Las vidas de Adolf Eichmann

A finales del pasado marzo Der Spiegel publicó una triple entrega sobre la huida, la captura y el juicio a Adolf Eichmann. Como allí se señala, este fue el principal organizador del asesinato en masa de los judíos europeos.  A pesar de ello y, tras finalizar la guerra,   encontró refugio en una aldea del norte de Alemania antes de escapar finalmente a Argentina. Der Spìegel traza esas tres vidas en otros tantos artículos a partir de documentos desconocidos hasta ahora, donde la principal conclusión es que   podría haber sido capturado mucho antes si Alemania Occidental hubiera estado interesada. Terminada esa serie, la publicación alemana empezó otra, que de momento, cuando escribo esta entrada,  consta de otras dos partes.

En suma, Der Spiegel ha tenido acceso a miles de páginas de documentos confidenciales o secretos  de los archivos de política del Ministerio alemán de Exteriores, el Archivo de Estado de Berlín, el Archivo Federal de Koblenz, los papeles de Adenauer y de su jefe de Cancillería, Hans Globke, en la Fundación Konrad Adenauer y la Fundación Casa Canciller Adenauer, los Archivos Nacionales de EE.UU. en Washington y los Archivos del Estado de Israel en Jerusalén.

Esos documentos incluyen las actas de las negociaciones alemano-israelíes, los registros de la Embajada de Alemania en Buenos Aires y los documentos del comando de Eichmann en Bonn, cuyos miembros provenían de los ministerios clave y de las agencias de inteligencia. También se incluyen miles de páginas de registros de la BND.

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Hablando sobre este mismo asunto, no estaría de más acercarse a The Aftermath of the Second World War (Knopf), de Ben Shephard. Entre esas secuelas están los miles de desplazados y afectados en general, una multitud que luchó porconseguir la condición de “desplazados”. Ahora bien,  como se ha señalado, no todos los que lograron obtener este codiciado estatus oficial (con derecho a alimentación y vivienda) eran claramente víctimas. Junto con sobrevivientes de los campos de concentración y antiguos trabajadores esclavizados hubo muchos otros,  procedentes en buena medida de Ucrania y los Estados bálticos, que habían colaborado con los nazis y huyeron con ellos cuando los rusos avanzaban. Paradójicamente, cuando los gobiernos occidentales recurrieron a esos desplazados para solucionar su propia escasez de mano de obra nacional, fueron estos grupos los que tendieron a ser favorecidos, por motivos raciales, a expensas de los judíos. Incluso la izquierda británica fabiana hizo hincapié en la importancia de contratarles, señalando que “la eugenesia de la inmigración no puede exagerarse”.

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