Frantz Fanon: 1961-2011

El pasado mes de diciembre se conmemoró el cincuentenario de la muerte de Frantz Fanon y, a pesar de la importancia de este pensador y de su defensa de Los condenados de la tierra, poco ruido mediático ha generado la efeméride.  La Fondation Frantz Fanon, cuya actividad es escasa, apenas registra unos pocos seminarios en territorio francés. Por supuesto, ha habido otras  iniciativas  americanas, todas ellas modestas.  Se puede citar también, en el mundo hispano, el espacio que se le otorgó en el reciente I Congreso de Pensamiento Político Latinoamericano. En cuanto a repercusión mediática, poco más que el texto que ha publicado en La Nación el escritor y periodista Luis Gregorich.

Sin embargo, el mudo editorial sí ha celebrado la ocasión, recordando asimismo que ese cincuentenario lo es también de la aparición de su obra magna Los condenados de la tierra. Centrándonos en el mercado francés, La Découverte ha presentado un volumen con las obras de Fanon, con prefacio de Achille Mbembe, ha reeditado por separado L’an V de la révolution algérienne y ha traducido (Frantz Fanon. Une vie) la biografía que le dedicara David Macey hace ya casi una década; Éditions Amsterdam ha publicado Frantz Fanon. De l’anticolonialisme à la critique postcoloniale, de Matthieu Renault; Le Teneur nos ofrece Frantz Fanon et les Antilles, de André Lucrèce; Encrage-CRTF edita la obra colectiva Frantz Fanon, figure du dépassement. Regards croisés sur l’esclavage, dirigida por Christiane Chaulet-Achour; Seuil ha recuperado el Frantz Fanon, portrait, de Alice Cherki; y Contretemps le ha dedicado un número; sin olvidar las obras aparecidas a finales del 2010, como Aimé Césaire et Frantz Fanon. Portraits de décolonisés, de Pierre Bouvier (Belles Lettres) y Fanon, l’homme de rupture, de Abdelkader Benarab (Alfabarre).

Para recordar, pues, a Fanon, traducimos una breve entrevista (en Telerama, de Juliette Cerf) con Mbembe  a propósito de ese prefacio a las obras completas:

Su último libro, Sortir de la grande nuit, es una referencia directa a Frantz Fanon. ¿Qué le debe?

Le debo Fanon a la idea de que hay algo en cada ser humano indomable, inherentemente indómito, que la dominación -poco importan las formas- no puede eliminar ni contener ni suprimir, al menos no por completo.

Respecto de ese algo, Fanon trata de comprender cómo brota en un contexto colonial que, de hecho, no es del todo exactamente el nuestro, incluso aunque su racismo dual, institucional, sea nuestra bestia. Es por eso que su trabajo fue, para todos los oprimidos, una especie de lignito fibroso, un arma de sílex.

Lo que da fuerza y ​​poder a ese pensamiento metálico es el aliento de indestructibilidad, y la llamada al levantamiento que es su corolario. Es el silo inagotable de humanidad que alberga, en el que han aprendido a acudir aquellos y aquellas que en el pasado se enfrentaron al colonialismo y quienes  hoy están tratando de escrutar el amanecer.

Usted afirma pensar “con y contra” Fanon en De la postcolonie. ¿Qué significa eso?

Significa que entre las palabras de Fanon y las del Evangelio, hay una diferencia significativa.

Releer a Fanon hoy es ante todo aprender a restituir su vida, su obra y su lenguaje en la historia que hizo nacer y que ha intentado, a través de la lucha y de la crítica, transformar. Para Fanon, pensar es sobre todo un desgarramiento. Poner su vida en un hilo.

Releer a Fanon también es traducir en el lenguaje de nuestro tiempo los principales problemas que lo obligaron a ponerse de pie, a romper con sus orígenes, a caminar con otras personas, con compañeros en una nueva ruta que los colonizados debían trazar por sus propios medios, su creatividad, su voluntad indomable.

A menudo menciona el “aumento de humanidad”. ¿Podría usted aclararlo?

En el contexto colonial, que es el del pensamiento de Fanon, el “aumento de la humanidad” consiste, para los colonizados, en transportarse por su propia fuerza a un lugar más alto que el que se le ha asignado por motivos de raza, o como resultado de la sujeción.

El hombre amordazado, arrodillado y condenado a aullar se domina a sí mismo, sube la rampa y se sitúa a la altura que le es propia y a la de los demás hombres, si es necesario mediante la violencia -lo que Fanon llamó “la praxis absoluta” .

De este modo, abre para él y para toda la humanidad, comenzando por sus verdugos, la posibilidad de un diálogo nuevo y libre entre dos sujetos humanos iguales allí donde, previamente, la relación oponía sobre todo a un hombre (colono) y a un objeto (el indígena).

Por tanto, no hay ni Negro ni Blanco. Finalmente, no hay más que un mundo que se ha desembarazado de la carga de la raza, y todos llegamos a ser los beneficiarios, los herederos.

¿Que se reclama hoy de Fanon ?

Muchos movimientos que luchan por la emancipación de los pueblos continúan invocando su nombre. Lo mismo puede decirse de muchos grupos que luchan por la justicia racial, por nuevas prácticas psiquiátricas, y en contra de la violencia y las desigualdades creadas por un sistema económico mundial cada vez más brutal e irresponsable.

¿Qué podemos aprender de Fanon en el mundo contemporáneo?

Nuestro mundo no es exactamente el suyo -y aún así! Después de todo, las guerras coloniales o paracoloniales florecen de nuevo, con su lote de torturas, sus campos Delta, sus cárceles secretas, su mezcla de militarismo, su contrainsurgencia y el saqueo de los recursos.

La cuestión de la libre determinación de los pueblos puede haber cambiado de escenario, pero sigue ocurriendo en términos que los africanos, por ejemplo, comprenden muy bien. En un mundo que se rebalbaniza y se reterritorializa en torno a recintos, muros y fronteras, cada vez más militarizados, y donde el derecho a la movilidad se restringe cada vez más en nombre de categorías racialmente tipificadas, el gran atractivo de Fanon está en su llamada a la “déclosion” [desvelamiento] del mundo, algo que necesariamente ha de tener un amplio eco. Vemos, por otra parte, que se organizan en las cuatro esquinas del mundo nuevas formas de lucha -celulares, horizontales, laterales – características de la era digital.

¿Cuál era la identidad de Fanon? ¿Martinica? ¿Argelia? ¿Africano? ¿Negro?

Todo eso a la vez -incluyendo la parte francesa. Y,lo que es más importante, un hombre del mundo. La vida, sus elecciones, lo habían llevado lejos, a África, donde había experimentado un “renacimiento”, en Argelia. Pero él quiso que ese re-arraigo en tierra africana fuera sobre todo un testimonio en favor de toda la humanidad y, especialmente, de aquella parte de la humanidad que sufre.

***

Terminemos recordando las palabras de Fanon en Los condenados..:

Compañeros: hay que decidir desde ahora un cambio de ruta. La gran noche en la que estuvimos sumergidos, hay que sacudirla y salir de ella. El nuevo día que ya se apunta debe encontrarnos firmes, alertas y resueltos. Debemos olvidar los sueños, abandonar nuestras viejas creencias y nuestras amistades de antes. No perdamos el tiempo en estériles letanías o en mimetismos nauseabundos. Dejemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina dondequiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo.

(…)

Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo.

Más información en el blog dedicado a Fanon.

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