Formas de tergiversar la historia (y triunfar)

En The Nation, Zachary Newkirk enumera ocho ejemplos de tergiversación histórica, perlas entresacadas del neoconservadurismo norteamericano, pero que podrían servir para otras lides:

1. Michele Bachmann sobre los padres fundadores y la esclavitud. Propulsada al frente del campo republicano después de su victoria en los comicios de Iowa, la visión histórica de la representante de Minnesota, Michele Bachmann, es muy propensa al error. En una de sus infames meteduras de pata,  dijo que los padres fundadores “trabajaron sin descanso para terminar con la esclavitud” (de hecho, George Washington, James Madison y Thomas Jefferson tenían esclavos en propiedad) y que John Quincy Adams fue uno de los padres fundadores -nació en 1767.

Bachmann fue asistente de investigación de John Eidsmoe en 1987, ayudándole en su libro Christianity and the Constitution: The Faith of our Founding Fathers, en el que Eidsmoe escribió: “La Iglesia y el Estado tienen esferas separadas de autoridad, pero ambos derivan su autoridad de Dios. En ese sentido, Estados Unidos, como Israel [el del Antiguo Testamento], es una teocracia”. Y en una conferencia  Eidsmoe expuso su creencia en la separación Iglesia/Estado: “La responsabilidad de la iglesia es enseñar los principios bíblicos de gobierno y conducir a los pecadores a la cruz …. La función del Estado es seguir los principios divinos y preservar un sistema de orden”. Bachmann ha elogiado Eidsmoe como “absolutamente brillante. Él me enseñó muchos aspectos de nuestra herencia divina”.

2. La secesión estuvo bien, fue excelente y legal. El gobernador de Texas y candidato presidencial republicano Rick Perry es dado a  los comentarios pro-secesión. En 2009, bromeó diciendo que “podemos irnos en cuanto queramos. Así que no está mal que pensemos en ello de nuevo”.

En sus sueños. De hecho, estos humorismos esquivan la cuestión de que la secesión de hecho conduce a: Crisis de la Nullification,  guerra civil, cientos de miles de víctimas y un gobierno federal vencedor de todos modos. Y la secesión es ilegal. En 1866 el Tribunal Supremo dictaminó en Texas v. White que el decreto tejano de secesión era “absolutamente nul0”.

Perry no es el único republicano en hacer esos comentarios. El congresista Zach Wamp aludió a la secesión y el Senado de Georgia aprobó un proyecto de ley relacionado con la secesión en 2009.

3. ¿Olvidar el 11 de septiembre? Los conservadores tienen una extraña habilidad para tergiversar cuándo se produjo el 11 de septiembre. En julio, Eric Bolling dijo en Fox News  que “estábamos claramente seguros entre 2000 y 2008 – no recuerdo ningún ataque terrorista en suelo estadounidense durante ese periodo de tiempo”. (En su “disculpa“, no asumió el error : “Ayer, me equivoqué al decir que no hubo ataques terroristas en los EE.UU. durante los años de Bush. Obviamente, me refería a después del 11-S,  pero la izquierda liberal radical se abalanzó sobre nosotros …. gracias a los liberales por recordarme cuán mezquino se puede ser”)

Un desliz sorprendente vino del exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani. En enero de 2010 afirmó que “no teníamos ataques internos con Bush”. ​​En diciembre de 2009, Mary Matalin hizo la escandalosa afirmación de que Bush heredó los ataques de Bill Clinton. En noviembre de 2009, la exsecretaria de Prensa de Bush, Dana Perino, dijo que “no hemos tenido un ataque terrorista en nuestro país durante el mandato del presidente Bush.”

4. Learn Our History, de Mike Huckabee.   La serie de dibujos animados de Mike Huckabee blanquea la historia de América. Con el pretexto de que los niños participen en un formato fácil de digerir “sin tergiversaciones … inexactitudes históricas,  prejuicios personales y con corrección política”,  los prejuicios personales hacen su aparición de todas formas. Cada video se produce con el respaldo de un “Consejo de Maestros”; uno de ellos es Larry Schweikart,  autor de 48 Liberal Lies About American History, que incluye  como “Mentira 45: la Gran Sociedad de Lyndon B. Johnson tuvo un impacto positivo sobre la pobreza”.

En un DVD sobre la “Revolución Reagan”, los espectadores son invitados a “viajar a un momento en que Estados Unidos sufrió una crisis financiera, internacional y moral: ” Washington, DC, 1977. Un afroamericano que empuña un cuchillo  dice “dame la pasta”.  La llegada de Ronald Reagan -de fondo una música triunfal y una leyenda  que dice “un hombre que transformó la nación … y el mundo”-  lo cambió todo para mejor, sugiere el DVD.

 

5. El New Deal fue dañino. La visión Anti-New Deal ha tenido amplio eco entre los republicanos. Bachmann culpó a FDR de convertir una recesión en una depresión al aprobar la  “Hoot-Smalley Tariff” (no importa que sea la ley Smoot-Hawley y que se aprobara tres años antes de la toma de posesión de Roosevelt). Y un aluvión de libros recientes, incluyendo FDR’s Folly, de Jim Powell, del Cato Institute, y The Forgotten Man de Amity Shlaes culpan a Franklin Delano Roosevelt y al New Deal de la prolongación de la Gran Depresión. Newt Gingrich ha alabado The Forgotten Man, con su mensaje anti-estímulo, como un plan para un regreso a un ” liberalismo de libre mercado al estilo whig”.

6. David Barton. Un aficionado que se convirtió en “historiador”, Barton es el fundador de WallBuilders, una organización pseudo-histórica “preocupapa por los fundamentos morales, religiosos y constitucionales sobre los que Estados Unidos se construyó”, dice su sitio web. Una de sus revisiones insiste en que John Adams afirmó que el gobierno no puede existir sin el Espíritu Santo. En su presentación del tema, Barton malinterpreta la declaración burlona de Adams sobre los creyentes fervorosos en el Espíritu Santo y la toma como una verdad histórica, omitiendo frases sucesivas en el que Adams tilda esas creencias de “artificio y astucia”.

Las afirmaciones de Barton acerca de las raíces religiosas del país han sido desacreditadas por los académicos, incluso de las universidades cristianas. John Fea, director del departamento de historia de Messiah College, escribió , “Barton dice ser un historiador. No lo es.  Tiene justo lo necesario en cuanto a conocimiento histórico y carisma para ser muy peligroso”.

7. Las revisiones de manuales en  Texas. El año pasado, la Junta Estatal de Educación revisó los libros de texto de las escuelas públicas, ampliando contenidos hasta Ronald Reagan, a expensas de figuras públicas como la jueza Sonia Sotomayor, omitiendo la referencia a Thomas Jefferson como pensador de la Ilustración en favor del líder protestante Juan Calvino, y ofreciendo una opinión favorable del senador Joseph McCarthy y de los contrarios a los derechos de las mujeres, como Phyllis Schlafly y la Fundación Heritage.

Muchos historiadores se opusieron al cambio, pero la junta suscribió las posiciones partidistas y las aprobó. Casi 5 millones de estudiantes de Texas viven con el resultado.

8. Las leyes de Jim Crow no eran tan malas. En diciembre pasado, el gobernador Haley Barbour de Mississippi endulzó la era Jim Crow  afirmando de su condado de origen, Yazoo, que “yo no lo recuerdo como tan malo  y “¿oías hablar de los Consejos de Ciudadanos? En el norte piensan que eran como el KKK. De donde yo vengo era una organización de líderes ciudadanos”.

En realidad, el Mississippi de 1960 era un 42 por ciento negro, de los cuales se registraba sólo un 2 por ciento para votar, según la organización sin ánimo de lucro African-American Registry. Fueron asesinados activistas de los derechos civiles  y los estudiantes se manifestaron en contra de la integración. “No está mal”,  por cierto!

* * *

El punto de vista conservador sobre la historia es un acogedor cuento patriótico del excepcionalismo estadounidense o un relato de la opresión del omipotente gobierno. Planea o tergiversa triunfos progresistas como el New Deal o la Great Society y hace caso omiso de episodios desagradables, como la era Jim Crow. estudiar solamente los “grandes éxitos” de los Estados Unidos  ignora las contribuciones de las minorías, de los trabajadores y de otros grupos.

“Los historiadores se retan constantemente  unos a otros  y la comprensión del pasado evoluciona (por la razón que sea)”, señaló a The Nation el profesor de historia William Link,  de la Universidad de Florida. “Pero estas personas son diferentes, ya que realmente no se atienen a la realidad y no tienen mucho predicamento ni credibilidad entre los académicos”.

Para los jóvenes estadounidenses -en particular los sometidos a los libros de texto en Texas- la revisión de la historia política puede tener importantes consecuencias. Imaginemos un futuro cuando los niños sepan sobre las contribuciones de Phyllis Schlafly, pero no de las de César Chávez, que hayan oído hablar de la “Revolución Reagan”, pero no de la recesión de Bush. “Se puede contaminar el proceso educativo”, dijo Link. “Una buena educación consiste en una búsqueda de la verdad y la comprensión. En gran medida uno tiene que validar lo que dice con pruebas …. que es el estándar profesional aceptado”.

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