Castillos de arena: espionaje e intervención en Oriente Próximo

Michael Bell, profesor de relaciones internacionales y antiguo embajador canadiense en Jordania, Egipto e Israel reseña la obra de su colega Andre Gerolymatos: Castles Made of Sand: A Century of Anglo-American Espionage and Intervention in the Middle East (Thomas Dunne Books).

¿Cuál es la tesis central del libro? Para Bell: que las operaciones encubiertas de, principalmente, estadounidenses  y británicos han sido fundamentales para la orientación de la política  y la sociedad de Oriente Próximo. Se añade a ello la constatación de que muchas de estas operaciones clandestinas fueron dirigidas más por individuos deshonestos de los servicios secretos de sus países que por los gobiernos que estaban teóricamente a cargo de esos sistemas de inteligencia.

Pero es aquí donde, indica Bell,  se cae en el error. Muchos de sus ejemplos demuestran, a pesar de sus afirmaciones en sentido contrario, que los servicios secretos estaban operando bajo la dirección de sus gobiernos, como la CIA en Afganistán, o que ni siquiera eran miembros de ese mundo clandestino que tanto  fascina a Gerolymatos, como ocurre con Orde Wingate en Palestina.

Cuando se separa de la extravagancia de los personajes, el autor argumenta convincentemente que a pesar de su aversión a la militancia islámica, Gran Bretaña y los Estados Unidos, las potencias imperiales que analiza, no han dudado en utilizar y manipular el radicalismo musulmán cuando podían y les convenía, como en Afganistán, donde armaron y entrenaron a islamistas  para luchar contra el expansionismo soviético. Frente las expectativas americanas, los muyahidines, que habían aprendido de ellos sus tácticas de espionaje,  sabotaje y  guerra, utilizaron más tarde sus habilidades en contra de sus antiguos patrocinadores. El autor mantiene que el caos resultante fue un resultado directo de la estrechez de miras de la intromisión de Washington y de su mala gestión.

Gran parte de esta tesis de doblez y traición es válida, reforzada por las coloridas hazañas de los agentes imperiales, que parecen fejercer una interminable fascinación en Gerolymatos. Su obra cubre el período comprendido desde los últimos días del Imperio Otomano hasta la actualidad. El lector ve aparecer a Gertrude Bell en Mesopotamia, Orde Wingate en Palestina, St. John Philby en Arabia,   Kermit Roosevelt Jr. en Egipto o John Foster Dulles en Washington, por citar sólo algunos. (…)

Pero Bell se pregunta: ¿se trata de un libro sobre espías y activistas deshonestos, o sobre la ambición imperial y sobre unos los funcionarios públicos que hacen su trabajo, de manera competente o no? Lo que resulta es una mezcla altamente informativa, pero insatisfactoria en ambos enfoques. Sin duda, los espías se esconden en estas páginas y las agencias de inteligencia a veces actúan, y si no contravienen los deseos de su gobierno al menos lo hacen con un alcance no autorizado. Lo atestigua el papel de la CIA en el golpe que derribó la monarquía egipcia en 1952 y llevó el ejército al poder,  en la persona de Gamal Abdel Nasser.  (…)

Revisando este libro, añade Bell, y mientras se observan los acontecimientos actuales en Egipto, hay pocas dudas de que hubo conspiraciones dentro de conspiraciones en la salida de Hosni Mubarak, tal como ya ocurrió con la desaparición del rey Faruk en 1952. Parece bastante claro que los estadounidenses jugaron un papel importante en este cambio, pese a sus negativas. (…)

Decepcionante en este contexto es que el volumen no contenga capítulo final o resumen. Nos metemos en las intrigas de los servicios de inteligencia de Pakistán, la organización que apoya a los talibanes, pero nos quedamos sin saber por qué las afirmaciones que salpican el texto no se recopilan, en lugar de quedar como una serie de hilos narrativos inconexos. Nunca estamos realmente seguros de si el objetivo del autor es a) una crítica de las agencias de inteligencia occidentales, b) los gobiernos occidentales o c) las agencias de inteligencia en general, ya sea en la región o desde el centro imperial.

El libro es más satisfactoria si uno se centra en determinadas piezas de su narrativa. El destino del fundador de la Hermandad Musulmana egipcia, Sayyid Qutb, es un ejemplo, aunque un poco macabro. El capítulo dedicado a la Hermandad ofrece detalles sobre la ejecución de Qutb, a partir de un relato casi poético: “En las mañanas húmedas de finales de agosto, el viento lleva los sabores y aromas del desierto hasta El Cairo. Durante la noche, la arena absorbe la humedad fría… “.

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