Marxismo y comunismo

Con la nueva crisis del capitalismo es lógico que haya autores que vuelvan su mirada hacia otras experiencias, al menos como referencia analítica. Así, en el ultimo número de la London Review of Books, Eric J. Hobsbawm escribe el diario de sus años como crítico de jazz y anuncia su próximo libro: How to Change the World: Marx and Marxism 1840-2009.

Para quienes no puedan esperar, pueden leer un nuevo texto del combativo David North titulado: Marxism, History and Socialist Consciousness. O pueden, por ejemplo, optar por vías más académicas y escoger entre: The Red Flag: A History of Communism (David Priestland, Grove Press, 2009);  The Rise and Fall of Communism (Archie Brown, Harper Collins, 2009); 0  Zhivago’s Children: The Last Intelligentsia (Vladislav Zubok, Harvard University Press, 2009). Estos tres se comentan en Dissent. Lo hace Michael Kimmage, que empieza con la chanza de un bromista ruso: “¿Qué es el comunismo?”, pregunta. “El camino más largo entre el capitalismo y el capitalismo”, responde el guasón.

Kimmage alaba los volúmenes de Priestland, del que dice que está muy bien escrito, y de Archie Brown. Señala que ambos son emblemáticos de la nueva aproximación académica al comunismo. Apenas veinte años después de la guerra fría, ahora el comunismo es un fenómeno propiamente histórico para estos autores. De hecho, el título de Brown implica que el comunismo es para nosotros lo que el Imperio Romano fue para Edward Gibbon -cerrado y muy lejano.  Priestland y Brown escriben sobre el comunismo como otros historiadores podrían escribir sobre la monarquía, el mercantilismo o las constelaciones religiosas de la Guerra Civil inglesa. Su principal desafío es explicar la autoliquidación ideológica del comunismo. Se esfuerzan en definir lo que es el comunismo -o, más bien, lo que era- y analizar la alquimia política por la que el comunismo se metamorfoseó en capitalismo y nacionalismo. Sus libros son una historia global para los amantes de la ironía política.

Magnífico le parece también el libro de Zubok,  que destripa la oposición reductora de comunistas y anticomunistas, de línea dura y disidente, de estar a favor o en contra del régimen, categorías que son demasiado toscas para captar los matices de la vida soviética. Los niños de Zhivago nunca fueron totalmente comunistas o anticomunistas, y fueron al mismo tiempo soviéticos y antisoviéticos.  Zubok critica a los observadores occidentales por haber olvidado el idealismo “marxista-leninista de la generación de la posguerra y hasta de los más jóvenes, los estudiantes en la década de 1960”. Eran intelectuales para los que el comunismo era algo más que una doctrina envejecida; su “optimismo social” era sincero, e  hicieron suyo el “culto a la ciencia social”,  compartiendo un ateísmo de Estado. En resumen, eran comunistas que estaban desesperados por conseguir mayor libertad, sobre todo libertad para rehacer la Unión Soviética, para eliminar los detritus del estalinismo y volver a un puro leninismo.

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En fin, mientras redacto estos párrafos veo que se acaba de publicar el volumen de Priestland: Bandera roja historia política y cultural del comunismo (Barcelona, Crítica, 2010).

Y quien quiera relacionar la crisis que nos rodea con las lecciones de Marx, puede repasar el texto de Benjamin Noys que publica Mute con el título de “Apocalypse, Tendency, Crisis“. Optimismo que no falte!

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4 Respuestas a “Marxismo y comunismo

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  2. me he comprado el libro de Priestman y de momento me está agradando mucho. Gran recomendación!

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  4. Yo elegiría el pensamiento Marxista
    Porque ayudaría a constituir el tejido social y le organizaciones populares. Ayudaría a las ligas estudiantiles de las universidades esto les ayudara en la lucha de todos sus derechos.
    Se ayudaría a que el país se desarrolle y a la lucha de todos los trabajadores públicos como privados para la mejora de sus sueldos salariales al campesino el su agricultura y a los universitarios en la lucha se su defensa de la autonomía universitaria y por el presupuesto de su institución y cuanto le toca a cada escuela y en fin a todos los sectores de la sociedad.
    En nuestra actualidad en la actualidad, ha perdido su significado político. Dado que los proletarios, en su ignorancia, no eran capaces de asumir los beneficios del marxismo, todo puede ser analizado desde una óptica marxista y crear una rama específica, sin grandes esfuerzos permite desarrollar una y hasta varias corrientes doctrinales.
    En el ecuador la clase obrera no tendría que luchar por sus derechos porque el ya gozaría de estos porque el marxismo quiere una equidad.
    Tampoco se organizarían huelgas en las provincias, ni con masacres por luchar por sus derechos. Los comunistas realizan un rol revolucionario, nuestro país tendría una mejora salarial al campesino.
    en el marxismo no habría personas explotadoras. en nuestro país los partidos políticos deben ser abiertos, públicos y legales que demuestren a las personas tal y como son.
    Para ser marxistas debemos leer el libro “EL CAPITAL” y “EL MANIFIESTO COMUNISTA” y habría proletarias en nuestro país nuevo no habría apagones, cortes de luz, agua potable, protestas sociales, etc.
    El marxismo es lo opuesta al “Idealismo”

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