La Universidad y el ranking: el U-Multirank

Ellen Hazelkorn, vicepresidenta del Dublin Institute of Technology, acaba de publicar un interesante volumen:  Rankings and the Reshaping of Higher Education: The Battle for World-Class Excellence (Palgrave Macmillan). Para exponernos sus ideas, firma un breve en The Chronicle:

Cuando veo la avalancha de comunicados de prensa y de reportajes en los distintos medios de comunicación sobre los últimos rankings, estoy a punto de desesperar. A primera vista, todos podemos compartir este ridículo estado de cosas por el que los gobiernos y las universidades compiten entre sí para promover sus instituciones y -en la práctica- sus países como lugares apropiados para la inversión y la captación de talento. Sin embargo, en el transfondo, hay asuntos más maliciosos.

Una confluencia de factores ha aumentado el interés político, público y estudiantil en la educación superior -desde el punto de vista organizativo, así como del personal académico y  de los estudiantes. En el mundo post-crisis financiera mundial, la exigencia de una mayor rendición de cuentas y de transparencia están impulsando el cambio en sistemas e instituciones, en los contratos académicos, en los acuerdos sobre los servivios ofrecidos a los estudiantes  y con la sociedad en general. Mientras que la educación superior anhelaba en tiempos encabezar la agenda política, probablemente nunca anticipó la intensidad del escrutinio que seguiría.

Sin embargo, la creciente influencia y poder de los rankings mundiales sobre la educación superior han llegado a un punto en el  que tienen poco que ver  con las exigencias de una mayor transparencia y rendición de cuentas. De hecho, a pesar de las modificaciones de la metodología, las clasificaciones no tienen nada que ver con la medición de la calidad -a diferencia de la riqueza yla  reputación. Dado que lo que se denomina universidad world-class (de excelencia, de categoría mundial) se estima que cuesta unos 2 mil millones de dólares, los propios gobiernos están ocupados en participar efectivamente en el “Nuevo orden mundial”. Esto explica algunos de los muy notables cambios en la parte inferior y superior de la escala de puntuación, así como el amplio maquillaje estructural de los Top 100 o 400.

Al mismo tiempo, la razónfundamental  de la publicación anual del ranking sólo puede estar impulsada por intereses comerciales cuyo objetivo es extender su impacto editorial más allá de sus clientes tradicionales. Del mismo modo, el  Global Institutional Profiles de Thomson Reuters intenta extender inteligentemente su cuota de mercado en el negocio, ada vez más  lucrativo y en expansión, del conocimiento y la inteligencia. Esto implica que las universidades suministran profusamente  datos institucionales, que luego se monetarizan en varios productos. Nadie puede lamentar que los intereses comerciales  actúen en su propio interés. Pero los gobiernos son elegidos para representar el interés público.

Los gobiernos han respondido a los rankings de varias maneras. Muchos países -como he indicado antes-  han utilizado las clasificaciones como motivo para una reestructuración profunda de sus sietamas de educación superior creyendo que la investigación universitaria de categoría mundial representa la panacea para el éxito en la economía global. La determinación de Francia en establecer su propia “Ivy League”  es la última de una larga serie de maniobras políticas que están optando por premiar los logros de las élites y las instituciones insignia en lugar de mejorar la capacidad y la calidad de todo el sistema.

También ha habido una proliferación de rankings nacionales, de modo que muchos países utilizan clasificaciones para evaluar y diferenciar su sistema de educación superior, a menudo con la ayuda de las propias organizaciones de clasificación. Distintas naciones del Sudeste de Europa y de África han utilizado las clasificaciones como guía para determinar los niveles de inversión y establecer un umbral mínimo. Los países árabes han tratado de establecer un ranking para representar mejor su característico sistema educativo y su propósito particular. La Unión Europea (UE) ha hecho lo mismo.

Enfurecida por la forma en que  las clasificaciones mundiales han hecho caso omiso de la diversidad de instituciones, ha degradado la enseñanza y subestimado  la investigación en Europa, la UE ha patrocinado el desarrollo un U-Multirank como  ranking alternativo global. Partiendo de sus muchas críticas a las clasificaciones, utiliza técnicas desarrolladas por el Centro para la Educación Superior (CHE), de Alemania, para elaborar una ulterior clasificación propia. Así, U-Multirank es impulsada por los usuarios, es multidimensional, a distintos niveles y comparable. Se denomina a sí misma ranking, pero se propone agrupar instituciones en lugar de producir una clasificación.

La etapa de viabilidad se ha completado, y la UE tiene tanta confianza en U-Multirank que en su informe de septiembre, titulado “Supporting growth and jobs –an agenda for the modernisation of Europe’s higher education systems“, ha anunciado la segunda fase, que será efectiva en algún momento de 2013 [allí se dice: “As a first step, in 2012, it will establish a high-level group with a rolling mandate to analyse key topics for the modernisation of higher education, starting with the promotion of excellence in teaching and reporting in 2013”]. Sus objetivos son ambiciosos y loables.

Pero, como con cualquier nueva iniciativa, existen problemas de dentición, entre otras cosas: 1) A pesar de ir más allá de las clasificaciones existentes, la elección de los indicadores sigue siendo problemática, y la ausencia de datos significativos que permitan la comparación internacional significa que sufre de muchos de los problemas que afligen a otras clasificaciones; 2) U-Multirank tiene como objetivo superar el problema de medir la calidad de enseñanza/rendimiento de los alumnos mediante la inclusión de datos de la OCDE, los del proyecto  Assessment of Higher Education Learning Outcomes (AHELO), que pretenden evaluar “lo que los estudiantes de la educación superior saben y pueden hacer tras la graduación”;  proyecto que también se encuentra en fase temprana de desarrollo; y 3) La etapa de viabilidad no ha recibido el reconocimiento mundial suficiente y, por el momento, es ante todo un instrumento europeo.

Estos problemas indican que a corto o medio plazo U-Multirank será incapaz de contrarrestar la influencia de las clasificaciones mundiales.

Por tanto, es hora de que  las organizaciones internacionales adopten una postura, porque no creo que los distintos países o  instituciones pueden actuar de manera unilateral. Es cierto que los gobiernos han tenido la culpa al no ejercer la misma diligencia debida que exigen a otros inversores significativos. Sin embargo, realinear sus políticas para ajustarse a los indicadores, que son producidos por otros por razones comerciales o de otro tipo, representa una abdicación de la soberanía nacional.

Por tanto:

Las organizaciones internacionales, como UNESCO, OCDE, Banco Mundial  y la Unión Europea, deben unirse para decir no a los rankings como base para la formulación de políticas, advirtiendo en consecuencia a las partes interesada. De la misma manera que  los gobiernos difunden “advertencias sanitarias” contra (por ejemplo) los cigarrillos, debe emprenderse una campaña pública inequívoca indicando a los gobiernos los peligros del uso de clasificaciones para estos fines.

La UE debería hacer una declaración igualmente audaz y replantear U-Multirank como un instrumento de referencia. De esta manera, deberá formalizar su propósito de que sea una herramienta para “ayudar a los estudiantes a tomar decisiones informadas” y “apoyar a los responsables políticos en sus decisiones estratégicas”. Esto sería un movimiento hábil que permitiría a la UE retomar la iniciativa política.

Los rankings han ayudado a catapultar a la educación superior en la agenda política. Sin embargo, su uso como base para la toma de decisiones, a nivel nacional o institucional, está dando lugar a consecuencias perversas y no deseadas, con implicaciones a largo plazo para la sociedad. Es hora del liderazgo.

***

Por desgracia, una lectura de ese documento de septiembre no permite albergar grandes esperanzas, a pesar de lo que defiende Ellen Hazelkorn. Hay cosas que se pueden considerar positivas, como la movilidad y la integración (se anuncia, por ejemlo,  un Erasmus Masters Degree Mobility Scheme), así como unas poco creíbles mejoras en la financiación. Pero continúa habiendo demasiado management y excesivo énfasis en la competencia entre centros. Todo ello rodeado de un lenguaje alejado del tradicional espíritu universitario: “entrepreneurial, creative and innovation skills”, “education-business cooperation”, es decir, mucho mercado, mucho “business”, mucha excelencia  y mucha fuente alternativa de financiación.

Anuncios

Una respuesta a “La Universidad y el ranking: el U-Multirank

  1. El problema radica en los instrumentos y en la instrumentalización de la ciencia cuyo riesgo está en crear una brecha imaginaria entre universidades del primer orden y las de tercer orden. En un sentido la realidad que se quiere cosntruir es la de la segregación y la de la consolidación de las relaciones de subalternidad. Más allá está la lógica instrumental del Estado que continúa viendo a las universidades autónomas y públicas como parte de un reducto del “no hacer nada”. La pregunta de fondo, estaremos en capacidad de formular críticas constructivas que nos ayuden a formar comunidades interpretaivas que escapen a la lógica de la competencia desleal y que supere los mecanismos de subalternización de los centros de saber instituido?

Los comentarios están cerrados.