Rüdiger Safranski: el romanticismo

Eñe, el suplemento del diario Clarín, entrevista a Rüdiger Safranski, quien se explaya sobre el significado del romanticismo (entre otras cosas):

-¿Qué pasaba en su país en el inicio del siglo XIX para que surgiera un movimiento tan particular, interesante y complejo como el romanticismo?

-En ese momento, Alemania no era todavía una “nación” en sentido político, sino una unión cultural, lingüística. De ahí la importancia del arte, la música, la filosofía y la literatura, que ocupaban un lugar privilegiado en el ambiente burgués. Esto dio gran empuje a todo el movimiento literario-filosófico y permitió que la “generación” en torno al 1800 saliera a escena con proyectos audaces. Querían producir una revolución en el terreno del espíritu, despertar la originalidad y la fantasía del individuo. Florecía un deseo renovado del “yo”: en el centro de la atención se encontraba el “sujeto”, con sus sueños, pensamientos, fantasías. Había un gran gusto por la experimentación y un anhelo de lo infinito. Todo eso confluye en una disposición general del espíritu que luego recibe el nombre de Romanticismo.

-¿Cree que fue el momento más elevado de Alemania en cuanto a la producción de ideas filosóficas, literatura, poesía, arte?

-Sí, fue un momento de apogeo. Pero no olvidemos que el Romanticismo se hallaba íntimamente ligado a otras corrientes: el Clasicismo, el Idealismo, etcétera. En Jena, por ejemplo, bastaba con cruzar de acera para que se encontraran el Romanticismo y el Clasicismo. Los románticos eran los más jóvenes y rebeldes, y se disputaban la autoridad con los que eran un poco mayores, con Schiller por ejemplo. Goethe en cambio era admirado y honrado por los románticos, algo de lo que no renegaba pues se sentía halagado. También en la filosofía descollaban figuras que contribuyeron al apogeo del Romanticismo. Fichte, Schelling, Hegel: todos estuvieron inspirados por el espíritu romántico. ¡Y ni qué hablar de la música! El Romanticismo hizo de la música el lenguaje del alma. Durante este período la música devino en un lugar sagrado, cuyos profetas eran Beethoven y después Schubert y Schumann…

-En su libro “Romanticismo”, usted señala que la Revolución Francesa fue “el triunfo de la tiranía de la razón”. ¿Es un triunfo contra el individuo?

-La Revolución Francesa tuvo su origen en el espíritu de emancipación, pero luego terminó desarrollando un nuevo terrorismo del conformismo. La sociedad entera fue sometida a un nuevo tipo de razón y de virtud. La religión quedó mal parada, triunfó la utilidad económica…

-Usted afirmó que “el romanticismo es también una continuación de la religión con medios estéticos”. ¿Cómo considera el romanticismo a la religión?

-El presupuesto del Romanticismo fue una crítica abierta, ilustrada a la religión, es decir que cuando el Romanticismo entra en escena, la religión ya está debilitada. El Romanticismo considera la religión oficial, con sus dogmas e instituciones, muy limitada. Pero a diferencia de la Ilustración, no persigue el desencantamiento liso y llano de lo misterioso, sino que quiere conservar lo enigmático, lo infinito, lo misterioso, y no como una manifestación autoritaria impuesta desde afuera, sino como una “manifestación del alma”, esto es, una subjetivación de lo religioso. Lo que les preocupa a los románticos en primer lugar no es la moral sino las percepciones estéticas, ya sea en el arte, la literatura, la filosofía, la música. Por eso podemos decir que el Romanticismo sustituye la relación dogmática-moral con la religión por una unión estética-perceptiva con lo trascendental, es decir, es la continuación de la religión con recursos subjetivos, estéticos. En este punto podemos observar algunas similitudes con el tipo moderno de religiosidad…

-¿El Romanticismo jaqueó al cristianismo al ampliar la oferta de lecturas? La Biblia deja de ser la lectura por excelencia…

-Sí, el gran filósofo de la religión durante el Romanticismo, Friedrich Schleiermacher, considera que la Biblia es un buen libro, pero que en realidad cada uno puede hacerse su propia Biblia, encontrar su religión en su alma. Para Schleiermacher la religión es “sentido y gusto por lo infinito”.

-¿Cómo se puede entender la presencia del Romanticismo en el nacionalsocialismo?

-Los románticos se iniciaron muy centrados en lo subjetivo y luego fueron descubriendo el sentimiento de comunidad, y finalmente también el sentimiento de unión nacional, de historia nacional. Comenzaron a recolectar canciones y cuentos populares, etcétera. Pero abogaron siempre por la libertad y no eran nacionalistas. Pese a esto, más tarde los nacionalistas, y de hecho también los nacionalsocialistas, gustaron de remitirse al sentimiento nacional de los románticos. Esa instrumentalización posterior llevó en algunas ocasiones al –injusto– descrédito de los románticos. Finalmente, los ideólogos del nacionalsocialismo advirtieron que los románticos no cuadraban del todo con sus conceptos agresivos, racistas, y postularon su propio romanticismo que llamaron “romanticismo de acero” y que poco tiene que ver con el verdadero romanticismo.

-¿Qué marcas dejó el Romanticismo en la cultura alemana?

-La cultura alemana se encuentra atravesada por la tradición romántica. Thomas Mann, por ejemplo, siempre sostuvo ser un hijo del Romanticismo. La montaña mágica es una novela profundamente romántica. La música siguió siendo romántica por lo menos hasta Gustav Mahler y Carmina Burana de Carl Orff. El Romanticismo también se refleja en la cultura política. No es casual que el movimiento “verde”, ecologista haya logrado en Alemania sus primeras conquistas; eso está ligado a la tradición romántica del amor por la naturaleza.

(…)

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2 Respuestas a “Rüdiger Safranski: el romanticismo

  1. Ciertamente, los románticos, a diferencia de los ilustrados, no tenían nada en contra de la religión. Sólo en contra de sus sacerdotes… porque se desvivían por ocupar su puesto. Como enuncia Safranski, los románticos reivindicaban con entusiasmo el papel de “lo enigmático, lo infinito, lo misterioso”, y no dudaron en adjudicarse a sí mismos el papel de intérpretes e intermediarios entre esta realidad inefable y el vulgo incapaz de comprenderla cabalmente. Los ilustrados, pues, se esforzaron en vano. Lucharon a brazo partido contra un ente formidable sólo para facilitar el asalto de una nueva casta tan manipuladora como la anterior. Su triunfo fue su fracaso. Algo triste y desesperadamente romántico. Valga la expresión.

    http://antoniolopezpelaez.com

  2. “el asalto de una nueva casta tan manipuladora como la anterior”. Y es de suponer, siguiendo el hilo, que como la siguiente. O sea que todo es manipulación en el mundo o en la historia. Los ilustrados, los románticos y los que se tercien. Pues esta percepción me parece a mi más “triste” y “deseperada” que lo romántico (Vaya topicazo).

    Los románticos cometieron excesos, sin duda, pero fueron la evolución natural humana, era una etapa que había que pasar. Sin duda la fiebre es un exceso del organismo, pero necesaria. Con ella se combate la enfermedad. Los románticos fueron los pioneros en la crítica del mundo moderno,los precursores del posmodernismo, el ecologismo, nueva era, etc. Es cierto que quisieron tomar con audacia el testigo o el relevo del espíritu, de un mundo antiguo que se desmoronaba y que de alguna manera quisieron reinventar el mundo, impulsar una revolución espiritual. Pero yo no veo en ello manipulación, sino audacia y sinceridad. ¿Murió de éxito? Tampoco lo creo. El romanticismo es algo tan natural y necesario que si se puediese borrarlo de la historia se reproduciría. Se sitúa en la dimensión humana, como el arte y la sensibilidad. Es como un tipo sanguíneo. Y por cierto, no tiene ningúna relación con el índice de suicidios.

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