A los conservadores les disgusta la historia

Al menos la historia crítica, como hemos ido viendo en esta bitácora. La complaciente, que es más abundante, les encanta. Como ejemplo palmario, véase  la polémica suscitada en los USA a propósito de una entrada que William Cronon, profesor de Historia en la Universidad de Wisconsin, puso en su blog scholarcitizen. Allí se puede leer todo lo necesario.

En pocas palabras: la entrada llevaba por título Who’s Really Behind Recent Republican Legislation in Wisconsin and Elsewhere? (Hint: It Didn’t Start Here). Trataba sobre la reconstitución del más rancio conservadurismo desde mediados de los años sesenta, desde la lacerante derrota de Goldwater en 1964. Uno de los epicentros de esta renovación sería el American Legislative Exchange Council (ALEC), fundado en 1973. Su objetivo en las últimas cuatro décadas ha sido establecer modelos de “proyectos de ley” que los legisladores conservadores pudieran introducir en los 50 Estados. Su página web afirma que en cada período legislativo sus seguidores introducen un millar de reformas legislativas y afirma que aproximadamente el 20% de estos proyectos de ley acaban triunfando  (entre ellos la polémica ley anti-inmigración de 2010 en Arizona, así como el recorte de derechos a funcionarios y sindicatos en Wisconsin).

El texto decía mucho más, en defensa de los sindicatos y los funcionarios,  y tuvo mayor repercusión si cabe cuando publicó un breve texto sobre el asunto en el NYT. A resultas de todo ello, los republicanos, con el gobernador de Wisconsin a la cabeza, acusaron a este profesor de realizar actividades impropias desde su sillón académico. Exigieron por ello que la citada  Universidad les diera acceso a su cuenta de correo, para así poder certificar ese supuesto activismo político y sus conexiones con otras mentes igualmente subversivas. No veían en el texto de Cronon un ejemplo de investigación histórica, sino un ataque deliberado a su dilatada trayectoria. De ahí que solicitaran todos aquellos correos en los que aparecieran términos como  “Republican” “Scott Walker” (nombre del gobernador republicano), “recall”, “collective bargaining”, “rally” y “union”, así como los nombres de una decena de legisladores republicanos, los de dos sindicalistas y los acrónimos de las organizaciones sindicales.  Aunque pueda parecer extraño visto desde aquí, dicha Universidad no se negó en redondo: revisó los mails y afirmó no haber encontrado nada, razón por la cual no los remitió a los solicitantes.

Ya se pueden imaginar el debate que ha generado esta iniciativa de talante más propio del maccartismo. Pero el asunto ha tenido mayor impacto, si cabe, porque da la casualidad de que William Cronon fue elegido presidente de la AHA para 2012, cuando relevará al actual, Anthony Grafton, quien también se ha manifestado sobre el asunto una y otra vez.  Por tanto, esta asociación emitió un comunicado en su defensa y le ofreció amplia cobertura. Algo similar ha hecho la OAH, de la que también es miembro el mencionado Cronon, y otras organizaciones, como la que agrupa a los antropólogos.

En Wisconsin han visto este caso como una vuelta al pasado, relacionándolo con otro que se vivió allí mismo en 1894, cuando un profesor de  economía llamado Richard T. Ely fue acusado de proporcionar en sus enseñanzas una justificación “moral a los ataques contra la vida y la propiedad” . Ely supuestamente enseñaba “doctrinas utópicas, poco prácticas, o perniciosas” que promovían “el malestar social radical”, según recoge la Wisconsin Historical Society. Ely fue finalmente exonerado, y su caso condujo directamente a la creación de lo que se ha llamado la  UW-Madison Magna Carta y a un lema que fue inmortalizado en una placa que puede leerse desde hace más de 100 años.

No está nada mal la comparación con lo ocurrido en épocas pretéridas, incluso habría mucho campo por explotar en el período maccartista (añádase que McCarthy era de Wisconsin y que de su Universidad salió al mundo para limpiarlo convenientemente). Pero como ha dicho Eric Foner, el plan del Gobernador de Wisconsin, el dilecto Scott Walker,  trata de eliminar los derechos de negociación colectiva de que gozan los sindicatos de empleados públicos y no tiene nada que ver con los problemas fiscales de su Estado (que son mucho menos graves que los de muchos otros Estados americanos). Es decir, representa la culminación de un largo esfuerzo de la derecha por eliminar lisa y llanamente el poder de los sindicatos.  Y en este punto, no es que veamos cortar las barbas del vecino, es que nosotros ya hace tiempo que las tenemos en remojo.

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