Wikileaks y el historiador

¿Qué hay de Wikileaks?  ¿Qué dicen los historiadores?, son las preguntas que se planteaba Pierre Asouline en su blog. Conviene deternerse en ello, porque muy pocos historiadores se han preguntado sobre las condiciones de existencia de esos documentos y sobre su uso, analizándolos desde su práctica metódica. Assouline cita a Garton Ash, cuya posición favorable lo ha sido desde su condición de historiador-ciudadano, más en lo segundo que en lo primero. En cambio, el periodista francés es reacio, mírese como se mire, utilizando la profesión histórica como motivo para rechazar esa difusión descontrolada de secretos oficiales. Algo que, además, le honra, porque su periódico ha participado. Es un asunto que merecería mayor detenimiento, pues sus implicaciones son varias. Unas tienen que ver como el concepto de archivo y de documento. Pero en ese punto no creo que Assouline deba temer que los historiadores los usemos sin las debidas precauciones, así que seguramente nos ha usado en vano en su argumentación. Otras tienen derivaciones cívicas, donde cada uno es libre de pensar lo que quiera. Yo me quedo con Russeau, para quien el término secreto era una contradicción, pues nada debe ser hurtado a la deliberación pública si ésta está educada, si es competente. Claro que el filósofo francés era un utópico en estos temas.

Veamos lo escrito por Assouline:

Los historiadores del tiempo presente no cesan de reclamar que se reduzca el plazo para consultar los archivos contemporáneos. Antiguas batallas regularmente calmadas por promesas  sobre un trasfondo de demagogia memorial, y por la concesión de exenciones. Uno imagina, pues, que todos deberían sumarse para salvar al soldado Manning, el joven estadounidense responsable de la filtración de cientos de miles de documentos del Departamento de Estado norteamericano sobre la guerra en Irak y Afganistán,  y de muchos cables diplomáticos. Sin embargo, no es el caso, ni de lejos. Pocos historiadores se regocijan abiertamente. Excepto el británico Timothy Garton Ash, especialista en la historia europea en Oxford y Stanford, autor de un artículo reproducido en un buen número de medios de comunicación en todo el mundo, que realmente ha hecho suya la causa de Wikileaks: “Es el sueño del historiador. Es la pesadilla del diplomático “, escribió de entrada antes de ser invitado” a disfrutar de un banquete con numerosos platos sacados de la historia del presente”, para después convenir: “La gente está interesada en comprender cómo funciona el mundo y qué cosas se hacen en nuestro nombre. La gente está interesada por los manejos confidenciales de la política exterior. Y los dos intereses se contraponen”.

El sueño del historiador, ¿de verdad? Cualquier archivo requiere ser sopesado. Sin embargo, de estos documentos diplomáticos se desconoce en la mayoría de los casos la situación y la fuente, quién es el autor, la datación, lo que ha hecho el receptor, el contexto de la escritura, los criterios de quienes los han seleccionado, expurgado, preparado antes de publicar, los objetivos políticos de ese especialista en denuncias que se presenta como  un “medio de la insurrección”, por no hablar de su posible instrumentalización. ¿Cómo queremos que historiadores den la bienvenida a esta avalancha de datos en bruto y brutales, cuando han sido formados para mirar con sospecha cualquier archivo antes de hacer una crítica interna y externa? El 8 de enero 1918, en un histórico discurso, el Presidente Woodrow Wilson pidió “una diplomacia franca y transparente” (frankly and in the public view); fue incluso el primero de sus famosos “Catorce Puntos” para poner fin a la Primera Guerra Mundial y reconstruir Europa. Así lo entendió en 1971 Daniel Ellsberg, un empleado de la Rand Corporation, que remitió a la prensa los “Papeles del Pentágono“, 7000 páginas clasificadass como “secreto de defensa”, que demostraban que las campañas de bombardeo en Vietnam habían sido mucho más masivasde lo que reconocía el gobierno de Johnson. Gracias a Internet, Wikileaks cumple el deseo del presidente Wilson, más allá de sus expectativas. Salvo que el desembalaje no es la transparencia, los cuales no son, ni uno ni otro, los pilares del control democrático. ¿Es necesario recordar que, en las relaciones entre los Estados, la confianza se basa en la confidencialidad? No hay diplomacia sin secreto (como en las relaciones humanas en sociedad)

A no ser que renieguen de sí mismos, los historiadores no pueden acomodarse a esta precipitación  despreciando la distancia y perspectivas indispensables para cualquier  reflexión que tenga en cuanta la duración. La puesta en línea de este modo de miles de archivos no produce ni análisis ni narrativa histórica, ya se trate del siglo XVII o del XXI. Los franceses se creían ya que todos eran críticos de cine, entrenadores del equiponacional,  periodistas… Gracias a Internet, son todos historiadores. La demagogia tiene días buenos por delante porque no hay nada que  promueva mejor el asedio pendiente como la supuesta revelación de lo ocurrido entre bastidores. Más información confidencial será así objeto de espectáculo, mientras la mayoría de gobiernos refuerzan el secretismo. Al superponer la historia en directo con la historia inmediata, la tiranía de la transparencia no hace sino aumentar la confusión general.

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5 Respuestas a “Wikileaks y el historiador

  1. Como historiador tienes toda la razón al plantear el cómo estudiar tales documentos. Aunque la distancia no se toma precisamente y solo con el tiempo pasado. Pero como ciudadano se nos hace vital ese tipo de información, y más en un momento donde el periodismo también depende de los medios de masa sujetos al poder financiero. Igual que hacemos al buscar otra información con un buscador de la red, tendremos que fiarnos de nuestra propia capacidad para separar la información de la paja, y hacer las relaciones pertinentes. El mundo esta en cambio y la democracia, la cual siempre esta en sus inicios y nunca se acaba de desarrollar, en más grave peligro incluso de lo que nos cuenta el propio Stephane Hessel. Por lo tanto, existe una guerra escondida por el reparto de un pastel, y de igual forma que tenemos que soportar que nos espien, debemos dar gracias por toda la información clasificada que nos pueda llegar. Por otro lado, comentar que el hecho de ser historiador tampoco capacita más a una persona que a otra para interpretar las claves de un proceso o movimiento que afecte al global o parte de los seres humanos.

  2. Es cert que als documents de wikileaks falten molts elements dels que han emprat els historiadors en els arxius tradicionals, però ens aporten unes informacions que probablement no passarien als arxius públics, és a la història econòmica el que sería trobar la comptabilitat B. En aquesta comptabilitat no trobem noms, trobem inicials i pseudònims, però ens aporta una informació més fidedigna del funcionament real de l’empresa ( que venen a ser els governs absorbits pel poder financer).

    D’altra banda, a moltes de les informacions revelades per wikileaks és irrelevant qui escriu, com en el cas de les operacions militars: no importa qui és el soldat,són les descripccions de les operacions militars, el “com” es fa una guerra.
    En el cas de les filtracions diplomàtiques, que posen al descobert les pressions i interessos de les embaixades dels EEUU, es poden contrastar amb el context i apareixen persones i fets concrets.

    D’altra banda, no veig cap problema en que tots fem d’historiadors, veient directament com funcionen les coses, circ inclòs. No és un circ el món dels mitjans de comunicació? Ara a través d’internet és molt més simple accedir a una informació directa, que no es redueix a la interpretació periodística (que malgrat ser el.laborada per professionals, està plena d’errors involuntaris i manipulacions poc casuals). Wikileaks també és vulnerable a les falsificacions i manipulacions, però ha aportat un marc de transparència que posa al descobert les deficiències del que anomenem “democràcia”.

  3. No veo argumentos de tipo histórico o de investigación en lo que dice Aussoline, solo generalidades obvias sobre cómo tratar una fuente. Me parece un argumentario (por llamarlo de alguna forma) extremadamente pobre. Por otra parte, creo a mi me parecerían unos documentos utilísimos si trabajase en historia actual (pero nada más lejos ;-))

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