Historias conectadas

Serge Gruzinski, autor bien conocido en el mundo hispano, acaba de publicar L’Aigle et le Dragon. Démesure européenne et mondialisation au XVIe siècle (Fayard). El tema sobrepasa un tanto los perfiles de este blog, centrado sobre todo en la historia contemporánea. Pero la obra introduce o muestra una perspectiva que me gustaría señalar: la de la historia conectada, entrecruzada. Tiene razón Frédéric Keck cuando nos dice en Le Monde que este libro de Gruzinski se inscribe precisamente en esa corriente,  propuesta sobre todo por él mismo, por Kenneth Pomeranz, Jack Goldstone y sobre todo por  Sanjay Subrahmanyam (de quien, además de sus diversos libros, es recomendable leer uno de sus últimos artículos: “Intertwined Histories: Crónica and Tarikh in the Sixteenth-Century Indian Ocean World“).

Para comprender el sentido de lo anterior, nada mejor que recuurrir a la reseña que Roger Chartier le dedica al nuevo libro de Gruzinski en Le Monde:

“En junio de 1517, , ocho barcos portugueses dejan Malaca rumbo a China. El rey Manuel ha decidido enviar una embajada al emperador Zhengde. Está dirigida por Tomé Pires (1465? -1524 o 1540), gran conocedor del mundo asiático. Encargado de la compra de especias para el rey, ha escrito un libro titulado Suma Oriental ?, donde describe una China que nunca ha visto. La expedición, que llega a la costa de China en agosto de 1517, es más que una embajada. Se inspira en un proyecto para instalarse en China, e incluso para dominarla  (al menos parcialmente) China, lo cual garantizará al rey de Portugal el monopolio de un comercio de especias muy rentable y constituirá un paso importante en el establecimiento de la monarquía universal. se ha elaborado un verdadero plan de conquista, basado en el uso de armas de fuego, el uso del terror y la probable revuelta campesina  contra los maestros que los maltratan.

Los inicios son prometedores a la llegada de los portugueses a Cantón, en la primavera de 1520, con una entrevista amistosa con el emperador en Nanking. Según fuentes portuguesas, ha jugado al ajedrez (o a las damas) con Pires y le ha autorizado a ir a Beijing para celebrar una entrevista más ceremonial. Pero las cosas van mal: Zhengde muere en abril de 1521 sin haber recibido al embajador portugués, que debe volver a Cantón, donde es custodiado y luego aprisionado junto con sus compañeros. Tras prohibir a los buques extranjeros de acercarse a China y los reveses de dos flotillas portuguesas, derrotados por la armada china, los prisioneros de Cantón son juzgados, condenados y ejecutados en 1523. China no será portuguesa y se cierra a los “ladrones” de Occidente.

Este episodio, borrado de la memoria y olvidado por los historiadores, es el origen del último libro de Serge Gruzinski, L’Aigle et le Dragon, construido sobre un díptico que impone la cronología. Fue, de hecho, en las mismas fechas cuando Hernán Cortés (1485-1547) conquistó México. Los diferentes momentos de la empresa lanzada desde Cuba tiene algunas similitudes asombrosas con la de los portugueses en China: la penetración progresiva en el territorio, una entrevista con el emperador que recibe a los españoles en su capital, Tenochtitlan, y que se divierte con ellos en un juego de pelotas y discos, y unos meses más tarde, en junio de 1520, la derrota de los conquistadores, forzados a abandonar la ciudad durante la desastrosa “noche triste” . Podemos imaginar un México que fuera como China, con la retirada de Cortés, su regreso a Cuba y el abandono, por un tiempo al menos, de la conquista de América. Como sabemos, este no fue el caso. El vencedor deviene diplomático y forja alianzas que le salvan. Con los indios de Tlaxcala, que permanen leales, regresa a Tenochtitlán, tomada en agosto de 1522, establece su autoridad y comienza la colonización de la Nueva España .

Esta sorprendente “sincronía global” , hecha de historias paralelas, pero también de historias que se ramifican, rige la apasionante investigación de Serge Gruzinski. ¿Cómo explicar las afinidades inesperadas entre las dos empresas y cómo comprender sus resultados tan distintos? Hacia el oeste, la conquista europea de todo un continente; hacia el este, el cierre de otro. Una interpretación se centra en las empresas ibéricas en sí mismAs. Paradójicamente, es la mejor preparada la que fracasa. La embajada de Portugal, llevada a cabo por iniciativa del rey, pudo apoyarse en la rica información recogida por los navegantes y los comerciantes portugueses que se establecieron en Malaca en 1511 y llegaron a la costa de China ya en 1513. Por el contrario, la expedición de Cortés es una iniciativa personal, un pronunciamiento que rompe los vínculos con las autoridades de Cuba, una carrera precipitada que desconoce los territorios conquistados en los que penetra.

¿La clave está en la distinta naturaleza de los imperios? La respuesta no es fácil, ya que el historiador, aunque sepa muchas lenguas, no puede saber todo, y depende, al igual que los ibéricos del siglo XVI, de intérpretes y traductores. Además, en los casos de México y China, el acceso no es el mismo: “Los testiominos chinos nada tienen que ver con los testimonios portugueses, pues los relatos mexicanos reflejan las reacciones de unas élites vencinas, cristianizadas y occidentalizadas”. Serge Gruzinski se arriesga, sin embargo, a comparar las das empresas: por un lado, una sociedad burocrática y de mercado, que hace amplio uso de la escritura y de la imprenta, xilográfica y tipográfica, rodeada de mar abierto y  en contacto desde hace mucho tiempo con los mundos indio, musulmán y europeo;  por otro, un “imperio” (así es al menos como Cortés describe a su rey la realidad política que descubre y manipula) rodeado de “mares vacíos”, que ignora la escritura y formado  por ciudades-estado que luchan o se alían. Grandes diferencias, entonces, aunque la más importante es probablemente la mirada sobre el otro. Para los chinos, los portugueses son “bárbaros” sin cultura ni civilización, como los otros bárbaros que amenazan las fronteras del norte. Deben ser rechazados y cerrar el imperio. Por el contrario, las sociedades mesoamericanas le hacen un lugar al extranjero, incluso cuando, encerrados en sí mismos, no lo conocen. Los españoles ocupan con habilidad y cinismo el estatuto de dios o de demonio, o ambas cosas, que les otorgan los mitos mexicanos del retorno y la concepción cíclica del tiempo que les trae.

Esta diferencia es la base de la bifurcación de las dos historias que análiza este poderoso libro. Dos mundos que se ignoran, el chino y el mexicano,  están “conectados” a  principios del siglo XVI por el deseo de Asia, la búsqueda de las especias y el ideal de monarquía universal que viven los soberanos y las gentes de las tierras ibéricas. Después de la década de 1520, ambos destinos se separan. El de México, tal como ha sido restituido por Serge Gruzinski en sus magníficas obras previas, es la historia de una colonización que cristianiza y acultura, hecha de destrucción y mestizaje. La de China se caracteriza por un cierre que, sin embargo, no excluye los sueños locos de conquista que habría sido llevada a cabo por los españoles desde México y Filipinas (pero Felipe II renuncia al proyecto, y la Guerra de China no se llevará a cabo) ni, de forma  más duradera, los intercambios comerciales; más allá de las prohibiciones,  hacen llegar al Reino Medio la plata de América, que los europeos gastan para comprar esos artículos tan deseados. “La apertura del mundo se desarrolla de forma sincrónica, aunque antitética” : esta es la conclusión de este libro audaz e impresionante en el que la nueva geografía planetaria del siglo  XVI  queda dibujada por la realidad de las circulaciones y los deseos de dominación”.

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7 Respuestas a “Historias conectadas

  1. Una dificultad para hablar de este género es dar con un buen equivalente en castellano a sus referentes en otras lenguas, en las que tampoco hay unanimidad: intertwined history, connected history, entangled history solo en inglés, histoire croisée en francés, Verflechtungsgeschichte en alemán, y no sé cuántas variantes más habrá en otros idiomas.

    En este post se emplea “historia conectada, entrecruzada”, buena solución pero a base de yuxtaponer dos adjetivos. Otras posibilidades como historia interconectada o entrelazada tampoco terminan de convencer totalmente.

    ¿A alguien se le ocurre un buen término único en castellano?

    • Aunque creo que el término no es lo importante, tienes toda la razón. En francés se prefiere cruzada/entrecruzada, incluso a veces se la distingue sutilmente de la conectada (Michael Werner y Bénédicte Zimmermann), pero este último término me parece más “conectado” con la idea original de Subrahmanyam. En Annales, Gruzinski solía dejarlo en inglés: “connected histories”. Y el último congreso del CEISAL se titulaba “Historias conectadas y cruzadas…”. Por desgracia, no se me ocurre nada más, pues las alternativas no lo mejoran (emparentadas, encajadas…, quizá entrelazadas…). Más que animar a otros, creo que tienes suficientes conocimientos para proponer un vocablo y exponer su significado y relevancia en algún ensayo. Saludos

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