Kevin Kelly: Technium

Kevin Kelly, ese inclasificable pensador que el común asocia con la revista Wired, ha sido entrevistado en tres tandas por Clarín. Tras “Somos los aparatos reproductores sexuales de la tecnología” y  “La visión científica y la religiosa no son incompatibles” nos llega ahora el breve colofón:

Más o menos en el centro de su último libro What Technology Wants —en un capítulo provocativamente titulado “El Unabomber tenía razón”— Kevin Kelly define en términos precisos la hipótesis de su libro:

“Hace alrededor de 10 mil años, los humanos pasaron un punto de no retorno en el que su habilidad de modificar la biosfera superaba la habilidad del planeta de modificarnos a nosotros, los seres humanos. Ese punto de transición fue el comienzo del technium. Ahora, estamos pasando por un segundo momento de transición en el cual la habilidad del technium de modificarnos excede nuestra habilidad de modificar el technium.”

Tomada fuera de contexto, puede resultar una definición críptica. Pero aquí está la clave del descubrimiento sísmico de Kelly. Esta última nota de una serie de tres intentará explicar por qué esta es la frase central de What Technology Wants y qué significa exactamente según el autor.

Kevin Kelly no es un científico, ni un periodista, ni un filósofo. Es un pensador sui generis. Si tiene un método es el de los poetas: pensar metafóricamente. ¿Qué es lo que hace una metáfora? Une dos ideas, imágenes o símbolos aparentemente disímiles —o hasta contradictorios— para iluminar y resignificar cada una de esas ideas, imágenes o símbolos. Kelly piensa en lo humano y lo tecnológico metafóricamente. Los une en su mente. En realidad, como nos explicó en la entrevista, el hizo el experimento de ponerse al lado de la tecnología y pensar “¿Qué es lo que quiero?”

La respuesta, a la vez sencilla y complicada, es: quiero crecer. Es sencilla en lo evidente: miren cualquier artefacto o dispositivo, como el teléfono, la televisión, el cine, o la computadora, y está clarísimo que lo que hacen, cada uno a su vez (y cada vez con más velocidad), es crecer. Es complicada cuando uno (cuando Kelly) pregunta: ¿Y al crecer, entonces, qué leyes obedece? ¿Cómo se comporta? ¿Cuáles son sus límites? ¿De qué se alimenta? ¿Crece solo o con ayuda? ¿El fin de ese crecimiento es una vitalidad autónoma?

La conclusión, en síntesis, de la investigación de Kelly es que: a) no se puede ver la tecnología como una variedad de aparatos o sistemas separados — al contrario, todo esta conectado en una gran red interdependiente (esto es el technium); b) aunque fue el hombre el que creo la tecnología, la tecnología ya exhibe un nivel de complejidad, una textura tan densa (y de la cual ya dependemos irreversiblemente) que se puede empezar a pensar como una nueva forma incipiente de vida sobre la Tierra; c) esta nueva forma de vida, como toda vida, obedece leyes (las observadas y definidas hasta ahora) de la evolución biológica; d) como todos los procesos biológicos, los tiempos son milenarios. Estamos al principio. No es que dentro de veinte años se va a “despertar” Internet y comenzar a pensar, amar y actuar independientemente de nuestras instrucciones o voluntad (aunque Kelly no descarta esta posibilidad); y finalmente, e) Dios —o como quieras llamarlo— no está necesariamente fuera de este escenario. Kelly dice, textualmente, “Si hay un Dios, el technium apunta directamente hacia Él… [pero] el technium no es Dios; es demasiado pequeño. No es la utopía. Ni siquiera es una entidad. Es un proceso emergente que recién comienza. Pero contiene más bondad que cualquier otra cosa que conocemos”.

Sugerencia: Si leen inglés y pueden conseguir este libro, háganlo. Comentándolo, o intentando resumirlo, uno se encuentra en la misma situación que Pierre Menard frente al Quijote. La única justicia que se podría hacer al libro es reescribirlo, letra por letra, palabra por palabra. No le falta nada. No le sobra nada. Después de leerlo no serás el mismo. Y el mundo que habitas tampoco se verá igual. Como Neo, el protagonista de la película Matrix, después de tomarse la píldora roja.

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