Shlomo Sand: identidad judía y legitimidad de Israel.

El historiador Shlomo Sand lleva un par de años en los que no recibe más que parabienes por las distintas versiones de su libro  The Invention of the Jewish People (Verso). Desde que apareció, los israelíes lo devoraron; luego vino la versión francesa, también aplaudida;  y a finales del pasado, al salir la versión inglesa, se confirmó el éxito.  Tanto es así que el volumen tiene hasta su propia web, donde de pueden leer las reseñas y ver alguna entrevista con el autor.  Recordemos en ese sentido, por ejemplo, las alabanzas que ya citamos de E.J. Hobsbawm: “También hay que darle la bienvenida a The Invention of the Jewish People, de Shlomo Sand y, por lo que se refiere a Israel, resulta necesario como ejercicio de desmantelamiento del mito histórico nacionalista y como alegato en favor de un Israel que pertenece por igual a todos sus habitantes. Tal vez los libros que combinan la pasión y la erudición no cambian las situaciones políticas, pero si lo hicieran, éste debería considerarse  un hito”. En cuanto a nosotros, los del mercado hispano, no hay noticias del que hasta ahora ha sido su editor, pero no desesperemos.

Así que, como era de esperar, los medios se lo rifan. Ya lo vimos en España, pero ahora le llega el turno a The Guardian/The Observer, donde le entrevista Rafael Behr:

“Hay dos clases de judaísmo: el cristianismo y un tipo de judaísmo que empieza a cerrarse sobre sí mismo debido al éxito del cristianismo”.   “La visión que hoy tenemos del judaísmo proviene de esta cerrazón, por el miedo, por las condiciones impuestas al judaísmo si quería continuar bajo el cristianismo”.

Sand,  profesor en la Universidad de Tel Aviv,  ha  sacudido con su libro la fe histórica en la relación entre judaísmo e Israel. En él describe cómo la mayoría de los judíos son descendientes de conversos que nunca pusieron los pies en Tierra Santa, lo cual ha constituido una cierta sorpresa para muchos judíos y una afrenta colosal al sionismo, la ideología nacional de Israel. El actual Estado de Israel fue fundado sobre la creencia en el “pueblo judío” como una nación unificada, establecida en tiempos bíblicos, dispersada por Roma y varada en el exilio durante dos mil años, hasta el regreso a la tierra prometida.

Pero según Sand  no hubo exilio y, como trata de demostrar a través del análisis histórico y la arqueología forense, no tiene sentido hablar hoy de un “pueblo de Israel”. Al menos no si uno se refiere a los judíos.  Es difícil imaginar un desafío más duro a la idea de un Estado judío moderno establecido en la antigua Judea. Sin embargo, ya hemos visto que el libro ha sido un bestseller en todo el mundo. Eso sí, la reacción de la comunidad judía ha sido hostil. “Histérica”, dice. Al fin y al cabo,  “tras años y años de usar frases como pueblo judío y hablar de una nación judía con cuatro mil años a sus espaldas, no es fácil para ellos aceptar un libro como el mío “.

Así pues, los detractores ven el libro como un asalto a la identidad judía y a la legitimidad de Israel. Pero él ve el volumen en sentido opuesto: un intento de rescatar la identidad judía de Israel de un abismo intelectual y de redimir a la sociedad israelí con una saludable dosis de racionalismo secular. “Escribí el libro con un doble propósito. En primer lugar, como israelí, para democratizar el Estado, para que sea una república real. En segundo lugar, escribí el libro contra el esencialismo judío”. Ésta es la tendencia que predomina en el judaísmo moderno, la de hacer de la etnia compartida la base de la fe. “Eso es peligroso y  alimenta el antisemitismo. Estoy tratando de normalizar la presencia judía en la historia y en la vida contemporánea”.

Eso significa eliminar la imagen que se crean los judíos según la cual su supervivencia es debida a la insularidad – soportar miles de años de persecución gracias a su  no-proselitismo, a la introspección cultural y religiosa. En el análisis de Sand, el judaísmo antiguo fue pionero en el arte de la conversión. Para difundirse tan rápidamente como lo hizo, el cristianismo tuvo que explotar aquella primera expansión judía. Más tarde, tuvo lugar otra conversión masiva en el reino de Jazaria, en el Mar Negro, hacia el final del siglo VIII. La élite de Jazaria asumió el judaísmo como forma de neutralidad diplomática ante los choques circundantes,  entre el cristianismo y el Islam. Esa conversión gradual recogió a personas de orígenes étnicos diversos, personas que, a juicio de Sand, son los principales antepasados de los judíos de Europa oriental. La conversión de Jazaria no es ninguna revelación. Fue la base de un libro publicado por Arthur Koestler en 1976, The Thirteenth Tribe, que fue vilipendiado e  ignorado  por el sionismo dominante. Pero los jázaros judíos fueron reconocidos por los primeros historiadores sionistas, aunque como una curiosidad numéricamente insignificante. Sólo quedaron expulsados de la historia en la década de 1960. Después de la Guerra de los Seis Días de 1967, para ser precisos.

Sand advierte de que la desaparición  de los conversos de los libros de historia de Israel coincide con el aumento de la ocupación de tierras árabes. Ésta no es una teoría de la conspiración. El sionismo fue un típico ejercicio moderno de construcción de la nación. Se siguió el patrón con el que se forjaron  la mayoría de las identidades nacionales europeas en los siglos XIX y XX. Las elites intelectuales propagaron unos mitos que se adecuaban a “las necesidades ideológicas profundas de su cultura y su sociedad”. En el caso de Israel fue el mito de los orígenes étnicos en un reino bíblico establecido en torno a Jerusalén.

Pero, como dicen los críticos de Sand, ya que todas las identidades nacionales son mitos, ¿por qué molestar a los judíos? En realidad, sólo unos pocos fundamentalistas piensan que Dios le prometió Israel a Moisés. Sin embargo, millones de Judios sienten apego cultural y religioso por Sión. Está en su liturgia y en el sentido que se dan a sí mismos. No es ficción. Es el reproche que le hizo Simon Schama en una reciente reseña:  su “libro no consigue romper la conexión que ha existido desde entonces entre la recordada tierra ancestral y la experiencia judía”, escribió Schama. “Qué descaro viniendo de Simon Schama, hablando sobre su tierra ancestral!”, exclama  Sand con los ojos muy abiertos. “Él no quiere venir a vivir a su tierra ancestral“!

[Schama dice estar de acuerdo en promover un debate en Israel sobre qué son los judíos, pero no sobre los motivos. Los suyos: “a  saber, que la legitimidad de Israel, tanto dentro como fuera del país, no depende de una falsa idea de pureza racial, y mucho menos religiosa, sino por ser una comunidad de sufrimiento, no sólo durante el Holocausto, sino durante siglos de persecuciones y expulsiones. A diferencia de las deportaciones romanas, éstas no fueron míticas.  Sand lo refutaría diciendo que el refugio para las víctimas podría haber estado en China o en la luna, a pesar de la relación de los judíos con Palestina. Pero ya que  su libro no consigue romper la conexión que ha existido desde entonces entre la recordada tierra ancestral y la experiencia judía, parece mucho pedir que sean los judíos los que pongan su granito de arena para la tan necesaria paz en la región sustituyendo  una mitología étnica por un acto igualmente arbitrario de olvido cultural.]

Sand es mordaz con las acusaciones hechas por judíos que viven fuera y que dicen  que su libro es anti-Israel. Desde la comodidad de la diáspora lo acusan de sedición. Algunos dicen que su tesis abona el  antisemitismo. Los donantes de Universidad de Tel Aviv, los de fuera de Israel,  han pedido que le despidan. Pero Sand  muestra su disconformidad con Israel. Él no es anti-sionista, dice, sino post-sionista:  acepta el Israel moderno como un hecho consumado. Además, su interés en la supervivencia del país como una democracia no es teórico. Su familia vive allí. Los sionistas de la diáspora pueden alimentar el mito de la nación judía bíblica con la doble ciudadanía de sus pasaportes desde Estados más seguros. Cuando se refieren a “Israel” y a “Jerusalén” en sus oraciones, no tienen que distinguir entre la metáfora bíblica y la realidad política. Se trata de una distinción de la que depende la supervivencia de Israel.

“Muchos pro-sionistas en Londres y en Nueva York no entienden realmente lo que sus bisabuelos sentían acerca de Sión”, dice Sand. “En su imaginación, era el lugar más importante del mundo, lo veían como una tierra religiosa, sagrada, no como un lugar para emigrar”. Ese “Israel” era un destino metafísico a alcanzar  en el Fin de los Días. El moderno Estado de Israel es una empresa política, concebida en el siglo XIX, hecha necesaria por el Holocausto, fundada en 1948.

Es un país joven. Muchos judíos lo ven como una debilidad. Cuanto más inseguros se sienten, más estrechamente se aferran al mito de un mandato antiguo. Pero la mejor esperanza para Israel es reconocer que su nacionalidad es inventada, para modernizarla aún más. Es necesario, afirma Sand, que el Estado se reforme a sí mismo para que pertenezca a todos sus ciudadanos, ya sean judíos o árabes.

Admite Sand que su discurso suena a utópico en las actuales circunstancias. Pero la alternativa significa que Israel se juega su futuro en la consolidación de un “pueblo” mítico en su “patria ancestral”. Es un nacionalismo étnico al estilo del siglo XX. Muchos de estos proyectos han terminado en tragedia.

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7 Respuestas a “Shlomo Sand: identidad judía y legitimidad de Israel.

  1. Los judios no son una “raza” son personasque adhieren a una cultura o “fe”. El nacionalismo sionista del siglo XIX -plena epoca de la consolidacion del nacionalismo europeo- dio identidad “racial” y territorial a la “nacion” judia. El judaismo es como el cristianismo “adhesion a fe”, fue el sionismo el que le dio el peligroso tinte racial que se observa en Israel. Naturalmente el estado de Israel es parte el neocolonialismo occidental en medio-oriente, se expulso a los descendientes de los “judios originales” los palestinos. De cualquier modo hoy Israel -al igual que los paises de America que se construyeron sobre el genocidio de los pueblos originarios- es un hecho consumado,pero debe volverse un estado normal, dejando atras su caracter “confesional”. Tambien debe superar el uso y abuso del Holocausto, tal como enseña Finkalstein

  2. Este señor Sand debe ser una persona con muchas carencias afectivas y muchas frustraciones y no ha encontrado una mejor manera de brillar o sobresalir que salir c on esta tésis descabellada.Si se le debe reconocer que es un tipo brillante.

  3. Me parece interesante lo que dice este historiador, se comparta o no la idea, es realmente un punto de vista y una postura muy sólida, ha llegado a una conclusión sana. No puede despreciarse es un valioso intelectual, creo modestamente que debería tenerse en cuenta, al menos desde el punto de vista histórico.
    Ahora bien, no creo que la biblia como testimonio histórico deba ser desatendida, por los mitos o tradiciones, en ellas también existe un acontecer que debería ser correctamente aclarado.

  4. Que en un país fruto de una componenda colonial entre occidentales, en permanente guerra y ocupación de sus vecinos, surja una voz como la de Sand. rebeldemente objetiva y contraria a las fantasmagorías de la raza y el mito es, paradójicamente, de las pocas cosas que pueden hacer brillar un poco de esperanza.

  5. El libro La invención del pueblo judío de Shlomo Sand estará en las librerías a finales de octubre de 2011.

  6. He encontrado ideas absolutamente geniales en este señor. Lástima esté “descocado”. Tan brillante es que será cada día más famoso y, sin dudas, se hará rico. A costa de nuestra “judeidad”. Él no escribe para brillar, él escribe sólo para complacer con cantos de sirenas los oídos de los más acérrimos enemigos del pueblo de Israel, no hay que mencionar quienes. No se canse señor mío, no hará ni un pequeño razguño al Pueblo de Israel ni a su IDENTIDAD. Qué asco de intelectual!

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