Stephen Greenblatt: sobre la naturaleza de las cosas

Stephen Greenblatt, patriarca del neohistoricismo y profesor de humanidades en Harvard,  acaba de obtener el prestigioso 2011 National Book Award con su The Swerve: How the World Became Modern (Norton). En el apartado de lo que se suele etiquetar como “Nonfiction”, por supuesto.

El volumen excede con mucho el asunto que ocupa a este blog, pero solo en apariencia. Su contenido se presenta del siguiente modo: “En el invierno de 1417, un hombre bajito, genial, y astutamente alerta que estaba llegado a los cuarenta sacó un manuscrito muy antiguo de un estante de una biblioteca, vio con entusiasmo lo que había descubierto y ordenó que se copiara. El hombre era Poggio Braccionlini, el más grande cazador de libros del Renacimiento. Su descubrimiento era el último manuscrito superviviente de una antigua épica filosófica romana, Sobre la naturaleza de las cosas (De rerum natura), de Lucrecio, un hermoso poema de las más peligrosas ideas: que el universo funciona sin la ayuda de los dioses, que el miedo religioso era perjudicial para la vida humana  y que la materia estaba formada por partículas muy pequeñas en eterno movimiento, chocando y desviándose hacia nuevas direcciones.

La copia y traducción de este antiguo libro impulsó el Renacimiento, inspirando a artistas como Botticelli y a pensadores como Giordano Bruno; conformó el pensamiento de Galileo y Freud, Darwin y Einstein; y tuvo una influencia revolucionaria en escritores como Montaigne y Shakespeare e incluso Thomas Jefferson”.

En efecto, dice Greenblatt que quedó asombrado al leer el texto de Lucrecio, por su aparente clarividencia . “Así que mucho de lo que hay en Einstein o Freud o Marx o Darwin estaba allí”, dice. “Me quedé pasmado.” Y, en efecto, desde Galileo hasta Darwin y Einstein, quien rindió tributo a Lucrecio en el prefacio de la traducción en 1924 de la obra del poeta, la ciencia comienza a describir empíricamente un universo de partículas atómicas con comportamientos dictados por fuerzas independientes de lo divino. Mientras tanto, Greenblatt sitúa a Lucrecio en las raíces mismas de la tradición estadounidense: “Yo soy un epicúreo”, proclamó Thomas Jefferson, propietario de al menos cinco ediciones del De rerum natura, que puso su sello en la Declaración de la Independencia haciendo hincapié en “la búsqueda de la felicidad”.

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