Escritura creativa en historia

La revista Rethinking History nos sorprende una vez más. En el número de febrero, James Goodman (US editor) nos presenta un volumen que lleva por título “history as creative writing “. Esto es lo que dice en la introducción:

Un par de años atrás, poco después de haber firmado como editor americano de Rethinking History, solicité  contribuciones para una serie que titulé “History as Creative Writing”, aunque con alguna duda e incluso cierta renuencia.  Sabía que esas palabras molestarían a algunos lectores, por cansancio (¿otro revival de narrativa?)  o por pretencioso (¿otro giro literario?) o simplemente por ser un sinsentido. Pero mi intención era modesta y su sentido bien sencillo. Por  escritura creativa quería decir historia escrita por escritores que, ya aborden la teoría más compleja o la más simple narrativa, estén atentos de una manera u otra, en mayor o menor grado, a las maneras en que la forma y el estilo comparten sustancia, contenido y significado. Los escritores creativos son aquellos que se toman en serio su escritura, lo suficiente como que, al hacerlo, tratan de averiguar qué tipo de escritura les permite expresar mejor lo que sea que quieran mostrar,  contar o decir.

Imaginaba contribuciones que mostraran signos no sólo de la lucha del estudioso con las pruebas o la literatura existente, sino también la lucha del escritor con el lenguaje y la forma. Imaginé que esa la lucha podría dar lugar a una estructura inusual, o a cierta trama, voz (o voces),  punto de vista (o puntos de vista)  o a algun uso infrecuente (por parte de los académicos de la historia)  de metáforas, de imágenes o del ritmo. Imaginaba que algunos autores podrían tratar de lograr un cierto equilibrio inusual entre mostrar y contar, revelar y retener, respondiendo a determinadas cuestiones y dejando otras para que  los lectores las trataran de contestar. Me imaginaba que algunos podrían tratar de complicar la cronología convencional, sacudiendo el orden de lo que va al principio, lo que hay en el medio y al final. Esperaba que la lucha empujaría a quienes escriven narrativa, interpretación o teoría (o de algún híbrido)  a abordar los límites exteriores del universo de la escritura de no-ficción — o totalmente fuera de ese universo. Dejé claro en mi solicitud que me encantaría que, en nombre de la comprensión histórica, un escritor presentara algunos poemas, parte de un libro de memorias o una escena de una obra. Olvidé mencionar las formas visuales, pero afortunadamente mis lectores han dado por sentado que acojo con satisfacción la innovación que se extiende más allá de los límites de mi propia imaginación.

Tenía la esperanza de fomentar la escritura histórica creativa, proporcionando un espacio para ello  y,  al hacerlo, esperaba fomentarlo. Aprendemos a escribir con  la lectura, y luego con la imitación, mediante el prestamo y el robo;  la  historia de toda forma de literatura es la historia del aprendizaje de los escritores, de cómo incorporan,  toman, revisitan, trastocan e  incluso invierten el trabajo de otros. La escritura más creativa que hay ahí fuera, proporcionando modelos, despertando una crítica constructiva, haciendo que la gente piense — “Tal vez podría tomar esta investigación  o aquella interpretación, y hacer algo con el análisis o la narración que nunca antes pensé hacer”–  es la escritura de historia más creativa que será. La escritura que hay ahí fuera no siempre tiene que tener éxito. Ni siquiera tiene que ser completa. Podemos aprender de los pasos equivocados, los tropiezos e incluso de las caídas graves.

Lo que yo llamo la escritura histórica creativa, Alun Munslow y Robert Rosenstone, los editores que fundaron Rethinking History, a menudo lo llaman escritura histórica experimental, y los lectores habituales saben de su compromiso con el asunto, que les ha llevado a publicar compendios sobre ello.  Craig Harlan lo compartió también mientras fue editor norteamericano de la revista. En 2004, Munslow y Rosenstone editaron un recopilatorio de textos de los primeros siete años de la revista, Experiments in Rethinking History, y  han seguido publicando obras innovadoras en otros volúmenes desde entonces.

Sin embargo, incluso en una revista dedicada a repensar, el valor por defecto entre los historiadores académicos siempre será el de las formas tradicionales. No hay absolutamente nada de malo en eso;  en las artes y las ciencias lo habitual es inclinarse hacia lo que se ha hecho,  hacia lo que parece funcionar.  Hay un montón de casos en que la forma tradicional es la forma correcta, casos en que lo que ha funcionado sigue funcionando. El problema es cuando las formas tradicionales no son sólo el valor predeterminado sino la única forma imaginable, la única forma posible y la única forma publicable. En cualquier caso, los editores que deseen publicar una escritura seria original  van a tener que salir y moverse, separar los arbustos, sacudir los árboles,  entrometerse para fomentar y persuadir.   Y (porque no puedo imaginar cualquier otra razón) creo que Munslow y Rosenstone se dirigieron a mí para hacer precisamente eso, para garantizar que con el paso de los años la “práctica” de su proyecto de revista no se quedara por el camino.

Este número contiene los primeros frutos de mis esfuerzos, y si las contribuciones seguen llegando a la velocidad con la que lo han estado haciendo hasta ahora, tenemos secuelas para rato. Aquí he reunido una serie de cartas de un joven historiador a un colega veterano, siete respuestas a esas cartas, una meditación, unos pocos consejos a los historiadores de escritores de ciencia ficción, varias escenas históricas cortas y relatos y un par de híbridos que admiro pero que no sé cómo denominar. Estoy tremendamente agradecido a todos mis colaboradores, agradecido por su tiempo y su  compromiso con su escritura como escritura, agradecido por su buen humor ante las demoras de la revista  y agradecido por su paciencia y su tolerancia con el trabajo de un nuevo y totalmente inexperto editor. Estoy igualmente agradecido a Harlan, Munslow y Rosenstone, en primer lugar por haberme invitado a unirme a ellos, luego por su paciencia para enseñarme la trastienda  y, por último pero no menos importante, por su comprensión ante mis obsesiones.

Si después de leer este número alguien desea contribuir o conoce a alguien, en cualquier campo, que le gustaría probar su pluma escribiendo algo que no ha intentado antes o que esté  trabajando en silencio sobre algo que hasta ahora no había imaginado publicar, ruego encarecidamente que me consulte o me lo mande. Vamos a publicar a escritores en cualquier etapa de sus carreras, pero estoy especialmente deseoso de publicar a jóvenes escritores cuyo deseo de romper las tendencias literarias pudiera verse atenuado por la necesidad de publicar, pronto y con frecuencia. La atención al estilo y a la forma, a la escritura como escritura, le cuesta mucho a la mayoría de los mortales. Como graduados y profesores jóvenes, se espera que dediquemos todo nuestro tiempo a la investigación,  ya sea en el archivo o con la lectura de los textos fundamentales para nuestro quehacer.   Incluso si la escritura histórica creativa se reconociera ampliamente como una práctica académica legítima, y hubiera un lugar para ella, incluso pequeño, en toda revista, aún así ocuparía menos que la escritura histórica tradicional; menos aún  si los historiadores jóvenes deben dedicarle el tiempo extra que se necesita sin la confianza de que van a poder publicar su trabajo.

Sea cual sea su edad o etapa o  campo, si alguien está considerando contribuir a la revista, que sepa que estoy dispuesto e incluso ansioso por trabajar con él, no sólo como evaluador  o como intermediario ente una editorial, sino también como editor. Teniendo en cuenta mi pasión permanente por la escritura en tanto escritura, y mi sentido agudo de todos los los obstáculos que se interponen en nuestro camino, todo eso me parece una parte esencial de mi trabajo.

Índice:

Forum

Letters to a tenured historian: imagining history as creative nonfiction – or maybe even poetry, Aaron Sachs

A letter from a lapsed colleague, Jenny Price

A letter from a grumbly senior colleague, Scott Reynolds Nelson

Reflections on being a scholar and a writer, Martha Hodes

Buried in a footnote, Robert A. Rosenstone

A letter from an emeritus historian, c.2049, Jeffrey Wasserstrom

Three letters to a junior colleague, Kate Brown

The freedom of despair: the socialization of historians and the socialization of writers, Gregory Downs

Essays

Casino, Asbury Park, NJ, Susan Briante

Rethinking history: blurring the edges, Robert Lee

The conversation: a tape, a plastic wall, a bug, a saxophone, Sean Singer

How-To

Writing science fiction: a beginners guide for historians, Matthew Hollow

Scenes and Stories

Prince Alfred in King William’s Town, South Africa: 13 August 1860, Roger S. Levine

All the way with LBJ, Camilla Nelson

When the drumbeat changes, Stephen Chambers

Corcy, William S. McFeely

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