Grandiosas humanidades

Leemos en la red un texto del historiador James Clifford que procede de una conferencia que dio el pasado año en Berkeley. En ese sentido, hay que agradecer a los transcriptores el trabajo, mérito que se engrandece por la calidad de la intervención. Su título original era “The University We Are For” y así discurre:

“La Universidad con la que estamos”. El contexto, creado por David Theo Goldberg y Wendy Brown, nos exhorta a mirar más allá de nuestras quejas sobre lo que está pasando en la Universidad. No quejarse -algo que está muy bien, en estos días. Tenemos permiso para no ser ambivalentes en algo (excepto conformarse con lo que podemos obtener): está bien pensar en grande, ser utópico, durante quince minutos. Así es como veo la tarea. Ofrezco una propuesta indecente. Todos los demonios en los detalles se pueden dejar para más adelante. Habrá mucho tiempo para ellos.

No hace mucho, yo era el representante de la División de Humanidades en un comité de búsqueda de un nuevo rector para el campus de la UCSC. Uno de nuestros candidatos -era un decano de una universidad grande del medio oeste que entrevistamos en el aeropuerto de San José- habló informalmente de las “cinco divisiones de la universidad … y si tienes suerte para tener escuelas profesionales, mejor”.  Quería decir “Nat. ScI, Engineering, Soc Sci, Arts and Humanities”. Luego pasó a hablar de las fuentes de financiación. Las Humanidades desaparecieron de la discusión.

Pero me he quedado atrapado con los números. Ingenuamente sorprendido. Cuando entré en la escuela de posgrado, eramos una universidad de Artes y  Ciencias, preocupada por las “dos culturas” de CP Snow. ¡Dos! Sentí que vivía en medio del paisaje. Ahora, en el aeropuerto, me había convertido en una fina y escasa parte del pastel. Creo que todos podemos reconocer este shock, el hecho y la tendencia aparentemente irreversibles del menosprecio. Ha habido un montón de introspección, y culpa, por la reducción de las humanidades a una posición menor en la universidad y a ser una guarnición necesaria para el plato principal, los campos prácticos que conducen a puestos de trabajo … etc, etc. No necesito elaborarlo. Se ha dicho que es culpa nuestra, que las Humanidades se han perdido en la “crítica”, sumidas en la jerga, hablando sólo a aquellos que conocen el código. Respondemos a la defensiva diciendo que nadie espera que los físicos eviten el lenguaje técnico … ¿Por qué todos piensan que saben lo que las Humanidades son, o deberían ser?

Algunos de ustedes pueden recordar la hábil parodia que hizo Michael Berube del pensamiento empresarial en la administración académica que apareció en The Chronicle of Higher Education hace tiempo: “Un Departamento de Shakespeare: y otras ideas de negocios para las universidades por doquier”. La reducción de personal (administradores, ejecutivos) que entiende el valor de las Humanidades recomienda la creación de un solo departamento: Shakespeare es al menos una rama reconocible,  con “vida útil”. Re-empaquetando toda la operación a algo que todo el mundo puede entender de inmediato: un  patrón demasiado familiar de reducción, la humanidades como barniz, decoración consumista …  la racionalización del administrador que hace Berube incluye una disciplina de las ciencias sociales, la antropología, en su imaginado Departamento de Shakespeare. Le tomo la palabra. Y por qué sólo uno?

Quiero convencerme de que ya existe, en realidad existen unas vitales “greater humanities” que atraviesan los departamentos y las líneas divisorias de la Universidad. No es un camino angosto, ni disminución de la parte del pastel. Pero no sé cómo llamarlo. (En la década de 1970, la frase “ciencias humanas”, fue, creo, un intento de nombrar unas humanidades más expansivas…). Tampoco sabemos cómo activar esta existentes “greater humanities” institucionalmente. Territorios y tradiciones divisoras y disciplinarias  -legados de principios del siglo XX-  son obstáculos evidentes … pero no podemos hacer como el avestruz y esconder la cabeza.

El nombre de “greater humanities” es unmarcador de posición, puede sonar a bravuconada, incluso a imperialismo quijotesco. (En realidad, tiene su origen en “greater New York” visto por un niño de Manhattan -esos barrios desconocidos al final de las líneas de metro … Hay más en esta gran ciudad de lo que sabemos …). Pero el nombre no es tan importante ahora, sino simplemente el reconocimiento de una realidad ya existente -una yuxtaposición de supuestos, epistemologías y métodos que se suman a una gran, dinámica y profundamente arraigada configuración de “prácticas del conocimiento” -vinculando y abriendo potencialmente “tradiciones disciplinarias” definidas estrechamente.

Una nota personal. En mis años en la UCSC, los campos de historia, literatura y antropología socio-culturales han orientado mi pensamiento. He aprendido de sus características específicas de enfoque, tema y estilo, pero nunca sentí que me moviera entre aproximaciones fundamentalmente diferentes al significado cultural y la realidad histórica.

¿Qué caracteriza la configuración general de las prácticas cognoscitivas de lo que estoy llamando “greater humanities”? Voy a aventurar un rápido boceto -objeto, por supuesto, de debate y enmienda. Diríamos que estoy pintando con una escoba.

Las “greater humanities” son: 1) interpretativas 2) realistas  3) históricas 4) ético-políticas.

1. Interpretativas  (lectura de los sentidos textual y filológico, en profundidad, más que solo literario). Interpretativas, no positivistas. Interesadas en el rigor, pero siempre provisional y de perspectiva, en las explicaciones, no en causas replicables.

2. Realistas  ( no “objetivas”). El realismo en “greater humanities” tiene que ver con la narrativa, figurativa, y la construcción empírica de la textura, no reduccionista, de múltiples representaciones a escala de fenómenos culturales, psicológicos y sociales. Son representaciones serias, necesariamente parciales y discutibles…

3. Históricas  ( no evolucionistas, al menos no en un sentido teleológico). El conocimiento es histórico porque reconoce la simultaneidad temporal y espacial (el cronotopo) especifica de … bueno … todo. Es evolucionista quizás en un sentido darwiniano: el rigor en aferrarse a las temporalidades en desarrollo, todo lo que constantemente se hacen y se deshacen en determinadas situaciones materiales, pero en desarrollo y sin una dirección garantizada.

4. Ético-políticas  (sin parar con un fondo instrumental o técnico…).No basta con decir que algo debe ser cierto porque funciona o porque la gente lo quiere o necesita. ¿Dónde funciona? ¿Para quién? ¿A expensas de quién? Contextualizar siempre implica la existencia de “exteriores” constitutivos que vuelven a aflorar los efectos del poder.

Uno puede estar en desacuerdo con estas caracterizaciones taquigráficas, pero espero que se reconozcan un conjunto de disposiciones intelectuales, un habitus, que enlazan las humanidades, muchas de las ciencias sociales y las artes teóricamente informadas.

Me apresuro a añadir que muchas de las disposiciones que se han identificado anteriormente son activas en las llamadas ciencias duras. Muchos científicos individuales son aliados potenciales o compañeros de viaje  de las “greater humanities” realmente existentes. En cierta utopía extrema, la universidad sanaría de todas sus divisiones. Pero en el futuro posiblemente realista que puedo ver,  esto no está en las cartas, y parece más importante ahora desarrollar una visión (e instituciones de apoyo) de dos culturas académicas más o menos iguales, dinámica y  abiertas. (Algunos de nosotros recordamos que en realidad no eran iguales, o culturas igualmente vitales para CP Snow, que tendía a retratar a los científicos representando el futuro y a los humanistas el pasado…).

No lo queremos todo. Sólo nuestra mitad.

Aquí hay otro mapa esquemático de las “greater humanities” -por disciplinas en esta ocasión, la mayoría de ellas divididas internamente.

– Literatura (un vasto archipiélago)

– La historia, también extendida ahora muy ampliamente (incluyendo la historia del arte, la cultura visual  y ¿por qué no la arqueología?)

– Filosofía (todavía dividida en “dos culturas”  o líneas -dura/débil, analítica/continental- ¿pero hay señales de movimiento a lo largo de este frente ….?)

– Lingüística (también un campo dividido: ¿tenemos que elegir entre las tradiciones de Sapir y Chomsky?)

– Todos los “estudios” interdisciplinares: American Studies, Women’s/Feminist Studies, Ethnic Studies, Cultural Studies, Science and Technology  Studies… etc.

-Antropología Socio-Cultural (mi segunda casa propia) y la arqueología histórica, geografía humana, sociología cualitativa, algo de estudios ambientales …

– Cine, medios digitales, comunicaciones.

– Importantes sectores de política, economía y psicología.

– Y lo que podríamos llamar  “Artes” teóricas -incluyendo artes teatrales y performance studies..

Esto no supone un buen negocio, estoy seguro. Pero el mapa es, espero, lo suficientemente grande como para fijar mi posición fundamental, aunque algo cruda.

Estoy seguro de que muchos no nos sentimos cómodos con la oposición fuerte que dibujo entre las dos culturas que actualmente dividen la universidad y, en diversos grados, las disciplinas individuales. Hay  áreas importantes de convergencia que estoy dispuesto a admitir. Y hay intentos recurrentes en disciplinas (o sectores de las disciplinas) de las humanidades a ser más “científicas”, al modo de las ciencias naturales. Este impulso, por supuesto, ha definido de forma importante a las “ciencias sociales” (cuán exitoso haya resultado convertirse en científicos es otra cuestión). Visiones ocasionales de “consiliencia” (EO Wilson) procedentes de las ciencias naturales han imaginado un movimiento similar. Pero la imitación o la asimilación (¿asimilación en qué términos?) no es el diálogo o el debate. Estos últimos son lo que las “greater humanities” valoran, de manera constitutiva, permanente e indeterminada -algo más rico y más profundo que una práctica de separar la verdad de la falsedad a la manera descrita por Karl Popper.

Por supuesto el diálogo real sólo puede tener lugar entre iguales. Y no somos iguales en la universidad contemporánea. Este es un hecho y una creciente tendencia, impulsada por las fuerzas materiales, políticas y económicas,  algo sobre lo que creo que no es necesario abundar en esta conferencia. Los llamados campos STEM (Ciencia/Tecnología/Ingeniería/Matemáticas) disfrutan de una hegemonía sin precedentes en la Universidad. Su oposición epistemológica y metodológica a las “artes liberales” se hace cada vez más extrema y más intolerante. ¿Cómo podemos responder?

Un precedente me viene a la mente, de un libro que me  influyó cuando era estudiante de posgrado: H. Stuart Hughes, Conciencia y sociedad (1958). Hughes, un historiador intelectual en diálogo con Talcott Parsons y otros líderes de la iniciativa de las “relaciones sociales” de Harvard, escribió en respuesta al auge en 1950 de la “ciencia social”. Su respuesta comienza con un capítulo titulado “La rebelión contra el positivismo”. Weber, Durkheim, Freud, Croce, Pareto, Marx y Gramsci -los fundadores del moderno análisis social-  aparecen como no-reduccionistas, imaginativos, pensadores “humanistas”, preocupados por el inconsciente, por las conductas indeterminadas y por las motivaciones complejas, sobre-determinadas.

La revuelta contra el positivismo no era entonces (y no es ahora) una rebelión contra la ciencia. Sino contra una visión instrumentalista y estrecha de la ciencia, una visión que fetichiza lo cuantificable, los resultados auditables -de utilidad inmediata (¿para quién?) y comercial (¿en beneficio de quién?) ¿Les  suena familiar? Estoy actualizando la intervención de Hughes de los cincuenta para la era neo-liberal actual, donde nos enfrentamos a un positivismo economicista perfectamente adaptado al ya te apañarás, búscate la vida (encontrar subvenciones propias), la lógica privatizadora de un sistema  “empresarial” de premios y castigos.

Las “greater humanities” son una coalición imaginada, sobre la base de afinidades ya existentes, que podrían formar un bloque histórico (si me permiten el lenguaje gramsciano) y tener una base amplia, lo suficientemente grande para ser un contrapeso efectivo a (y ser interlocutor con) los sectores del STEM  que cada vez tienen más la última palabra.

Las alianzas necesarias, a través del mapa de afinidades que he esbozado, no se pueden lograr a partir de una base primaria en humanidades (vistas como una división académica). Necesitamos aliados en toda la Universidad. El nombre, “greater humanities”, es así y básicamente una exhortación a pensar en grande y de forma relacional. Una exhortación a no cerrar filas, ya sea a escala departamental o de división, e ir más allá del “nicho” de pensamiento. Si nos protegemos de esta manera, como a veces hacemos en nuestras batallas a corto plazo contra la reducción de personal, no vamos a hacer nada para contrarrestar las fuerzas estructurales de menosprecio a largo plazo. Vamos a ser cada vez más pequeños y marginales.

El  gran bloque institucional que estoy imaginando -y no tengo instrucciones concretas e inmediatas sobre cómo construirlo- no puede parecer como si fuera una más robusta División de Humanidades. (Las Humanidades no se deben confundir con una división!) El paisaje institucional está cambiando: esta es la mala y la buena noticia. En los próximos años sin duda habrá reconfiguraciones departamentales. Y ¿por qué no? No hay nada sagrado en estas unidades institucionales. (A menudo se observa que  las ciencias naturales -frecuentemente escritas con guión- no se preocupan mucho acerca de centros diciplinares y fronteras). Y los grandes divisiones de la universidad ciertamente no son inmutables. Tenemos que estar abiertos y ser oportunistas a la hora de la reconfiguración institucional, especialmente cuando apoyan nuestros proyectos emergentes y no sólo la lógica de los modelos de negocio administrativo.

Estoy instando a que pongamos nuestros ojos en el premio,incluso ma que mantengamos batallas por los recursos. Vamos a trabajar para fortalecer la afinidad existente con el objetivo de crear un múltiplex de espacio de conocimiento adaptativo, unido por guiones, conectado,  que es, como he sugerido, fundamentalmente interpretativa, realista, histórica y ético-político. Si podemos lograr esto, en una universidad configurada de manera diferente, “las humanidades” desaparecerán.

En una metamorfosis brillante …

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