Libros, profesores y enseñanza en la era digital

La Harvard University Gazette informa de un debate sobre los efectos del cambio digital en el mundo universitario, un debate en el que participa Robert darnton, quien acaba de manifestarse de nuevo sobre el acuerdo de Google sobre los derechos de autor de las obras digitalizadas. Pero vayamos a la mencionada discusión:

Hay billones de páginas en Internet. En esencia, son las estrellas,  planetas y cometas centelleantes de un vasto universo de conocimiento digital que se está expandiendo continuamente.  Durante 500 años, los libros han estado invitando a los lectores a mundos de contenidos que presuponían la posibilidad de dominar el saber. Sin embargo, internet nos invita a un mundo de hipervínculos. Explota  la noción de contenido y hace que el control de lo conocido resulte tarea imposible.

Esta expansión,  la de la edad de la información digital en abierto,  cambia las tradiciones académicas, desde el aprendizaje al propio acto de la lectura. Entonces, ¿cuál será el destino de la educación superior en la era digital?  Ese fue el tema de la mesa redonda celebrada en panel de Harvard el pasado miércoles 18 de noviembre con motivo del centenario de la Harvard Extension School titulada:  “No More Teachers? No More Books?”  Los participantes eran: Harry Lewis,   profesor Gordon McKay de informática;  David Weinberger, investigador del Berkman Center for Internet & Society de la Universidad de Harvard;  Robert Darnton, director de la Biblioteca de la Universidad de Harvard y Carl H. Pforzheimer profesor de la citada Universidad; Craig Silverstein, director de tecnología de Google; y Sherry Turkle, directora de la MIT Initiative on Technology and Self.

La discusión tomaba como excusa la citada Escuela de Extensión de Harvard, pues es un ejemplo de cómo Internet está transformando la educación superior. Este año, una tercera parte de los matriculados, procedentes de más de 120 países, siguen los cursos en línea.

Lewis,  co-autor de Blown to Bits: Your Life, Liberty, and Happiness After the Digital Explosion (2008), señaló que la gente se ha visto sacudida por lo que ha supuesto la era digital, llegando a “una especie de momento cúspide” para dar abasto ante toda  la información ubicua y las nuevas fuerzas sociales que han crecido alrededor de Internet.  Y si no hemos llegado al extremo es porque “aún estamos utilizando los libros”.  Él el libro, señala, es un medio “desconectado”, el tipo de contenedor poco honorable en una época de hipervínculos. Los autores ya no deciden los límites de un tema, sino que lo hacen los lectores con sus clics  a través de las capas de enlaces.

Los libros también implican un mundo de conocimientos en el que el experto filtra y elige, indicó Weinberger, autor de Everything Is Miscellaneous: The Power of the New Digital Disorder (2007). Sin embargo, Internet significa asumir una “nueva estrategia” para el aprendizaje,  con una filosofía de: “inclúyelo todo; fíltralo al final”.  Es decir, los libros  implican que el conocimiento es dominado,  pero Internet es un mundo con límites porosos en el que la autoridad cambia constantemente: siempre hay algo más que se acaba de decir sobre ésto o lo otro.

En cuanto a la educación superior, las universidades siguen siendo lugares -físicos- en la era digital, dijo Weinberger. Su realidad material no será erosionada por Internet. Más bien el proceso de aprendizaje se beneficiará  del intercambio de conocimientos que caracteriza a Internet y de su tendencia a “llenar todos los intersticios” de la investigación,  lo cual es “muy buena noticia para la educación superior”.

Pero atención, replicó Darnton, el libro no ha muerto. “El antiguo códice impreso lo está haciendo muy bien, gracias,” con algo así como un millón de nuevos títulos al año en el mundo.  No todos los conocimientos pueden ser capturados en bytes, como tampoco todos los conocimientos son capturados en los libros, de modo que el mejor futuro será aquel en el que convivan lo digital y lo tradicional. Eso sí, la era digital trae “un período de gran confusión … un nuevo mundo en el que necesitamos orientación”. Eso es una buena noticia para la idea de “maestros y libros”,   los dos “instrumentos” de aprendizaje tradicional que hemos de aceptar con nueva atención.  Mientras tanto, no hay razón para preocuparse por los proyectos de digitalización como los de Google. Los técnicos  pueden utilizar ediciones inadecuadas, olvidar páginas o emplear categorías arbitrarias, de modo que  Hojas de hierba, de Walt Whitman, puede estar en el apartado de jardinería.   Una preocupación mayor, dijo, es que esa información quede en manos de un “monopolio corporativo.” A pesar de los problemas técnicos, el proyecto de Google es “tan bueno” que no debería estar en manos privadas, dijo Darnton. “Debe ser aprovechado para el bien común”.

Sentado junto a Darnton estaba Silverstein, que fue el primer empleado de Google y que, de inmediato, dijo que los abogados le habían advertido de que no dijera nada sobre Google Books.  Pero ofreció ideas sobre el papel de las universidades en la era digital. La educación superior hace un buen trabajo impartiendo conocimientos técnicos, pero sólo un entorno laboral hace que la gente obtenga “competencias suplementarias en relación con un entorno de grupo”.  “Uno lo puede hacer bien  (en la escuela) sin tener que aprender esas otras habilidades”.  Silverstein utilizó el ejemplo de un estudiante graduado que escribió el código de un software que funcionaba bien, pero que lo escribió de tal manera que nadie podía entenderlo. La supervivencia en el lugar de trabajo no sólo requiere de habilidades técnicas, sino “la conciencia del entorno en el que te mueves”.

En el aula, la era digital está cambiando la forma en que la gente piensa, lee y aprende en un ambiente universitario, dijo Turkle. Mientras tanto, el boom digital también ha creado sus propios mitos,   incluyendo el “mito de la multitarea.” A pesar de haber asumido el  “volumen y la velocidad”,   “cuando haces varias tareas, el resultado es peor”.  Irónicamente, la era digital ha traído consigo un nuevo imperativo, el de frenar y tomarse algún tiempo. Otro mito es el de que la simulación es la mejor manera de aprender, cuando  “la simulación de la realidad siempre deja algo fuera”, incluyendo el sentido de la escala y la necesidad de dudar de (y no sólo amar) la tecnología. Sentado delante de los ordenadores, asombrados ante lo que ven, la gente “aprende a tomar las cosas por el  valor de su interfaz”, a expensas a menudo de  la realidad. Turkle dice que se lo que se pierde  es una habilidad que se asociaba desde antiguo con la educación superior: el pensamiento crítico. En el mundo de la información digital, dijo, “hemos de aproximarnos a las nuevas  herramientas con la duda adecuada”.

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