Pappé, Morris y la interpretación de la historia de palestina

Mientras el historiador Benny Morris se despacha a gusto con el reciente volumen de Michael Korda (Hero: The Life and Legend of Lawrence of Arabia. Nueva York, Harper, 2010), aparecen las primeras reseñas del nuevo libro de Ilan Pappé: The Rise and Fall of a Palestinian Dynasty: the Husaynis 1700-1948  (Saqi Books, 2010), un libro que intenta restituir una figura tan denostada como polémica, sobre la que ya había hecho algunas incursiones. La breve recensión corre a cargo de Sholto Byrnes y ha aparecido en el New Statesman:

En diciembre de 1941, Mohammad Amin al-Husayni, el Gran Muftí de Jerusalén, tuvo la primera de dos reuniones con Hitler en Berlín. Las imágenes de la pareja hablando amigablemente fijaron más tarde la mala reputación del hombre que fue, más que ningún otro, el líder político y religioso de los palestinos entre 1.921-1948.

Esto no sólo ha oscurecido las décadas precedentes en las que al-Husayni fue una figura moderada, relativamente sensible,  sino que también ha permitido a los palestinos (y, por extensión, a los árabes en general) ser tildados de compañeros de viaje de los nazis, cuya desposesión fue así privada de simpatía frente a lo que Ilan Pappé llama “la reivindicación moral del sionismo proporcionada por el Holocausto”. Con todo lo anterior, el nuevo libro de Pappé es una corrección bienvenida,   así como una reafirmación del hecho de que, como señala, “Palestina nunca fue un territorio vacío en espera de que un pueblo sin tierra lo habitase”.

Los límites precisos que se asocian con el nombre de “Palestina” variaron con el tiempo. Durante la mayor parte del período que cubre Pappé, los Husaynis serían más bien unos notables de Jerusalén y no tanto palestinos, cuya elevada posición se debió a su éxito en navegar por el flujo y el reflujo de la influencia dentro del imperio otomano. Hasta que el mandato británico entró en vigor después de la Primera Guerra Mundial no hubo oficialmente una entidad llamada Palestina. Para entonces, tenía sentido hablar de los Husaynis como figuras nacionales -pero para ellos y la gente que comandaban, era muy tarde. En este punto, la Palestina árabe se enfrentaba a una amenaza que no estaban preparados para contrarrestar: el sionismo.

Pappé, profesor de historia en la Universidad de Exeter, puede haber escrito la historia de una familia, pero también es la tragedia de una nación y, si los Husaynis no pudieron evitarla, es difícil imaginar quién podría haberlo hecho. En los años de entreguerras, Gran Bretaña y Francia no tenían intención de seguir que los principios de Woodrow Wilson de autodeterminación nacional interfirieran con sus planes para repartirse los despojos del antiguo imperio otomano. Después de la Segunda Guerra Mundial, concluye Pappé, “Europa deseaba expiar el nazismo a expensas de Palestina, y el liderazgo político local, los Husaynis y casi todo el mundo no poseían los conocimientos necesarios para hacer frente a esa farsa”.

Al-Husayni fue repetidamente rechazado por los británicos, por lo que, años después, cuando rememoró su decisión de buscar la ayuda de Alemania, tal vez no fuera demasiado sorprendente que no sentiera la necesidad de pedir disculpas. El último Husayni en dirigir a los palestinos terminó siendo un tonto y un villano, por supuesto. Pero Pappé le hace a él, a la historia y a la verdad un servicio al dejar claro que Gran Bretaña debe asumir una responsabilidad considerable por haverle llevado a ese destino.

Las palabras de Arthur Balfour, en un memorándum a Lord Curzon, muestran cómo la idea británica era romper sus promesas a los árabes, ignorar el pacto de la recién formada Liga de las Naciones y mantener “la promesa de una nación para dar a otra nación la tierra de una tercera nación”. “En Palestina ni siquiera nos proponemos usar la forma de consultar los deseos de los actuales habitantes del país”, escribió. El sionismo era “de importancia mucho mayor que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra”. Todavía estamos viviendo con las consecuencias.

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Más extensa y acerada (pero de pago) es la que ofrece el mencionado Benny Morris, titulada “el mentiroso como héroe”, en la que aprovecha para evaluar también otras dos obras de su oponente (The Ethnic Cleansing of Palestine y Out of the Frame: The Struggle for Academic Freedom in Israel). Así empieza la cosa:

“A lo mejor, Ilan Pappe debe ser uno de los historiadores más descuidados del mundo;  a lo peor, uno de los más deshonestos. En verdad, es probable que merezca un lugar en algún punto a medio camino”.

Por otra parte, y como en él es habitual, Morris no solo descalifica el trabajo de Pappé por las buenas, sino que despliega su enorme erudición poniéndola al servicio de la demoledora crítica. Por ejemplo:

“Pappé menciona reiteradamente a “Harry Lock” para referirse a la secretaría del gobierno del Mandato Británico en la década de 1920 -pero el nombre del primer secretario era Harry Luke. Pappé, obviamente, se encontró el nombre en hebreo o en árabe y lo traduce,  sin conocimiento previo de Luke, lo cual le habría permitido contrastarlo: si hubiera consultado los documentos británicos, habría sabido cuál era la ortografía correcta. Pappé se refiere a “la Comisión Hope Simpson” -no había tal comisión, sólo una investigación encabezada por un oficial llamado John Hope-Simpson …. Se refiere al “Jewish Intelligence Service”, presumiblemente el Haganah Intelligence Service-, y luego agrega: “cuyo archivo se ha abierto para los historiadores israelíes, pero no para los palestinos”.  Por lo que yo sé, esta es una mentira descarada. Los archivos públicos de Israel, incluyendo el Haganah Archive en Tel Aviv, que contiene los documentos de su servicio de inteligencia, están abiertos a todos los investigadores. Pappé se refiere, con respecto a 1939, al “secretario para las colonias Ramsay MacDonald” cuando debería ser Malcolm MacDonald, el funcionario responsable del famoso Libro Blanco de mayo de 1939. (Ramsay Mac Donald murió dos años antes). Habla del  “avance de Rommel hacia Alejandría” en “el verano de 1940”, pero Rommel solo llegó a África al año siguiente. Escribe que en 1947 al barco de inmmigrantes Exodus, fletado por la Haganah,   “se le negó la entrada [a Palestina] y tuvo que regresar a Alemania”. En realidad, el destartalado Exodus from Europe–1947 fue interceptado por embarcaciones de la marina británica y abordado a la fuerza. El barco fue remolcado hasta el puerto de Haifa, donde la mayoría de sus pasajeros fueron trasladados a un buque en condiciones de navegar y enviados de vuelta a Europa, y la mayoría desembarcaron en Hamburgo”.

(…)

Otras perlas, algunas de las cuales reiteran textualmente lo que ya ha dicho en ocasiones previas:

“Realmente es un libro pésimo. Cualquier persona interesada en la verdadera historia de Palestina/Israel y en el conflicto palestino-israelí haría bien en correr rauda en la dirección opuesta”.

“Pappé … a menudo omite e ignora evidencias significativas, y …defiende que una fuente nos dice lo contrario de lo que dice en realidad … simple  y llanamente falsifica pruebas ….”

“El desprecio de Pappé por la verdad histórica y la precisión de los hechos es prácticamente ilimitado ….”

En fin, “contamina la historiografía de Oriente Medio y envenena de las mentes de los que chapotean superficialmente en ella ….”

Así pues, no extrañaría una contundente respuesta de Pappé en la senda de sus anteriores defensas.

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