El sueño de la biblioteca pública digital

Una biblioteca sin muros

Robert Darnton

¿Podemos crear una Biblioteca Nacional Digital? Es decir, una amplia biblioteca de libros digitalizados que sean fácilmente accesibles para el público en general. Tan simple como suena, la cuestión es extraordinariamente compleja. Se trata de cuestiones que conciernen a la naturaleza de la biblioteca que se construirá, las dificultades tecnológicas de diseño, los obstáculos jurídicos para instalarla, los costos financieros de construcción y mantenimiento, además de los problemas políticos para conseguir apoyos.

A pesar de la complejidad, la idea fundamental de una Biblioteca Digital Nacional (o NDL) es, en esencia, simple. La NDL haría que el patrimonio cultural de este país estuviera libremente a disposición de todos sus ciudadanos. Sería el equivalente digital de la Biblioteca del Congreso, pero en lugar de estar confinada en el Capitolio, estaría en todas partes, con lo que millones de libros y otros materiales digitalizadoa estarían a un clic de distancia en las bibliotecas públicas, las escuelas secundarias, los colegios universitarios, las universidades, las comunidades de jubilados, y para cualquier persona con acceso a Internet.

La ambición de este proyecto se remonta a la fundación de este país. Thomas Jefferson lo formuló de manera sucinta: “El conocimiento es la propiedad común de la humanidad”. Tenía razón, en teoría. Pero, en la práctica, la mayoría de la humanidad ha quedado separada de la sabiduría acumulada con el tiempo. En la época de Jefferson, sólo una pequeña élite tenía acceso al mundo del aprendizaje. Hoy en día, gracias a Internet, podemos abrir ese mundo a todos nuestros conciudadanos. Tenemos los medios técnicos para hacer realidad el sueño de Jefferson, pero ¿tenemos la voluntad?

Ya sé: el mismo diablo puede citar Jefferson. Cualquier persona puede buscar entre los papeles de los Padres Fundadores con el fin de encontrar unas citas que apoyen causa. Pero no me he podido resistir. Aquí está otra vez Jefferson:

Si hay algo en la Naturaleza que sea menos susceptible de propiedad exclusiva que todo lo demás, es la acción del poder intelectual llamada “idea”, la cual un individuo puede poseer exclusivamente mientras se la guarde; pero desde el momento en que se divulga, se convierte por fuerza en posesión de todos, puesto que el receptor no puede desposeerse de ella. Quien recibe de mí una idea recibe instrucción sin disminuir la mía; igual que quien enciende su vela con la mía recibe luz sin oscurecerme.

Jefferson estaba pensando en los efectos de la imprenta, de los libros y de la lectura -un asunto predidelcto entre los Padres Fundadores. Aquí tenemos a Franklin:

El arte de la imprenta … difunde por lo general  tal luz … que todos las cortinas que el despotismo y el clericalismo puedan poner para dejarla fuera resultan insuficientes.

“El despotismo y el clericalismo” pueden sonar algo anticvuados, pero el peligro de restringir el acceso al conocimiento es hoy tan grande como lo fue hace doscientos años . Aquí hay una advertencia de de copyright en una reciente edición electrónica de Alicia en el País de las Maravillas, que fue publicada por primera vez en 1865 [ésta y las anteriores citas proceden de Lewis Hyde, Common as Air: Revolution, Art, and Ownership. Farrar, Straus and Giroux, 2010]:

Copiar: ninguna parte del texto se puede copiar del libro al portapapeles ….
Préstamo: este libro no puede ser prestado a otra persona.
Dar: Este libro no se puede dar a nadie más.
Leer en voz alta: Este libro no se puede leer en voz alta .*

Contrastemos esta declaración, hecha ayer, con las siguientes observaciones de Voltaire tras la publicación de sus Questions sur l’Encyclopédie en 1772: “Se permite a cualquier vendedor de libros [re]imprimir mi estupidez, ya sea verdadera o falsa, a su cuenta y riesgo, peligro y beneficio”. Como señala Lewis Hyde  en su reciente libro, Common as Air, hay un movimiento de cercamiento que está amenazando con destruir nuestro patrimonio común cultural, el mundo del conocimiento que nos pertenece a todos.

Me doy cuenta de que la propiedad intelectual es un tema complejo. En lugar de alegar ahora la controvertida cuestión de los derechos de autor, quiero tratar un punto diferente, que tiene que ver con los principios que hubo tras la fundación de nuestro país.

Detrás de la creación de la república estadounidense había otra república, la que hizo que la Constitución pudiera ser pensada. Esta fue la República de las Letras -un sistema de información impulsado por la pluma y la imprenta, un ámbito de conocimiento abierto a cualquier persona que supiera leer y escribir, una comunidad de escritores y lectores sin fronteras, ni policía, ni desigualdad de ningún tipo, excepto de talento. Al igual que otros hombres de la Ilustración, los Padres Fundadores creían que el libre acceso al conocimiento era una condición fundamental para una república floreciente, y que la república americana prosperaría si sus ciudadanos ejercían esa ciudadanía en la República de las Letras.

Por supuesto, la alfabetización era limitada en el siglo XVIII, y los que sabían leer tenían acceso limitado a los libros. Hubo una enorme brecha entre las duras realidades de la vida hace dos siglos y los ideales de los Padres Fundadores. Por tanto, se podría acusar a los Padres Fundadores de utópicos. Por mi parte, creo que la fuerza motriz de su pensamiento procede de esa fuerte dosis de idealismo utópico. Creo que debemos aprovechar esa fuerza hoy, porque lo que parecía una utopía en el siglo XVIII se ha convertido en posible. Podemos cerrar la brecha entre la altura de los principios y la miseria de la vida cotidiana. Podemos hacerlo mediante la creación de una Biblioteca Digital Nacional.

¿O es que la idea de una utópica biblioteca tiene un sentido negativo, es decir, poco realista, quijotesca? Mi respuesta es No, por las siguientes razones:

• Google,  digitalizando un gran número de libros y haciéndo disponibles en línea muchos de ellos, ha demostrado su viabilidad. Es cierto que Google es una empresa comercial, que pone las ganancias corporativas por delante del bien público, pero también es una historia de éxito con una lección que debemos aprender: podemos movilizar la tecnología y dominar la logística necesarias para digitalizar los fondos de nuestras bibliotecas de investigación a grana escala.

• Podría hacerse una coalición de bibliotecas que proporcionaría la mayor parte de los libros que los lectores quieren.

• Podría formarse una coalición de fundaciones, universidades y otras organizaciones sin ánimo de lucro para cubrir los costes.

• Podría diseñarse una organización central  para manejar los problemas de coordinación, elaboración y conservación.

No quiero minimizar los problemas, pero creo que debemos afrontarlos con la idea de que podemos hacerlo.  Al fin y al cabo, hemos adquirido gran experiencia con la digitalización. Cada biblioteca de investigación ha desarrollado proyectos digitales, algunos de ellos a escala muy grande. Y las bibliotecas han cooperado entre sí y con organismos externos en todo tipo de iniciativas que podrían ser útiles e instructivas en la creación de una Biblioteca Digital Nacional. Pensemos en el HathiTrust, el Internet Archive, la Knowledge Commons Initiative, la California Digital Library, la Digital Library Federation, el National Digital Information Infrastructure and Preservation Program, y otras empresas sin ánimo de lucro. Se han abierto muchos caminos hacia lo que podría ser un objetivo común.

Por otra parte, podemos aprender de la experiencia de otros países. Prácticamente todos los países desarrollados han puesto en marcha algún tipo de biblioteca digital nacional, y muchos países en desarrollo están haciendo lo mismo. Ellos se han enfrentado a todo tipo de problemas y han llegado a soluciones viables. Si bien no han llegado a un modelo que se ajuste a todos los países, han demostrado que la idea de una biblioteca digital nacional puede ponerse en práctica. es cierto y está probado.

En Harvard hemos realizado un estudio preliminar sobre los proyectos en marcha en otras naciones. Incluso hemos localizado una incipiente NDL en Mongolia. Los holandeses están digitalizando cada libro, folleto o periódico holandés editado desde 1470 hasta la actualidad. El presidente francés Sarkozy  anunció el pasado noviembre que iba a destinar 750 millones para digitalizar el “patrimonio” cultural de la nación. Y la Dieta japonesa votó a favor de gastar en dos años un total de 12.6 billones de yenes en un programa de choque para digitalizar su colección nacional. Si Holanda, Francia y Japón pueden hacerlo, ¿por qué no los Estados Unidos?

Propongo que descartemos la idea de que una Biblioteca Nacional Digital de América es algo exagerado, y que nos concentramos en el objetivo general de ofrecer a los estadounidenses el tipo de biblioteca que se merecen, un tipo que responda a las necesidades del siglo XXI. Podemos equipar a los más pequeños colegios de Alabama y la más remota la escuela secundaria de Dakota del Norte con la mayor colección que el mundo haya conocido. Podemos abrir esa biblioteca al resto del mundo, ejerciendo una especie de “poder blando” que aumentará el respeto de los Estados Unidos en todo el mundo. Mediante la creación de una Biblioteca Nacional Digital  podemos hacer de nuestros conciudadanos miembros activos de una República de las Letras internacional, y podemos fortalecer los lazos de la ciudadanía en el país.

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Este texto está basado en una conferencia que Darnton dio ante un selecto grupo de representantes de fundaciones, instituciones culturales y bibliotecas en Harvard el 1 de octubre. Véase, asimismo, la entrevista concedida a The Chronicle a propósito de este proyecto.

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