Gandhi y el honor patrio: otra polémica biografía

Thomas Weber, un académico australiano buen conocedor de la vida de Ghandi, reseña para Insidehistory el reciente trabajo del periodista y escritor estadounidense Joseph Lelyveld: Great Soul: Mahatma Gandhi and His Struggle With India. Veamos:

Tal vez más se haya  escrito más sobre Mahatma Gandhi que sobre cualquier otra figura del siglo XX. Pero la mayoría de las biografías escritas en inglés y los principales estudios que se publican cada año desaparecen con bastante rapidez sin dejar rastro. ¿Por qué, entonces, la India ha quedado inundada por un paroxismo de indignación cuando se publicó Great Soul en los Estados Unidos, obra del Premio Pulitzer Joseph Lelyveld?

Durante su dilatada carrera como periodista ha cubierto para el New York Times tanto Sudáfrica, donde Gandhi vivió a principios de su carrera, como la India. Su nuevo libro, subtitulado Mahatma Gandhi and His Struggle With India, demuestra su conocimiento de ambos países y es guiado por el escepticismo característico del buen periodista. Cuenta la historia de un hombre que cometió errores, que a veces hacía cosas que parecían estar en conflicto con sus propias enseñanzas, que quería ser un santo, pero que podía ser demasiado político -también de alguien que tuvo una visión, quizá condenada al fracaso desde el principio, de cómo debe vivirse la vida y cómo, en palabras de Lelyveld, su “recalcitrante país” podía servir de modelo para el mundo.

Great Soul no es una biografía completa y desde luego no sirve como introducción a la vida de Gandhi y de su tiempo. Lelyveld prescinde de la juventud de Gandhi, centrándose en cambio en la forma en que los años de Sudáfrica hicieron de un abogado inexperto un activista político capaz de inspirar la movilización de masas entre los descontentos. Su objetivo es proporcionar un análisis más profundo para un público que ya sabe algo sobre su tema. Y, obviamente, respeta a Gandhi: aunque sus evaluaciones no son todas en positivo, queda claro que no se acerca al Mahatma para destrozarlo.

Una amplia amenaza  de prohibición del libro se extendió por toda la India, alimentada por una cascada de acontecimientos:  prohibición anunciada en algunos Estados concretos, discursos indignados de los políticos, titulares de periódicos hostiles y una agitada blogosfera india. El motivo por el que ocurrió todo eso probablemente dice más acerca de la situación política en la India que sobre el libro de Lelyveld.

Los gritos en favor de prohibir Great Soul se originaron en el estado natal de Gandhi, Gujarat, dominado  por el partido nacionalista hindú Bharatiya Janata. La indignación también cundió en el estado de Maharashtra, dominado por la derecha hindú, después de la lectura que del libro hiciera el Mumbai Mirror. Aunque Maharashtra finalmente desechó prohibirlo, lo más probable es que muchas librerías de Mumbai se hayan negado a venderlo, dada la historia de la violencia contra personas o instituciones relacionadas con los libros críticos de algún héroe local.

Que el Partido del Congreso, tradicionalmente secular y dominante a nivel nacional, barajara la idea de la prohibición es aún más sorprendente. El ministro indio de justicia, Veerappa Moily, estaba a favor, e incluso anunciaba una enmienda a la National Honour Act de 1971 para que los insultos al “Padre de la Patria” -como a Gandhi se llama en la India- fueran un acto de blasfemia de similar gravedad a los delitos contra la bandera nacional o a la Constitución de la India (con penas de hasta tres años de prisión). Dadas las críticas generales que en la India suscita la legislación sobre la blasfemia de su enemigo vecino, Pakistán, esto resulta el colmo de la ironía. Moily denunció el libro como “infudado, sensacionalista y chismoso… que denigra a un líder nacional”. Entonces, tras unos días de vacilación, se echó atrás, explicando que era una reseña del libro la que había llevado a la protesta y por tanto “no no se trata de prohibir el libro dado que el autor ha aclarado que él no ha escrito lo que se le ha atribuido a la obra”. La acusación de blasfemia se evaporó y, al final, prevaleció el sentido común.

En Gujarat, el problema no desapareció tan fácilmente. El primer ministro Narendra Modi denunció el libro como una perversión, acusando a Lelyveld del acto más condenable, “al lastimar los sentimientos de quienes son capaces de un pensamiento sano  y lógico”. Pidió que el libro se prohibiera en todo el país y exigió una disculpa pública del autor. La asamblea estatal votó unánimemente prohibir el volumen, con el líder estatal del Partido del Congreso instando al gobierno nacional a tomar medidas similares.

¿Cómo un libro, que agrega muy poco a lo que sabemos de esta bien documentada vida, ha encendido las pasiones de tal modo? ¿Y cómo pudo haber sucedido en un país democrático donde, además, el libro aún no estaba disponible?

La polémica se desató por la reseña de Andrew Roberts, “Among the Hagiographers“, aparecida en el Wall Street Journal el 26 de marzo, que era más una difamación de Gandhi que una seria reflexión sobre el libro. Dos días más tarde, en un artículo titulado “Gandhi ‘left his wife to live with a male lover’ new book claims” , el tabloide londinense Daily Mail reproducía partes de la reseña de Roberts, las relacionadas con las actitudes de Gandhi con el sexo. Curiosamente, dos días antes de que apareciera la pieza de Roberts, el ​​New York Times había publicado una crítica muy favorable (“How Gandhi Became Gandhi“) del biógrafo Geoffrey Ward, que creció en la India. De no haber quedado explícito, sería difícil adivinar que este y los dos otros artículos eran sobre el mismo libro. El de Ward no hurgó demasiado en las cuestiones controvertidas y no fue recogido por la prensa india.

Roberts, que se precia de ser del “ala de extrema derecha” y es un hagiógrafo del rival de Gandhi, Winston Churchill, comienza su reseña de Great Soul diciendo que el “generalmente admirarable”  libro de Lelyveld nos permite concluir que Gandhi “era un  bicho raro sexual, un político incompetente y un chiflado fanático -que era a menudo francamente cruel con los que le rodeaban … profesando su amor por la humanidad como concepto, cuando en realidad despreciaba a las personas como individuos”. El estudio está lleno de citas entresacadas, de injustificada vinculación de hechos y declaraciones dispares, así como de malas interpretaciones. Se trata de un catálogo de todo lo negativo, o de cualquier cosa que pudiera ser interpretada como negativa, de la biografía de Lelyveld, sin ninguno de los análisis comprensivos que incluye. Roberts se limita a señalar en un momento que “el señor Lelyveld no es inmune” a la hagiografía, “ponendo trabajosas excusas [sobre Gandhi] en cada esquina del libro, que sin embargo tiene una buena investigación y está bien escrito”.  En resumen, bajo el pretexto de una reseña, la pieza de Roberts empuja en otra dirección. Gandhi es una persona que no le gusta.

Los primeros escritos acerca de Gandhi por parte de los autores occidentales eran  admirativos.  Entre ellos, el libro que en 1924 escribió el pacifista francés Romain Rolland, Mahatma Gandhi: The Man Who Became One With the Universal Being, que hizo mucho por popularizar a Gandhi en Occidente [recientemente traducido al catalán]. Pero también hubo libros críticos. La americana anglófila Katherine Mayo visitó la India en 1926, entrevistó a Gandhi  y al año siguiente publicó Mother India, que se convertiría en el libro más popular sobre la India en la primera mitad del siglo XX. Se trataba de una apología de la subyugación de la India británica, centrándose en los temas de la suciedad, la enfermedad, el sexo, las desventajas, el analfabetismo, la opresión de las mujeres, la práctica inmisericorde de las castas, el maltrato de las vacas, los intocables, la enemistad entre hindúes y musulmanes, utilizando a menudo a Gandhi como una autoridad para respaldar su argumento, o para demostrar que él era parte del problema. Gandhi calificó el libro de “Drain Inspector’s Report”, pero al mismo tiempo que señalaba sus distorsiones añadió que “todos los indios pueden leer[lo] con algún grado de beneficio” para ver como los demás los ven y así corregir sus defectos.

     

La literatura revisionista sobre Gandhi y su papel en el desarrollo de la India ha continuado a buen ritmo. Autores como Arthur Koestler ( The Lotus and the Robot), Ved Mehta (Mahatma Gandhi and His Apostles) y V.S. Naipaul (India: A Wounded Civilisation) han tratado de demostrar que Gandhi era un reaccionario. Más recientemente, Jad Adams (Gandhi: Naked Ambition) produjo un volumen descreditador centrado en la sexualidad de Gandhi. Cualquiera que sea la primera opinión sensacionalista que su libro sugiere, el Great Soul de Lelyveld no se puede colocar cómodamente en esta compañía.

Las cuestiones destacadas por quienes han reducido el libro a unos pocos titulares -que Lelyveld afirma de Gandhi que era homosexual y racista- no quedan confirmadas cuando se hace una cuidadosa lectura de su libro. Gandhi se muestra como una persona de su tiempo: alguien cuya principal preocupación en el sur de África fue la obtención de justicia para su propia comunidad más que promover el bienestar de los negros. Más tarde, cuando sus ideas sobre la raza se desarrollaron al compás que lo hacían sus ideas, pudo reconocer la estrechez de su visión y pedir justicia para todos.

La referencia a la relación de Gandhi con su alma gemela en aquel momento, Hermann Kallenbach, no es un descubrimiento nuevo de Lelyveld. El autor está tratando de comprender al joven Gandhi y de hecho advierte que en una época “en la que el concepto de amor platónico tenía poca credibilidad”,  los detalles de una relación y las citas de las cartas “pueden ser fácilmente arregladas” para llegar a una conclusión que no está necesariamente verificada. James Hunt, el biógrafo más académico y simpático de la época de Gandhi en Sudáfrica, y fuente de Lelyveld, señaló que la relación pudo haber sido “homoerótica”, pero ciertamente no homosexual. Lelyveld señala que esto describe “una fuerte atracción mutua, nada más.”

En todo caso, esta breve discusión aparece como una divergencia de la historia principal que Lelyveld está exponiendo. Sin embargo, agarrándose a estos pocos párrafos, Roberts y el Daily Mail pintan a Gandhi como homosexual. Y en un país donde hay una enorme sensibilidad sobre el honor del Padre de la nación, y donde la actividad homosexual era un delito hasta 2009, esto tenía que correr como la pólvora por Internet. El 29 de marzo, el periódico de mayor circulación de Mumbai, el Mumbai Mirror, publicó un artículo en primera plana sobre el escándalo bajo el título “Book claims German man was Gandhi’s secret love“.  De inmediato se desató la tormenta y Great Soul se convertió en un referente obligado para los políticos oportunistas.

El libro aún no estaba disponible en la India, por lo que las demandas de prohibición llegaron de personas que no lo habían leído. Esto plantea la cuestión de si la reacción tenía que ver realmente con proteger la imagen del Padre de la Patria (que necesita poca protección externa) o con alguna forma de obtención de beneficios políticos. Como indica Tridip Suhrud,  científico social y especialista en Gandhi,  la decisión de prohibir cualquier libro, aunque sea imperfecto, “sugiere un aumento de la intolerancia con la cultura de la discusión y el debate”.  Es una lástima que los políticos indios, mientras proclaman con orgullo que su país es la mayor democracia del mundo, parezcan estar a la vanguardia de este aumento de la intolerancia.

La farsa al menos estimuló el debate público sobre los límites de la libertad de expresión en un país que defiende la importancia de este derecho, pero que siente la necesidad de equilibrarlo frente a la delicada cuestión de la armonía nacional. India prohibió Los versos satánicos de Salman Rushdie  en 1988 y en 2003 prohibió una novela autobiográfica de Taslima Nasreen, escritora feminista de Bangladesh y crítica del Islam. Como señaló la corresponsal de la revista Time, Jyoti Thottam:

El público indio está un poco cansado de este particular tipo de controversia y del debate de altas miras que le sigue. Se repite a menudo y no perdona a nadie, desde importantes políticos nacionalistas hindúes como Jaswant Singh [que escribió una biografía comprensiva de Jinnah, el padre de Pakistán] hasta activistas progresistas como Arundhati Roy. E inevitablemente, el final es el mismo -pocos puntos políticos anotados, los valores democráticos ligeramente comprometidos y los ofendidos autores que sufren poco más que un toque de notoriedad y la inconveniencia de una multitud de medios.

Otro comentarista señaló que estas prohibiciones no ofrecen un “un coste de oportunidad, pues la pequeña minoría de los lectores en inglés no se consideran votos útiles, mientras que la prohibición de un libro ofrece un acceso inmediato a la televisión nacional”.  Tal vez no por casualidad, se ha rumoreado que Narendra Modi tiene el ojo puesto en un papel político a nivel nacional.

La respuesta de Lelyveld a la protesta fue señalar que era una vergüenza para un país que se llama una democracia la prohibición de un libro “que nadie ha leído, incluyendo la gente que está pidiendo la prohibición”.  Con evidente ironía, agregó: “El libro fue prohibido en Gujarat por el gran gandhiano Narendra Modi”.  Un periódico de la India, The Hindu, acertó diciendo que “el Mahatma habría sido el primero en protestar en contra de cualquier sugerencia de una prohibición oscurantista”.

Las biografías son a menudo producidas por personas que aman y, por tanto, quieren alabar a sus biografiados, o por aquellos a quienes les disgustan y se proponen denigrarlos. Probablemente, Lelyveld ha llegado lo más cerca posible a la producción de una biografía imparcial de Gandhi. Los que veneran al Mahatma no pueden ser demasiado indulgentes con un libro que pinta un retrato de alguien que era muy humano, con los defectos que ello conlleva. Aquellos que se quieran representar a Gandhi como un farsante o algo peor, pueden encontrar un poco de munición, pero no justificación. El autor trata de comprender a Gandhi en sus propios términos, y hace un trabajo razonable. No hay nada negativo aquí que sea novedoso para los que están versados ​​en la vida de Gandhi. Pero aún así, es suficiente para que las personas con fuertes sentimientos pro o anti-Gandhi dispongan de munición para sus opiniones.

De hecho, Lelyveld demuestra el dilema al que se enfrentó Gandhi al tratar de ser un político interesado en la independencia nacional y un reformador social interesado en un cierto tipo de independencia: “ninguna causa -ya sea la unidad hindú-musulmana o la de la justicia para los intocables- tenía mucho predicamento entre las castas hindúes, especialmente las rurales,  la columna vertebral del movimiento que Gandhi y sus lugartenientes estaban construyendo”. De hecho, señala con perspicacia: “Decir que Gandhi no era absolutamente coherente no significa condenarlo por hipocresía, es reconocer que era un líder político preocupado por la tarea de construir una nación, a veces sólo por mantenerla unida”.

Lelyveld niega las afirmaciones hechas en las reseñas iniciales. El libro, escribe,

no dice que Gandhi fuera bisexual. No dice que fuera homosexual. No dice que fuera un racista. La palabra bisexual no aparece en el libro y la palabra racista sólo aparece una vez en un contexto muy limitado, en relación con una sola frase y no al conjunto de las actitudes de Gandhi ni a la historia de Sudáfrica.

En resumen, Great Soul ofrece un análisis real, no una hagiografía. Gandhi era una persona de su tiempo, con todo el bagaje que eso conlleva. Al igual que todos nosotros, no vino al mundo completamente formado. Se movió de realización en realización. Eso le permitió crecer, cambiar.

Se ha argumentado que algunos políticos de la India podrían no haber recibido de buena gana el libro porque muestra la forma en que han defraudado al Mahatma. Pero sus críticas, políticamente insinceras, han sido contraproducentes: hicieron que el libro fuera leído por muchos más indios de lo que hubiera sido el caso.

Curiosamente, casi al final de Great Soul, después de describir la masacre de Gujarat de 2002, en la que murieron 2.000 musulmanes y otros 200.000 quedaron desplazados, Lelyveld señala que esos asesinatos “fueron sancionados de manera tácita, incluso fomentados, por un partido de derecha hindú linealmente descendiente de los movimientos extremistas que fueron prohibidos durante un tiempo tras el asesinato de Gandhi por la sospecha de que habían sido cómplices en el asesinato. Ese partido [el BJP, encabezado por Modi] ha estado en el poder desde entonces en la capital del estado de Gujarat, llamada Gandhinagar, después de que el hijo favorito quien lamentaba su estigma de chovinismo expresara una doctrina de la identidad nacional llamada Hindutva“, que es “diametralmente opuesta a la doctrina de Gandhi”.  Un cínico podría pensar que esto, más que cualquier referencia a Gandhi como homosexual o racista, fue la verdadera razón de la reacción instintiva anunciando una prohibición del libro.

Al final, con todas las bravatas, el libro no fue prohibido, ni siquiera en Gujarat. Aunque Modi anunció en la Asamblea de Gujarat que el libro sería prohibido allí, la orden nunca se emitió. Sin fanfarria, contando con que incluso se volvió atrás. Un comentarista señaló que Modi “tenía la esperanza de ganar prestigio siendo el primero en prohibirlo y ahora se encuentra solo y ridículo”.

Lelyveld quedó obviamente sorprendido no tanto por el escándalo como por su enfoque. “Pensé que el libro podría ser controvertido por otras razones”, dice, “porque en mi lectura de lo que estoy haciendo soy algo crítico con la clase política de la India, básicamente por haber echado por la borda el objetivo de Gandhi en esta área de la reforma social y de la elevación espiritual, y me identifico con su sensación de que el movimiento básicamente sigue ofreciendo palabras huecas frente a sus objetivos. Así que pensé que podría ser controvertido -que un extranjero hiciera esas declaraciones. Pero, de hecho, nadie ha prestado mucha atención a lo que yo considero el tema principal del libro”.

Dado que el libro ya está disponible en la India, puede que algún miembro de la clase política india quiera leerlo -y tal vez prohibirlo.

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3 Respuestas a “Gandhi y el honor patrio: otra polémica biografía

  1. En tiempos de tan escaso interés por la lectura o de tanta sobreoferta, tanto para justificar la no lectura como para justificar la no lectura de A en favor de B, ese debate es garantía de que se prohíba o no, seguramente el libro se leerá. No sé qué es más pernicioso: encuentro material sobre la llamada ·”campaña del desierto”, la incursión militar en el sur de la Argentina que repartió los grandes latifundios entre pocas familias y mató a los habitantes “originarios”. El locutor y el guionista usan todos los tonos y los adjetivos como para que no queden dudas sobre cuánto se horrorizan por lo sucedido. Evidentemente no forman parte de los indígenes exterminados (es lógicamente casi imposible, salvo que se contabilicen las escasas supervivencias) ni de los que se repartieron las tierras ni de los que decidieron emprender la ·”ampliación de las fronteras”. Es curioso que la convicción de que poblar y gobernar, compartida por los enemigos a muerte de las entonces luchas políticas que siguen contando una historia atravesada por la división absoluta, los haga parte de una alianza común al menos en ese objetivo nada menor, que sin embargo no modifica el relato historiográfico. Si todos los próceres son malos o todos son buenos y en vida se mataron entre sí, es difícil sostenerlos a todos en los homenajes de monumentos, boulevares, avenidas y autopistas. Y sin embargo, al poner los pies en las calles que los homenajean, debemos suspender posibles objeciones de conciencia o armar itinerarios tal vez imposibles. Sin mencionar que los pobres gauchos que exterminamos los malos de entonces coincidían punto por punto en considerar enemigos a los mismos indios aunque mostraban desacuerdo en ser reclutados por la fuerza para integrar las milicias y dejarse esclavizar por los superiores jerárquicos. Esos enigmas de la historia no han recibido todavía ninguna respuesta y presumo que si alguno acomete alguna empresa con propósito esclarecedor correrá riesgos de alterar el mapa del pasado, un edificio endeble pero que por eso mismo exige que todos practiquemos el ritual de despreciarlo asumiendo la responsabilidad absoluta de no modificarlo.. un mandamiento tácito, de todos conocido, exige esos rituales renovados a diario… El mundo laico prohíbe las excomuniones, parece… Al menos nos evita fatwas, por ahora. Para hacer de necesidad virtud, consuela que de tanto en tanto tantos lectores se tomen el trabajo de sentar posición sobre un libro, incluso para desear incendiarlo y evocar con nostalgia viejas piras…. ¿No sería relevante estudiar los tabúes historiográficos a ver qué nos enseñan?

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  3. quisiera saber es que gandhi se baso en versos de la biblia y se dice que se inspiro en ello asi tambien digo entonces no conocio que dijo que el es el unico camino, verdad y vida dicho por jesus en sus ejangelios (buenas nuevas ) entendamos lo que quiso decir pero espero no se haya equivocado

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