Geert Lovink: Web 2.0

Geert Lovink

MyBrain.net  The colonization of real-time and other trends in Web 2.0

“La socialidad es la capacidad de ser varias cosas a la vez”, G. H. Mead (La filosofía del presente)

La Web 2.0 tiene tres características distintivas: es fácil de usar; facilita el elemento social; y  los usuarios pueden subir sus propios contenidos, en cualquier forma, ya sean imágenes, vídeos o texto. Se trata de proporcionar a los usuarios una publicación gratuita y plataformas de producción. El enfoque en cómo obtener beneficios de contenido libre generado por los usuarios se produjo como respuesta a la crisis puntocom. En el momento álgido de la manía puntocom toda la atención se centraba en el comercio electrónico. Los usuarios eran en primer lugar clientes potenciales. Se les tenía que convencer de que compraran bienes y servicios en línea. Esto es lo que se suponía que era la Nueva Economía. En 1998, el atractivo mundo cibernético de frikis, artistas, diseñadores y pequeños empresarios quedó arrasado de la noche a la mañana por el señor del traje:  los gerentes y contables que llegaron después del dinero de los bancos, fondos de pensiones y capital riesgo. Con la llegada repentina de los hombres de negocios, la cibercultura sufrió un golpe fatal y perdió su posición de vanguardia. En un sorprendente giro de los acontecimientos, los empresarios puntocom se marcharon igual de rápido cuando, dos años después, se produjo el estallido de la burbuja de la Nueva Economía. La Web 2.0 no puede entenderse fuera de este contexto: a medida que el sector de las TI se hace cargo de la industria de los medios, el culto a lo “gratuito” y “abierto” no es más que una venganza irónica sobre la locura del comercio electrónico.

Durante el período de reconstrucción post-9/11, Silicon Valley encuentra una inspiración renovada en dos proyectos: la energía vital de la búsqueda con Google (que logró aplazar con éxito su salida a bolsa durante años), y el escenario rápidamente emergente de los blogs,  alrededor de plataformas de autopublicación como blogger.com, Blogspot y LiveJournal. Tanto el algoritmo de búsqueda de Google como la invención del RSS de Dave Winer ( tecnología subyacente al blog) se remontan a 1997-1998, pero se las arreglaron para evitar la manía “punto com” hasta que salieron a la superficie para formar el núcleo de la ola de la Web 2.0. Mientras los blogs no tienen fines de lucro, potenciando los aspectos de respuestas personales agrupadas en torno a un enlace, Google ha desarrollado técnicas que le permiten parasitar los contenidos de otras personas, algo también conocido como “organizar la información mundial”. La aplicación asesina resultó ser el  anuncio personalizado. Lo que se vende es la información indirecta, no los servicios directos. Google pronto descubrió que podía sacar provecho de la información que flotaba libre en la Internet abierta, desde videos de aficionados a sitios de noticias. El espectacular aumento del contenido generado por los usuarios ha sido impulsado por la industria de las TI, no por el sector de los medios. El beneficio ya noestá en la producción, sino en el control de los canales de distribución. Apple, Amazon, eBay y Google son los mayores ganadores en este juego.

Vamos a discutir algunas recientes críticas a la Web 2.0. Dejo fuera el asunto de la privacidad planteado por Danah Boyd y otros, en parte debido a que ya han recibido una amplia cobertura. The Cult of the Amateur (2007), de Andrew Keen, ha sido considerada como una de las primeras críticas al sistema de creencias de la Web 2.0. “¿Qué ocurre”, pregunta Keen, “cuando la ignorancia se reúne con el egoísmo, el mal gusto y la ley de la calle? El mono se hace cargo”. Cuando todos emiten, nadie está escuchando. En este estado de “darwinismo digital” , sólo las voces más fuertes y dogmáticas sobreviven. Lo que hace la Web 2.0 es “diezmar las filas de los guardianes de la cultura”.  Mientras Keen se puede leer como una respuesta malhumorada y envidiosa de la vieja clase media, este ya no es el caso de Nicholas Carr (The Big Switch,2008),  en el que analiza el auge de la computación en nube (cloud computing: la tendencia a basar las aplicaciones en servicios alojados de forma externa, en la propia web). Para Carr, esta infraestructura centralizada señala el final del PC autónomo como un nodo en una red distribuida. El último capítulo, titulado “iGod”, indica un “giro neurológico” en la crítica de la red. Observando que la intención de Google siempre ha sido convertir sus operaciones en una especie de Inteligencia Artificial, “un cerebro artificial que es más inteligente que tu cerebro” (Sergey Brin), Carr vuelve su atención al futuro de la cognición humana: “El medio no es sólo el mensaje. El medio es la mente. Se da forma a lo que vemos y a cómo lo vemos”. Subrayando la velocidad de Internet, nos convertimos en las neuronas de la Web: “Cuantos más clics en los vínculos, más páginas vemos y más transacciones hacemos, más inteligente se hace la Web,  más valor económico gana y mayores beneficios proporciona”.

En su famoso ensayo de 2008 aparecido en Atlantic Monthly (“Does Google make us stupid? What does the Internet do to our brains“) Carr lleva este argumento un poco más allá y argumenta que el cambio constante entre ventanas y sitios y el uso frenético de los motores de búsqueda en última instancia nos embrutece. ¿Es en última instancia responsabilidad de las personas controlar el uso de Internet para que no tenga un impacto a largo plazo en su cognición? En su amplia cobertura del debate que siguió, Wikipedia se refiere a un trabajo de Sven Birkerts de 1994 (The Gutenberg Elegies: The Fate of Reading in the Electronic Age) y al trabajo de la psicóloga Maryanne Wolf, quien señaló la pérdida de la capacidad de hacer una “lectura profunda”. Los usuarios duchos en Internet, afirma, parecen perder la capacidad de leer y disfrutar de novelas gruesas y monografías integrales. El próximo libro Carr se llama The Shallows: What The Internet is Doing to Our Brains y aparecerá en 2010 (ya ha aparecido, por supuesto). Carr y otros explotan hábilmente la obsesión anglo-americana con todo lo relacionado con la mente, el cerebro y la conciencia -la ciencia convencional nom se cansa nunca de emitir informes sobre el asunto. Un completo análisis económico (por no hablar del marxismo)  de Google y del complejo abierto y gratuito no está de moda. Parece que los críticos culturales tendrán que cantar junto con los Daniel Dennetts de este mundo (en los términos recogidos en edge.org) con el fin de comunicar sus inquietudes.

El impacto sobre el cerebro es un elemento recogido por Frank Schirrmacher, editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung y miembro de Edge,  en su amplio ensayo Payback (2009). Si Carr asumir el colapso de la capacidad del hombre blanco para la multitarea con el color local de un experto norteamericano en los negocios de las TI  y de intelectual de la Costa Este, Schirrmacher sitúa el debate  en el contexto europeo de una clase media envejecida e impulsada por la ansiedad defensiva frente al fundamentalismo islámico y la hipermodernidad de Asia. Al igual que Carr, Schirrmacher busca evidencias de un deterioro del cerebro humano que ya no pueden mantenerse al día con el iPhone, Twitter y Facebook, en lo alto los flujos de información ya existentes de la televisión, la radio y la prensa escrita. Estamos en alerta permanente y tenemos que someternos a la lógica de la disponibilidad constante y de la velocidad. Schirrmacher habla del “Yo exhausto”. La mayoría de los blogueros alemanes respondieron negativamente a Payback. Al margen de los errores que contenía, lo que más les preocupaba era su implícito pesimismo cultural anti-digital (algo que él niega) y el conflicto de intereses entre su papel como editor de un periódico y el de crítico del zeitgeist. Cualquiera que sea la agenda de los medios culturales, la proclama de Schirrmacher estará con nosotros durante bastante tiempo. ¿Qué lugar queremos dar a los dispositivos y aplicaciones digitales en nuestra vida cotidiana? ¿Internet desbordará nuestros sentidos y dictará nuestra visión del mundo? ¿O vamos a tener voluntad y clarividencia para dominar tales herramientas?

El último título de la creciente colección es el de Jaron Lanier, pionero  de la realidad virtual (You Are Not a Gadget. 2010),  que se pregunta: “¿Qué sucede cuando dejamos de dar forma a la tecnología y es la tecnología la que empieza a darnos forma a nosotros?” Al igual que Andrew Keen, Lanier defiende la resistencia individual frente a al efecto de estupidez derivado de la “sabiduría de la multitud”. En Wikipedia, las voces únicas son suprimidas en favor de la ley de la calle. Esto también aplasta la creatividad: Lanier pregunta por qué las dos últimas décadas no han dado lugar a nuevos estilos musicales y subculturas, y censura el fuerte énfasis en lo retro en la cultura musical contemporánea, dominada por el remix. La cultura gratuita no sólo diezma los ingresos de los artistas, intérpretes o ejecutantes, sino que también desalienta a los músicos a experimentar con nuevos sonidos. La democratización de las herramientas digitales no ha dado lugar a la aparición de un “super-Gershwin”. En cambio, Lanier ve un  “patrón de agotamiento”, un fenómeno en el que una cultura se queda sin variaciones en los diseños tradicionales y se hace menos creativa: “No estamos pasando por un período de calma momentánea antes de la tormenta. Hemos entrado en una somnolencia persistente  y he llegado a creer que sólo escaparemos cuando acabemos con la colmena” [algunos lo llaman “maoísmo digital“].

Thierry Chervel, del agregador cultural alemán Perlentaucher, escribe: “Según Schirrmacher, Internet tritura el cerebro y él quiere recuperar el control. Pero eso ya no es posible. La revolución devora a sus hijos, a sus padres, y a aquellos que la detestan”. Si uno no se quiere quedar en la queja ha de acabar celebrando el “fin del control”. Con el tiempo, la discusión  tendrá que ser sobre quién está a cargo de Internet. El debate sobre la sociedad e Internet debería ser acerca de la política y la estética de su arquitectura de red y no ser “medicalizado”. Así que en vez de repetir lo que proclama la facción cerebral, me gustaría volver a  tendencias que necesitan idéntica atención. En lugar de cartografiar el impacto ambiental y preguntarnos si podemos hacer algo para domar la influencia de la red, o discutir una y otra vez sobre el destino de la industria de la edición y de la prensa, vamos a estudiar la lógica cultural emergente (como la de la búsqueda). Vamos a profundizar en la producción de conocimiento de Wikipedia, así como el estudio de las fuerzas políticas que operan fuera de las estructuras principales (mainstream). Echemos un vistazo a las nuevas formas de control.

La colonización de tiempo real


Hay un cambio fundamental desde los archivos estáticos hacia el “flujo” y el “río”.  El protoblogger Dave Winer lo promueve en Scripting News y Nicholas Carr escribe con escepticismo al respecto en su blog:  The Real Time Chronicles. Vemos la tendencia en metáforas como Google Wave. Twitter es el síntoma más visible de esta tendencia transitoria. ¿Quién responde a las referencias de ayer? La historia es algo de lo que deshacerse. Silicon Valley se está preparando para la colonización del tiempo real, lejos de la “página” web estática  que remite todavía a la prensa. Los usuarios ya no sienten la necesidad de almacenar la información y la “nube” facilita este movimiento liberador. Si guardamos nuestros archivos en Google o en otro lugar, podemos deshacernos de los torpes PC de uso múltiple. Despidámonos de los feos y grises muebles de oficina. La Web se ha convertido en un medio efímero que llevamos con nosotros, en nuestra piel. Algunos incluso han dicho adiós a la idea misma de “búsqueda” porque es una actividad que cuesta demasiado tiempo y a menudo con resultados insatisfactorios. Esto podría, potencialmente, ser el punto en el que el imperio Google empezara a desmoronarse – y es por eso que están dispuestos a estar a la vanguardia de lo que el filósofo francés Paul Virilio describió hace mucho tiempo: en estos días, la televisión en vivo se considera demasiado lenta, hasta el punto de que los presentadores siguen a Twitter para estar actualizados al segundo. A pesar de todas las justificadas llamadas a la “comunicación lenta”, el mercado se está moviendo en la dirección opuesta. Pronto, la gente no tendrá tiempo de volcar un archivo en una polvorienta base de datos. Al igual que en las finanzas, la industria de los medios de comunicación está explorarando las posibilidades de maximizar el valor excedente de la explotación de los milisegundos. Pero a diferencia de los fondos de cobertura, esta es una tecnología para todos. Los beneficios sólo se incrementarán si la colonización del tiempo real se utiliza a escala planetaria.

Tomemos Google Wave. Combina correo electrónico, mensajería instantánea, wikis y redes sociales. Wave integra los feeds de Facebook, Twitter, etc.,  cuentas en un solo evento real que sucede en la pantalla. Es una metaherramienta en línea para la comunicación en tiempo real. Visto desde el “panel”, Wave parece como si estuvieras sentado en la orilla de un río, observando la corriente. Ya no es necesario acceder al PC con una pregunta y luego sumergirse en el archivo.  Internet funciona como un todo en tiempo real en un intento de acercarse al desorden, a la complejidad del mundo social realmente existente. Pero un paso adelante significa dos pasos hacia atrás en términos de diseño. Basta con mirar a Twitter, que se parece al correo electrónico ASCII y a los mensajes SMS de un móvil de 2001. ¿Hasta qué punto es un efecto visual consciente? La crudeza de los tipos, al estilo html, no puede ser una imperfección técnica, sino que más bien remite a lo inacabado del Eterno Ahora, en el que estamos atrapados. Simplemente no hay tiempo para disfrutar de los medios de comunicación lentos. De vuelta al orden toscano, es bueno descansar y escuchar el silencio desconectado, pero se reserva para los momentos de calidad.

El marcapasos de Internet en tiempo real es el “microblogging”, pero también podemos pensar en los sitios de redes sociales y su impulso para difundir tantos datos en tiempo real de sus usuarios como sea posible: “¿Qué estás haciendo” Danos tu self-shot. “¿En qué piensas” Expon tus impulsos. La frenética actualización de los blogs es parte de esta inclinación, ya que los sitios de noticias se actualizan con frecuencia. La tecnología subyacente que lo transporta  es la evolución constante de los canales RSS, lo que hace posible obtener actualizaciones instantáneas de lo que está sucediendo en otros lugares de la web. La proliferación de teléfonos móviles tiene un papel significativo en el hecho de “movilizar” al ordenador, con la red social, el vídeo y la cámara de fotos, los aparatos de audio  y, finalmente, también el televisor. La miniaturización de hardware combinada con la conectividad inalámbrica permite que la tecnología se convierta en una parte invisible de la vida cotidiana. Las aplicaciones de la Web 2.0 responden a esta tendencia y tratan de extraer el valor de cada situación en la que nos encontramos.  La Máquina quiere saber constantemente lo que pensamos, qué elecciones hacemos, a dónde vamos, con quién hablamos.

No hay pruebas de que el mundo sea cada vez más virtual. Los ciber-profetas erraron en este punto. Lo virtual es cada vez más real. Quiere penetrar y cartografiar nuestra vida real y nuestras relaciones sociales. Ya no nos anima a desempeñar algún papel, sino que nos fuerza a ser “nosotros mismos” (que no es menos teatral o artificial). Iniciamos sesión constantemente, creamos perfiles con el fin de presentar nuestro “yo” en el mercado mundial del empleo, la amistad y el amor. Podemos tener múltiples pasiones, pero sólo un certificado de identificación. La confianza es el petróleo del capitalismo global, mientras la seguridad es exigida por ambas partes en cualquier transacción o intercambio. En cada rito de paso, las autoridades deben confiar en nosotros antes de dejar que nuestros cuerpos y la información pasen. La vieja idea de que lo virtual está ahí para liberarnos de un antiguo yo se ha derrumbado. Se trata de la autogestión y la tecno-escultura: ¿cómo se forma el yo en ese flujo en tiempo real? No hay tiempo para el diseño, no hay tiempo para la duda. La respuesta del sistema no puede hacer frente a la ambivalencia. El yo que se presenta aquí es pos-cosmético. El ideal es no llegar a ser ni el otro ni un ser humano mejor. Mehrmensch, no Übermensch. La personalidad perfecta carece de empatía y es sospechosa. Es sólo cuestión de tiempo que las super-personas, como los famosos, revelen sus debilidades. Ser mejor implica revelar quién eres. Los medios sociales invitan a los usuarios a “administrar” su lado demasiado-humano,  más allá de ocultar o exponer simplemente los aspectos más controvertidos. Nuestros perfiles se mantienen fríos e inconclusos si no exponemos al menos algunos aspectos de nuestra vida privada. De lo contrario, se nos considera robots, miembros anónimos de una cultura de masas en desaparición, la del siglo XX. En Cold Intimacies, Eva Illouz lo expresa así: “Es prácticamente imposible distinguir la racionalización y la mercantilización de la individualidad de la capacidad del yo para dar forma y ayudarse a sí mismo y participar en la deliberación y la comunicación con los demás”.

Cada minuto de la vida es convertido en “trabajo”, o en disponibilidad al menos, por una fuerza ejercida desde el exterior. Ése es el éxito de las interpretaciones biopolíticas del capitalismo informacional. Al mismo tiempo, nos apropiamos e incorporamos la tecnología en nuestras vidas privadas, un espacio de ocio personal, con el objetivo de crear un momento para nosotros mismos. ¿Cómo podemos equilibrar los dos? Parece una ilusión acelerar y frenar al mismo tiempo, pero esta es exactamente la manera en la que las personas conducen sus vidas. Podemos externalizar uno de los dos y tratar con las tareas, ya sea rápida o lenta, según nuestro carácter, habilidades y gusto.

Los internautas (Netizens) y el surgimiento de opiniones extremas


¿A dónde ha ido a parar el netizen racional y equilibrad0, el ciudadano en línea de buen comportamiento? Internet puede convertirse en una caja de resonancia de las opiniones extremas. ¿Está la Web 2.0 descontrolándose? A primera vista, la idea del netizen es la respuesta de mediados de 1990  a la primera oleada de usuarios que se hizo cargo de la red. El netizen moderaba, efriaba acalorados debates y, sobre todo, respondía de una manera amistosa, no represiva. El netizen no representa a la Ley, ni a ninguna autoridad,  actúa como un asesor, un guía en un nuevo universo. El netizen está pensando actuar con un espíritu de buena conducta y de ciudadanía corporativa. Los usuarios tomaron ellos mismos la responsabilidad social -no era una llamada a la regulación del gobierno y fue diseñado explícitamente para mantener a los legisladores fuera  de la red. Hasta 1990, la última etapa académica de la Red, se presumía que todos los usuarios conocían las reglas (la llamada netiquette) y se comportaban en consecuencia. (En Usenet no hubo “netizens“: todos eran pervertidos).  Por supuesto, esto no siempre fue así. Cuando se advertía el mal comportamiento, el individuo podía ser convencido para que dejara de enviar spam, intimidara, etcétera.  Eso ya no fue posible a partir de 1995, cuando internet se abrió al público en general. Debido al rápido crecimiento de la World Wide Web, con navegadores que la hacían mucho más fácil de usar, el código de conducta elaborado por ingenieros y científicos ya no podía ser transmitido de un usuario a otro.

En ese momento, la Red fue vista como un medio global que no podía ser controlado fácilmente por la legislación nacional. Tal vez haya algo de verdad en esto. El ciberespacio estaba fuera de control, pero de una manera agradable e inocente. Que en una habitación contigua a la oficina del primer ministro de Baviera, las autoridades hubieran instalado un equipo de trabajo policial para controlar la parte bávara de internet, era una imagen entrañable y un poco desesperada. Entonces nos reíamos con esta previsible medida alemana.

El 9/11 y el crash de las punto com cortó en seco la risa. Más de una década después, hay montones de la legislación, departamentos gubernamentales y todo un arsenal de herramientas de software para supervisar la Red Nacional, como se la llama ahora. Retrospectivamente, es fácil despachar el enfoque del netizen racional como una Gestalt libertaria, una figura que pertenece a la época neo-liberal de la desregulación. Sin embargo, los asuntos que la figura del netizen trataba de abordar han crecido de manera exponencial, no han desaparecido. En estos días, probablemente los incluiríamos como parte de programas educativos en las escuelas y en las campañas de concienciación general. El robo de identidad es un asunto serio. Existe el ciberacoso entre niños y los padres y profesores necesitan saber cómo identificar y responder a eso. Al igual que a mediados del decenio de 1990, todavía nos enfrentamos al problema de la “masificación”. El gran número de usuarios y la intensidad con la que la gente se involucra con internet es fenomenal. Lo que quizás ha cambiado es que muchos ya no creen que la comunidad de Internet pueda resolver por sí misma los problemas. Internet ha penetrado en la sociedad hasta el punto de que se han convertido en una y la misma.

En tiempos de recesión mundial, el creciente nacionalismo, la tensión étnica y la obsesión colectiva con la cuestión del Islam, comentar las culturas dentro de la Web 2.0 es una preocupación importante para los reguladores de los medios de comunicación y para la policía. Blogs, foros y sitios de redes sociales invitan a los usuarios a dejar mensajes cortos. Son especialmente los jóvenes quienes reaccionan impulsivamente frente a (nuevos) eventos, a menudo publicando amenazas de muerte a políticos y celebridades sin darse cuenta de lo que acaban de hacer. La supervisión profesional de los comentarios se está convirtiendo en un negocio serio. Daré algunos ejemplos holandeses. Marokko.nl tiene que supervisar 50.000 envíos en su base diaria, y el portal de noticias derechista Telegraaf consigue 15.000 comentarios en los items que diariamente selecciona. Blogs populistas como Geen Stijl animan a a los usuarios a enviar comentarios extremos – una probada táctica para llamar la atención sobre el sitio. Si bien algunos sitios tienen políticas internas para eliminar comentarios racistas, amenazas de muerte y de contenido difamatorio, otros alientan a sus usuarios en esta dirección, todo en nombre de la libertad de expresión.

Actualmente existe software que permite a los usuarios dejar breves enunciados, a menudo excluyendo la posibilidad de que otros respondan. La Web 2.0 no fue diseñada para facilitar el debate. El “terror de la informalidad” dentro de “espacios protegidos” como Facebook se está convirtiendo en un problema. Si la web va en tiempo real, hay menos tiempo para la reflexión y más tecnología que facilita las tonterías impulsivas. Este desarrollo no hará sino invitar a las autoridades a intervenir más en las conversaciones masivas en línea. ¿Cuál será la solución? Los robots desempeñan un papel cada vez más mayor en la vigilancia automatizada de sitios web de gran tamaño. Pero los robots sólo trabajan en el trasfondo, haciendo su trabajo en silencio para los poderes que sean. ¿Cómo pueden los usuarios recuperar el control y navegar a través de discusiones complejas? ¿Deberían tener sus propios robots y diseñar herramientas con el fin de recuperar su “autonomía personal de información”, como dijo David d’Heilly en cierta ocasión?

El aumento de la web nacional


La Web 2.0 puede ser vista como una ideología específica de Silicon Valley. También significa simplemente una segunda etapa del desarrollo de Internet. Si el control sobre el contenido puede haber desaparecido, el control dentro del Estado-nación va en aumento. Debido al aumento de la base de usuarios de Internet en todo el mundo (actualmente en 1,7 miles de millones), el foco se ha desplazado desde el potencial global a los intercambios locales, regionales y nacionales. La mayoría de las conversaciones ya no son en inglés. Muchas de las nuevas tecnologías son geo-sensibles. El hecho de que el 42,6 por ciento de usuarios de internet se encuentren en Asia lo dice todo. Sólo cerca del 25 por ciento del contenido es ahora en inglés. Tales datos estadísticos constituyen la verdadera Web 2.0. Lo que a la gente le preocupa, ante todo, es lo que sucede en su entorno inmediato – y no hay nada malo en ello. Esto fue previsto en los años noventa, sólo era cuestión de tiempo. El trasfondo de la “red nacional” es el desarrollo de herramientas cada vez más sofisticadas para supervisar el rango nacional de direcciones IP (las direcciones IP asignadas a un país). Estas tecnologías pueden utilizarse en dos direcciones: para bloquear a los usuarios de fuera del país y que no vean, por ejemplo, la televisión nacional en línea ni visiten las bibliotecas públicas (tal es el caso, por ejemplo, de Noruega y Australia para los nuevos servicios en línea de ABC). También pueden impedir que los ciudadanos visiten sitios extranjeros (los residentes chinos no son capaces de visitar YouTube, Facebook, etc.) Desde hace poco, China está exportando su tecnología de cortafuegos a Sri Lanka, que tiene la intención de usarlo para bloquear los “sitios web ofensivos” de los grupos  tamiles del exilio.

En realidad, la difusión masiva de internet es cosa de cinco o diez años. La campaña de Obama fue un hito importante en este proceso. Representación y participación, en este contexto, son conceptos obsoletos. “Democratización” significa que las empresas y los políticos tienen un objetivo y luego invitan a otros a que contribuyan. En esta era de las grandes corporaciones, de grandes ONG y departamentos gubernamentales, es muy fácil desplegar las estrategias de la Web 2.0 como parte de su plan de comunicación global. Es cierto que el conocimiento libre para todos no ha llegado todavía a todas partes – y el consultor de la Web 2.0 todavía tiene un papel que desempeñar. Pero la Web 2.0 ya no es algo privilegiado. Mucho se sabe sobre la demografía de la web, sobre los requisitos de usabilidad y sobre qué aplicación utilizar en qué contexto. No se usa MySpace para llegar a la tercera edad. Se sabe que los jóvenes son reacios a utilizar Twitter -simplemente no es lo suyo.

Estas son todas consideraciones de arriba a abajo. Es más interesante si se lo planteamos al Netizen 2.0. ¿Cómo empiezan a utilizar las personas estas herramientas de abajo hacia arriba? ¿Los activistas comenzarán a utilizar sus propias herramientas Web 2.0? Recordemos que los sitios de redes sociales no se originaron en un ambiente de movimiento social. Se desarrollaron como respuesta posterior a las “punto com” a la ola de comercio electrónico de la década de 1990, que no tenía ni idea de lo que los usuarios estaban buscando en línea. En lugar de ser considerados sólo como consumidores de bienes y servicios,  los usuarios de la Web 2.0 son presionados a producir la mayor cantidad posible de datos. Los perfiles son extraídos de la llamada “User Generated Content” que luego se venden a los anunciantes como datos de venta directa. Los usuarios no experimentan inmediatamente la naturaleza parasitaria de la Web 2.0.

Desde el punto de vista político, el surgimiento de redes nacionales es un desarrollo ambivalente. En términos de diseño se trata de localización de las fuentes, marcas y contextos. Si bien la comunicación en lengua propia, sin usar teclados en alfabeto latino y nombres de dominio puede ser vista como liberadora, y necesarios para integrar al 80 por ciento de la población mundial que todavía no usa internet, el nuevo cercamiento digital también presenta una amenaza directa a los intercambios libres y abiertos de internet una vez facilitados. Internet resulta no ser ni el problema ni la solución para la recesión mundial. Como  espectador indiferente, no se presta fácilmente a ser una herramienta revolucionaria. Es parte del New Deal verde, pero no conduce estas reformas. Cada vez más, regímenes autoritarios como Irán están utilizando tácticas de la Web con el fin de reprimir a la oposición. Contra todo pronóstico, el gran cortafuegos chino es un éxito notable en el mantenimiento de contenido hostil, mientras se controla a la población a una escala sin precedentes. Esto demuestra que hoy el poder no es absoluto sino dinámico. Trata sobre el control del flujo total de la población. Los disidentes con sus propios servidores proxy que ayudan a eludir el Muro siguen siendo marginales, siempre y cuando no puedan transportar sus “memes” a otros contextos sociales. Como dice el argot: independientemente de su tamaño o intención, la cosa es la gubernamentalidad, la forma de gestionar la complejidad. La única manera de desafiar este enfoque administrativo es organizar: el cambio social ya no es una guerra tecnológica entre filtros y anti-filtros, sino una cuestión de “redes organizadas” que son capaces de establecer eventos en marcha.

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