Deng Xiaoping, el transformador

El periodista e historiador Jonathan Mirsky reseña sin complejos en el NYT la voluminosa obra de Ezra F. Vogel, Deng Xiaoping and the Transformation of China (Harvard University Press). Así la valora:

Dos fuertes preguntas retóricas concluyen esta enorme biografía de Deng Xiaoping (1904-1997): “¿Alguno otro líder del siglo XX  hizo más para mejorar las vidas de tantas personas? ¿Algún otro líder del siglo XX tiene una influencia tan grande y duradera en la historia del mundo?” Las respuestas emergen de este libro completo, minuciosamente documentado, pero se supone que no de manera tan predecible como presupone Ezra F. Vogel, profesor emérito de ciencias sociales en la Universidad de Harvard.

Después de la muerte de Mao en 1976, Deng se convirtió en el campeón de las reformas económicas que transformaron la vida de muchos chinos, pero no de la mayoría. (Vogel observa que el inmediato sucesor de Mao, Hua Guofeng, fue el iniciador de las reformas). Deng había sido durante mucho tiempo una figura central en el Partido Comunista. Vogel dice con razón que “durante más de una década antes de la Revolución Cultural” -1966-1976- “nadie tuvo mayor responsabilidad a la hora de construir y administrar el sistema antiguo que Deng Xiaoping”. Sin embargo, la mayor parte de la vida y la carrera de Deng ocupa sólo un cuarto de las 714 páginas del etudio de Vogel.

En 1978, Deng se había convertido en el “líder supremo” de China. De ello se desprende, por tanto, que, aparte de su largo período de arresto domiciliario y de proscripción entre 1967-1973, y durante un año en 1976-77  cuando Mao una vez más lo sacó de la escena política, Deng debe compartir la culpa de gran parte de la agonía que Mao infligió a China y los chinos. Desde luego, tiene la responsabilidad principal de los asesinatos la Plaza de Tiananmen en 1989.

Se trata de una curiosidad de Deng Xiaoping and the Transformation of China que Deng, el hombre, sea casi invisible. Hay una lista bien conocida de sus características personales: jugaba al bridge, le gustaba el pan, el queso y el café, fumaba, bebía y  utiliza escupideras. Tenía inquebrantable autodisciplina. Aunque Deng no dejó ningún rastro de papel personales, Vogel hábilmente indica lo que se conoce.

Deng provenía de una familia de pequeños propietarios en la provincia de Sichuan, pero su educación formal, aparte del tiempo pasado en una escuela local, cuando era un niño, consistió principalmente en un solo año, 1926, de adoctrinamiento ideológico en la Universidad Sun Yatsen en Moscú. Durante cinco años antes de eso, vivió en París, donde recibió una educación práctica y duradera en el seno del imberbe Partido Comunista de China, sirviendo bajo el liderazgo de los jóvenes Zhou Enlai.

Después de París y Moscú, Deng volvió a China, y en poco tiempo había dejado de ser un “alegre y extrovertido amante de la diversión”. Comandó una pequeña fuerza contra señores de la guerra, fue derrotado y puede que huyera. Con el tiempo, se unió a la “facción de Mao”, subiendo y bajando en su suerte dentro del partido. Durante la Larga Marcha de 1934-35, Deng participó en la reunión donde Mao tomó el poder supremo, y después del triunfo comunista en 1949 se desempeñó como comisario del partido para el ejército que ocupó el Tíbet, aunque no parece haber puesto un pie allí. En el suroeste, Deng organizó el programa de reforma agraria de 1949-1951, “que acabaría con la clase terrateniente”. Mao elogió a Deng “porsu éxito. . . matando a algunos de los terratenientes” (como parte de una campaña nacional en la que murieronde dos a tres millones, decir “algunos” no parece una palabra muy apropiada). En 1957, Deng dirigió la “campaña anti-derechista”, un” ataque feroz a 550.000 intelectuales críticos” que “destruyó muchas de las mejores mentes científicas y técnicas de China”.  En cuanto al Gran Salto Adelante de 1958-61, cuando unas 45 millones de personas murieron de hambre, Vogel no proporciona ninguna evidencia de que Deng se opusiera a las políticas monomaníacas de Mao. El ien documentado libro de Frank Dikötter, Mao’s Great Famine,  muestra sin embargo  que Deng ordenó la extracción de grano de los campesinos hambrientos en beneficio de las ciudades y de la exportación.

A finales de 1966, nos dice Vogel, Deng fue acusado de “seguir el camino capitalista”.  Puesto bajo arresto domiciliario en Beijing hasta 1969, fue trasladado a la provincia de Jiangxi, para trabajar a media jornada en una fábrica. Los guardias Rojos acosaban a sus cinco hijos, y uno de ellos se rompió la espalda cuando pudo haber saltado por una ventana después de que los guardias le atemorizaran o intimidaran. Mao permitió que Deng regresara a Beijing en 1973.

Vogel sostiene que durante su exilio interno Deng llegó a la conclusión de que algo había salido mal sistémicamente con China: era económicamente atrasada y estaba aislada de la escena internacional, y su gente tenía poca educación. La China bajo Deng se convirtió en una sociedad cada vez más urbana. Y siguiendo la visión de Deng de que las medidas enérgicas cntra la corrupción limitaban el crecimiento, muchos funcionarios, escribe Vogel, “encontraron maneras no sólo de enriquecer a China, sino también de enriquecerse ellos mismos”. El resultado, dice, es que China es más corrupta que nunca y su entorno más contaminado.

Mientras que Deng creía que la ciencia y la tecnología eran importantes -al igual que muchos reformadores chinos desde fines del siglo XIX-,  temía que las humanidades y las ciencias sociales podrían ser semilleros de heterodoxia;  nunca dudó en castigar a los intelectuales, cuyos puntos de vista divergentes podrían “llevar a manifestaciones que alteren el orden público”. Es decir, para Deng quizás el peor desarrollo en el mundo comunista después de Tiananmen fue la ejecución el 25 de diciembre de 1989 del dictador rumano Nicolae Ceausescu y de su esposa. Ceausescu fue el único líder de Europa del Este cuyas tropas habían disparado contra la población civil.

Vogel llama a Tiananmen “una tragedia”, y cita a Deng disipando las dudas de sus colegas sobre si el uso de tropas para aplastar la sublevación molestaría a los extranjeros: “los occidentales olvidaran”. En realidad, para los jóvenes chinos las manifestaciones en más de 300 ciudades son un tenue hecho ausente de sus clases de historia. El relato de Vogel de la represión es en gran medida exacto, aunque omite el tiroteo en la mañana del domingo de muchos familiares que daban vueltas en el borde de la plaza, buscando a sus hijos. En esto, como en otras partes de este relato, Vogel podría haber hablado con los periodistas que estaban allí, y no sólo leer sus reportajes (yo declaro un interés, he visto estos acocientos).  Lo que es decepcionante on los comentarios de Vogel acerca de por qué “la tragedia de la plaza de Tiananmen provocó una protesta masiva en Occidente, mucho mayor que las tragedias anteriores en Asia de escala comparable”.

Parte de la respuesta, dice correctamente Vogel citando a otro experto, fue que existiera la televisión en tiempo real en Tiananmen. Luego añade desconcertantemente que los espectadores “interpretaron” lo que vieron “como un asalto al mito americano de que la libertad económica, política e intelectual siempre triunfará. Muchos extranjeros acabaron viendo a Deng como un enemigo malvado de la libertad que aplastó a los heroicos estudiantes”. Por otra parte, sostiene Vogel, para los periodistas extranjeros el levantamiento de Tiananmen” fue el momento más emocionante de su carrera”. Tales comentarios no son dignos de un académico serio. Afirma rotundamente que “Deng no era vengativo”. Si quiere decir que Deng no ordenó matar a sus adversarios y críticos, eso es verdad -por lo que a las personas se refiere. Pero Deng nunca se encogió, ya fuera en tiempos de Mao oen los suyos, a la hora de causar la muerte de un gran número de personas anónimas.

La parte más valiosa del estudio de Vogel es la de las reformas económicas de Deng, que hizo más ricos a una parte importante de los chinos e impulsó a China en el escenario internacional. Pero el partido ha oscurecido los millones de muertes que se produjeron durante las décadas maoístas. Al final, lo que resplandece en una amplia biografía de Vogel es la verdadera respuesta a sus dos preguntas: en la mayor parte de su larga carrera,  Deng Xiaoping hizo menos por China de lo que esta le hizo a él.

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