La teoría poscolonial a debate

De Jean-François Bayart se pueden decir muchas cosas, pero no que sea un académico tranquilo y callado. Más bien, todo lo contrario. Tiene sus ideas, muchas veces a contracorriente, y las defiende con soltura. Por ejemplo, lo dijo bien claro cuando en Francia se propuso el debate sobre la identidad nacional: “Las identidades no existen. No hay una identidad francesa, sino procesos de identificación contradictorios que definen la geometría variable de la pertenencia nacional y ciudadana. Así pues, Francia está constituida por oleadas sucesivas de movimientos humanos (…)”.

Todo eso estaba ya en el libro que le dio mayor nombre, L’Illusion identitaire (Paris, Fayard, 1996), sobre todo tras la versión inglesa de 2005 con título levemente retocado: The Illusion of Cultural Identity (Chicago Press).

Ahora, ya en 2010, Bayart retoma ese mismo asunto aplicándolo a dos objetos distintos, uno más práctico y otro más teórico, abordándolos de manera desprejuiciada y provocadora.  El primero se titula L’Islam républicain. Ankara, Téhéran, Dakar (Paris, Albin Michel); el segundo, Les Etudes postcoloniales. Un carnaval académique, de Jean-François Bayart (Karthala, 2010).

Dejemos de lado el del Islam, que ha salido este mes, y vayamos a los estudios poscoloniales. Digamos que su texto es muy francés y nada complaciente con una mirada que no ha tenido gran desarrollo en Francia. Añadamos que la caricaturiza quizá en exceso y que su conclusión es algo parcial. A mi modo de entender, no basta con una presentación sumaria de la corriente, pues cualquier estudio en profundidad exigiría un repaso a conciencia de las obras de estos historiadores y pensadores (Guha y Chakrabarty sobre todo). No obstante, tiene algunos aspectos interesantes, en particular su crítica de las modas académicas, aunque al aplicarlo sin el cuidado requerido acaban pagando justos por pecadores.

Para mayor aclaración, podemos ver la reseña que realiza Claire Judde de Larivière, profesora de Toulouse II-Le Mirail, para  Le Monde:

Investigador del CNRS, especialista en el Estado africano (El Estado de Africa: La política del vientre. Bellaterra), Bayart se aplica a desmontar, no sin humor, las teorías que se reclaman deudoras de los principios y métodos de los estudios poscoloniales, corriente que desde la década de 1990 se ha convertido en una importante perspectiva de investigación en las universidades australianas, británicas y norteamericanas. Sus fuentes de inspiración son muchas  y especialmente el famoso Orientalismo (1978) en el que Edward Said deconstruía ese  “Oriente” fantaseado por un “Occidente” que buscaba legitimar su imperialismo. Los estudios poscoloniales han tomado muchos caminos, y en ocasiones divergentes. Algunos, como Gayatri Chakravorty Spivak, denunciando la “violencia epistémica” de Occidente; otros, como Dipesh Chakrabarty, haciendo hincapié en su contribución a la historia de los países colonizados.

Partiendo de esta heterogeneidad, Jean-Francois Bayart ofrece un ensayo estimulante, que combina una crítica aguda de lo que describe como una metodología defectuosa con algunas propuestas para corregirla. Su libro plantea cuestiones fundamentales que, lejos de limitarse a una mera denuncia de unas teorías que le parecen insatisfactorias, sitúa el debate en términos nuevos.

Renovando  los trabajos sobre la dominación colonial, los estudios poscoloniales reclaman un enfoque más atento a los “subalternos”,  restituyéndoles una mayor capcidad de acción.  Presente en diferentes campos discipios, tanto en las ciencias sociales como en los estudios literarios, la teoría poscolonial reclama  su participación en los actuales intentos de descentrar determinados planteamientos de  la ciencia social en un contexto globalizado. Muy popular en el mundo anglófono, esta corriente sigue estando, según sus representantes en Francia, en gran parte ignorada o marginada.

Por el contrario, sostiene Jean-Francois Bayart, los  “estudios poscoloniales prosperan ahora en Francia, (pero)sólo existen a través de su postura de denuncia”. Según él, si muchos investigadores franceses se muestran renuentes, esto no puede explicarse sólo por su voluntad de defender cualquier tipo”excepción cultural”. Tienen buenas y serias razones  para ello, afirma Jean-Francois Bayart, las mismas que se aplica  a exponer desde “el punto de vista estricto de las ciencias sociales.

En primer lugar, argumenta, la corriente no es tan innovadora y “su valor añadido, bajo”. Por tanto, es inutil repetir lo que la French Theory y muchos autores, de Césaire a Senghor, de Fanon a Sartre, formularon hace más de cincuenta años. En segundo lugar, y ésta es una de las principales críticas de Bayart, los estudios poscoloniales participan de un culturalismo que esencializa las identidades. “Siguiendo una especie de calvinismo tropical  o de la diáspora”, fijan a los individuos en categorías predestinadas (” maestro “y” nativo “) y así ayudan a construir una historia del fenómeno colonial, considerada única y monolítica, independientemente del país y el tiempo considerados. Olvidan así pensar en términos de continuidad y seguimiento de la historicidad de cada movimiento de  colonización y descolonización.

Reviviendo el género del panfleto, que no es tan popular en el mundo académico,  Bayart elige la ironía para tratar una cuestión seria  y apasionante. El interés de su libro radica en mezclar las pistas políticas,  lo que obliga al lector a ir más allá de las dicotomías simplistas, a pensar en sus complejas relaciones en las sociedades coloniales y poscoloniales. Su objetivo no es, obviamente,  negar la violencia y la ilegitimidad de la colonización, sino restablecer la maraña de las prácticas de los diferentes actores e instituciones, colonizadores y colonizados, sin caer ni en el paternalismo miserable ni en la salvación por la mala conciencia. Su punto de vista de las interacciones críticas entre la investigación científica y el activismo político no dejará de irritar a algunos.

Su juicio es severo. No se puede negar la contribución de estas teorías, ni su valor para resucitar un debate necesario sobre estas cuestiones. Pero Bayard propone reformular el debate a partir del concepto de Imperio, pues el estudio de esas formaciones políticas originales permite un trabajo comparativo esencial. Al observar la forma en la que espacios como el Imperio Otomano se organizaban en distintas jurisdicciones y cómo los súbditos del imperio eran llevados a reclamar identidades múltiples, el autor muestra  gran interés en recuperar la acción de dominantes y dominados en el fenómeno colonial. Al no querer considerar la violencia de la que son víctimas los colonizados ¿los estudios poscoloniales no reproducen inconscientemente una jerarquía implícita, de la que los dominados no podían escapar jamás?

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2 Respuestas a “La teoría poscolonial a debate

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  2. Los estudios poscoloniales resultan bien abarcadores en cuanto a volumen de producción y formas de enfrentar la problemática que estudia. Sobre ellos se ha escrito mucho, no solo en Estados Unidos, tambiémn en América Latina tiene amplia difusión. Es dificil que un libro irónico pueda abarcar todo el amplio espectro de la produción de los poscoloniales, que por cambiar, cambian hasta de denominación. Si creo, como Jean-François Bayart que estos estudios “reproducen inconscientemente una jerarquía implícita” pero a diferencia, pienso que no es inconcientemente; es tan solo un intento de avanzar agendas personales de las elites intelectuales en las universidades de los estados unidos, de nuevo estamos nate una “agencia criolla”.
    Javiher Gutiérrez

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