Microhistoria vs historia profunda

En el campo de las tendencias historiográficas, hace ya unos años que se viene imponiendo (o está retornando) lo que antes se denominaba la historia estructural. Sin los mismos parámetros que antaño, ahora triunfan adjetivos como global, mundial, transnacional, Big o Deep, por ejemplo, para calificar el tipo de historia que se defiende. Por supuesto, muchos vemos esa perspectiva como algo claramente deudor del proceso de globalización, sin que ello suponga ningún desdén. Todas las miradas son significativas y complementarias, pues lo que importa es hacer buena historia, dado que ninguna etiqueta garantiza la calidad del producto.  Entre esas propuestas, hay una que ha llamado la atención incluso antes de estar en las librerías, aunque ya la tenemos disponible. Se trata del volumen encabezado por Andrew Shryock  y Daniel Lord Smail, titulado Deep History. The Architecture of Past and Present (UCP). El libro, en el que participan distintos autores, tiene cuatro partes, una primera de tipo historiográfico (“Problems and Orientations”) y otras trés que podríamos denominar temáticas: “Frames for History in Deep Time” (dedicada al cuerpo, el ecosistema y el lenguaje), “Shared Substance” (comida y parentesco) y “Human Expansion” (migración, bienes, escala).

Para calibrar mejor las expectativas que ha despertado el volumen, reparemos en el comentario publicado por la colega  Patricia Cohen en el NYT.   Es una buena elección, no solo porque Cohen sabe de lo que habla, sino porque tenemos la fortuna de que Cristina Sardoy haya ofrecido una traducción íntegra de ese texto en  Clarín-Eñe. Reproducimos, pues, esa versión, con algún ligero retoque:

Una coalición inusual de académicos, afligidos por el hecho de que la mayoría de los historiadores manifiesta una desbordante preocupación por el mundo moderno, intenta montar un golpe intelectual instando a sus colegas a ir más allá del torbellino relativamente reciente de conflictos sangrientos, intercambios financieros globales y maravillas tecnológicas y volver a mirar más atrás, hacia los orígenes de la humanidad.

Los relatos personales y cercanos que ganaron elogios profesionales y recompensas en los últimos años son valiosos, afirma Daniel Lord Smail, historiador medievalista de Harvard, pero la tendencia a la “microhistoria” ha atrofiado, según él, la ambición de pensar en grande.

“En las últimas dos o tres décadas, a los historiadores les ha costado pensar abarcando grandes períodos”, afirma: se acabaron las narraciones amplias sobre el avance de la humanidad. En su opinión, el antídoto a esta “historia superficial” es  “la historia profunda”, que se remonta a 50.000, 500.000 e incluso 2,6 millones de años hasta los primeros humanos. Los recientes avances en materia de análisis arqueológico, mapa genético y ecología evolutiva han llevado a una expansión asombrosa de nuestro conocimiento del pasado lejano pese a la falta de registros escritos, el arma tradicional del historiador.

Sin embargo, al mismo tiempo los historiadores y otros intelectuales de las humanidades han ido restringiendo cada vez más sus visiones al presente cercano. Tres de cada cuatro historiadores, por ejemplo, se especializan en la era posindustrial o en el siglo XX, según la American Historical Association.

Después de revisar la lista de cátedras, ofertas de cursos, temas de tesis y publicaciones en décadas recientes, Smail y Andrew Shryock, un antropólogo de la Universidad de Michigan, llegaron a la conclusión de que sus dos disciplinas rara vez se aventuran más allá de los últimos 250 años. Se quejan de que la mayor parte de la larga marcha de la existencia humana está siendo ignorada.

Para señalar el camino hacia lo que Smail define como la “nueva frontera intelectual”, un pequeño grupo de colaboradores en antropología, arqueología, primatología, genética y lingüística viene trabajando desde hace dos años y medio en un libro de próxima publicación Deep History: The Architecture of Past and Present (University of California Press) que es una especie de manifiesto para su causa.

La historia profunda, explican los autores, enfatiza más las tendencias y los procesos que los individuos y los hechos, prestando más atención al parentesco, la genealogía y las tradiciones que se desarrollan –como la hospitalidad, por ejemplo.

Lo que mejor hacen los historiadores y otros humanistas es contar historias, dice Shryock. Pueden ayudar a descorrer el velo que ha rodeado a nuestros ancestros y darles vida. En estas antiguas figuras enigmáticas pueden reconocerse en la actualidad los lazos familiares, la alimentación, el fervor religioso, las pasiones sexuales, los conflictos y los impulsos artísticos que configuran nuestra propia vida.

Dipesh Chakrabarty, historiador de la Universidad de Chicago, que ha visto el libro, dice que como los historiadores no son los que llevan a cabo la datación con radiocarbono o el análisis genético, no hacen descubrimientos. Tienen más bien la función de “volver a contar la historia humana”, y agrega, “aportan una idea de contingencia en los asuntos humanos”, de la mezcla impredecible de las acciones individuales y las fuerzas ambientales.

Chakrabarty afirma además que la historia profunda es atractiva porque permite dar un paso atrás. “Cuanto más contemporánea se vuelve la historia, más se politiza” [de hecho, este historiador hace tiempo que está preocupado o interesado por cuestiones más o menos semejantes, como hemos expuesto en este blog]. La opinión de que los historiadores abandonan el largo plazo a favor de una focalización miope en el presente y el pasado cercano es cuestionada por algunos en este campo. Anthony Grafton, presidente de la American Historical Association, valora que la historia profunda aliente a los estudiosos a mirar más atrás pero discute la afirmación de que falten historias integrales. “Creo que toda esa cuestión de la gran narrativa es un clisé que se esgrime demasiado”, sostiene. Los defensores de la “historia profunda” intentan derribar el precepto y el método más preciosos de la disciplina: la dependencia del registro escrito del pasado. “Sin documentos, no hay historia”, comandaba un manual del estudio histórico en 1898.

Todo lo que ocurrió antes es arrojado a la categoría de prehistoria. Los diez autores de Deep History quieren eliminar la prehistoria como categoría y liberar a los historiadores de la palabra. “Queremos cambiar lo que se considera como prueba (evidence)”, dice Shryock. “Hay todo tipo de materiales que dejan rastros y pueden servir de prueba”, agrega, y señala los fósiles, herramientas, artículos del hogar, imágenes, estructuras, cambios ecológicos y variaciones genéticas.

Como ejemplo, Shryock y Smail señalan un objeto tan común e intrascendente como las cuentas. En un nuevo artículo que han enviado a la American Historical Review con la idea de que suscite el debate, escriben que los arqueólogos ahora saben que tuvo lugar  una explosión en la fabricación de cuentas utilizando conchas y dientes de venado en la región mediterránea hace unos 43.000 años. En tanto los neandertales no crearon cuentas, nuestros ancestros humanos sí, utilizándolas para ampliar las relaciones sociales, indicar estatus o lealtades, adornar el cuerpo e intercambiar una forma primitiva de moneda.

Si se conectan los puntos, las cuentas también pueden verse como precursoras de los artículos producidos en masa. “Después de todo, con relación a la población, es probable que las cuentas de conchas se produjeran en el Alto Paleolítico al ritmo en que actualmente se fabrican los iPhone”, declaran, agregando que las cuentas de oro –“copias caras de objetos baratos”– se relacionan con la aparición de diferentes clases”, “una extraña inversión del patrón de las imitaciones de lujo”.

Sostienen que la proliferación de cuentas fue utilizada para crear alianzas políticas y redes económicas que se vieron fortalecidas a su vez por el intercambio de cuentas y de sus descendientes, las monedas. Posteriormente, las cuentas permitieron a los habitantes de la Antigüedad transformar los excedentes de alimentos, generados por cambios en la producción, en comercio y poder político. Los autores continúan el relato hasta el presente, sosteniendo que las tarjetas de crédito, los billetes, las monedas de oro y los collares de cuentas de conchas comparten una sola genealogía. “No se puede entender totalmente cómo funciona el dinero en la actualidad sin las cuentas”, dice Shryock.

Ese mismo tipo de análisis puede aplicarse a otros ámbitos. El cambio climático no comenzó con la Revolución Industrial, sostienen Mary C. Stiner, profesora de arqueología en la Universidad de Arizona, y Gillian Feeley-Harnik, antropóloga de la Universidad de Michigan en Deep History, (…). Si bien la escala es de otra magnitud, los seres humanos han dejado sus huellas en el medioambiente durante 50.000 años a través de la caza, la pesca, la domesticación de animales y las quemas agrícolas. Los indígenas nativos estadounidenses de los bosques del Este manipularon su entorno, agrega Smail, talando árboles para crear un hábitat destinado a los ciervos.

El deseo de adoptar una perspectiva amplia no es nuevo. Pensadores del siglo XIX como Auguste Comte, Karl Marx y Herbert Spencer hicieron una crónica de los destinos de la humanidad con gran ambición y pocas pruebas contundentes. En los años 1920 y 1930, los historiadores de la escuela francesa de los Annales combinaron historia, geografía y sociología para analizar la evolución de las civilizaciones. Y en los aproximadamente últimos 20 años, los historiadores David Christian [Maps of Time: An Introduction to Big History] y Fred Spier [The Structure of Big History: From the Big Bang until Today] han sido promotores de la gran historia (Big History), instando a sus colegas a comenzar sus relatos del “había una vez” miles de millones de años atrás con el Big Bang.

Con el avance del posmodernismo en el mundo académico en los años 1970 y 1980, los estudiosos tendieron a apartarse de las grandes narrativas, que fueron criticadas por presentar la dominación europea como algo a la vez inevitable y deseable. Los defensores de la historia profunda dicen que quieren revivir la escala sin el sesgo. William Cronon, estudioso de la historia ambiental en la Universidad de Wisconsin en Madison, sostiene que simpatiza con los objetivos de la historia profunda y que esta encaja bien con su trabajo, pero “lo que importa en definitiva es qué preguntas se hacen”. Puede decirse, propone, que el asesinato del presidente John F. Kennedy por Lee Harvey Oswald dependió del descubrimiento del hierro, pero ¿con eso qué? “Las preguntas determinan la prueba”, señala.

Smail y Shryock, entre otros, no están en desacuerdo; ellos quieren simplemente incitar a hacerse preguntas diferentes. Algunos historiadores y otros humanistas tratan la era moderna como si  hubiera salido de golpe de una gallina “como un huevo sin infertilizado”, dice Smail. “Los historiadores deben desarrollar el hábito de mirar hacia atrás para ver cómo dialoga su propio período con lo que pasó antes”.

© The New York Times, 2011.

Anuncios

5 Respuestas a “Microhistoria vs historia profunda

  1. Pingback: Microhistoria vs historia profunda | Apuntes de Geografica·

  2. ¡Que entretenido tu artículo!. Bien facturado y redactado. De modo que la relativa hegemonía de Carlo Ginzburg y los suyos viene de vuelta. Sí, se olía en el ambiente, se oteaba en el horizonte; como que hos habiamos saturado un poco de tanta narrativa antropologica. Deep History, o como prefieran llamar suena bien, siempre es necesario repasar o aclarar el objeto de estudio.
    Es que el siglo xx vio articular tantos nuevos y enriquecedores paradigmas historiográficos que volver a lo primario no suena conservador sino un simple retorno a la larga duración del l mejor tipo de Annales y el clásico de Fernand Braudel “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II”(1949).

  3. Pingback: Los mejores libros del año 2011: historia « Clionauta: Blog de Historia·

  4. Pingback: Representar el tiempo « Clionauta: Blog de Historia·

  5. Pingback: Big History: la historia intelectual y la larga duración « Clionauta: Blog de Historia·

Los comentarios están cerrados.