1914: atrocidades y crímenes de guerra

Enquête sur une vérité disputée” es el título con el que Nicolas Offenstadt aborda en Le Monde la presentación en bolsillo del libro Les atrocités allemandes: La vérité sur les crimes de guerre en France et en Belgique, de John Horne  y Alan Kramer. El volumen lo edita Tallandier. Veamos lo que señala Offenstadt:

         

A eso llaman un libro-mundo. La investigación sobre las “atrocidades” cometidas por el ejército alemán en 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, realizada por dos universitarios de Dublín, John Horne y Alan Kramer , movilizó becas y ayudas de todo el mundo: una fundación alemana, una facultad de Sudáfrica, una sociedad belga de historia y las universidades de Princeton y Rutgers en los Estados Unidos. Los historiadores han trabajado en los archivos de ocho países, tanto en los de la KGB como en el Vaticano, por no hablar de los encuentros con los investigadores del mundo entero. El libro que resulta de la investigación se publica en tres idiomas: inglés, alemán y francés.

La ambición era ofrecer  “una publicación europea de una historia europea”, una “historia cultural transnacional.” Por supuesto, los propios hechos -la violencia contra civiles y la destrucción generalizada- conciernen principalmente a Alemania, Bélgica y Francia, pero su impacto fue un verdadero asunto internacional, especialmente si tenemos en cuenta que las memorias de las trocidades tuvieron efectos sobre el comportamiento durante la Segunda Guerra Mundial. El volumen lo presenta en edición de bolsillo Tallandier, pero sin las referencias, que quedan para la página web del editor.

Como es habitual en los grandes libros de la historia, todo empieza con una simple pregunta que no encuentra una respuesta inmediata. A finales de 1980, John Horne, especialista en historia de Francia, le muestra su colega Alan Kramer, especialista en la historia de Alemania, unos documentos que relatan los “crímenes” cometidos por los alemanes contra civiles  en Francia y Bélgica en 1914. ¿Verdadero?, ¿falso?, ¿ni una cosa ni otra?:  le pregunta Horne a Kramer. ¿Tal vez un montaje de la “propaganda” aliada? Kramer recuerda: “como historiador de Alemania, me vino a la mente la falsificación de  pseudos “cuadernos” de Hitler, pero también estaba fascinado por la idea de que los documentos pudieran ser verdaderos, lo que significarba que la historia del ejército alemán y de la propaganda durante la Primera Guerra Mundial debían ser revisadas”.

Para entender la reticencia de los investigadores debe tenerse en cuenta que los contemporáneos desconfiaban mucho, en el período de entreguerras, de todo lo que pudiera oler a “lavado de cerebro”, algo que a los soldados, sobre todo, asqueaba. El pacifismo de la época reforzó este escepticismo sobre las historias de crímenes cometidos por los alemanes, como las famosas “manos cortadas” (algo no documentado), hasta el punto de alimentar unas dudas que persistieron más allá de la Segunda Guerra Mundial.

Las discusiones iniciales entre los dos investigadores se transformaron en un proyecto conjunto para encontrar las respuestas. En 1992, en el simposio inaugural del Historial de la Grande Guerre, en Péronne (Somme), ambos investigadores presentaron los resultados iniciales. Horne dijo: “nunca olvidaré el escepticismo de algunos de nuestros colegas más acreditados, ni el entusiasmo de los jóvenes”.  La historia de la Gran Guerra, que durante mucho tiempo ha sido una cuestión política, militar o económica, comienza entonces a recorrer nuevos caminos, con más atención a las cuestiones culturales, incluyendo las representaciones del otro. De archivo en archivo, de Washington a Bruselas, los descubrimientos se multiplican y el trabajo toma forma.  Los dos historiadores se reparten los lugares y las series documentales, escriben los borradores de capítulos y el otro los comenta.   “Un trabajo duro”, dice Kramer, “pues cada uno tenía su estilo … “. Sin embargo, hay una gran satisfacción: “pasados veinte años años”, señala Horne, “siempre me acuerdo de ese momento emocionante, cuando finalmente me di cuenta que no, que no hubo levantamiento de los civiles belgas y franceses contra los invasores, pero que sí, los soldados alemanes, en su mayoría, creían que era así”. De ese modo, el poder de la imaginación podía tener cierto impacto concreto sonre lo real“.   Y ese imaginario produjo la violencia.

La investigación lleva su tiempo y agudiza los intereses. Mientras tanto, todos los historiadores del periodo esperan con impaciencia la publicación de Horne-Kramer, que sale primero en inglés (2001), alemán (2004) y francés (2005). 1914. Les Atrocités allemandes inmediatamente se impone como un clásico, con unas conclusiones incuestionables. Por supuesto, el libro plantea distintos debates, como el referido al poder explicativo de la noción de “culturas de guerra” que los autores utilizan, y da lugar a interpretaciones que a veces fuerzan las intenciones del volumen. Algunos historiadores, dice Kramer, han querido ver en Les Atrocités allemandes, de forma apresurada, la demostración de una continuación directa “del Kaiser Guillermo a Hitler”. Las ampliaciones no cesan, como demuestra la aparición de nuevo este mes de una obra coordinada por John Horne sobre las Viols en temps de guerre (Payot) de la Rusia moderna a la África contemporánea pasando por la guerra civil española. Sobre el tema de la herencia del libro, transcurridos diez años, Horne señala modestamente que es algo que los otros deben juzgar.  Un doble legado se ha impuesto: en primer lugar, el establecimiento de los propios hechos; por otro lado,  una herramienta para pensar sobre el ejercicio de la violencia en el cruce de las situaciones de guerra y los imaginarios.

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