¿Pesimista u optimista? La Digital Public Library of America

El pasado mes de noviembre  la revista Commentary Magazine tuvo la ocurrencia de dedicar sus páginas a un debate sobre las perspectivas futuras, en términos de optimismo o pesimismo. Escogió a dos autores para que expresaran ideas contrapuestas y solicitó a otros cuarenta que se manifestaran al respecto. Entre los que accedieron, un viejo conocido, Robert Darnton. Inasequible al desaliento, sea cual sea la pregunta, nuestro admirado historiador sigue en sus trece:

¿Pesimista? ¿Optimista? ¿Por qué no ir más allá y abrazar la gran tradición estadounidense de las lamentaciones? A la más mínima excusa, los estadounidenses se desgarran las vestiduras, llenan el aire de lamentos y profetizan la perdición. El final se acerca; abróchese el cinturón de seguridad; vamos directos al infierno. Podemos encontrar pruebas por todas partes: cosechas que decrecen, aumento de los precios, derrames de petróleo, bancos en quiebra, el Congreso paralizado y la economía que amenaza con derrumbarse.

Desde mi rincón del mundo (soy un profesor y bibliotecario en una universidad), hay mucho que lamentar, comenzando con el uso del lenguaje. Los trabajos de los alumnos contienen frases tales como “between you and I”. Los decanos dicen  “going forward” en lugar de “in the future”. Y el lenguaje empresarial lo ha invadido todo. Nos ocupamos de “trade-offs” y “takeaways” y no podemos seguir un curso de acción sin enunciados como  “mission” y “vision”, preferiblemente en color y con flechas que señalan a recuadros con la intención de mostrar hacia dónde vamos y cómo tenemos la intención de llegar hasta allí.

Puedo tomar el lenguaje como síntoma de algo más grave: la comercialización del mundo del conocimiento. El aprendizaje nunca ha sido libre y las bibliotecas de investigación son organizaciones complejas, que requieren planes de negocio. Pero ¿cómo podemos equilibrar nuestros presupuestos cuando el precio de las revistas académicas, establecidos por editores monopolistas, siguen una espiral fuera de control? El precio medio de suscripción a una revista institucional en física es ahora de 3.368 dólares al año, y varias revistas sobrepasan los 30.000.

Hubo un tiempo en el que parecía que Google podría democratizar el acceso al conocimiento mediante la digitalización de todos los libros de las bibliotecas de investigación. Pero cuando Google llegó a un acuerdo con los autores y editores que la habían demandado por incumplimiento de los derechos de autor, la operación de digitalización se convirtió en empresa comercial; los precios que podría cobrar a las bibliotecas por la suscripción de su base de datos podría haber aumentado tanto como lo hacen los precios de los revistas. Afortunadamente, un tribunal de Nueva York declaró que el acuerdo era inaceptable, ya que amenazaba con eliminar la competencia, y ahora tenemos una alternativa a Google Book Search.

Me refiero a la Digital Public Library of America, un proyecto para digitalizar millones de libros y ponerlos a disposición de todo el mundo de forma gratuita. Lejos de ser un sueño utópico, el plan es factible. Una coalición de fundaciones aportará la financiación, y una coalición de bibliotecas el suministro de libros. Vamos a anunciar los detalles en una conferencia en Washington DC, el 21 de octubre, y esperamos empezar a ofrecer los libros y todo tipo de material digital al público en un plazo de tres años.


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A pesar de mis lamentos, por tanto, espero un futuro prometedor, al menos en la medida en que la gente común tendrá acceso a su patrimonio cultural. ¿Soy optimista? Sí, pero no un optimista disparatado.

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