo de capitalismo comercial era realizar un seguimiento de estos capitalistas, ver con qué recursos trabajaban y cómo los manipulaban. Escribí un capítulo entero a partir de las trayectorias individuales. Incluso en ese momento, en 1987-1988, no estaba en una historia económica muy determinista. Yo realmente no era como algunos de mis profesores que contaban los barcos y los fletes, hacían gráficos y regresiones -también me enseñaron a hacer esas cosas.

¿Por qué esta diferencia desde el principio? Uno de mis buenos amigos, alguien con quien he tenido conversaciones muy interesantes con los años, Partha Chatterjee, se formó como un científico político clásico, en Rochester, para trabajar en la teoría de los juegos y la carrera armamentista. Ahora, uno de los últimos libros que ha escrito se titula A Princely Impostor, sobre el llamado caso del Kumar de Bhawal. Ocurre en la India del siglo XX: un príncipe muere de sífilis, pero llega un religioso mendicante, un sannyasi, que afirma que él es el príncipe y es creído por la familia. ¿Cómo alguien formado en la teoría política llega al estudio de una historia tipo Martin Guerre? En general, creo que incluso los economistas indios aferrados a la economía siempre han tenido un carácter más humanista en su disciplina que muchos de sus colegas no indios. Hay algún tipo de  componente cultural allí. Estoy pensando en gente como mi maestro y amigo Kaushik Basu. Tal vez los científicos sociales de la India también son más propensos que otros a mezclar sus intereses literarios con su enfoque científico social -ahora, por supuesto, no estoy diciendo que en la India no haya distinción entre ficción y no ficción.

Los historiadores y sus lectores, los historiadores entre ellos

Books and Ideas: ¿Está ese enfoque humanista conectado con una relación diferente con los lectores de la India?

Sanjay Subrahmanyam: La mayoría de los historiadores de la India, creo, no escriben con la mente puesta en un determinado público, o mucho menos que en Francia, por ejemplo, donde un libro de historia que lo haga razonablemente bien puede vender cinco mil ejemplares. Es imposible en la India -uno escribe para diez personas. Nunca he escrito para una gran audiencia o teniendo un público estudiantil en mente, a excepción de The Portuguese Empire in Asia, que es algo parecido a un libro de texto. Incluso ahí, sabiendo que el libro no iba a ser utilizado en la India, me dirigí a un público mucho más grande, en todo el mundo. Creo que para la mayoría de mis colegas en la India la audiencia estudiantil llega o no llega, pero no escriben teniéndola en mente.

También es cierto que en la India la autoridad cuenta mucho más que, digamos, en los EE.UU. En Estados Unidos, los estudiantes de un seminario te cuestionan de una manera que los estudiantes indios no necesariamente harían. Pero también hay una tendencia mucho mayor a la conformidad en los EE.UU., donde tienes que escribir como escribe todo el mundo. Y hay un deseo constante de clasificar -y esto no es sólo una cosa intelectual, sino una evidente estrategia de marketing, como poner cualquier otro producto en un supermercado. En un artículo arbitrado, a menudo eres invitado a citar “diez importantes libros o artículos” sobre el tema desde el principio. Pero si no están implícitamente presentes en el tema, o son irrelevantes,  ¿por qué citarlos? Es sólo una cuestión de quitarse el sombrero ante esos autores – tres de los cuales serán probablemente tus revisores de todos modos. Si no existiera este tipo de presión -que veo el equivalente académico del procesado de alimentos-, podríamos tener un trabajo mucho más creativo, y un mayor deseo de jugar con la forma y el contenido en la escritura de la historia.

Books and Ideas: Una parte muy considerable de su trabajo se centra en las conexiones entre imperios, ámbitos comerciales, etc.  También ha subrayado que eso implica redefinir los objetos de la investigación histórica. ¿Qué tipo de objetos históricos derivan cuando se presta atención a esas conexiones?

Sanjay Subrahmanyam: Yo pertenezco a una generación que no es la generación de la independencia india. Es la generación de Partha Chatterjee y Dipesh Chakrabarty. Todos ellos han nacido más o menos en 1947 o 1948, el año de la independencia india. Todos son “Hijos de la medianoche“. Incluso mi estrecho colaborador Muzaffar Alam nació en 1947. Ellos ya habían hecho una labor considerable al tomar el marco nacionalista heredado, que era el marco dominante de la historia de la India, y criticarlo.   Lo que es realmente paradójico es que, después de haberlo criticado como proyecto teórico, seguían siendo  más o menos prisioneros del mismo, en términos de su propia producción monográfica. Ninguno de ellos pensó que fuera interesante, por ejemplo, escribir un artículo sobre algún aspecto del sudeste asiático o del Asia occidental. Siempre escriben sobre la India, o sobre  la India en relación con Occidente. También estan completamente dominados por el encuentro colonial, lo cual es comprensible dada su generación. Para ellos, es el problema que enmarca todas las investigaciones históricas. Al tener la suerte de pertenecer a una o a media generación posterior, yo podía dar por sentado buena parte de eso. En el momento en que yo estaba haciendo mi tesis, el famoso libro de Partha Chatterjee  más o menos ya existía;  las Comunidades imaginadas de Benedict Anderson ya estaba publicado. Para mí, era bastante obvio que el marco nacionalista no era el adecuado.

Pero una vez que uno ha hecho la crítica teórica del colonialismo y del discurso nacionalista  ¿qué objetros vas a construir? Ese es mi verdadero problema. Cuando busco historias conectadas, siempre es en un contexto particular. Si alguien va a hacer historias conectadas sobre el presente o sobre el futuro, será un contexto muy diferente. Puede ser que para entonces los tipos de objetos que hemos establecido en mi generación se hayan convertido en algo viejo y gastado y ya no sean interesantes;  puede que la gente quiera hacer otras historias conectadas. Es realmente una manera de tratar de romper constantemente los moldes de los objetos históricos.

La dificultad es que si uno va a un departamento de historia en la India, sesenta y ocho de cada setenta personas que hay allí pueden trabajar sobre la India. Generalmente hay dos personas que enseñan historia europea o tal vez, en la generación de más edad, historia soviética o historia de Rusia, ya que tenían algún tipo de relación. Habitualmente, en un departamento de historia en la India nadie investiga en otra cosa, incluso si enseñan mediante el uso de los libros de texto habituales. Tomarán los compendios de Peter Burke sobre las nuevas tendencias de la historia social europea y enseñarán a partir de esa historia social europea. Pero a la mayoría de ellos nunca se le ocurrirá ir a un archivo que no sea indio o británico. Desde que trabajo en el período precolonial, es aún más evidente para mí que la relación entre Gran Bretaña y la India no puede ser mi marco de relaciones para todas las preguntas o para la mayoría de las preguntas que me hago. Tomemos el ejemplo de la historia de Birmania. En la India, casi nadie piensa que valga la pena hacer la historia de Birmania. Sin embargo, la historia del norte de Birmania está muy estrechamente ligada a la historia de cierta parte oriental de la India, especialmente Bangladesh y la India nororiental. Forman un todo en cuanto a circulación y formación del Estado. Sin embargo, con la excepción tal vez de dos o tres expertos en la literatura de Bengala, no es algo que la gente haga. ¿Y cuánta gente trabaja en la India sobre el Sudeste Asiático, que es justo el camino que nosotros transitamos?

En la India, y creo que aquí también en Francia, la historiografía nacional y nacionalista sigue siendo la historiografía dominante. Siempre habrá una historiografía dominante. Nunca ha sido mi preocupación proponer lo que pudiera ser un paradigma dominante. Lo pienso más como Oppositionswissenschaft, un término que tomo del historiador intelectual Peter Miller. Está concebido para desafiar e ir contra la corriente, no en un sentido negativo ni en el mero sentido de decir “aquí están sus errores teóricos”, sino en el de proponer otros proyectos concretos, para ponerlos en práctica y decirle a la gente, “aquí hay otro proyecto, dime qué tiene de malo y por qué otras personas no pueden trabajar en esa senda”. Por supuesto que la gente te dirá que hay cincuenta mil razones prácticas por las que no se puede hacer. Es muy difícil aprender idiomas, es muy difícil para la gente de la India salir y tener acceso a esos archivos. Cuando yo estaba enseñando en Portugal en los años ochenta, solía decirles a los estudiantes que,  para responder a algunas preguntas sobre el imperio portugués, uno realmente tenía que ir a los archivos holandeses. Decían: “¿Holandés, qué clase de idioma es ese? ¿Quién en sus cabales puede aprender holandés?”

La coyuntura milenarista del siglo XVI fue un ejemplo que tomé de cómo podemos mirar las conexiones y ver emerger un objeto oculto.  Por desgracia, en el debate que siguió, algunas personas lo tomaron muy literalmente, y se centraron en el ejemplo en lugar ver la cuestión más amplia. Elegí este ejemplo porque me pareció que era inesperado. Si yo hubiera escrito sobre la circulación de la plata, la gente me habría dicho que Pierre Vilar había hecho ese tipo de cosas muchos años antes. Además,  también se convierte en una historia muy material, una historia de precios y dinero. Yo quería tomar algo que fuera un fenómeno mucho más político y cultural, con el fin de mostrar cómo podemos jugar con él.

Mundos entrelazados e intersecciones

Books and Ideas: Su investigación se ocupa principalmente del sur de la India, el Imperio Mogol y la Europa moderna temprana o, como usted dice, “la Eurasia moderna temprana”. La gente en Francia está familiarizada con el trabajo de Serge Gruzinski sobre los mundos entrelazados de la Monarquía Católica. ¿Puede mencionar obras recientes en la misma línea que se centren en otras entidades políticas y culturales?

Sanjay Subrahmanyam: Es cierto que he trabajado sobre el sur de India, el Imperio Mogol y la Europa moderna temprana, pero con Muzaffar Alam, por ejemplo, también he trabajado sobre Asia Central, Irán y el sudeste asiático. También estoy bastante al corriente sobre la historia otomana, a pesar de que en realidad no trabajo en los archivos otomanos. Yo enseño historia otomana y utilizo mucho la historia otomana, incluso en mis ejemplos, esencialmente con materiales traducidos. Eche un vistazo a los ejemplos de individuos que circulan y que se encuentran en mi libro más reciente, Three Ways to be Alien: uno de ellos es un inglés que acaba en España, pero pasa gran parte de su vida en Oriente y el Mediterráneo, en el Imperio Otomano e Irán. Cuando digo Eurasia, trato de tomarlo en serio dentro de los límites de mi competencia en materia de archivos. A veces consigo gente que me ayude, a veces coopero estrechamente con algunas personas.

Serge Gruzinski y yo tuvimos un seminario conjunto en la EHESS, que se tituló “Amérique Asie”. También tomaron parte Nathan Wachtel y otros, pero Serge y yo éramos los principales impulsores. En cierto modo, él tomó una dirección diferente a la mía, usando más fuentes ibéricas sobre Asia. Eso es lo que en sus tres últimos libros, entre ellos el que acaba de terminar, L’Aigle et le Dragon, está tratando de hacer.   Nunca me he metido tan directamente en los materiales de América Latina, a pesar de que he escrito un par de artículos que tocan esta cuestión. Recientemente, también he trabajado algo con Anthony Pagden sobre la relación entre el imperio británico, el español y el imperio portugués.

La diferencia entre lo que estoy haciendo y lo que Serge también está haciendo puede residir en el hecho de que soy un poco más ecléctico que él, en el marco y en las preguntas que elijo. Serge ha tendido más en la dirección de pensar en este asunto como un problema de imperio. Está interesado en la circulación de textos e imágenes dentro de estos imperios y sus periferias. El imperio está presente en mi trabajo, pero no siempre es el esquema dominante en el que estoy trabajando. También estoy interesado en las historias que no tienen lugar en el nivel de un imperio o no se articulan a través de él. Una gran parte de la historia del sur de la India no es imperial en absoluto. Los mogoles, por ejemplo, estuvieron allí durante un tiempo relativamente corto. Symbols of Substance, el libro que escribí con David Shulman y Velcheru Narayana Rao, trata Estados muy pequeños.  El imperio no es la pregunta a la que estoy respondiendo siempre. Tampoco estoy tratando de reemplazar la nación por el imperio como el paradigma dentro del cual se hace la historia. Estoy mucho más interesado en la intersección. Esto también se puede derivar del hecho de que yo vengo del mundo del Océano Índico, mientras que Gruzinski viene del mundo americano, donde después de 1500 tenemos esos dos hechos abrumadores de la vida política, primero el Imperio Español y luego el Imperio Británico . El Océano Índico es un lugar mucho más desordenado, incluso hasta finales del siglo XVIII. ¿Qué parte del Océano Índico realmente controlaba el Imperio Británico, ni siquiera en 1800? Así pues, tenemos diferentes gustos, preferencias y objetos, a pesar de que todo surgió de la misma conversación.

Lo que me gustaría que la gente hiciera es cruzar objetos y archivos, algo que uno no haría de forma convencional. Algunas personas lo han asumido. Uno de mis estudiantes de la UCLA, que acaba de comenzar su tesis, quiere trabajar en la zona comprendida entre Gujarat y el Golfo Pérsico: es decir, Gujarat, y entonces tienes todo Gwadar, Makran, la zona de Baluchistán y la ruta desde allí a través de Omán, con Masqaṭ en el Golfo Pérsico. La historiografía siempre mantiene separada a Gujarat, como objeto, del Golfo Pérsico. Pero sabemos que estas son esferas reales de circulación. Y hay toda una serie de preguntas que pueden plantearse en relación con ellas: formación de pequeños Estados, como los orígenes del sultanato de Masqaṭ y Omán en el siglo XVII, la piratería y la actividad corsaria en este ámbito; la circulación religiosa entre estos dos lados, y así sucesivamente. Esa es la especie de proyecto de historia conectada que él está haciendo, pero probablemente le va a suponer un largo recorrido, porque está tratando de leer los materiales en persa y árabe, por un lado, y los holandeses y franceses, por el otro, para ver lo que puede hacer con todo eso para finales del XVII y principios del XVIII .

También se pueden mencionar los tipos de proyectos sobre “imperios entrelazados”, algo que también me parece interesante. John Elliott escribió un libro que compara a los imperios británico y español en el Atlántico. Gente como Eliga Gould se ha fijado en Carolina del Sur, Florida y el Caribe a finales del siglo XVII y principios del XVIII, que es un mundo entre los españoles, los colonos ingleses y los franceses. Si nos fijamos en la historiografía, lo que a menudo se obtiene es o bien historias macro del Atlántico, donde la gente aborda cada imperio y trata con él, o historias separadas. Uno tiene a los franceses en el Caribe, los ingleses en el Caribe;  hay toda una historiografía de Carolina del Sur;  para finales de los siglos XVII-XVIII, hay todavía una historiografía del Caribe español o lo que sea. Pero si reunimos estos objetos, veemos interacciones de un tipo que no hemos visto antes. Algunas personas piensan que tiene algo que ver con lo que se llama “historias conectadas”, otros no. El nombre no me importa mucho.

Books and Ideas: Los ejemplos que da apuntan todos a la era moderna. ¿Significa eso que un enfoque conectado no puede ser de ayuda para los períodos históricos posteriores?

Sanjay Subrahmanyam: Es cierto, los estudios que privilegian este tipo de interacciones se ocupan sobre todo de la época moderna. Es por dos razones. Una de ellas es, probablemente, que los historiadores que tratan los principios de la era moderna leen más a Serge Gruzinski o a mí que los que se ocupan de épocas posteriores. Por otra parte, el dominio de la historia nacional es mucho más fuerte cuando se cruza 1800, lo que plantea la cuestión de los archivos constituidos y de los hábitos. La gente también le dirá con toda franqueza (y esto es un problema de la gallina y el huevo) que no hay trabajo, que está en los siglos XIX y XX. Para el período anterior, al menos en el mundo de habla inglesa, muchos puestos de trabajo se definen ahora de una manera que permiten colocarse sin que la gente te diga:  “¿Realmente vas a hacer esto o aquello?” Carlo Ginzburg era mi colega en la UCLA. A su salida, algunas personas intentaron argumentar que, ya que se había ido, necesitábamos un historiador italiano. ¿Es así realmente cómo se define a Ginzburg? ¿Es eso en lo que se ha convertido, sólo en un historiador de Italia? Esa reacción se produce muy a menudo allí.

Pero algunas personas están empezando a pensar de manera diferente con respecto a los siglos XIX y XX. Son a menudo  historiadores de cuestiones tales como las diásporas y las redes mercantiles o, a veces, personas que están buscando ciertas clases de historia intelectual donde se tiene la posibilidad de ver las cosas atravesando las fronteras habituales. Uno puede pensar en la conferencia sobre Italia y la India que se organizó recientemente en París: el proyecto era hacer una especie de historia conectada de dos movimientos nacionalistas, que a menudo no son examinados como conectados. Los medievalistas con el tiempo podrían pensar que se puede hacer algo en ese sentido. Pero ellos tienen sus propios problemas, que tienen que ver de nuevo con la naturaleza de las fuentes y la cuestión de las habilidades técnicas necesarias para leerlas.

Contra la sabiduría recibida

Books and IdeasTextures of Time es un libro que comparte con Velcheru Narayana Rao y David Shulman.  Proponen una tesis sobre el género y la textura,  que les permite identificar las diversas tradiciones historiográficas en la India meridional precolonial, pero también tienen como objetivo tratar sobre la escritura de la historia en general. Este libro ha dado lugar a un amplio conjunto de reacciones en el campo de la historiografía de la India. ¿Hasta qué punto sus propuestas metodológicas han ido más allá del marco de la historia de la India?

Sanjay Subrahmanyam: El libro ha tenido sin duda alguna reacción en la historia de la India. Creo que alguien está preparando un número especial para el próximo año en la Indian Economic and Social History Review, donde la gente está tratando de replantearse  la historiografía indopersa en relación con nuestro libro. Hubo un foro en History and Theory. Fue un debate en el que se expusieron algunas diferencias. Sin embargo, se ocupa principalmente de materiales de la India. Fue un poco decepcionante que no pidieran a alguien no indio sus comentarios al respecto. Cuando salió el libro, los que se dedican al sudeste asiático (Southeast Asianists) mostraron interés, e incluso alguien como François Hartog estuvo muy interesado y apoyó su traducción al francés casi al mismo tiempo en el que él estaba trabajando sobre los “regímenes de historicidad“. Pero el problema era que las personas que venían de ciertas tradiciones historiográficas estaban cómodamente asentadadas en el juicio tradicional, que decía que no había ningún problema historiográfico fundamental que resolver y que todas las categorías recibidas se mantenían estables. Por ejemplo, alguien que escribe sobre la historiografía árabe tiene toda una tradición, que comienza casi desde los primeros siglos del Islam. Hay una sabiduría recibida sobre la historiografía europea. Por tanto, un libro que cuestiona algunas de esas categorías y trata de ofrecer nuevas herramientas para redefinir algunos de sus límites no es algo que inmediatamente afecte a personas que sienten que este problema ha sido resuelto hace mucho tiempo.

Si hay un interés fuera de la India, me imagino que vendrá de regiones donde las cuestiones no están tan claras. Podría ser el sudeste de Asia o África, pero también la interesante historiografía persa, que no tiene una autopercepción tan firme como la historiografía árabe. La cuestión de la historiografía africana es un tema complejo. El problema de Etiopía o el de Malí no es el problema del Gran Zimbabwe; allí también hay una línea de influencia de la historiografía en lengua árabe. Allí hubo todo un  debate, que comenzó con los escritos de Jan Vansina sobre la tradición oral. Sin embargo, a pesar de las evidentes diferencias entre las experiencias de África y de la India, buena parte de ella se centró en cómo la historia es un objeto importado de Occidente, junto con la colonización. Este es un lugar común, que hemos tenido por lo menos durante doscientos años. Si la gente quiere reexaminar esta cuestión, creo que repasar algunas de las ideas desarrolladas en Textures of Time podría serles útil. Desafortunadamente, actualmente este libro ha quedado demasiado identificado con un conjunto de problemas propiamente de la India. Esperábamos que algunos historiadores a la vieja usanza reaccionaran y dijeran: “Esto no es serio, esta no es la historiografía, sabemos lo que es la historiografía, es Gibbon y sus epígonos de la India, y así sucesivamente”. Pero también ha sido deprimente ver que muchos indólogos lo rechazaron, ya que asumen la idea de que no hay shastra (textos teóricos, un conjunto de reglas normativas) referidos a la historia. Además, no les gusta leer en lenguas vernáculas indias, en las que están la mayoría de nuestros ejemplos. Para ellos, cualquier cosa que valga la pena decir en la India debe haberse dicho en sánscrito.

De hecho, estoy un poco decepcionado con las reacciones a los dos libros que he escrito con Velcheru Narayana Rao y David Shulman. Hemos asumido muchos riesgos en Symbols of Substance (1992). Para los tres -un estudioso de la literatura y folclorista, que ha trabajado en literatura oral durante buana parte de su vida, un indólogo clásico especializado en estudios religiosos, y un historiador que proviene de la historia económica-,  reunirse y escribir el libro fue ante todo un gran riesgo. Queríamos trabajar sobre el sur de India, ya que toda la historiografía hasta el momento se había centrado en el norte de India. A veces la gente pone Textures of Time en las listas lecturas tanto en la India como fuera, pero no ha tenido el impacto que esperábamos. Tal vez no plantea los problemas de la manera correcta, o no de forma lo suficientemente clara. Como dirían los americanos, tal vez nuestro servicio posventa no era lo suficientemente bueno. Si yo hubiera sido un cierto tipo de historiador en una universidad americana, habría dado diez charlas sobre el libro después de su publicación, me habría presentado con pilas de ejemplares y los habría vendido con un descuento a la concurrencia! Pero quizás todavía sea demasiado pronto para decir cuál será el impacto real de estos libros. En cualquier caso, sin duda disfrutamos trabajando en ellos y con su escritura -lo que es más de la mitad del asunto.

***

Fuente: Thomas Grillot & Anne-Julie Etter, «History Speaks Many Languages. An interview with Sanjay Subrahmanyam », Books & Ideas, 27 January 2012. ISSN : 2114-074X.

URL : http://www.booksandideas.net/History-Speaks-Many-Languages.html

3 Respuestas a “Los muchos lenguajes del pasado: Sanjay Subrahmanyam

  1. Estimado Dr. Pons:

    Muchas gracias por la magnífica entrada sobre Subrahmanyam. Las apreciaciones que hace sobre los distintos públicos, dependiendo del país/continente son bastante sugerentes; aprovecho las mismas para plantear unas preguntas ¿a qué publico potencial tiene en mente el historiador/académico español? Temo que haya obras cuyo horizonte no parezca ser más allá que el peninsular -cosa que ocurre también en otros países-. Así mismo, ¿es posible “construir” una audiencia europea? se puede aducir que, en cierto modo, ya la hay, pero en la práctica el número de académicos-estudiantes que “realmente” pertenece al mismo es más bien minoritario (con “realmente” identifico a lectores habituales de obras en más de un idioma e intención decidida por leer sobre “otras historias” más allá de la “nacional” así como a aquellos que, si bien han de esperar a la traducción, apuestan decididamente por este tipo de lectura). Como historiador cultural que es ud. ¿ve posible esta creación? ¿Qué papel pueden jugar en ella las traducciones -primero- y los medios digitales -segundo- en el proceso? Baste el ejemplo de este blog; por posibilidades puede llegar a todo el mundo pero, sus lectores ¿son en su mayoría peninsulares -incluyendo siempre a los portugueses- o hay un significativo grupo del exterior?
    Un último apunte, una vez más por falta de dirección a la que enviar cosas como ésta (podría buscar su dirección e-mail de la universidad, pero no me parece el buzón adecuado). En Alemania el fenómeno de lo digital avanza, sin ruido pero a paso constante. Tanto es así, que se ha celebrado una reunión científica sobre, precisamente, blogs científicos, debatiendo su uso, potencialidades, el concepto mismo… Dado que ud. tiene uno que, personalmente recomiendo siempre que puedo, creo que merecería la pena que encontrara traductor para la crónica del encuentro. Aquí puede ver la información sobre el encuentro:
    http://www.kunstwissenschaften.uni-muenchen.de/forschung/symposien/symposien2012/tag_weblogs/index.html
    Aquí el proyecto de reunión de weblogs científicos: http://de.hypotheses.org/
    Aquí la crónica: http://hsozkult.geschichte.hu-berlin.de/index.asp?id=4185&view=pdf&pn=tagungsberichte

    Ah, como interesado en Humanidades Digitales, quizás le interese este proyecto: http://www.humanistica.eu/manifesto/

    No le molesto más. Un saludo

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