Bernard Lewis: munición intelectual para la guerra de Irak

Daphna Berman traza en la revista Moment, “the largest independent Jewish magazine in North America”, una amplia semblanza intelectual de Bernard Lewis:

(…)

Lewis, recuerda Berman, ha publicado prolíficamente a lo largo de sus siete décadas de carrera: su primer artículo académico -sobre los orígenes de ismailismo, una rama del Islam chií-  lo publicó en 1937, cuando tenía 21 años, y su más reciente libro, The End of Modern History in the Middle East, llegó a las librerías a principios de este año. Entre uno y otro, ha escrito más de 20 libros, algunos de ellos best-sellers, además de numerosos textos eruditos, acumulando incontables honores, incluyendo la National Humanities Medal, que el presidente George W. Bush le enttregó en la Casa Blanca en 2006.

(…)

El fallecido profesor de la Universidad de Columbia Edward Said, autor del libro Orientalismo (1978), acusó a Lewis de “demagogia e ignorancia pura y simple” y los críticos más recientes lo han acusado de avivar las llamas de la islamofobia. Pero  es un profeta en su estrecho círculo de admiradores, que incluye a influyentes políticos, muchos de los cuales sirvieron en la administración del presidente George W. Bush. Gentes como el ex vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el presidente del Consejo de Política de Defensa Richard Perle, el subsecretario de Defensa Douglas Feith, así como Paul Wolfowitz o Elliott Abrams.

“Bernard Lewis es el gran orientalista de nuestro tiempo, y no veremos sus pareceres otra vez”, dice Fouad Ajami, profesor en el Instituto Hoover de Stanford. Ajami, que nació y se crió en el Líbano, se autodesigna como discípulo de Lewis. Los dos han estado cerca desde el día en que Ajami llegó a Princeton hace unos 35 años y Ajami se explaya libremente sobre su mentor. “Su habilidad para seguir el rumbo del Islam durante los 70 años de su carrera y ver realmente las corrientes más profundas del Islam -ese es su genio. Es capaz de cerrar la brecha entre la academia y de los asuntos modernos y establecer una conexión perfecta entre pasado y presente”.

(…)

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo el 11 de septiembre de 2001, el libro de Lewis What Went Wrong: Western Impact and Eastern Response estaba en imprenta. Cuando apareció en diciembre, su tesis estaba en boca de todos. Como dice Lewis, “Osama Bin Laden me hizo famoso”.  Martin Kramer lo expresa así: “Bernard Lewis se convirtió en un nombre familiar después del 11/S, justo cuando los seguidores de Said pensaban que se habían deshecho él”.  El debate académico sobre el mundo islámico ya no estaba relegado a la Ivy League y a las páginas de las revistas especializadas, sino que se convirtió desde entonces en algo central para explicar a Osama bin Laden y su jihad global.

El “Choque de civilizaciones”  tronó a través de las ondas, tres palabras que a menudo asociadas con Samuel Huntington,  profesor de ciencias políticas de la Universidad de Harvard, quien las tomó prestadas para el título de su histórico artículo de 1993, ampliado posteriormente en un libro del mismo título. Huntington, un titán en su campo, murió en 2008 y Lewis duda en atribuirse el mérito de la frase, pues me dijo que nunca denominó a su teoría como “choque de civilizaciones” en sí. “Fue una idea que me vino por etapas después de estudiar la larga historia de la yihad,  la cruzada y contra-cruzada, y así sucesivamente a lo largo de los siglos”, explica. Sin embargo, cree en unas verdades fundamentales: cristianos y musulmanes creen que ellos son los destinatarios de la última palabra de Dios, que están obligados a compartir con el resto de la humanidad, un mensaje que es universal y exclusivo. “Esto conduce inevitablemente a conflictos, el verdadero choque de civilizaciones rivales que aspiran a la misma función, lo que lleva a la misma hegemonía”, dijo Lewis durante un evento en 2006 en Washington DC, organizado por el Foro Pew. No son sus diferencias las que conducen al choque, sino sus similitudes, añade.

(…)

Para Lewis, el choque de civilizaciones  había llegado por fin a las puertas de los Estados Unidos. La situación había llegado a un punto de ebullición peligroso y ya no podía ser ignorada. Los ataques del 11/S, advierte, deben ser vistos como una batalla en una guerra más amplia de la yihad. De acuerdo con la primera etapa de la yihad, el gobierno infiel en tierras del Islam debe terminar. “Eso ha sido, en general, completado. Todos los Estados que eran gobernados formalmente por rusos, franceses e ingleses son ahora gobernados por gente de su propia tierra”.  La segunda etapa, dice, es recuperar las tierras perdidas del Islam, es decir, países como Israel y España, que fueron gobernados una vez por los musulmanes, pero ya no lo son. La tercera y última fase es extender la ley islámica a todo el mundo, de modo0 que los habitantes pueden convertirse al Islam o  convertirse en ciudadanos de segunda clase. “No hay duda” de que el 11/S es parte de esta lucha, insiste. “Osama bin Laden  expresó muy claramente que esto es parte de la jihad global y el inicio de la fase final, llevando la verdadera fe a las tierras de los infieles”

Israel y la irresuelta cuestión palestina  no son -como muchos afirman- la raíz del odio árabe hacia los EE.UU. “Israel actúa como un útil sustituto de las denuncias sobre las privaciones económicas y la represión política bajo la cual vive la mayor parte de los musulmanes, y como manera de desviar la ira resultante “, afirmaba Lewis en noviembre del 2001 de The New Yorker.

Dado que la política exterior estadounidense bajo George W. Bush fue comandada por un grupo de hombres a los que Lewis conocía bien, tuvo acceso a la Casa Blanca después del 11 de septiembre de 2001. Tenía una “relación muy amistosa con Cheney” en aquel momento, recuerda, y fue orador invitado en la residencia del vicepresidente después de los ataques. En vísperas de la invasión de Irak, Cheney apareció en el programa de la NBC Meet the Press e invocó el nombre y la filosofía del octogenario profesor. “Creo firmemente, junto a hombres como Bernard Lewis, que es uno de los grandes estudiosos de esa parte del mundo, que la respuesta fuerte y firme de EE.UU. al terrorismo y a las amenazas a los Estados Unidos han de recorrer un largo camino, en verdad, para calmar las cosas en esa parte del mundo”. El presidente Bush dijo haber leído una manoseada copia What Went Wrongl, que le había dado Condoleezza Rice, quien también se reunió en privado con Lewis, según parece. Y se dice que Karl Rove le había invitado a dirigirse a miembros del personal de la Casa Blanca, asesores militares y personal del Consejo Nacional de Seguridad en una reunión a puerta cerrada, donde Lewis presuntamente discutió los fracasos de las sociedades contemporáneas árabes y musulmanas, compartiendo sus opiniones acerca de los orígenes del anti-americanismo del mundo musulmán.

Una vez más, Lewis fue fundamental en la provisión de una base intelectual para la política del gobierno, pero esta vez los hombres sonre los que influyó estaban al mando. En febrero de 2004,  en el Wall Street Journal,  Peter Waldman llamó a eso la “Doctrina Lewis”, al describir la enorme influencia de Lewis en el diseño de la  política sobre Oriente Medio. “Aunque nunca se debatió en el Congreso ni quedó santificado por un decreto presidencial, el diagnóstico del Sr. Lewis de los males del mundo musulmán y su llamada a una invasión militar de EE.UU. para diseminar la democracia por el Oriente Medio han ayudado a definir los cambios más audaces de la política exterior de EE.UU. en 50 años “, escribió Waldman . (…)

Lewis no estaba indispuesto a combinar su experiencia académica con el asesoramiento político. Publicaba artículos de opinión con frecuencia y en una pieza de 2002, Wall Street Journal,  habló apropiadamente de “Time for Toppling” [el momento del derribo], donde  predijo “escenas de júbilo” en Irak si “tenemos éxito en el derrocamiento de esos regímenes de lo que el presidente Bush ha llamado con razón el `eje del mal´”.  Lo reitero también en los distintos programas de televisión.  Cuando Charlie Rose le preguntó en una entrevista de 2004 por qué la invasión de Afganistán no había sido suficiente para demostrar que los EE.UU. era más que un “tigre de papel”, como Bin Laden lo llamó, Lewis dijo claramente: “Afganistán no fue suficiente, había que llegar al meollo de la cuestión en el Oriente Medio”.  En la misma entrevista, también apoyó a su amigo Ahmed Chalabi, el controvertido político iraquí que afirmaba que Irak poseía armas de destrucción masiva. Cuando Rose le presiona preguntándole sobre si la invasión de Irak “valió la pena”, Lewis replicó mordazmente:  “Sí, creo que era necesario hacer algo. Uno tiene que considerar cuáles eran las alternativas”.

La influencia de Lewis en la formulación de las controvertidas políticas de la administración Bush en Oriente Medio recibió amplias críticas. Michael Hirsh, corresponsal en jefe del National Journal y autor del muy crítico artículo de 2004 “Bernard Lewis Revisited“, dice que las credenciales de Lewis ofrecieron “crédito intelectual” a las políticas de la administración Bush. “Fue un error decir [que el 11/S] fue una expresión de ira que representaba la corriente principal del mundo árabe y musulmán”, me dice Hirsh. “En realidad, los EE.UU. tteían que haber eliminado sólo a Al Qaeda, pero en cambio se enfrentaron con todo el mundo árabe. Ahí es donde la gente como Lewis nos ha extraviado y no creo que nadie lo cite hoy en día sin un sentido irónico”. Hirsh añade: “Por voluntad propia, dejó el mundo académico para convertirse en una figura política y fue el principio del fin de su reputación”.

(…)

Cuando le pregunto a Lewis por su papel en la formulación de la política del gobierno de Bush para Oriente Medio, lo minimiza y tilda cualquier referencia a la “Doctrina de Lewis” como engañosa y, lo que es  “peor, falsa”.  Me dice que la Casa Blanca le pidió por correo electrónico sus opiniones de vez en cuando, lo que hizo, “pero no sé si me hacían caso”.

Se esfuerza por distanciarse de la invasión militar y, a pesar de algunos de sus primeros escritos, dice que abogó en favor de que los EE.UU.  reconocieran un gobierno independiente en el norte de Irak, que habría fomentado potencialmente los movimientos democráticos en el resto del país. Como me dice repetidamente: “Fue una decisión profundamente equivocada invadir Irak. Lo que se debería haber hecho era ayudar a la gente en el norte. Sin embargo, invadir el país fue un error, lo dije en su momento y lo he dicho desde entonces “.

“¿Cree usted que la gente ha tergiversado sus opiniones?”, pregunto. “Definitivamente”, dice. Ajami, por su parte, dice que no recuerda opiniones de su mentor acerca de la invasión de Irak. Pero dice que las maldades sobre el papel de Lewis en la administración Bush están equivocadas. “Para los enemigos de Lewis, se convirtió en el padrino de la guerra de Irak, lo cual era ridículo”, dice Ajami. “Los académicos no llevan a los gobiernos a la guerra”.

Anuncios