Robert Darnton: la nueva Biblioteca de Alejandría

Como hemos adelantado, Robert Darnton estuvo en Italia a principios de junio para participar en el World Forum on Culture and Cultural Industries (FOCUS 2011), que este año se dedicó a “The Book Tomorrow: the Future of the Written Word”.  Aprovechando la ocasión, fue entrevistado por Il24Ore y por La Repubblica. Dado que repitió casi las mismas palabras, nos quedamos con la primera conversación, que es un poco más amplia:

Profesor Darnton, en El futuro del libro usted afirma que el matrimonio entre el mundo impreso y la tecnología puede ser feliz. ¿Cuáles son las condiciones para que funcione?

Estoy de acuerdo con quienes sostienen que los cambios que ocurren hoy en día son al menos tan grandes como los de la edad de Gutenberg. Pero cuando se habla de la tecnología a menudo se tiende a dramatizar y banalizar: imaginan que  analógico y digital  ocupan extremos opuestos. De hecho, estas dos formas de comunicación se entrecruzan y superponen, se refuerzan mutuamente.

¿Algún ejemplo?

Se me ocurren un par.El primero es la denominada Espresso Book Machine. Es un dispositivo que funciona del siguiente modo: un usuario entra en la biblioteca y pide un libro a través del ordenador. Inmediatamente se transmite un texto desde una base de datos electrónicos, ya impreso, encuadernado, envuelto con una cubierta, todo ello en unos pocos minutos y a un precio razonable. El segundo ejemplo viene de mi reciente experiencia como autor. Recientemente publiqué un libro en la Harvard University Press titulado Poetry and the Police: communication networks in Eighteenth century Paris. La obra trata de cómo las canciones de inspiración política, en el siglo XVIII en Francia, podían ayudar incluso a derrocar gobiernos. Delavault Helene, una amiga que es cantante de cabaret, ha grabado una docena de esas canciones y las grabaciones están disponibles en línea de forma gratuita, como complemento de mi libro. Tengo que constatar que trabajos “híbridos” como estos se están desarrollando un poco por todo el mundo. Por supuesto, existen conflictos y contradicciones, pero, en términos generales,  analógico y digital  deben ser vistos como aliados y no enemigos.

Dice que Google Books funciona de hecho como un monopolio, pero al mismo tiempo  representa una poderosa herramienta a disposición del mundo. ¿Conseguiremos democratizarlo?

Podemos democratizar el acceso al conocimiento y este es el momento adecuado para hacerlo.No tengo ni idea de cómo Google Books pueden ser modificado para satisfacer la decisión del Tribunal de Justicia que hace unos meses ha rechazado el acuerdo con los editores americanos, porque, entre otras cosas, amenazaba con sofocar la competencia. Según ese acuerdo, los autores de libros agotados, pero con derechos de autor vigentes,  estarían obligados a aceptar las condiciones ofrecidas por Google, a menos que explícitamente se negaran a través de “opt out”. En el caso de los libros huérfanos,  aquellos en los que los titulares de derechos no están identificados, parece poco probable que se pueda ejercer esta opción. Pero es probable que algunos finalmente aparezcan: podrían demandar a Google y reclamar daños y perjuicios por lo menos de 100 mil dólares. El acuerdo protegía a Google de tales controversias, pero el Tribunal  ha tenido a bien rechazarlo porque no se les dio las mismas garantías a los competidores de Google. Es obvio que el estupendo programa de digitalización lanzado por Google había  incrementado la promesa de hacer disponibles millones de textos en línea.

Controversias aparte, ¿llegaremos alguna vez  a una meta como esa?

La respuesta es crear una biblioteca digital nacional que gratuitamente ponga nuestro patrimonio cultural a disposición de todos, no sólo en los Estados Unidos sino también en el resto del mundo. No es una fantasía utópica: estamos trabajando en ello. Una coalición de fundaciones proporcionará los recursos. Una coalición de bibliotecas de investigación pondrá a disposición los textos. Hemos creado una organización embrionaria que ya está trabajando para resolver los problemas tecnológicos, legales y operativos. Si podemos explotar ese espíritu estadounidense de “puedo hacerlo”, crearemos la biblioteca más grande que jamás haya existido. Dedicada al bien público en lugar de a generar beneficios económicos.

Cita a Mercier para explicar que el exceso de información, en la era de Internet, trae consigo el riesgo de una “selección” impuesta desde arriba. ¿Puede prevenir tal escenario?

Cito la novela utópica de Mercier El año 2440, publicada en 1771, como ejemplo de cómo nuestra obsesión por la “sobrecarga de información” pesaba ya sobre los lectores de hace más de 250 años. Mercier imagina un futuro en el que todos los ingredientes efímeros e inmorales de la literatura fueran eliminados por una hoguera gigante en la que un comité de sabios hubiera destilado la verdad restante en pocos volúmenes, suficientes para llenar sólo cuatro gabinetes. El autor fue un defensor de la libertad de prensa, todo lo contrario a la quema de libros. Su fantasía, muy influida por Rousseau, fue un intento de imaginar cómo el poder moral de la literatura se podría aprovechar para nutrir “le moeurs”, las costumbres necesarias para la creación de un régimen democrático. Desde entonces se han realizado experimentos reales de literatura al servicio de la ingeniería social. Me encontraba en Berlín cuando cayó el Muro y conocí a algunos censores de la antigua Alemania del Este. Todos estaban lejos de repudiar su función. En todo caso, la defendían. La literatura, como todo lo demás, dijeron, estaba diseñado para servir al socialismo. La alternativa, según su punto de vista, era la “censura” ejercida por los editores capitalistas que controlaban el mercado editorial.

¿Cómo imagina el mercado editorial en el futuro?

Sería ingenuo pretender que los libros se desarrollen libremente en un mercado donde la concentración ya se ha comido una gran cantidad de editores, distribuidores y libreros independientes. Pero veo grandes oportunidades creadas por  internet, siempre que quede libre del dominio de los monopolios comerciales. Transmitir los textos directamente a los lectores, sea con la fórmula de la impresión bajo demanda o sea a través de los dispositivos de lectura electrónica, que pueden ahorrar los enormes costos de impresión, almacenamiento y transporte. Un montón  de libros descatalogados  puede ser digitalizados y reactivados. Y las personas que se sentían excluidas del mundo de la edición comercial pueden publicar. En 2009, el último año del que tenemos información completa, se publicaron en los EE.UU.  288.355 volúmenes, entre libros nuevos y reediciones. Otros 764.448 títulos salieron mediante la auto-publicación y los editores especializados. Gran parte de esta producción podría considerarse efímera o  publicación de “vanidad”. Sin embargo, otras cosas pueden ser valiosas, especialmente de subculturas que hasta hace poco podía verse sometidas por la publicación de la cultura de masas.

¿Es legítimo, entonces, imaginar un futuro en el que, gracias a Internet, tendremos más escritores que lectores?

Yo no diría tanto, pero el concepto mismo de lectura y escritura está cambiando con las prácticas que hacen posibles los nuevos medios, como blogs, Facebook y Twitter. A pesar de que no podemos aventurar mucho sobre el futuro, lo que percibo me hace sentir optimista. Las modernas tecnologías tienen un gran potencial a la hora de liberar el poder de la cultura. En cuanto a sus defectos y sus imperfecciones, puede ser una fuerza capaz de abrir el mundo cerrado de la cultura. La esperanza es forjar un futuro digital que mejore la vida de todos. Sí:  digitalizar con todos los medios. Digitalización y  democratización.

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