Lecciones de Michel Foucault

Elisabeth Roudinesco glosa en Le Monde las últimas ediciones de los escritos de Michel Foucault, que a su juicio constituyen un modelo de edición fiel al pensamiento del autor. La razón:

“Con la excepción de 1977, Michel Foucault enseñó en el Collège de France desde diciembre de 1970 a junio 1984, cen el marco de una cátedra creada para él bajo el título de “Historia de los sistemas de pensamiento”. A pesar de que dejó dicho antes de su muerte que se negaba a toda publicación póstuma, sus herederos, ante la demanda del público y para evitar la piratería, han decidido autorizar una transcripción de las notas manuscritas y de las grabaciones disponibles, con bibliografía, presentación y documentos de apoyo, asignando la responsabilidad de cada entrega a diferentes autores. Entre ellos, además de Daniel Defert y Alessandro Fontana , se encuentra Mauro Bertani, Frédéric Gros, Jacques Lagrange y Michel Senellart. Desde 1997,  han sido publicados nueve volúmenes de un total de trece. Cuatro volúmenes están en preparación – Théories et institutions pénales, Du gouvernement des vivants, Subjectivité et vérité-,  lo que significa que el conjunto debería estar concluido alrededor de 2016″.

Además de lo anterior, Roudinesco ofrece una breve reseña del volumen más reciente (Leçons sur la volonté de savoir. Cours au Collège de France, 1970-1971″, suivi de “Le savoir d’Œdipe”. François Ewald, Alexandro Fontana y Daniel Defert (eds.). EHESS/Gallimard/Seuil):

“Considerado como un extremista por su defensa de las minorías y los marginados, atacado por los historiadores que lo encuentran filósofo en exceso y por los filósofos que lo ven demasiado historiador, acusado de haber apoyado la revolución islámica de Irán en 1979, puesto en la picota por los furibundos puritanos que lo ven como un asesino por transmitir el SIDA, Michel Foucault  es ahora, más de veinticinco años después de su muerte, el pensador de la segunda mitad del siglo XX  más leído y comentado en el mundo tanto por los especialistas en estudios culturales y los defensores del liberalismo como por los posmarxistas y los teóricos de la literatura, el arte y la historia de la ciencia. No hay lectura unívoca que pueda agotar la riqueza de esa obra.

Próximo a la “deuxième gauche“, Foucault ha dejado un enorme legado conceptual, que permite un nuevo enfoque universal de la sexualidad, la locura, la medicina, la psicopatología, la filosofía y los grandes saberes instituidos: la ciencia, la economía, la política, el derecho. Murió demasiado pronto para tener tiempo para abordar todos los temas que perseguía. Así, la colección de textos y entrevistas ( Dits et Écrits, Gallimard, 1994) y el establecimiento de los cursos que dio en el Collège de France desde 1970 hasta 1984, además de obras clásicas magníficamente escritas,  no son más que fascinantes: encontramsos por doquier todas las formas de un pensamiento en perpetua agitación.

En 1970-1971, durante el primer año de su curso en el Collège de France – esas Leçons sur la volonté de savoir que ahora aparecen y que anuncian otras entregas- Foucault decide mostrar, a través de una revisión de los textos principales de la antigua Grecia (Hesíodo, Aristóteles, Homero, Sófocles, los sofistas), a la luz de Kant, Spinoza y Nietzsche, cómo cada época produce discursos para decidir entre la verdad y la falsedad, el bien y el mal, lo puro y lo impuro. En pocas palabras, trata de mostrar cómo, detrás del orden aparente de las palabras y las cosas, se constituyen enunciados transgresores: desórdenes, rituales,  cesuras, fallas.

Se enfrentan así sin cesar varios tipos de saberes, entre voluntad de soberanía y deseo de verdad: alta autoridad monárquica de lo Uno, por un lado, disparidad causada por la negación de toda unidad, por el otro.

En el corazón de estas lecciones, Foucault dedica un capítulo entero a Œdipe roi, la obra de Sófocles, que da testimonio, según él, y de forma emblemática,  de un momento inicial de confrontación, para al pensamiento occidental, de todos los tipos de saberes. Ofrecerá seis variantes de este comentario, tras la conferencia del 12 de marzo de 1971 (“Le savoir d’Œdipe”), añadido aquí por el editor de este volumen programático.

(…)

Para los griegos, Edipo es un héroe trágico que alcanza la desmesura. Se siente poderoso en su conocimiento y sabiduría, pero se ve obligado a  descubrirse a sí mismo, una deshonra que perturba el orden de las generaciones, un “impedido”, hijo y esposo de su madre, padre y hermano de sus hijos, asesino de su padre.

Después de que Freud se ocupara de esta cuestión en 1896, desvía el sentido de la tragedia griega para hacer de Edipo un héroe culpable de desear inconscientemente a su madre hasta el punto de querer matar a su padre, vinculando así el psicoanálisis al destino de la familia burguesa moderna: destitución del padre por los hijos, voluntad de fusión con la madre como figura primera de todos los apegos emocionales.

Criticando esta reinvención de Freud, Foucault sostiene que la tragedia de Edipo representa el enfrentamiento entre los diferentes tipos de conocimiento: procedimiento judicial de investigación, ley adivinatoria, soberanía transgresora, saber de los hombres de abajo (el mensajero, el pastor ), conocimiento  verdadero del adivino. Y llega a la conclusión de que se trata de un esquema fundador:  todo saber unificador puede ser resquebrajado por el saber de un pueblo y del sabio (Tiresias). Al convertirse en impuro, Edipo pierde el saber sobre la verdad, no puede gobernar: “Edipo no cuenta la verdad de nuestros instintos y nuestros deseos”, dice Foucault, “sino un sistema de restricción al que obedece, a partir de Grecia, el discurso de verdad en las sociedades occidentales”.

Aquí vemos cómo Foucault se enfrenta al discurso psicoanalítico, que para él es un momento de la constitución de un nuevo saber sobre el hombre. Y así, en 1976, en La voluntad de saber, el primer volumen de la Historia de la sexualidad, cuyo título está tomado de ese primer curso, transforma a Fredu en una especie de Edipo reinstituyendo el poder simbólico de una soberanía perdida (la ley del padre), pero frente al considerable de tres figuras rebeldes, de la mujer histérica, el niño que se masturba  y el homosexual. Manera de pensar los fundamentos de una historia del psicoanálisis.

Pero, más allá de esta confrontación, este magnífico comentario de Edipo refleja la concepción política de Foucault. Lejos de cualquier antihumanismo  un término que odiaba-, hace de la conexión entre el saber del sabio y el de la sociedad civil la condición de emergencia de un verdadero discurso democrático capaz de revertir las soberanías arcaicas.

La fijación del curso que ha hecho Daniel Defert a partir de las notas manuscritas, su presentación, la bibliografía y el índice -incluyendo uno de términos griegos- son perfectos.Tenemos una buena restitución de la palabra foucaultiana, a través de la cual tenemos la imprensión de entender la voz metálica del filósofo dirigiéndose a sus muchos oyentes, sin ningún efecto retórico, a veces con sus dos manos en el rostro”.

***

Asimismo, Le Monde ofrece: una entrevista con Daniel Defert, una reseña de Foucault va au cinéma, de Patrice Maniglier et Dork Zabunyan (Bayard)  y otra de Foucault, la gauche et la politique (Textuel), de José Luis Moreno Pestaña.

© Le Monde.fr

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