El autor y su libro: el campo editorial

Quién no ha suspirado por que sus reflexiones se publicaran, quién no ha perseguido a los (buenos) editores! En Lire, el suplemento de L’Express, dicen que casi todos los autores franceses son escritores en potencia. Pero no basta con desearlo, ni siquiera con serlo, pues para eso parece que hay que publicar, y las musas de la edición son esquivas:  en promedio, ve va luz un solo manuscrito de los seis mil que son enviados.   “El sistema de la edición francesa funciona bastante bien”, dice Philippe Demanet, secretario del departamento de manuscritos literarios de la editorial Gallimard. “Gracias al efecto conjunto de  los editores, no hay obra maestra escondida en un armario …” (…)

¿Todos los manuscritos se leen?

“Sí, asegura Louis Gardel, presidente del comité de lectura de Seuil los últimos diez años. Con tres páginas tenemos una primera idea de la calidad. Y se detecta si hay un nuevo tono”. Justine Levy, lectora a tiempo parcial en Stock, busca también la perla rara. Este no siempre ha sido el caso. Relata en Rien de grave, publicado en 2004, sus primeros pasos en el oficio y su momento de locura al enterarse de que su joven esposo, Raphael Enthoven, también conocido como Adrián, la dejó por Carla Bruni, también conocida como “Paula la asesina”. Conclusión: decenas de manuscritos intactos directamente a la basura! Esta confesión puede que haga rechinar los dientes en Saint-Germain-des-Prés. El manuscrito es sagrado.

“En Grasset, se leen todos”, reflexiona Bruno Migdal, de 53 años, científico de formación que ha reanudado el estudio de la literatura al anochecer y que acaba de publicar Petits Bonheurs de l’édition, relato breve y vivo de sus tres meses en el departamento de manuscritos de la rue des Saints-Peres, en el año 2004. De Gallimard a Albin Michel, pasando por JC Lattès, las grandes casas disponen de este tipo de servicio, que recibe los textos no dirigidos personalmente a un editor. “Abro todos los paquetes, asegura Denis Gombert, de Robert Laffont, y hago que los indexen: título, nombre, dirección, fecha de recepción, etc. Mi trabajo consiste en evaluar de forma rápida cada manuscrito.. Su valor y su idoneidad para la casa. Si es afirmativo, lo confío a uno de nuestros siete lectores. Eso es, en última instancia, del 15 al 20% de los manuscritos recibidos. Mucha gente confunde la expresión y la escritura”.

¿Quiénes son los lectores?

“El único lector de las ediciones POL se llama … Paul Laurens Otchakovsky !”, dice Jean-Paul Hirsch, brazo derecho del jefe. No contento con abrir los paquetes por sí mismo todas las mañanas, el editor de Emmanuel Carrère lee todos los manuscritos. Esta asiduidad le permitió reparar en el acto en Truismes , la primera novela (1998) y best-seller de Marie Darrieussecq. “Paul es el que decide sobre su publicación, incluso aunque pregunte mi opinión. Sus decisiones son deliberadas y asume perfectamente el rechazo de un texto que será un éxito en otros lugares”, dice Jean-Paul Hirsch. Otros editores buscan las opiniones de todo tipo de lectores, algunos bastante mal pagados – a partir de 30 euros cada ficha de lectura en Fayard, de 50 a 90 euros en Grasset o Robert Laffont. “Nuestros lectores tienen perfiles muy diferentes, dice Denis Gombert: una madre con tres hijos, un escritor, un profesor de khâgne …”. Elisabeth Samama, jefa de ficción francesa en Fayard, espera sobre todo un punto de vista. Si un lector detesta radicalmente un manuscrito, puede incluso hacer que quiera leerlo. Migdal Bruno, que estuvo en prácticas en Grasset,  deplora por su parte de los dos únicos manuscritos que le parecieron interesantes en tres meses no se hayan publicado: “Cuando la lectura no tiene un efecto, la motivación se desmorona rápidamente “, se lamenta.

Comités de lectura

Boutade de Gilles Cohen-Solal, cofundador de Ediciones EHO con su esposa Héloïse d’Ormesson: “Nuestro comité de lectura funciona a menudo en la cama!” Sin embargo, esta instancia marca el ritmo de muchas casas, empezando por el comité de Gallimard, cuyo funcionamiento, como un reloj, se remonta a 1920. Está compuesto por 17 miembros, de Richard Millet a Pierre Nora, de Chantal Thomas a Jean-Bertrand Pontalis, que se reúnen bajo la presidencia de Antoine Gallimard una vez al mes. Como en Robert Laffont. Grasset y Le Seuil, optan por la reunión semanal. Pero en todas partes se juega con un escenario similar: los editores van a la comisión con sus fichas de lectura, cada uno defiende sus manuscritos y a veces consiguen pasarlos. “La decisión final es bastante colectiva, podemos cometer errores, según afirma Louis Gardel. Si la editorial se resiste, se envía el manuscrito a un colega. Anteriormente, Roger Grenier me informaba de los trabajos rechazados por Gallimard. El mundo de la edición no tiene un ambiente tan malo…”. Veamos. En el cuarto volumen de su Journal, el fallecido escritor Jacques Brenner recuerda que alrededor de 1970 Grasset había creado una falso comité de lectura mensual en honor del escritor Jean-Pierre Launay, miembro del jurado Interallié  y por tanto “útil”, cuya  presencia real no queríamos en el comité … Los peces gordos de la Rue des Saints-Pères, de Claude Durand a Yves Berger,  seguían la comedia de buena gana. En el comité de Seuil y el de Grasset, los debates son vivos y el tono suben con facilidad. Cuestión de temperamento. Así, con este gran tímido que es Patrick Modiano, miembro efímero del comité editorial Gallimard, la cosa fue “un desastre, porque nunca se quería pronunciar!” revela un texto de Robert Gallimard en el reciente Cahier Modiano (Herne).

Los “errores”

Buen libro y best-seller: todos los editores sueñan con eso. De ahí el pesar de Elisabeth Samama al saber que su casa, Fayard,  perdió HHhH, de Laurent Binet, recuperado por Grasset antes de obtener el Premio Goncourt de 2010 y vender alrededor de 200 mil ejemplares, según Edistat. “Estábamos desbordados, fue un lector en prácticas el que tuvo el manuscrito en las manos y lo dejó escapar”, se lamenta el editor. Desde ese fracaso, Fayard ha desarrollado un sistema de filtros más preciso, más riguroso, por el que cada editor ve de forma sistemática todos los manuscritos de su departamento. La misma desgracia le había sucedido a Olivier Cohen, director de la publicación de L’Olivier, a quien Anna Gavalda envió el manuscrito de su primer libro, una colección de historias que terminaron siendo publicadas por Dilettante en 1999. Ganador del Gran Premio de RTL-Lire al año siguiente,  Quisiera que alguien me esperara en algún lugar se convirtió en un éxito de ventas enorme, vendió millones de copias … Louis Gardel admite que, por su parte, rechazó Ce qu’il advint du sauvage blanc, primera y formidable novela de François Garde, recientemente publicada por Gallimard. La propia Anne Carrière acude un día al lugar donde el joven Joel Egloff dedica su primera y divertida novela, Edmond Ganglion & fils, publicada en 1999 y aplaudida en general. Compra un ejemplar.  Como dedicatoria, el joven escribe: “Para el editor con el que me hubiera gustado que se publicara…”. Asombro de la mujer, que ignoraba que Joel Egloff le había enviado su manuscrito. Al final encontró el informe del libro,  que indicaba que era una “novela mortífera”, con el pretexto de que trataba de una empresa de pompas fúnebres…

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Una respuesta a “El autor y su libro: el campo editorial

  1. Este es un post ciertamente interesante. Podría ser interesante compararlo con el sector editorial académico en lengua española, en crisis desde hace muuuuucho tiempo…

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